# A 36 AÑOS DE MALVINAS

La tierra baldía

El vínculo histórico social con la guerra de Malvinas está fracturado desde el inicio. Héroes, víctimas o simples espectadores, 36 años después, no existe un discurso unificador (tampoco hegemónico) que haya podido imponerse; aquellas figuras son dolorosamente irreconciliables y reaniman un debate furibundo ante sus propios símbolos. Debate que aún se replica en Bariloche.

31/03/2018
Nacional
Martín Medero

 

“Abril es el mes más cruel”

T.S.Eliot

 

La herida es interna y no es siempre la misma; el recuerdo no es el mismo. Hay, en la sociedad argentina un conflicto opaco, sordo y mudo que va por detrás y se sufre distinto.

La guerra de Malvinas les sucedió a los argentinos de un modo sorpresivo; nadie, verdaderamente en esta tierra, tenía una idea cercana a lo que significaba vivir en un país en guerra. País devastado en todo sentido, que ya era víctima antes de iniciar el conflicto.

Hambre, pobreza y terrorismo de Estado, eso era la Argentina que inició la guerra en las islas. Y una moral de cuerpo que bien se ilustra con los dichos del represor, ex capitán de Fragata, Alfredo Astiz, a la periodista Gabriela Cerruti:

“Yo digo que a mí la Armada me enseñó a destruir. No me enseñaron a construir, me enseñaron a destruir. Sé poner minas y bombas, sé infiltrarme, sé desarmar una organización, sé matar. Todo eso lo sé hacer bien. Yo digo siempre: soy bruto, pero tuve un solo acto de lucidez en mi vida, que fue meterme en la Armada”.

 

Llevada a números elementales, la dictadura inició en el país con un nivel del 2% de indigencia y un 4% de pobreza. En 1980 aquél modelo neoliberal ya había llevado a la indigencia al doble (4%), y a la pobreza la quintuplicó: 20%. La deuda externa, que en 1975 era de 3.200 millones de dólares, en 1982 había ascendido a 35 mil millones de la misma divisa.

A las palabras de Astiz las precedió y las prosigue una indescifrable alquimia histórica. El marino ya había sido condenado en ausencia, durante el gobierno de facto, en Suecia y en Francia, por crímenes de lesa humanidad. Considerado un especialista modelo de la Armada, sin embargo Astiz defeccionó en un encuentro previo con fuerzas inglesas en Puerto Leith, en las islas Georgias.

A la distancia y con sus posibilidades -que han sido en general estrechas, pero que durante los últimos dos años tienden a ensancharse- algo de aquel espíritu habita en las fanfarrias, en los actos conmemorativos, en las fuerzas armadas y en los excombatientes. Y también en los discursos cotidianos. Esa es una línea histórica, con sus variantes.

Por ejemplo, durante el acto de lanzamiento del programa de actividades oficiales para este 2 de abril, en la sala de Prensa de la Municipalidad, el intendente Gustavo Gennuso se presentó rodeado de ex combatientes, entre quienes se encontraba el director de Veteranos de Guerra de Malvinas de Río Negro, Rubén Pablos, y dijo:

“Uno siempre cuando piensa en su país, cuando piensa en la vida personal, etcétera (sic), quiere estar a la altura de las circunstancias en las que han estado quienes acá me rodean, los que nosotros denominamos ´veteranos´, pero también nuestros héroes”.

Para el intendente “son muchachos que le han puesto todo”.

Aseguró Gennuso que “el 2 de abril nos recuerda el sentido de patria y la pelea por lo nuestro”, y dijo que “la tristeza y el dolor, son cosas de la vida (que) la vida pone, como la sonrisa y la tristeza, y pone la vida y pone la muerte todos los días en el camino que vamos recorriendo”.

Sin embargo no fue la vida la que puso a la muerte “en el camino que vamos recorriendo”, fue una dictadura militar la que inició la guerra en el Sur.

José María Rodríguez

En Estos Días: ¿Y vos cómo te sentís cuando te llaman “héroe”? ¿Cómo te queda esa pilcha?

José María Rodríguez: Mal me queda, muy mal. Yo no soy un héroe: soy una víctima más de la dictadura, como muchos otros chicos, compañeros y amigos a los que los militares mandaron a morir en Malvinas.

José María es de Mar del Plata, tenía 18 años en el 82 y estaba terminando el colegio Industrial cuando le tocó el Servicio Militar.

José María Rodríguez: Quería ir a la universidad a estudiar ingeniería. Tenía a mi novia. Y me tocó la colimba y pensé ‘bueno, pierdo un año’. Me dejaron ir a rendir el examen de ingreso, eso fue a mediados de marzo. Estuve una semana afuera y cuando volví se había inundado el campo donde hacíamos los entrenamientos, así que yo no tuve ninguna instrucción.

