Infome especial

Vivir esperando los favores imposibles

Sierra Grande podría convertirse en la sede de una planta nuclear. La larga historia de decepciones como territorio fértil para proyectos farónicos y riesgosos. Primera entrega.

Por Carolina González

(foto En estos días)

Santa Bárbara es la patrona de los favores imposibles. Simboliza la rebeldía al paganismo y el abrazo de la fe católica, rompiendo con los estereotipos sociales y familiares durante el siglo III, su tiempo. Cuenta la historia que el padre de Bárbara, ofuscado por la impertinencia de su hija primero la torturó y luego la decapitó sobre la punta de un cerro. La venganza para ella llegó en forma de rayo que fulminó a su verdugo y la catapultó a la lista de santos que registra la iglesia católica, convirtiéndola en la patrona de todos aquellos que trabajan con fuego y explosiones. Se convirtió en la patrona de los mineros.

El favor imposible llegó tarde para Bárbara, porque su cuerpo cercenado yacía en el piso cuando el cielo se abrió para soltar su furia.

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Sobre los cerros de Sierra Grande se asientan las Villas de Hiparsa, construidas por uno de los Gobiernos militares en la década del '60, para dar casa a los trabajadores que llegaron para explotar la mina de hierro. La división de clases es evidente: monoblocks para los más humildes, casas de dos pisos para los profesionales. A los primeros las cubre la sombra del abandono y la vulnerabilidad. El desarraigo de miles de habitantes durante la década del '90 dejó sus marcas en los edificios, y aunque hoy están habitados los rastros del desastre no se borraron.

(foto En estos días)

La historia de Sierra Grande sigue atada a la mina y a la esperanza de reactivación que tantas veces prometieron diversos gobiernos.

La explotación del yacimiento se inició para Fabricaciones Militares (la ex Somisa), que usaba el material para ser mezclado, y producir, entre otros elementos, las armas y pertrechos militares con los que cometerían tantos horrores, durante alguna de las secuencias de terrorismo de Estado.

Luego fue Hipasam, la empresa nacional que prometía gloria, ofrecía sueldos estrambóticos, construía espacios de recreación para las familias y plantaba pinos por doquier. “Desde el socavón de la mina de Sierra Grande empezará la revolución productiva”, dijo Carlos Menem en su campaña proselitista en el '89, y esa frase fue el rayo que fulminó al pueblo. Un año después, cerraría la empresa y 1200 familias quedarían en la calle.

El fracaso laboral y social que representó la muerte de la mina pasó a llamarse HIPARSA y quedó en manos de la Provincia, cuyos gobiernos se encargaron de terminar el trabajo de destrucción.

(foto En estos días)

En el 2005, luego del vaciamiento escandaloso de la empresa, otra vez regresaron las promesas, esta vez de la mano de capitales chinos que ganaron la licitación para explotar la mina durante 30 años. Quejas, choque cultural, desacuerdos, protestas gremiales, fin de las exportaciones y otra vez, a comienzos de este año los despidos masivos: 200 obreros en la calle. Cientos de ellos emigrando para poder trabajar en la industria del petróleo o extrayendo fluorita en las mimas de Chubut, y dejaron a sus familias en el lugar.

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La figura de Santa Bárbara se mantiene erguida en el ingreso a la mina sin explotación, apenas mantenida por algunos trabajadores. Ante ella hay que persignarse cada día, pedir permiso para entrar y rogarle que no haya accidentes.

Con los rumores sobre la instalación de una planta nuclear financiada por el gobierno Chino, los sierragrandenses vuelven a escuchar las detonaciones que llegan en forma de promesa y bajo la frase tantas veces escuchada: “el tan ansiado progreso”.

¿Cuántos favores imposibles habrá que pedirle a Santa Bárbara para que se cierren las heridas que causó la desocupación y el desarraigo en Sierra Grande?

¿Cuantas esperanzas se pueden acumular en el imaginario de un pueblo antes de que se vuelva ateo? 

(foto En estos días)

“Dejar de ser lo que es”

El Intendente se entusiasma con la planta nuclear. Un ex jefe comunal dice que es “un manotazo de ahogado”. El proyecto ya polariza la ciudad. Segunda entrega.

Por Carolina González

Informe especial: "Sierra Grande - Un retrato"

Nelson Iribarren (foto gentileza)

Ya no estará en funciones como Intendente, salvo que intente mantenerse en el cargo. Pero el proyecto de construcción de una planta nuclear, a partir de 2020, entusiasma a Nelson Iribarren, el jefe comunal de Sierra Grande. Y pone todas las fichas en que el Gobierno Nacional elija a su pueblo para la instalación de esa central que, según sus cálculos, generaría unos siete mil puestos de trabajo.

