# EN "LUGAR EN EL MUNDO" DEL PRESIDENTE

Playa y camping bajo control mapuche

La comunidad Paichil Antriao recuperó su territorio en 2011. Administra un cámping, lejos de las polémicas que hoy dominan el tratamiento del denominado “conflicto mapuche”. Su historia y su presente.

24/12/2017
Adrián Moyano
 

Hay centenares de playas así en el noroeste patagónico… Las aguas del lago besan mansas las orillas que todavía dejan ver ceniza volcánica, la franja más cercana se ofrece celeste a decenas de bañistas y unos pocos pasos más allá, el azul intenso denota abrupta profundidad. El horizonte se delimita por los contornos boscosos de cerros de poca altura y hoy, el viento tuvo buen el gusto de faltar a la cita. Hay centenares de playas así en el noroeste patagónico, pero la del Correntoso está bajo control mapuche.

Por la mañana, hubo una ceremonia. Hombres y mujeres se dirigieron al lago en las cuatro formas que adquiere su newen: lafken kuze, lafken futa, lafken ültra zomo, lafken weche wentrü. Es la manera mapuche de comunicarse con las energías ancianas y nuevas, con las femeninas y masculinas. Los anfitriones y demás participantes pidieron permiso porque comenzaba la temporada de verano, rogaron que el conjunto de los newen favoreciera el emprendimiento.

Nacho Castillo es kona de la comunidad Paichil Antriao. Durante mucho tiempo y por influencia de gente que escribió sobre los mapuche sin profundizar en su cultura, se pensó que kona equivalía a guerrero. Pero la voz mapuche para ese rol es weichafe, la función del kona es asistir al longko y al conjunto de la comunidad. Obvio, en el contexto de las agresiones argentinas y chilenas del siglo XIX, todo kona tuvo que convertirse en combatiente pero el sentido original de su función era otro. En el ordenamiento interno de las comunidades que conforman la Confederación Mapuche de Neuquén, el del kona es un cargo que inclusive figura en los estatutos comunitarios. El de weichafe no.

Pero al igual que ayer, los kona se ven en la obligación de afrontar situaciones difíciles. “La recuperación se hizo en 2011”, recuerda Castillo. “Hizo posesión la comunidad de este lugar a raíz de que anteriormente ya había una familia que estaba viviendo en un sector. Ellos trabajaban como concesionarios del municipio, siendo que hacía años que vivía acá la familia de ellos: los Antriao. Estuvieron muchos años para el municipio, desconociendo que esto era parte de su territorio. En 2011 el municipio resolvió no renovarles el contrato y darle la concesión a un privado que tenía la idea de hacer un complejo de cabañas, ya no un camping para que la gente acampe y venga a disfrutar. Entonces, la familia pidió apoyo a la comunidad porque los querían desalojar”.

Si bien en Villa La Angostura el desdén hacia el pueblo mapuche suele alcanzar ribetes que superan la media de otras localidades, los relatos que sostienen las demandas de la comunidad son contundentes.

Ignacio Antriao fue cacique (lonko) de las huestes de Sayhueque y tenías sus dominios a principios de siglo (por el XX) desde el Correntoso hasta la península de Quetrihue. Cuando el gobierno nacional encomendó la mensura y subdivisión de la Colonia Nahuel Huapi, se trazaron los límites del lote pastoril 9 de más de 600 hectáreas, desde el actual Cruce hasta el lago Correntoso y primeras estribaciones del Cerro Belvedere, dándole a este cacique el título de propiedad de estas tierras, en recompensa por sus servicios de baquiano ante la Comisión de Límites que actuaron (sic) en la zona. Fue uno de los firmantes del Acta de Fundación de Villa La Angostura en 1932 y fallece en 1936.1

Desde entonces y hasta 2003, para los Paichil Antriao la historia sólo supo de despojos. Pero a partir de esa fecha, la reorganización de la comunidad y la firme voluntad de decir de basta, fue noticia de manera periódica. En 2011, Sofía y Hugo Montes recibieron un ultimátum. “Tenían un plazo de un mes para retirarse del camping… Entonces, así llegó la comunidad, llegamos nosotros, acompañados por nuestro longko, Ernesto Antriao, que ya no está”, recuerda Castillo, mientras la luz del Sol juega con los colores de la wenu foye que está a sus espaldas.

La postura de que no

Hoy el clima es festivo pero la distensión puede ser momentánea. “Hace cerca de siete años que estamos acá. Hemos tenido muchos conflictos bastante grosos con el municipio, porque fue enjuiciada la familia de Hugo Montes y Sofía pero después de tantos juicios, la comunidad logró ganar y ellos quedaron absueltos. Se ganó el juicio de ellos pero no la instancia judicial del camping”. Quiere decir que “hoy sigue adelante el municipio reclamando el camping, diciendo que le pertenece y que no va a parar hasta recuperarlo. La comunidad tiene la postura de que no: estamos asentados acá y quedamos dentro del Relevamiento Territorial, así que estamos aguantando firmes nomás y viendo qué va a pasar”, afirma el kona.

El Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas (RETECI) es el que dispuso la Ley 26.160, aquella cuya prórroga tantas movilizaciones y gestiones demandó meses atrás al conjunto de las organizaciones indígenas del país. Si bien algunos juzgados tienen en cuenta los contenidos de los informes técnicos y otros no, las comunidades suelen depositar esperanzas en las carpetas que finalmente, elabora el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). “Confiamos en la Justicia”, admite Castillo. “Siempre quisimos llegar al diálogo, cosa que el gobierno que ha estado de turno nunca quiso. Antes estaba Roberto Caucault (MPN) y no quiso llegar al diálogo y este gobierno, menos”. En la actualidad, el intendente es Guillermo Caruso, del mismo origen partidario. Sin embargo, en las recientes elecciones legislativas, Cambiemos se alzó con el triunfo en la otrora aldea de montaña.