A José María le tocó Ejército, artillería antiaérea. Sin instrucción.

De acuerdo a datos oficiales la Argentina dispuso en total 23.428 combatientes. La Armada, 10.600; Fuerza Aérea, 2.300; Gendarmería y Prefectura, 200, y el Ejército 10.300, la mayoría de la provincia de Buenos Aires, como José María.

Dos semanas atrás, a partir del acuerdo entre la Argentina y Gran Bretaña, por intermediación de la Cruz Roja Internacional, el Equipo Argentino de Antropología Forense, logró identificar 90 cuerpos NN sepultados desde 1982 en Darwin. La mayoría (casi el 70%) de los cuerpos enterrados eran soldados conscriptos del Ejército, muy jóvenes (de entre 18 y 20 años) y provenientes de la Provincia de Buenos Aires, Chaco y Corrientes.

José María Rodríguez: La guerra fue muy dura. Yo viví tres guerras: una contra los ingleses, otra contra el hambre y el frío, y otra contra mis superiores.

Lejos de todo aquello, en una sala luminosa y calefaccionada, el intendente Gennuso anunció “algo que es muy caro a los barilochenses que es la vigilia. La vigilia”, explicó, “no empieza el 2 de abril sino el primero a la noche; y digo que está muy cercano a nuestros corazones porque cada vez va más gente”.

El intendente también dijo que había cedido a los veteranos los terrenos para emplazar un monumento y que, como iba a estar muy cercano al Centro de Congresos y Convenciones (en la costanera, descendiendo desde el Centro Cívico, sobre la costa del lago), “ese centro llevará el nombre de Islas Malvinas”, dijo, aunque los estudios de prefactibilidad para la construcción de ese edificio son todos negativos.

José María Rodríguez: "Nada por lo que matar o morir"

En Estos Días: ¿Cómo fue cuando te movilizaron; tuviste oportunidad de despedirte de tu familia?

José María Rodríguez: Fue lo peor. Era Semana Santa y nos dejaron salir tres días para ir a nuestras casas. Nos dijeron: “vayan a despedirse de sus familias porque van a la guerra”. Nos despedimos llorando. No me pudieron llevar al cuartel, nos llevó el padre de un amigo con el que fuimos juntos a Malvinas.

Viajaron en un avión de Aerolíneas Argentinas al que le habían quitado los asientos. Iban amontonados, sentados en el piso. La pista de Puerto Argentino es muy corta, y el freno brusco al aterrizar los arrojó hacia adelante, soldados y equipo; “Todos apilados, unos encima de otros contra la cabina del piloto”, sin advertencia  y sin intuición. La noche era absoluta.

Al desconcierto lo siguió la orden: “Afuera todos y a armar la carpa”, que consistía en dos pedazos de tela unidos con botones. La carpa no tenía piso. Era abril, en las islas.

En la sala de Prensa calefaccionada, junto al intendente municipal y otros veteranos, está sentado Rubén Pablos. Es martes 27 de marzo de 2018. Rubén, el Polaco, como se ha dicho, es director de Veteranos de Guerra de Malvinas de Río Negro, y en la mano tiene unos papeles con el cronograma de actividades oficiales que se prepara a anunciar.

Rubén Pablos, director de Veteranos de Guerra de Malvinas de Río Negro.

Antes, unos veinte años atrás, el Polaco tenía el pelo largo, y se lo ataba en una cola rubia que le llegaba a la mitad de la espalda. No había un peso para los ex combatientes y al Gobierno Provincial le importaba nada. El Polaco, José María y Luis Seroni, otro compañero, andaban tratando de armar el centro de veteranos. Daban charlas en los colegios y cada 2 de abril los invitaban a la radio. Pero ahora, me dijo Rubén, “están distanciados”.

Antes de la conferencia y por teléfono me contó del monumento que están terminando de montar en Viedma, en La Boca, donde el Río Negro alcanza el mar. Lo han hecho como han podido, pero con un aporte de dinero –fundamental- de la Legislatura de la provincia. Ahora el Polaco es funcionario.

Sobre un promontorio, donde inicia hacia el sur la cadena de acantilados de la costa patagónica, construyeron un muro perforado. Cada uno de los huecos mira al mar; hay en total 649, uno por cada uno de los caídos en la guerra.

Memorial de Malvinas

La mayoría de los caídos pertenecía a la Armada: 391. Casi la mitad del total (323) perdió la vida cuando el  hundimiento del crucero General Belgrano.

En 2011 ante los reclamos de grupos de ex combatientes, el por entonces adjunto a cargo de la Defensoría del Pueblo de la Nación, Anselmo Sella, destacó que “la cantidad de soldados que fallecieron post conflicto a causa de suicidios, es de tal magnitud que pueden compararse la guerra y la posguerra”. Sella señaló que había un gran número de ex soldados sin reconocimiento médico, “siendo esto un potencial de riesgo por la falta de tratamiento dadas las secuelas que pudieran padecer”.

