CONICET recomienda no utilizar el voto electrónico, pero Altec quiere prenderse al negocio

Con un extenso informe, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) se pronunció en contra de esa tecnología. La recomendación derriba negocios millonarios. El rol de la rionegrina Altec.

20/11/2017
Nacional

Presentación de "E-Voto" durante la Semana del Emprendedor Tecnológico en Bariloche (Foto prensa ALTEC)

La obsesión con el voto electrónico parece no tener fin. Con la idea fija de implementarlo a nivel nacional en 2019 el ministerio del Interior solicitó al CONICET que se expida sobre la factibilidad para su aplicación. Los resultados de las pruebas realizadas estuvieron disponibles en octubre, pero ante la enfática recomendación negativa el Gobierno nacional decidió ocultar los resultados.

Con total contundencia el documento titulado “Análisis de factibilidad en la implementación de tecnología en diferentes aspectos y etapas del proceso electoral” llega a la conclusión de que “existen resultados teóricos donde se demuestra la imposibilidad de satisfacer simultáneamente tres de los atributos requeridos para el sistema (secreto, auditabilidad e integridad). Esto genera un compromiso entre estos atributos, que se vuelve crítico durante la fase de emisión de voto si esta fase está mediada por una computadora”.

"Se recomienda” sintetiza el informe en su página 45 “no avanzar en el corto ni mediano plazo con la implementación de un sistema electrónico para la etapa de emisión de voto".

Conicet Patagonia Norte (Foto Mincyt)

Estas conclusiones ponen una objeción de peso a la reforma electoral que impulsa el Gobierno, y en especial el Presidente Mauricio Macri, quien empuja a la aplicación de esta tecnología ya desde su función como Jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires.

Un gran negocio

“Follow the Money” (sigue al dinero); la frase fue puesta en boca del personaje Deep Throat, en la película “Todos los hombres del presidente” (1976), para orientar las investigaciones del periodista Bob Woodward en torno al escándalo del Water Gate.

Si se aplica a comprender los desvelos y la interminable recurrencia del Gobierno Nacional al tema del llamado voto electrónico, comienzan a vislumbrarse grandes intereses económicos mal maquillados con una pátina de republicanismo.

En 2016 la periodista Gabriela Cerruti denunció que Raúl Martínez, funcionario del ministerio de Modernización, entonces a cargo del voto electrónico, “es el presidente de Opalssen, la offshore de los Macri, condenado por contrabando y evasión. (…) privatizador de contratos de todo el Gobierno nacional y hombre de los Macri desde hace más de treinta años, hoy impulsa el voto electrónico -con la compra de máquinas y software- mientras antes estuvo preso y procesado por contrabando agravado, evasión impositiva y obstrucción de la justicia”.

Martínez fue parte de la gestión Macri en el Correo Argentino y en Boca Juniors y finalmente del gobierno de Cambiemos, a cargo de la secretaría País Digital, dentro de la cartera que conduce Andrés Ibarra. Su gestión estuvo dedicada al lobbi para la implementación del voto electrónico en el país.

Daniel Sanguinetti, presidente de ALTEC; el diputado nacional Sergio Wiski y el secretario de Asuntos Políticos del ministerio del Interior, Adrián Pérez, durante las jornadas de presentación del proyecto de reforma política nacional (foto prensa ALTEC)

En la Argentina existen cuatro empresas con presuntos pergaminos de idoneidad para el desarrollo del software y el hardware de las máquinas para votar: MSA (la que organizó las elecciones en Capital y Salta), Smartmatic, Indra y, en menor escala, la rionegrina ALTEC.

Las sumas en juego para estas empresas de tecnología representan un negocio estimado en 100 millones de dólares del que nadie quiere quedar afuera. Sin embargo ninguna de ellas parece estar a la altura de asumir los altos costos de producción, desarrollo de software y capacidad para construir las 130 mil máquinas requeridas para votar en una elección nacional. El valor promedio de cada una asciende a 800 dólares, a lo que hay que sumarle los costos de transporte y guarda (siderales frente a lo que significa el mismo operativo para las actuales urnas de cartón), repuestos y ocio; es decir, el costo financiero de una inversión millonaria en máquinas que durante la mayor parte de su vida útil no estarán produciendo nada.

Cuando en 2016 aun se especulaba con que las PASO y las elecciones de medio término de este año se realizarían mediante urnas electrónicas, cada empresa puso en marcha su propio operativo de tráfico de influencias con funcionarios amigos, pero a medida que los tiempos comenzaron a acotarse, distintos factores obligaron a bajar el tono de la pelea por apropiarse del negocio.

En principio los impulsores de la iniciativa padecieron la falta de sanción a la Ley de Reforma Electoral, que impidió unificar criterios en cuanto al diseño de las urnas, el sistema operativo que debía emplearse, las medidas de seguridad y los costos. Para peor, el amague salomónico del Gobierno, que amenazó con importar las máquinas de China, terminó por enfriar los ánimos.

Otros factores externos como el informe crítico de la Universidad Nacional de La Plata sobre el sistema electrónico, el hackeo de las máquinas de MSA días antes de las elecciones a Jefe de Gobierno en Buenos Aires en 2015, y el coro de voces opositoras, propias y ajenas, al empleo de estos artefactos obligaron al Gobierno a, por lo menos, como aconsejaba Martín Fierro, “desensillar hasta que aclare”

“Dos locos en un garaje”

Durante el informe al Plenario de Comisiones del Senado de la Nación sobre el empleo del voto electrónico, Raúl Martínez, en representación del ministerio de Modernización, aseguró que “vamos a usar estándares; tampoco vamos a recurrir a un amigo o un primo que me traiga una máquina que la hicieron entre dos locos en un garaje”

“Vamos a poner tecnología de última (SIC) con normas internacionales aprobadas que requieren de homologaciones internacionales: no vamos a inventar nada”, enfatizó.