Para graficar la situación recurre a una imagen que da cuenta de la complejidad del presente: “Una planta de estas características generaría el efecto multiplicador en lo inmediato. Sierra Grande dejaría de ser lo que es”.

¿Qué es? Sierra Grande es un pueblo con innumerables construcciones abandonadas, casas deshabitadas, calles vacías. Una ciudad atravesado por la Ruta Nacional 3, por la que circulan incesantemente camiones de carga, aunque pocos se detienen en el lugar. Es también un pueblo que creció al calor de la explotación de una mina de hierro y que por ese mismo yacimiento perdió miles de puestos de trabajo. A 30 kilómetros se desarrolla el Centro Turístico Playas Doradas de constante crecimiento, y que además cuenta con un incipiente desarrollo de la actividad pesquera.

(foto En estos días)

“Todo lo que sabemos es por versiones periodísticas, sólo contacto con autoridades nacionales, amigos que trabajan y que manejan información, es todo muy extraoficial”, aclara Iribarren en diálogo con En estos días, y retoma el relato mezclándolo con proyectos que tenía en carpeta, como la construcción de una planta termoenergética o la instalación de un parque eólico. Nada en concreto.

EED: ¿Por qué cree que se elegiría Sierra Grande para la instalación de una planta nuclear?

N.I.: Transporte tenemos con la Ruta 3, tenemos tendido eléctrico, no es un lugar sísmico, el gas, todos los servicios pasan por acá, es un lugar casi estratégico.

En las antípodas de esa mirada, el ex Intendente -período 2011-2015-, Renzo Tamburrini, la idea de una planta nuclear es un “manotazo de ahogado”. Cree que antes de pensar en una obra de ese tipo, se podrían desarrollar con mucho menos dinero otras actividades para generar empleo.

“Podemos reactivar el turismo de una manera imponente -dice-, reactivar la pesca para que genere puestos de trabajo y cumplir con una deuda que la Provincia tiene para con Sierra Grande. Podemos poner en valor lo que es la ganadería. Sierra Grande en sus inicios fue ganadero y ahora no encontrás una oveja en 60 kilómetros a la redonda”.

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Iribarren y Tamburrini no sólo pertenecen a diferentes espacios políticos, sino que además caminan en veredas diferentes al momento de pensar en las mejores alternativas para Sierra Grande. Sin embargo los une la poca fe en el rol que pueda jugar la Provincia en este proyecto, si llegara a concretarse.

El actual Intendente analiza el fracaso del emprendimiento chino de explotación de hierro a través de Minera MCC Sierra Grande, y carga culpas a la falta de infraestructura que debió aportar el Gobierno provincial.

“Después de 14 años que se luchó para que haya inversión a la mina -indica-, lo mínimo que tenía que hacer la Provincia era garantizar los servicios, el agua, el gas, la luz. La mina podía producir, pero era obvio que al tomar gente (la ciudad) iba a crecer demográficamente. Creció el pueblo y demandó agua y también creció el balneario. Pero además los acueductos se rompían y se rompen habitualmente entonces siempre se trabajó con un acueducto de 50 litros de agua/segundos. Eso se tenía que dividir entre el pueblo, Playas Doradas y la mina, y nunca alcanzó”, explica, crítico.

EED: ¿La misma lógica no cabría para el caso de querer instalar una planta nuclear?

N.I.: No, porque esto no es una decisión provincial, sino nacional.

Todas las fichas de Iribarren, confirman su alineamiento con el Gobierno de la alianza Cambiemos.

En cambio, el ex jefe comunal advierte por “la falta de seguridad que tenemos los ciudadanos, en relación al cuidado del medio ambiente; tanto sea por parte del Gobierno nacional como el provincial, que son los que más injerencias tienen. La Provincia no garantiza llevar tranquilidad a la comunidad en materia de control y seguridad en la construcción y en el mantenimiento”, señala Tamburrini.

Tamburrini plantea dudas (foto En estos días)

Aunque aún la planta nuclear es sólo un anuncio, ambos referentes plantean situaciones que van a ser difíciles de compatibilizar si finalmente las inversiones chinas llegan otra vez a la localidad, esta vez con una idea faraónica.

En las últimas horas, y sin consulta formal a la población de Sierra Grande y la Provincia, Alberto Weretilneck confirmó que “el Gobierno Nacional acordó en China la instalación en Río Negro de la quinta central de energía nuclear de Argentina”. Sin embargo se cuidó de no mencionar el lugar donde finalmente se asentará.

