Confirman presencia de uranio en Río Negro

El proyecto Amarillo Grande está ubicado en la margen sur del río Negro, en el Area protegida Bajo Santa Rosa y Bajo Trapalcó. La empresa que realiza la exploración lo confirmó desde Canadá.

31/10/2017
Río Negro

 

La compañía minera canadiense Blue Sky Uranium informó que los resultados analíticos iniciales del proyecto Amarillo Grande, situado en Río Negro, “confirman la importante expansión del sistema mineralizado de uranio-vanadio reportada previamente en el objetivo Ivana”.

“Los ensayos iniciales de la segunda fase del programa confirman nuestras observaciones de campo de que continuamos expandiendo significativamente el conocido sistema rico en uranio en Ivana”, afirmó Nikolaos Cacos, presidente y CEO de Blue Sky, a través de un comunicado emitido desde Vancouver, Canadá, según publicó la agencia Telam.

El reporte empresario destaca que “el programa de exploración ha agregado una expansión potencial de más de dos kilómetros” al sur del recientemente definido corredor, de una extensión similar.

La Provincia de Río Negro no detalló oficialmente el nivel de avance en las exploraciones y trabajos que se realizan en la zona. Sin embargo, las tareas de la empresa incluyeron la realización de 75 agujeros cortos, de hasta 20 metros de profundidad, por un total de aproximadamente 1.000 metros, “a fin de confirmar y extender la zona mineralizada previamente identificada”.

La denominada área “Anit” en la Provincia posee 24.000 hectáreas, sobre las cuales un programa de topografía geofísica de 2.385 kilómetros cuadrados detectó en 2007 una importante anomalía radiométrica de más de 15 kilómetros, “que se interpretó como relacionada con la mineralización de uranio-vanadio dentro de antiguos sedimentos de los ríos”, señalaron los sitios especializados.

 

Posteriormente, se siguió un programa intensivo de exploración que incluyó estudios radiométricos de gas y tierra, 123 pozos excavados (310 con excavadoras), 1.403 metros de excavación de zanjas y 5.044 metros de perforación de núcleo de aire en 204 pozos de perforación.

En ese trabajo se delineó una zona principal de mineralización contenida en dos cuerpos alargados a lo largo de un corredor de seis kilómetros, desde la superficie hasta seis metros de profundidad y 40 a 480 metros de ancho, rodeado por un halo de uranio de menor grado.

Sin que exista discusión institucional y política en la Provincia en torno al tema, la empresa canadiense avanzó, y hasta destacó que “si se delimitan los recursos se prevé una instalación central de procesamiento, ya que la zona es plana, semiárida y accesible durante todo el año, con cercanías de ferrocarril, energía y acceso al puerto”.

“La mineralización cerca de la superficie, la facilidad de lixiviación y la posibilidad de procesamiento central sugieren un escenario de desarrollo potencialmente de bajo costo para un depósito futuro”, añadió la compañía.

El proyecto Amarillo Grande “tiene el potencial de estar entre los primeros proveedores nacionales de uranio para el creciente mercado argentino”, concluyó la empresa.

Quien oportunamente advirtió la situación y pidió informes a la Secretaría de Ambiente de la Provincia, fue la Senadora Magdalena Odarda. La respuesta del organismo provincial permitió visibilizar la existencia de actividad exploratoria, aunque sin detalles de los alcances y avances de esa tarea.

Hace pocas semanas, la Secretaría de Medio Ambiente “informó que a la fecha no ha realizado inspecciones sobre el emprendimiento, ni hay reclamos por parte de pobladores, desconociendo que se habrían hecho denuncias por la presencia de maquinaria pesada y movimiento de suelos en el Area protegida que debiera preservarse por sus valores ambientales”, explicó Odarda.

Y planteó que “esta área en cuestión tiene una gran riqueza paleontológica, de origen continental y marítima, con restos de dinosaurios y reptiles marinos que han sido estudiados por los académicos”.

La senadora recordó que “el uranio es un metal radiactivo peligroso por esta razón y, además, químicamente toxico. Organizaciones en todo el mundo se oponen a la minería de uranio debido a los riesgos de cáncer de pulmón y otras enfermedades. Toneladas de tierra y piedra son movilizadas y molidas para extraer el mineral, que se esparce por los vientos y contamina a las poblaciones cercanas”, planteó.

“En Argentina hay varios sitios mineros donde se explotó uranio y no hubo remediación, es decir, se sigue esparciendo en forma de partículas este metal tan peligroso para la salud. La misma Comisión nacional de Energía Atómica reconoce que las grandes cantidades de residuos deben ser gestionados de manera segura, pero sin embargo aun no lo ha hecho”, afirmó finalmente Odarda.