Lanzada a la carrera por sentarse a la mesa del banquete la empresa rionegrina de “Alta Tecnología” (ALTEC) destinó dos técnicos y los recursos para el desarrollo de una impresora de boletas que cumpliera mínimamente con las características exigidas por la Cámara Nacional Electoral.

El resultado fue un chasis prototipo en 3D impreso en resina en el Laboratorio de Fabricación Digital (FABLAB), dependiente de la municipalidad de Bariloche, en el cual se montó una PC “All-in-one”, adquirida en un comercio de electrodomésticos.

"E-Voto", la impresora de boletas electrónicas presentada por ALTEC (foto prensa ALTEC)

Aunque parezca descabellado, esto es posible porque la empresa (a pesar de ser proveedora de infraestructura para centros de esquí, según promociona en su web) desde hace años no somete a sus productos al control de la norma ISO de estándar internacional.

De todos modos y a despecho de la calidad y prestaciones de la máquina construida en sus oficinas de la calle Albarracín, el presidente de ALTEC, Daniel Sanguinetti, aseguró a la prensa que “en pocos minutos, todos podemos saber quién gana, sin margen de error. Nadie podrá decir que hubo fraude”

La presión puesta por el ministro de Gobierno de Río Negro, Luis Di Giácomo, para ingresar al negocio de provisión de urnas electrónicas promoviendo la reforma electoral de Cambiemos, empujaron a ALTEC a una serie de presentaciones en distintas localidades del interior del país (San Juan, Tierra del Fuego) organizadas por la ONG Transparencia Electoral, cuyo director, “el radical Leandro Querido, es empleado de Rogelio Frigerio en el Ministerio del Interior, de la UBA y de la Legislatura porteña”, quien además estuvo detrás del sospechoso escrutinio provisorio de las últimas PASO, según denunció Horacio Verbitsky en Página 12 el 22 de octubre pasado.

El aparato construido por ALTEC alcanzó estatus de política de Estado, cuando el gobernador Alberto Weretilneck lo presentó durante su discurso de cierre de las Jornadas de debate sobre la reforma electoral, en agosto de 2016 en Viedma.

Weretilneck promoviendo la urna de ALTEC en las Jornadas de debate sobre reforma electoral (Foto prensa ALTEC)

En ese mismo ámbito el ministro Di Giácomo acotó con entusiasmo: “Río Negro tuvo que ver en algo que va más allá de esta presentación y que tiene que ver con la implementación de la BUE (Boleta Única Electrónica), ya que cuando el gobierno Nacional nos invita, sin haber tenido la experiencia del voto electrónico de otros circuitos, sí contamos con la empresa ALTEC, que ha desarrollado un modelo de urna”

“¿Pasaste a votar?”

Después de múltiples experiencias fallidas, nada implica que el informe del CONICET pueda ser el último clavo en el ataúd de la experiencia electoral con voto electrónico.

El negocio sigue siendo inmenso y las empresas aguardan con cautela a que el Gobierno nacional defina, tal vez con un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), zanjar la cuestión, una vez que todos se atengan a distribuir por consenso los dividendos.

No es necesario remitirse a los múltiples fallos del sistema de voto electrónico durante la elección que llevó a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, ni al rechazo de Holanda y Alemania al sistema al considerar que “vulnera los principios de fiscalización y secreto del elector. Con lo cual, facilita las prácticas clientelares”, si se dispone de antecedentes más cercanos.

“Este es el fracaso del voto electrónico”, explotó en 2007 el por entonces candidato a intendente de San Antonio, Javier Iud, durante la jornada electoral que se desarrollaba en Las Grutas con la urna electrónica de ALTEC.

“El fracaso del voto electrónico se ha manifestado en las tres primeras horas de la elección con gente que iba a votar y estaba en el padrón impreso pero no en el electrónico, se trababa la máquina y entonces el votante que venía sabía a quién había votado el anterior”, confirmó en esa ocasión al medio digital ADN.

Sanguinetti y la gobernadora Rosana Bertone, durante la presentación del voto electrónico en Ushuaia (Foto prensa ALTEC)

Sin embargo, resistentes a una larga cronología de fracasos (quizá porque la prioridad es el negocio y no la República), las empresas, incluida ALTEC, esperan sin resignarse una nueva oportunidad. Y durante esa espera, la estatal rionegrina empleaba su máquina, denominada “E-Voto” en la elección de la candidata a “Embajadora de la nieve”, cuyo resultado no parece desvelar judicialmente a nadie. “¿Pasaste a votar?”, convocaba desde su web institucional.

"Un proyecto de las características de un sistema de votación requiere de una entidad pública, independiente y con la capacidad técnica necesaria, que pueda ejercer la auditoría y control de los procesos y del sistema", insisten los profesionales del CONICET, autores del informe.

El dato curioso (o irónico) es que ALTEC forma parte del Consejo Asesor del CCT CONICET-PATAGONIA NORTE, a cuyas reuniones concurre, no un gerente técnico, sino el gerente de Recursos Humanos de la empresa. Quizá así se explique.