# INSTRUMENTO DEL DESPOJO QUE SUFRE EL PUEBLO MAPUCHE

“Es Parques el que está dentro de nuestro territorio”

¿Es posible revisar las políticas intrusivas de Parques Nacionales, a pesar del "prestigio" del que goza la institución? El ciclo "El pueblo mapuche vive" se lo propuso y generó reflexiones con contenidos fundados e inquietantes.

21/01/2018
Adrián Moyano

Los apologistas de Francisco Moreno no encuentran paradójico que el héroe de Parques Nacionales consagrara buena parte de su tiempo a “recolectar huesos humanos y a profanar tumbas”, según se encargó de recordar Ramiro Nahuel Lincán durante su intervención en el ciclo “El pueblo mapuche vive”. El tercer encuentro de la iniciativa se llevó a cabo en la Biblioteca Aimé Painé del barrio Virgen Misionera (Bariloche), cuyas instalaciones quedaron muy chicas para albergar a la considerable asistencia. La propuesta corre por cuenta del Colectivo El Kultrunazo, Pu Pichike Choike y el Espacio de Articulación Mapuche.

Lincán estudia la Tecnicatura en Viveros que se imparte en la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) pero los orígenes de sus conocimientos residen en los fundamentos más profundos de la cultura mapuche. Cuando se instituyó, Parques Nacionales funcionó como instrumento para consumar el despojo que 50 años antes, había perpetrado el Estado. “A mí me llamaba la atención que mi padre y mi madre conocieran los usos de las plantas del bosque porque mi padre es de Cushamen y mi madre de Río Chico. Pero a sus familias las corrieron a la estepa”.

Es la historia por la que tuvieron que atravesar centenares o quizá miles de sobrevivientes mapuches, cuando la persecución militar se transformó en acoso institucional. “La estepa es un ambiente muy rico”, aunque los fundadores de Parques Nacionales sólo vieran “un desierto de cultura y de flora. La flora nativa es impresionante, la diversidad es increíble”, destacó Lincán, para poner en evidencia la contradicción de la excusa conservacionista.
Entre los mapuches, el espacio se piensa en tres niveles: wenu mapu, nag mapu y miñche mapu. El primero puede traducirse como territorio de arriba y se extiende a partir de los árboles y los contornos de los cerros. El segundo es el territorio de la experiencia sensible, donde concretamente se desarrolla la vida humana y de los demás newen (fuerzas o energía). El tercero es el que se sitúa por debajo. Es posible remontarse a varios más pero en su charla del último miércoles, Lincán se limitó para simplificar la explicación. Cuando los mapuches se refieren a su territorio, incluyen a todos los niveles y no sólo a la superficie o al subsuelo. Y no sólo a sus personas, sino también al conjunto de newen que allí tengan existencia.

El expositor también habló de las “meli witran mapu” o cuatro partes de la tierra, de los procesos cíclicos que por ejemplo, se representan en el awün: durante los kamaruko, jinetes rodean el rewe una y otra vez en sentido contrario a las agujas del reloj para concentrar energía. El rewe es el “puro lugar”, el sitio que marca el centro del espacio ceremonial, frente al cual se desarrollan las diversas alternativas que mal se sintetizan en la expresión “rogativa”.

Reciprocidad vs. capitalismo

Además del carácter circular de la manera mapuche de percibir al mundo, Lincán introdujo el concepto de reciprocidad, que “nos puede ayudar mucho frente al capitalismo destructivo”. En su charla, mostró imágenes de llaollaos, de piñones, de maquis y de “lawen” (remedios). “Cuando los recogemos, le dejamos algo a la planta. Pero además, hay tiempos para sacar… Ahora vienen las (compañías) medicinales con bordeadoras, sacan todo, hacen sus productos y después dicen que es medicina mapuche”, cuestionó. Variante del extractivismo que tiene menos prensa que la minera o la petrolera, pero que es igual o más de mortífera.

Muchos otros conocimientos compartió Lincán, para confrontar con “la construcción social de lo natural” que Parques Nacionales trajo consigo desde 1934, aunque pueden rastrearse antecedentes, precisamente entre Moreno y aquellos que trabajaron para instalar el concepto de “Suiza argentina” sobre parte del territorio mapuche y tehuelche que la Argentina había conquistado. La manera de “pensar la naturaleza” que se tornó hegemónica concibe a “lo natural sin gente. No importa la convivencia” y no tuvo –ni tiene- en cuenta que “nuestro lenguaje viene de la tierra”.

“Los parques nacionales son expresiones del poder político” y formas que el Estado utiliza para “delimitar el uso de la tierra”. Lincán no utilizó la palabra “racismo” pero de qué otra forma puede explicarse la clasificación histórica de la APN, según la cual “privados” son los que dentro de su jurisdicción se consagran a las actividades turísticas o de conservación, inclusive con títulos de propiedad… Siguen en el ranking (descendente) los tenedores de Permisos Precarios de Ocupación y Pastaje, los odiosos PPOP que recayeron en “chilenos e indígenas” que debían pagar para que sus animales pudieran alimentarse. Y por último, los “intrusos”, aquellos que aunque tuvieran a tres generaciones de los suyos enterrados en el campo, no tenían derecho alguno en la lógica de la institución.