Por razones domésticas y otras nacionales, el contexto insiste en ser adverso. “Nosotros siempre quisimos destrabar la situación porque es bastante incómoda, no podemos tener la habilitación, ya que la da el municipio. Hemos intentado que nos vengan a ver para ver si algo que está fuera de regla, pero tampoco han querido eso”, lamenta Castillo. “Yo estoy haciendo mi ruka acá mismo y he tenido varias denuncias, porque dicen que rompí la medida de no innovar. Pero esa medida es para este sector del camping, yo estoy a unos 100 metros construyendo... Yo no rompí nada, el no innovar es para el camping para que nosotros no hiciéramos alguna ampliación o avancemos, cosa que no hemos hecho. Acomodamos un poco adentro y pintamos porque esto estuvo mucho tiempo abandonado, estuvo cerrado porque no se trabajaba y tuvimos que poner esfuerzo y trabajo para ponerlo en pie”.

”El único lugar que va quedando”

En la cancha de vóley se suceden los partidos. No hace tanto calor pero es imposible sacar a los chicos y chicas del agua. Todavía se huele el aroma de algún asado tardío y decenas de cuerpos buscan broncearse debajo del cielo despejado. Un kayak evoluciona en forma paralela a la costa y otro se aventura más al interior. Un persistente nadador llama la atención de algunos observadores. A pesar de la apariencia apacible, “toda la gente del pueblo sabe que esto está en conflicto, sabe la pulseada que tiene la comunidad con el municipio. Pero igual viene porque es el único lugar que va quedando”, interpreta el kona.

Los intereses de la comunidad coinciden con los derechos de acceder libremente a las costas de los vecinos, sean mapuche o no. “La gente sabe que puede disfrutar porque tiene lugar para acampar y hacer su asadito. Los otros campings son casi privados y además, quedan lejos para la gente que no tiene auto”. Para contrarrestar esa afluencia masiva, “el municipio se ha encargado de ponernos a la gente en contra. Le han dicho en la Secretaría de Turismo que este lugar no está habilitado para acampe, que no vengan porque es un lugar peligroso, porque están los mapuche, porque están usurpando, porque somos violentos”. Los Paichil Antriao no necesitan prender la tele o escuchar radios de Buenos Aires para saber cuáles son los estigmas que derrama sobre el pueblo mapuche la sociedad dominante.

En este caso, son vecinos los que ejercen el racismo. “Ellos nos tienen por vagos y usurpadores, entonces le han dicho a la gente que no venga, inclusive venía la colonia de verano y la sacaron porque les dijeron que los chicos corrían peligro. Tuvimos dos años muy difíciles para trabajar porque la gente no venía, pero de a poco la fuimos convenciendo a la gente del pueblo, logramos que volviera la colonia de verano, logramos que vinieran los jubilados, que vinieran escuelas... Ahora viene toda la gente y como vos decís, está lleno. El domingo pasado estuvo el 90 por ciento de Villa La Angostura acá en el camping y lo lindo es que mucha gente nos apoya. Nos dicen: qué bueno que están ustedes… No le aflojen, sigan adelante… Si lo agarra el municipio, no va a ser más un camping como hoy. El municipio tiene un proyecto de hacer una especie de Bahía Manzano, con medios de elevación y privado, para que venga el que tiene plata y poder”, explica Castillo.

Pedir permiso

Desde el pequeño escenario que se levantó entre la playa y la proveeduría llegan sonidos de prueba. La jornada que comenzó temprano con una expresión de la espiritualidad mapuche supo hace un rato de teatro, con un entrañable bosquecito de arrayanes como espacio escénico. Y finalizará con música. “La ceremonia la llevamos a cabo hace ocho años, desde que hicimos la recuperación. Cada año nos queremos fortalecer más y se está haciendo abierta al público para que venga la gente y vea lo que la comunidad está haciendo”, razona Castillo.

Su sentido consiste en “pedirle permiso al lago para laburar la temporada y que venga buena. También cuidar el lugar, que la gente entienda que tiene que cuidar el lugar porque es de todos”, aclara el kona. “Nosotros siempre decimos que esto no es de la comunidad, es del pueblo de Villa La Angostura. Nosotros no nos creemos dueños de esto, es del pueblo de Villa La Angostura y es lo último que nos va quedando”, insiste.

Después del dar y recibir que se pone en práctica en cada ceremonia mapuche, “estuvimos con talleres muy importantes sobre el Buen Vivir, también para poderle llevar esta cultura a la gente y contarle qué es lo que estamos haciendo acá. No queremos solamente hacer negocio. Vivimos de esto porque son dos meses, invertimos y nos matamos para que sea una linda temporada, para que la gente del pueblo y el turista se vayan bien, conformes y tranquilos. Cada año buscamos darles más para que el lugar se fortalezca. La ceremonia de hoy nos dio mucha fuerza y fortaleza como comunidad para trabajar en el lugar”, finaliza Castillo. Un objetivo a todas luces subversivo en el sitio de descanso predilecto de Macri. Ironía para el presidente: considera “su” lugar en el mundo a un rincón muy aguerrido del territorio mapuche.

1 Trentini, Florencia y Pérez Alejandra (2009): “Historias de las Familias Mapuche Lof Paichil Antriao y Lof Quintriqueo”. Compilación Archivos del Sur. Biblioteca Popular Osvaldo Bayer. Villa La Angostura.