# EN EL HUECÚ TAMBIÉN LOS NEWENES TIENEN MEMORIA

Volver al territorio con una sonrisa

Pertenecer es un concepto muy alejado de la idea de “pertenencia” que el modelo ha impuesto. El valor de pertenecer a una pequeña localidad del norte neuquino cuyo nombre los burócratas del turismo se empeñan en relacionar con el demonio; en esta historia de otra forma de pertenencia, en El Huecú.

08/04/2018
Adrián Moyano

Era el Tiempo de los Brotes en El Huecú y el primer llanto de la bebé morena ratificó la continuidad de la vida. Su madre debió enterrar la placenta en algún rincón del paraje que los vecinos llaman La Falda, lejos de la miradas indiscretas y a salvo del merodear de los perros. Corría 1942 y el resto del mundo fue indiferente a la nueva existencia: Neuquén todavía era Territorio Nacional, en Buenos Aires el régimen conservador buscaba prolongar su agonía a través del interinato de Ramón Castillo y en Stalingrado, se jugaba la suerte de la Segunda Guerra.

El padre de la niña que recién llegaba eligió no estar y tiempo después, en la Partida de Nacimiento sólo se anotó el apellido de su madre Margarita: Peucon. El pewko es una ave que en castellano llaman los biólogos gavilán mixto, pero a nadie en El Huecú se le ocurriría denominarlos de esa manera, aunque en la actualidad, llamen más la atención por el inconcebible bochinche que provocan los choroy, tanto al anochecer como al amanecer. Sin embargo, Clodi –aquella bebé- dice que cuando chica, no había tantos. También recuerda que hasta los 8 años, su infancia transcurrió entre su lugar de nacimiento como veranada y precisamente, Puesto Pewkon como invernada. Allí todavía yacen algunas de las lajas que sostuvieron la casa de su abuelo, Manuel Peucon y su abuela, Rosario Melo. La vertiente que baja de la montaña aún rumorea pero siete décadas atrás era bastante más que un hilo grueso de agua: permitía que sus mayores cosecharan papas, arvejas, habas y hasta trigo. Trigo, sí… En el Cajón del Huecú, cabecera del Departamento Ñorquín, áspero norte neuquino.

El nombre del pueblo no tiene buena prensa. El organismo turístico de la provincia traduce el vocablo mapuche que le dio origen como “genio del mal” o lisa y llanamente, demonio. En realidad, no es tan así… Es verdad que los primeros sacerdotes que tomaron contacto con el pueblo mapuche hacia el siglo XVI quisieron que el Wekufe se pareciera a Satanás, pero a diferencia de la religión cristiana, en el az mapu no existen las nociones absoluta de bien o mal. En el recuento sobre su vida que Katrülaf compartió con el alemán Lehmann Nitsche en 1902, relató que cuando apresó su primer caballo silvestre, su progenitor dispuso la realización de una ceremonia.

Cuando llegó mi padre, entonces se bajó del caballo; cuando bajó del caballo, entonces sacó su pipa, ahí preparó su tabaco. Entonces en ese instante mi padre encendió su tabaco. Cuando lo encendió, ahí hizo una rogativa mi padre. Entonces, “de esta manera debe rogar la persona cuando atrapa un caballo silvestre” me dijo mi padre esa vez, “de esa manera tienes que rogar” me dijo mi padre en esa ocasión, “los caballos silvestres que existen son los animales de Wekufú, no lo has atrapado por tu propia voluntad” me dijo mi padre. De esa manera lo hacíamos en nuestra tierra nosotros (Canio Llanquinao – Pozo Menares 2014: 343).

El que Katrülaf consideraba suyo era el Willimapu o Territorio del Sur, aquel que se extendía más acá del río Limay antes de que llegaran las instituciones estatales después de la Campaña al Desierto. Como puede advertirse, el concepto que su padre tenía del Wekufe nada tenía que ver con el Diablo del cristianismo y menos aún con aquel “genio del mal” de la Subsecretaría de Turismo: había favorecido a los mapuche en su expedición y había que agradecerle con perfumadas volutas de humo. Diecisiete fueron los caballos que la partida pudo enlazar y la ceremonia que tuvo lugar en la madrugada siguiente, fue colectiva y más importante.

El Afuera

No es la única vez que aparece el Wekufe en el relato de Katrülaf. Unos párrafos después del episodio de la cacería, el texto menciona otra enseñanza de su padre, Chewkefilu: “y cuando andes en otras tierras, algún día Wekufú te ayudará (…) pues yo no estaré vivo para siempre a tu lado”. Tiene sentido porque en realidad, weku significa afuera. Desde esa perspectiva, Wekufe sería el ngen o guardián de un territorio distinto al propio. Al parecer, el padre de Katrülaf se jactaba de su longevidad: “por no ser un soberbio, por eso me ayuda Wekufú, por eso aún estoy vivo”, le decía a su hijo por entonces adolescente. ¡Qué deje de espantar visitantes Turismo de Neuquén! Literalmente, El Huecú significa El Afuera o en todo caso, el ngen a quien hay que pedirle autorización al aventurarse en un espacio que no es el de residencia habitual.

Para la longko María Carmen Mañke, el nombre de El Huecú se explica porque “hay mucho pasto wekual que emborracha a los animales. Si comen el pasto húmedo, los animales se emborrachan muy mucho, se caen. No se levantan, se mueren. Ese se llama weku”. Esa es la explicación que da la pillankuze en “Newen zomo (Fuerza de mujer)”. Se trata del capítulo 5 de la serie “Mapuce Kimün – Sabiduría de la gente de la tierra”, una producción de Radio y Televisión del Neuquén que contó con la dirección de Mara Collinao y que puede verse en la página web. En todo caso, un arbusto pernicioso para los chivos, nada de deidad malévola.

