# LOF CASIANO EPUGNER: 17 AÑOS DE RECUPERACIÓN

Historia mapuche que se articula a sí misma

La lucha por el territorio en el lof Casiano Epugner lleva 17 años en la historia reciente. Y cumple 135 años desde su inicio. Fidel Guarda, su historia y la de la comunidad.

26/11/2017
Adrián Moyano

(foto Adrián Moyano)

Aquí el rewe es un molle. Solitario, fuerte y altanero… Con envidiable obstinación hace caso omiso del rigor del viento, ese mismo que hace doler los oídos mientras desparramamos la yerba del llellipun. Viene de nuestras espaldas y barre sin piedad cada cañadón, cada pedrero y mallín. Estamos en el corazón del paraje Tres Picos, parte del territorio del lof Casiano Epugner. La comunidad lleva los apellidos de quienes 17 años atrás, dieron batalla aquí en Quetrequile. Y la ganaron…

Las rugosidades de la mapu desmienten la monotonía que sin saber, se le atribuye a la estepa del interior rionegrino: la inmensa formación pétrea que hace de centinela a pasos de la casa, cerros con fisonomía de meseta que ofrecen tonalidades de verde oscuro, pendientes donde desaparecen las pocas planicies… Damos y pedimos en dirección al este, con la compañía incondicional y callada de cinco perros. Damos y pedimos de cara al molle bravío.

Fidel Guarda (foto Adrián Moyano)

Después de convocar a los newen del lugar, buscamos refugio. En la vivienda que fue levantando de manera paulatina a medida que las amenazas de desalojo se desvanecían, Fidel Guarda hace historia. Hubo dos ingresos a los campos: el 18 de diciembre de 2000 y en febrero del año siguiente. Pero se sabe que Juan Casiano Epugner se asentó en ese rincón de Quetrequile hacia 1882, cuando aún no había terminado la fatídica Campaña al Desierto. Su primer apellido puede desconcertar, pero los viejos que quedaban a principios de siglo en Wawel Ngiyeu recordaban que se expresaba corrientemente en mapuzungun.

Hay árboles foráneos que delatan ocupación añeja. “Acá hay enterratorios por todos lados”, dice Guarda, quien formó parte de la fundación del Consejo Asesor Indígena (CAI) en los 80. El dueño de casa se remonta a pasados remotos pero él mismo es historia que vive. En su memoria y en su piel atesora más de 30 años de demandas mapuches. De movilizaciones y sinsabores, de crecimientos y retrocesos. Pero la que protagonizó es una recuperación exitosa cuya justicia incluso convalidó la Corte Suprema de la Nación, después de dos fallos adversos del Poder Judicial de Río Negro.

Cuando no…

Quetrequile antiguo

El mismo viento que ahora mueve chapas y silba entre los recovecos de la casa, martirizó hace 120 años al francés Henry de la Vaulx, un noble francés que pasó por Quetrequile en 1896, más o menos con el mismo afán que todos los viajeros europeos de la época: conocer a los “últimos” indios, experimentar aventuras y saquear enterratorios… Se debe a su faena la profanación de los restos del longko Sacamata Liempichun, que en la actualidad están en su museo parisino. La comunidad que se reorganizó unos años atrás, demanda su restitución. Esa es la trama que anima la película sobre la que trabaja la realizadora Natalia Cano en el valle de Choiquenilahue (Chubut).

(foto Adrián Moyano)

Pero antes de adentrarse en la jurisdicción chubutense del presente, de la Vaulx y su pequeña comitiva se desplazaron desde Maquinchao hacia Quersqueley, denominación que varió hasta el Quetrequile que conocemos. El francés procuraba alcanzar a Sayweke y su gente, quien después de penar durante una década, había conseguido que el gobierno nacional le adjudicara campos aunque bastante lejos del mítico Kaleufu. En la primavera de aquel año, el otrora longko principal de la Gobernación Indígena de Las Manzanas se dirigía hacia el emplazamiento actual de Gobernador Costa y tras sus pasos viajaban de la Vaulx y sus guías. “El 26 de octubre llegamos a Quersqueley, uno de los sitios más hermosos que encontré en mi viaje. Es un vallecito regado por un arroyo cristalino, en cuyas orillas se alinean los toldos de los indios. La entrada al valle es una angostura entre dos rocas elevadas”, anotó el conde1.  Si bien la Campaña al Desierto ya había traído estancias y la propiedad privada, algunas antiguas costumbres mapuche persistían: “de los numerosos toldos de este último invierno sólo quedan tres. Gran parte de los araucanos, incluido su jefe, se fueron a las montañas para la cacería anual de guanacos”, observó.

Unos días después, el viajero tuvo la chance de conocer a Kumilaf. Según su testimonio, capitanejo de Sayweke que era “jefe de Quersqueley”, aunque en ese momento, estaba “de cacería en un valle vecino”. Más allá de su eurocentrismo, la descripción que legó es respetuosa: “lo encuentro delante de su toldo, envuelto en su quillango de piel de guanaco. Me recibe cortésmente y me invita a desmontar y entrar en su ruca. Allí encuentro a su mujer, una india vieja vestida a la antigua, con el cabello suelto sobre la espalda, y una de sus hijas –con la cara pintada de rojo- ocupada en tejer un poncho”. Eran cuatro los toldos en ese “valle vecino” a Quetrequile. Al persistir en su cometido de dar con Sayweke, de la Vaulx dejó el lugar para pernoctar un par de noches más tarde en “Yepetrem”, denominación que se parece mucho al Lipetrén de nuestros días.