Hay 649 huecos en el paredón, “eso nos permite percibir a aquellos que nos faltan”, dijo el vice gobernador Pedro Pesatti, durante la inauguración. Por algún motivo hay otros que tampoco están, pero que sin embargo, parece que no faltan.

Eso es conmovedor: lo simbólico, aún más que la realidad. Asomándose uno por los huecos del monumento en La Boca, ve un horizonte inabarcable, y detrás del horizonte, en esa dirección, las islas que allá estarán.

Me dijo el Polaco que en ese mismo predio van a montar un Mirage que les donó la Fuerza Aérea,  y aunque justamente éste no, es igual a los que se emplearon en Malvinas, la versión israelí del avión, el M-5 Dagger.

Si uno busca con paciencia, en Mercado Libre se consiguen esas piezas a costo de remate. Por ejemplo una cámara de turbina del Dagger cuesta 3.500 pesos. Está prohibido, pero existen varios desarmaderos –uno muy importante en Luján- que las comercializan igual.

Durante la conferencia de prensa el Polaco dijo que el intendente era “un amigo”, y dijo que “de haber tenido más funcionarios políticos de la raza de Gustavo (Gennuso), seguramente la post guerra hubiera sido mucho más sencilla para nosotros, y más de uno de nuestros compañeros no se hubiera quitado la vida”.

Pocos días antes y en otro lugar, al apagar el grabador al término de la entrevista, Luis Seroni me dijo “hay tanto que contar, tantas cosas, pero cuando lo quiero decir no me sale”.

Es probablemente cierto, ¿quién sabe? Pero de lo que sí quedó grabado emergen algunas imágenes:

“Cuando fue la retirada estábamos solos. Había que abandonar la posición pero el jefe no estaba, entonces le pedimos a un compañero, Daniel Alfonso, que era mayor, que nos guiara. El ya tenía 27. Y nos fuimos caminando. Enseguida nos ordenó avanzar separados, por lo menos cinco metros, por si nos bombardeaban, que no nos mataran a todos”, contó.

“Y me acuerdo de que en esa retirada yo vi un soldado que se había escondido atrás de una verja. Estaba en posición fetal, en el piso. Había pasado la noche ahí y se había muerto congelado. Así como estaba lo metimos en la caja de un camión. Me acuerdo lo que nos costó subirlo, siempre en la misma posición”.

Otra imagen de Luis:

“Hace unos pocos años un amigo me trajo fotos satelitales de los ingleses que estaban desclasificadas. ‘¿Ves ahí?, ¡ahí estabas vos!’, me dijo. Y era cierto, era la trinchera en la que yo estaba, se veía la montañita de tierra y había una indicación que decía ´7 soldados´. Ellos ya sabían todo de nuestras posiciones”.

Los ingleses hicieron cabeza de playa en San Carlos y “a medida que avanzaban era como que nosotros íbamos perdiendo la fe”, contó Luis Seroni. “Después también nos enteramos de que habían combatido en Pradera del Ganso y habían ganado”.

Imagen satelital de las posiciones de las tropas argentinas

Dejó otra imagen: “Me acuerdo de una de las arengas que nos daban los curas; diciéndonos que nos quedemos tranquilos que Dios estaba con nosotros, y atrás de él se veían en el cielo las columnas de humo de los bombardeos a Puerto Argentino. Y me acuerdo que yo pensaba en cómo es que el cura sabía que Dios estaba con nosotros y no con los ingleses”.

Luis llegó a Malvinas con el Regimiento 7 de La Plata. Durante la dictadura el lugar fue un centro clandestino de detención, hoy es una plaza. La posición de Luis durante el conflicto estuvo en cercanías de unas formaciones rocosas que los lugareños conocen como “Las dos hermanas”.

“El primer bombardeo que me tocó”, contó, “nos agarró con un amigo, Miguel Giorgio, con el que compartíamos la carpa. Y vos primero sentís las explosiones ´bum bum bum´, y ya sabés que son tres las bombas que vienen, porque nos tiraban a veinte kilómetros de distancia, desde las fragatas. Me acuerdo la desesperación por llegar a meternos en el pozo de zorro, que era el lugar donde nos refugiábamos durante un bombardeo. Y a los pocos segundos empezás a escuchar el silbido de las bombas que se acercan y enseguida entran a caer donde nosotros estábamos. Y yo temblaba, temblaba todo y no podía parar; como en los dibujitos, que se te empiezan a golpear los dientes y no podés parar. Ahí me di cuenta de que estábamos en una guerra”, Luis Seroni.