A través de una entrevista radial y un comunicado en las redes sociales, el mandatario habló de una inversión superior a 8 mil millones de dólares, y calculó que durante los 5 años de construcción se empleará a unas 4 mil personas. ¿Luego de eso?: “Una vez que la central esté en marcha, vendrán 800 operarios de todo el mundo, con personal calificado de alto sueldo, que va a desarrollar la zona donde será emplazada, con hospitales, escuelas, rutas, y redes eléctricas para transportar energía”.

Ese entusiasmo no se multiplica en las calles de Sierra Grande, cuyo Intendente promete que la ciudad dejará de ser lo que es.

El sueño de unas playas doradas y el temor a “los chinos”

Eusebio y Marta viven mirando el mar. Ese mar al que contaminó la explotación de hierro. Y que quieren preservar de los residuos nucleares. Tercera entrega.

Por Carolina González

Informe especial: "Sierra Grande - Un retrato"

Palmo a palmo y rincón a rincón. Eusebio y Marta conocen y reconocen las Playas Doradas como su propia casa. Hace mas de 38 años que viven en lo que hoy es promocionado como uno de los grandes atractivos turísticos de la provincia.

Ellos vieron el crecimiento y el retroceso de Sierra Grande. Cada uno de los pasos que dio la historia económica de este pueblo quedaron registrados en la transformación del paisaje que cada mañana contemplan desde su ventana.

Saben del negativo impacto que tuvo en el mar la explotación de la mina de hierro por parte de la empresa china MCC, “los chinos”, como todos simplifican. Y temen por la construcción de planta nuclear en la zona.

Eusebio Siguero trabajó en la mina de hierro cuando pertenecía a Fabricaciones Militares, a finales de la década del '60. Presenció la construcción del puerto de Punta Colorada, y sus caminos. En 1972 se volcó a la política y se convirtió en Concejal del pequeño pueblo. Desde ese lugar impulsó la creación del camino que hoy se está convirtiendo en ruta y conecta a la villa balnearia con la localidad de Sierra Grande.

En 1976 comenzó a dar forma al primer camping “cuando llegamos no había ni luz ni agua, nosotros pusimos cada ladrillo y plantamos los árboles”, cuenta a En estos días. Finalmente, tres años después construyeron su casa en total soledad y se mudaron, sin vecinos, sin conexión, sin servicios, pero con la inmensidad del mar despertándolos cada mañana.

Durante la década del '70 los militares no le tenían mucha simpatía a Eusebio, por su afiliación al peronismo. Sin embargo, con tiempo, esfuerzo y siempre junto a Marta, comenzaron a vivir del turismo. Primero explotando el camping que se llenaba con los trabajadores de la mina; y en los '90 los visitantes más asiduos fueron llegando desde distintos puntos del país. Luego comenzaron a realizar excursiones por lugares a los que no se accede con facilidad, cientos de kilómetros de playa a los que se llega atravesando caminos por campos privados.

Desde islote Lobos hasta las playas que bordean la propiedad del polémico multimillonario Joe Lewis hacia el sur. Eusebio y Marta llevaban a pibes de las escuelas primarias a visitar las grutas color marfil, a deleitarse con las islas de pájaros, las pingüineras y colonias de lobos marinos.

Hoy poco de eso está a la vista. El mismo impacto de crecimiento demográfico ha ido modificando el paisaje. Pero no se quejan, ellos también impulsaron ese crecimiento.

Sin embargo, levantan la voz por los manchones negros de hierro esparcido por el lecho marino. “Con los chinos todo el hierro queda en la playa y va a parar al mar. Se ve en los días de viento, y los buzos dicen que hay depósitos abajo en el mar, cuando se mueve la arena hay manchones negros”, afirma Eusebio.

La producción de hierro que llevó adelante la Minera MCC, de origen chino, trabajaba el material de forma concentrada, es decir en polvo, a diferencia de las explotaciones anteriores que transportaban el hierro en pellet (esferas pequeñas, compactas).

“El hierro lo acumulaban en la playa en la zona de Punta Colorada en grandes montañas que apenas tapaban con media sombra”, explica Eusebio. “A veces los montículos medían 5 metros más que la tela que los tapaba. Lógicamente, con el viento se volaba todo”.

¿Y la planta nuclear?. Eusebio se disculpa de antemano y responde “como el culo. Va a terminar siendo un reservorio de residuos, porque lo que quieren manejar los chinos son los residuos y es más negocio que explotar la mina”.

“El residuo es una bomba de tiempo, capaz que genera trabajo… pero no sé”, se lamenta.