Herencia

La densidad de tolderías que encontró el europeo a su paso es coherente con la narración de Guarda, quien nos cuenta que periódicamente, el viento deja al descubierto enterratorios en ocasiones intactos: “los volvimos a tapar”, relata, ante el silencio respetuoso de la quincena de personas que asistimos al pequeño trawün. Su relato articula pasados centenarios con el presente, recorrido desordenado en el que habitan los Lefiñir, los Epugner, los Casiano, los Curruhuinca, los Añueke, los Colilaf… Sin embargo, cuando sus descendientes asumieron la determinación de recuperar campos, Guarda soportó tres procesamientos por parte del Poder Judicial, uno de ellos por ocupar transitoriamente la sede de la Municipalidad de Ingeniero Jacobacci. Hasta balazos cruzaron la casa que ahora alberga el trawün con fines intimidatorios. Los que se beneficiaron directamente del despojo territorial que sufrió el pueblo mapuche, no iban a ceder 11 mil hectáreas alegremente… El autor de aquellos disparos cambió su condena por tareas comunitarias. ¿Con qué vara se mide la administración de justicia en la provincia de Río Negro?

(foto Adrián Moyano)

Estoy aquí para hablar de historia pero está claro que el weupife es ese hombre de piel casi dorada, boina, pañuelo al cuello y campera hecha jirones. Los sujetos de su narración no son individuos, son más bien familias cuyas vinculaciones construyeron nuevas comunidades después del desbarajuste que significaron la pérdida territorial, la llegada del Estado y del capitalismo. “En Chaiful la gente vino del Kalfü, del Ngulumapu y de los rankülche”, dice Guarda. Se refiere al paraje vecino, también territorio del Lof Casiano Epugner. El Kalfü es Azul, uno de los reductos predilectos de la oligarquía argentina cuya denominación en mapuzungun no se limitaba a la localidad bonaerense del presente, sino a un espacio muy amplio y bondadoso en pasturas y aguas. Literalmente, Ngulumapu significa Tierra Húmeda y es la designación que desde la reemergencia mapuche, se utiliza para apuntar al occidente cordillerano. Los rankülche son la “gente del carrizo o carrizal”, cuyo territorio se extendía por La Pampa, por el sur de Córdoba y San Luis. Precisamente, los Epugner descienden del longko rankülche de ese nombre, uno de los hijos del célebre Mariano Rosas.

Otro sujeto

Sigo la conversación de Guarda y pienso en la manera en que todavía se cuenta la historia en la Argentina. Uno de los efectos de la anexión colonial que practicó el Ejército a fines del siglo XIX fue la introducción paulatina del Estado y sus instituciones, con sus discursos sobre la nación y la ciudadanía. De manera muy evidente, los relatos históricos que más circulan son los que tienen como protagonistas a la construcción del Estado, a los nexos entre éste y los ciudadanos, el ejercicio de los derechos cívicos y otros rasgos de la modernidad de origen europeo, que aquí hizo suya la Generación del 80, es decir, aquella que concretó por las armas la Campaña al Desierto. Y así como en Bariloche la historia “comienza” con la llegada de los “pioneros” suizos y alemanes, en Ingeniero Jacobacci arranca con el tendido de las vías férreas. Es “una historia conocida, algo que ya ha sucedido en otro lugar y que ha de reproducirse mecánicamente o de otro modo, con un contenido local”, desnuda la investigadora australiana Meaghan Morris2, quien acuñó el concepto de “falta de originalidad positiva” para los proyectos modernizadores que triunfaron en su país y en el nuestro. Modernizadores y coloniales, sumo yo.

La manera en que Guarda narra las andanzas del Lof Casiano Epugner desafía de forma implícita el tic de concebir la historia como un camino lineal que conduce de manera ideal hacia el Estado, la nación y la ciudadanía moderna. Europea… Su memoria realza sociabilidades que son distintas a la relación entre el Estado y el ciudadano e incluso, a la que vinculan al capital con el trabajador. El veterano fundador del CAI habla de familias y de comunidades, casi nunca de individuos… Jamás de políticos o elecciones. Sólo hizo mención al gobernador Álvarez Guerrero para reírse de cuando echó de su despacho a una comitiva mapuche, cuando se discutían los prolegómenos de la Ley Integral del Indígena. En esa sociabilidad habitan los ancestros que ya no están e inclusive, seres que para Occidente no tienen vida, como pedreros, mallines o miradores.

En el relato de Guarda, espontáneamente se desarrolla la lucha por apropiarse “de esas otras disposiciones de la memoria”3 que trastocan al sujeto de la historia. Aquí ya no es el Estado y su conformación el protagonista excluyente, ni siquiera el proyecto moderno - colonial que 130 años después, insiste en deshumanizar al pueblo mapuche. Aquí el sujeto de la historia (mapuche) “se articula a sí mismo” y deja de habitar los relatos que el colonizador cuenta del colonizado. La ruptura es inmensa... Tan desafiante como aquel molle que marca el rewe.

Glosario

Rewe: lugar puro, literalmente. Marca el centro del espacio ceremonial, vincula los newen o energías de la tierra con aquellos que están por encima.
Llellipun: ceremonia mapuche en la que se da y se pide.

Wawel Ngiyeu: Que hay gargantas. Denominación originaria del sitio donde se emplaza Ingeniero Jacobacci.

Trawün: encuentro.

Weupife: el “historiador” de la comunidad.

 

1De la Vaulx, Henry: “Viaje a la Patagonia. 1896. Librería Hachette. París 1901”. Puerto Madryn. 2008.
2En Chakrabarty, Dipesh: “Al margen de Europa. ¿Estamos ante el final del predominio cultural europeo?” Tusquets Editores. Barcelona. 2008. Página 71.
3Chakrabarty, página 69.