Batalla de Monte Longdon

José María Rodríguez estaba en esos días a mitad de camino entre Puerto Argentino y Monte Longdon.

En Estos Días: Contáme cómo era un día ahí.

José María Rodríguez: Los días eran muy largos. Había muy pocas horas de luz, pero los días eran muy largos. Amanecía después de las diez de la mañana, y a las cinco de la tarde ya era noche cerrada. En general no podíamos dormir más de tres horas. Todo era mejorar la posición, entrar en combate, y cuando no pasaba nada, buscábamos algún galpón o un depósito para meternos y ver si podíamos robar algo de comida. Yo volví de Malvinas con 15 kilos menos. Pero si te agarraban los superiores te bailaban y te pegaban. A mí me pegaron mucho una vez que me quedé dormido porque no daba más en una guardia; me pegaron mucho con un palo en la espalda.

En el Centro Cívico la conferencia de Prensa va llegando a su fin. Los anuncios han sido hechos y Rubén Pablos continúa hablando un momento más para decir: “para nosotros significa mucho este homenaje que nos hace el intendente. Por eso hacemos la vigilia, con la llama eterna, por nuestros verdaderos héroes que dieron la vida por la Patria”.

Y un periodista le dijo: “Hablamos con José María Rodríguez y nos contó que van a tener una actividad diferente, que van a hacer una caminata y que no van a participar de los actos oficiales”.

Conferencia de Prensa en la Municipalidad

“Los que estamos acá somos ex combatientes, tenemos el Centro de excombatientes y estamos acá anunciando esto. A José María lo conocemos. El tiene otra visión”, dijo el Polaco ya menos cómodo, “cada quien se para frente a la vida como quiere”.

“José María volvió a Malvinas hace dos años y nos vino con su planteo a nuestro Centro”, interrumpió otro de los veteranos, “dijo que él se sentía víctima de la dictadura. Y para nosotros Malvinas no es eso, es un hecho en sí, nada que ver con la dictadura ni con los militares ni ninguna otra cosa más allá. Es un territorio nuestro”, dijo, “y si vos reclamás y reclamás y nada, no te dejan otra alternativa que lo bélico. Y ya dijo un general inglés que si ellos no hubieran tenido ayuda no se sabe si hubieran ganado esa batalla. Entonces nosotros cómo vamos a cambiar nuestra postura y venir a decir  que fuimos víctimas de una dictadura y no sé qué”.

El Polaco: “fuimos a defender la celeste y blanca”.

En Estos Días: ¿Pensaron en algún momento que podían ganar la guerra?

José María Rodríguez: ¿Ganar?, no. Si nos cagaban a cohetazos. Nosotros veíamos que el apoyo aéreo que teníamos, cada vez que los ingleses avanzaban, era menor. No había coordinación entre las fuerzas; la Marina no existió, el Ejército era un despelote. Y también la Fuerza Aérea: el primer avión al que le disparé con mi fusil, era un avión argentino. Le disparé de costado y le vi el casco al piloto. Todos le tiramos, porque el avión había “entrado” mal.

José María volvió a Malvinas en el 2014 acompañado por sus hijas: “Nadie gana en una guerra. No vale recuperar un pedazo de tierra si eso cuesta una vida”.

En Estos Días: ¿Pensaste en algún momento que el suicidio podía ser una salida?

José María Rodríguez: Sí, pero no en combate, sino cuando tenía conflicto con mis superiores, cuando me pegaban, pensé que era mejor morirme.

Luis Seroni

Y Luis Seroni:

“Me acuerdo del silencio. Nevaba y éramos siete los que regresábamos por el camino a Puerto San Carlos. Se escuchaban los pasos cansinos de los soldados que iban llegando de los distintos frentes. Una imagen de desolación, de nada y de vacío”.

“Al llegar  a Buenos Aires nos esperaban los familiares. Íbamos en el micro y la gente nos gritaba, los nombres de los hermanos, de los hijos. Me acuerdo de los padres de Gonzalito: ´ ¿dónde está Gonzalito?´, nos gritaban. Y Gonzalito no estaba, puta madre”.

En Estos Días: ¿Cuántos regresaron de tus compañeros?

Luis Seroni: Dos.

Detrás de fanfarrias y pabellones, políticos y desfiles, escenarios y actos, detrás de los discursos el silencio, caerá como una plegaria.

“Hablar de Malvinas”, contó Luis: “yo no podía dejar de hablar de Malvinas, pero nos dieron un papel que nos decía que no podíamos hablar de lo que pasó en las islas. Entonces hablábamos entre nosotros, de los que ya no estaban; era muy loco, porque nos hicimos cargo de los muertos, nosotros, de todos los muertos de la guerra, y nadie nos escuchaba”.