La desconfianza se encarna en los vecinos de la localidad, no sólo por las connotaciones del término “nuclear”, sino por la falta de confianza que quedó instalada por el desmanejo de los propietarios de MCC. Esos empresarios a quienes todos llaman sencillamente “los chinos”.

Círculos

Sierra Grande es “municipio no nuclear”, desde mediados de los '90. Los mismos protagonistas de aquella declaración, hoy nuevamente en la discusión. Cuarta entrega.

Por Carolina González

Informe especial: "Sierra Grande - Un retrato"

El principio de definición de un ciclo, es la circulación de elementos que más tarde o más temprano se vuelven a encontrar. Sucede en el proceso de generación de energía nuclear, y también sucede en los ciclos políticos.

Después de 26 años, los mismos protagonistas vuelven a encontrarse con una similar problemática en la localidad de Sierra Grande: ¿Dar o no lugar a la energía nuclear?.

Durante el año 1996, el hoy Intendente Nelson Iribarren era Presidente del Concejo Municipal; la actual Senadora Nacional Magdalena Odarda era Concejala. A mediados de los '90, el Gobierno Nacional hacía planes para instalar un basurero nuclear en Gastre, en el centro de la Provincia de Chubut.

Rápidos de reflejos, los concejales de Sierra Grande decidieron declarar a su municipio como “no nuclear”, a través de una ordenanza, que en realidad ampliaba otra existente desde 1991, que fuera propuesta por quien en ese momento era la Secretaria del Partido Justicialista (PJ) en el Concejo, la actual legisladora provincial Graciela Holtz.

Ordenanza del '96

“Prohibese (sic) en el Ejido Municipal de Sierra Grande la prospección, extracción, circulación, procesamiento, almacenamiento o depósito de cualquier mineral radioactivo o de materiales susceptible de ser utilizados en el ciclo nuclear y de sus derechos reactivos”, señala en su primer artículo la ordenanza del '96 que funda su decisión en que los “riesgos devenidos del uso de la energía nuclear originan gravísimos e imprevisibles consecuencias para la salud del ecosistema”.

Protesta contra instalación del basurero nuclear en Gastre

Veinte años después, para Nelson Iribarren, la idea instalar una planta nuclear en la localidad representa una gran oportunidad económica. El Intendente cambió su mirada sobre la problemática ambiental, y ahora no cree que existan riesgos de contaminación. Además no ve contradicciones entre la producción de energía nuclear y el desarrollo del turismo. “Por lo que hemos estado investigando, no encontramos ninguna”, dijo a En esto días.

Graciela Holtz, en cambio, tiene otra visión. Le preocupa que el lugar elegido para el proyecto ya anunciado por el Gobernador sea precisamente Sierra Grande. “Exigimos un debate con toda la comunidad, la instalación de una planta nuclear, no puede quedar en manos de una sola persona”, afirmó la legisladora a través de una gacetilla oficial.

Por su parte, la Senadora Magdalena Odarda se pronunció a favor del medio ambiente, y habló de presentar un proyecto de declaración en contra del acuerdo entre los gobierno de Argentina y China para la instalación de una planta nuclear en la Patagonia.

Miedo al daño ambiental

Las primeras voces que se levantaron fueron críticas a la oficialización del proyecto de una planta nuclear en Río Negro. A través de una carta abierta, dirigida al Gobierno de la República de China, una treintena de organizaciones sociales de Río Negro y Chubut afirmaron su negativa categórica “a la instalación de cualquier tipo de central nucleoeléctrica en ningún lugar del territorio patagónico”. Y plantearon su “decisión de impedir, bajo todos los medios dentro de la legalidad, la instalación de la antedicha planta de generación eléctrica”.

“No sólo rechazamos la central nuclear sino el circuito completo del uranio, desde la prospección hasta los residuos, la infraestructura asociada (…) La Patagonia no es territorio para ninguna 'externalidad' económica”, concluyeron.

Añoralgias (zamba catástrofe)

Sierra Grande no sólo sabe de promesas y esperas. También sabe de tragedias y sufrimientos. Un repaso, bajo el clima del debate sobre la planta nuclear. Quinta entrega.

Por Carolina González

Informe especial: "Sierra Grande - Un retrato"

 

“Cuando hay una desgracia, la gente está”, dice Griselda mirando el infinito de esa Sierra Grande que es su tierra por elección, y con voz baja cuenta sus desdichas y las de su pueblo, pero se aferra a la idea de verlo crecer. “No lo dejaría por nada, este es mi lugar...”.