Los mayores de Amancay Quintriqueo supieron llevar consigo rótulo tan incómodo. El espacio territorial de su comunidad circunscribe el brazo Huemul del lago Nahuel Huapi “aunque ahora está más reducido” en relación al original. Recordó la joven werken (vocera) que al finalizar la Campaña al Desierto, Julio Roca “regaló nuestro territorio a Jorge Newbery y a (Jarred) Jones pero Newbery no nos echó: necesitaba mano de obra para sus alambrados y mujeres para la limpieza. Quedaron viviendo en un pedrero, donde en invierno se juntaban dos o tres metros de nieve”, compartió, ante la mirada sorprendida de la asistencia.

Tres generaciones de “intrusos”

Antes de la llegada de la “civilización” y el “progreso”, los Quintriqueo sembraban trigo, maíz y papas. “Parques Nacionales se formó para reprimir y contener a los poquitos que habían quedado”. Buena parte de los conocimientos que ahora difunde la joven Amancay, los escuchó en los relatos de José Mercedes Quintriqueo, su tatarabuelo. Vista desde 2018, “la política de Parques fue patriarcal porque los PPOP se pasaban del padre al hijo varón mayor. El resto de los integrantes de la familia, si se quedaban en el campo eran intrusos. Mi abuelo nació y murió en el territorio, pero para Parques era intruso”.

La tensión que fue permanente entre Parques Nacionales y los Quintriqueo “se agudizó durante la dictadura cívico militar. Los guardaparques venían armados y le decían a mi abuelo que tenía que irse del territorio porque querían terminar con la población”. El proceso de reorganización de la comunidad se inició en 2003 gracias al empuje de José Quintriqueo. Fue en ese marco de redescubrimiento de la identidad y de recuperación de las ceremonias que los más jóvenes supieron su pasado. “Mi abuelo jamás había contado la historia. Ahí fue que nos dijo que los guardaparques le decían: te vamos a matar si hablás… Hasta tuvo un pewma (sueño) y pudimos ubicar el lugar donde se hacían los grandes nguillatün”, confió su descendiente. Ese espacio tiene carácter sagrado para los mapuches, pero la ideología conservacionista de Parques Nacionales poco entiende de esas nociones.

Los mayores de los Kintupuray residen en la zona norte del lago Correntoso desde fines del siglo XIX o comienzos del XX, según las fuentes. También son preexistentes a los conceptos que pergeñaron Francisco Moreno, Emilio Frey, Bailey Willis o Exequiel Bustillo. “Parques dice que la zona no es apta para la vida humana pero nosotros seguimos presentes”, desafió Lucas, joven longko de su comunidad. “Es Parques el que está dentro de nuestro territorio, no nosotros en la jurisdicción de Parques”, corrigió.

Junto a otra comunidad “neuquina” y cuatro “rionegrinas”, los Quintriqueo y los Kintupuray integran el Consejo Intercultural de Comanejo del Parque Nacional Nahuel Huapi. La metodología resultó del intenso y dilatado Conflicto de Pulmarí, que detonara en 1995 y por el cual en su momento, 200 mapuches llegaron a estar procesados por el Poder Judicial. Como instrumento para frenar la represión se ideó la figura del Territorio Indígena Protegido que finalmente, decantó en los Comités de Comanejo, en cuyos ámbitos comenzaron a convivir guardaparques y demás técnicos del organismo con los longko y werken de las comunidades. Esas instancias de convivencia y diálogo no están exentas de tensiones, pero moderaron la histórica relación de opresión que Parques Nacionales puso en práctica hacia los pobladores mapuches.

Es un ámbito para que “Parques no decida solo sobre nuestro territorio. Ahí discutimos para que Parques saque las manos de nuestros territorios, porque nosotros somos kona de la itrofil mongen (servidores de toda la vida)”, subrayó Kintupuray. “Es muy dura la lucha porque Parques no comprende, las políticas públicas no avanzan pero yo veo que sí se avanza en el resto de la sociedad. Nosotros tenemos que estudiar la burocracia del Estado para ganarle con su herramienta y de a puchitos, vamos logrando cosas”, señaló el joven longko.

Nostalgias

Con el pedido de desalojo contra la comunidad Lafken Wingkul Mapu, la APN evidenció nostalgia y quiso reeditar los pasajes más dramáticos que vivieron los mayores de los Kintupuray y los Quintriqueo. Se sabe, su pedido ignoró una instancia de diálogo que se desarrollaba en la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi y encontró acogida en un juez federal. La bala que mató a Rafael Nahuel en aquella jornada fatídica la disparó un integrante de Prefectura Naval, pero la cargó hace décadas un pensamiento racista que considera a la naturaleza lejos del ser humano, sólo susceptible de disfrute contemplativo o deportivo. Una concepción colonialista que en sus inicios fue profundamente elitista, porque Bustillo no estaba pensando en las grandes mayorías populares cuando impuso su sello a Parques Nacionales… Un lógica jerárquica y verticalista que ya provocó demasiado sufrimiento y es necesario desterrar porque además, es poco efectiva si de conservación se trata. El prefecto disparó contra el cuerpo de un joven, pero son la reciprocidad, la circularidad y la complementariedad mapuches las que están en la mira. En la Casa Rosada, en el Ministerio de Seguridad, en La Moneda e inclusive en el Pentágono, tomaron nota de su peligrosidad.