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“Siempre fue muy calmo mi pueblo adorado….salvo aquella vez que…...” (*)

En plena madrugada un sacudón contra las puertas de las casa despertó a los sierragrandenses. Minutos después, estupefactos vieron como el agua escalaba las paredes hasta casi un metro. Se refugiaron como pudieron, sobrellevaron un fenómeno excepcional como pudieron. Se ayudaron entre ellos como pudieron. Era marzo de 2012, y en menos de 20 horas llovieron 100 milimetros de agua, lo mismo que cae a lo largo de cuatro meses.

En julio de ese mismo año, el pueblo que alberga a menos de 15 mil habitantes volvió a conmocionarse con la noticia de que una avioneta había desaparecido de los cielos, entre un cerro y otro de todos los que hay en la zona. Estaba tripulada por una familia, se temía lo peor. Horas de búsqueda, angustia, especulaciones y rumores. Sucedió lo mejor, todos sanos y salvo a pesar de la caída.

En el 2014 el agua volvió a golpear con fuerza en los parajes Los Berros y Arroyo Ventana, en la zona rural del ejido municipal de Sierra Grande. El agua que bajó desde la meseta del Somuncurá desbordó y arrasó con casas y escuela. Los vecinos sobrevivieron subidos a los techos de algunas construcciones o en las copas de los árboles. Los salvatajes tuvieron momentos dramáticos y la primera ayuda material llegó de parte de los vecinos de la ciudad, que actuaron con premura.

En plena temporada estival 2015, los vientos del norte asaban a turistas y residentes que habían decidido paliar el calor en las playas doradas. Hasta que un pequeño foco de incendio en los campos aledaños comenzó a extenderse con una furia increíble. Las llamas alcanzaron los 20 metros de altura.

El balneario fue evacuado por la policía. Como no había luz, los efectivos de seguridad avisaban con altavoces el peligro. Los que llegaron primero a Sierra Grande ocuparon las habitaciones de hoteles disponibles, los demás se acomodaron a la veda de la ruta y muchos fueron albergados por el municipio en el Polideportivo.

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La gente, los vecinos del lugar, no siempre se unen. Pero sí lo hacen cada vez que un nuevo sacudón los despierta de la modorra. Como se unieron por años para lograr que el Gobierno de la Provincia quitara de la ciudad los trasformadores con PCB que contaminaban los suelos de Sierra Grande. Fueron doce años de luchas, medidas legales, trámites, asambleas, estudios y difusión.

La historia surgió con la muerte de Miguel Arce, vecino de la localidad que aseguraba que se había enfermado de cáncer por trabajar en la mina, no ya en la explotación del hierro, sino en la manipulación y proximidad al líquido refrigerante que usa en los trasformadores de electricidad. Ese líquido, durante años, se fueron guardando en El Polvorín, un depósito que Fabricaciones Militares había construido de forma subterránea para albergar la pólvora que usaban para las explotaciones dentro de la mina.

Un amparo judicial fue el que consiguió que la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable quitara el líquido refrigerante y lo enviaran a Bélgica para su deposición final. Griselda Vargas fue una de las amparista que por años estuvo atenta a que la medida cautelar no se cayera y perdiera efecto.

"No dejaría por nada mi lugar"

“El problema del PCB -cuenta a En estos días- es que lo trasportás, si lo pisás lo llevás. En la mina había muchos trasformadores en mal estado, había trabajadores que contaban que cuando encontraban pérdidas llenaban un tarrito y lo volvían a poner en el trasformador”.

En total, desparramados por todo el pueblo, se encontraron 74 trasformadores: tirados en la playa; en patios, galpones; en la mina. De todos ellos retiraron 70 toneladas de material, un trabajo que le insumió a la provincia 4 millones de pesos.

La Provincia “quería que se cayera el amparo, nos citaban en la justicia en Viedma con unas pocas horas de anticipación para que nos presentáramos, demoraron mucho”, se queja Griselda.

Finalmente, con la participación de vecinos y funcionarios como veedores, el 29 de enero de 2014 lograron retirar el material y sellar el lugar de depósito de los trasformadores vacíos para que ningún sierragrandense volviera a estar expuesto a este material contaminante. La alegría fue inmensa, una caravana de autos siguió por un tramo a los camiones que llevaban el material hasta el puerto de Buenos Aires, tocando bocinas como corolario de una pelea que duró mucho más tiempo de lo esperado.

La gente está, cuando la desgracias los une. La gente está con causas comunes. Resta ver si finalmente Sierra Grande es elegida para la construcción de la planta nuclear y de ser así ¿de qué lado estará la gente?

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“Esta zamba canto a mi pueblo distante, cálido pueblito de nuestro interior, tierra ardiente que inspira mi amor...”. (*)

 

(*) Canción "Añoralgias", de Les Luthiers