Clodi nació en el mismo sitio donde en la actualidad, se erige la vivienda de Carmelina Mañke, hermana de Carmen y también integrante de la comunidad que evoca al cóndor. No es la única agrupación mapuche en El Huecú, del otro lado del arroyo que divide en dos el paraje, viven los integrantes del lofche Maripil. Al surgir comprensibles desconfianzas ante su presencia y sus preguntas, la nieta de Manuel Peucon aclara que no viene a reclamar nada. En 1950, la niña fue enviada a Buenos Aires por su madre y recién retornó a su lugar 10 años después. Al poco tiempo, las cosas empezaron a cambiar y su familia se comenzó a desparramar entre Zapala y Neuquén. Como en el caso de muchos otros mapuches, la pobreza y la marginación apuraron la migración hacia las ciudades. Los Pewkon abandonaron los campos que habían ocupado por décadas, a tal punto que todavía hoy, la longko Mañke identifica como Puesto Pewkon al lugar donde Clodi pasó sus veranos infantiles. Allí debió morir Manuel, cuyos restos descansan en el pequeño cementerio del pueblo.

Despertar newenes

La mujer que ahora sonríe y habla más que de costumbre mientras camina por picadas polvorientas o bordea arroyos minúsculos es madre de Anahí Rayen Mariluan, la cantora mapuche que anda en la búsqueda de restituir sonidos y terminar con ciertos silencios. Ella también ofrece sonrisas aunque su cometido es muy serio: quiere saber cuándo dejó de bailar en el ngillatün su bisabuelo, por qué se apagaron los cantos de su bisabuela kultrunera y qué motivó el abandono del territorio. Pero por ahora, las respuestas se hacen esperar. Hay newenes que están dormidos, pero ella sabrá hacerlos despertar.

A pesar de sus dimensiones relativamente minúsculas, El Huecú es cabecera administrativa del Departamento Ñorquin. Katrülaf diría que estamos en el Pikun Mapu, el Territorio del Norte. Aquí no sólo los Pewkon tienen su tuwün, también los Purran. Cuando la Argentina decidió incorporar a su jurisdicción por la fuerza de las armas la totalidad del país mapuche, fijó como objetivo para su Ejército el río Agrio, al que hay que cruzar cuando se viaja de sur a norte para arribar al pueblito de nombre desalentador. En el área tuvo sus tolderías el longko Feliciano Purran, uno de los tres ñizol que señoreaba en el oeste del Puelmapu, junto con Rewkekura y Sayweke. Por su posición norteña, fue el primero en recibir los embates de los milicos. Cuentan que cuando las columnas de uniformados golpeaban a su puerta convocó a un fütra trawün y su arenga profética quedó registrada:

El huinca pillo y ladrón una vez nos amenaza con traernos guerra para apoderarse de lo que más queremos. ¿A dónde iremos a parar? ¿Hasta cuándo hemos de aguantar la insolencia del intruso que se ampara en sus tralkas (fusiles) y nos matan sin piedad? ¿No somos acaso hombres como ellos? ¿No tenemos familias, mujeres, ancianos, niños que no pueden defenderse y que han de sufrir la guerra que nos hacen? ¿Por qué el huinca nos quiere exterminar? Ya se comprende la intención. Quieren robarnos nuestras tierras para hacer pueblos y obligarnos a trabajar para su provecho… Afilemos nuestras lanzas que sólo fueron empleadas contra nuestros hermanos de raza y por causas que deben obligarse y formemos un ejército que haga temblar la tierra y arrolle al huinca que no quiere dejarnos vivir en paz (Cayuqueo 2017: 150).

No nos confundamos: Purran pronunció esas palabras en 1881, no durante el gobierno de Cambiemos... Después de perder su libertad a traición, conoció los infectos calabozos de sus captores y pasó ocho años en el campo de concentración de la isla Martín García. Allí se dio maña para seducir a un custodio, quien con la promesa de una jugosa recompensa, franqueó su escape. Obvio, el longko retornó a Ñorquin para observar que sus temores se habían hecho realidad. En el paraje que había cobijado sus tolderías quiso instalarse la primera capital neuquina pero la intención no prosperó y a partir de 1887, la actividad administrativa se trasladó hacia Chos Malal, antigua sede del fortín 4ta. División. Ante el triunfo de los intrusos, Purran cruzó la cordillera para encontrar refugio en el fundo de un amigo, donde permaneció hasta su muerte.

Prestar oídos

Como en otros sitios del inmenso Wallmapu, en El Huecú también habla la memoria de la tierra, sólo hay que saber escucharla. Para que los conocimientos más antiguos afloren, los mapuche vuelven a hablar con las grandes montañas y con los cañadones. Detrás del sauce llorón, donde estaba la casa de sus mayores, grandes formaciones pétreas circunscriben el cajón a medida que se estrecha. Una de ellas “me hace acordar a mi abuelo con su poncho”, dice la abuela que nació en 1942. El árbol da sombra y moja un poco con sus lágrimas, bienvenidas ante el fulgor del último solazo del otoño.

Indiferente a los reencuentros de las gentes con sus tierras, en 2018 el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, arremete periódicamente contra las demandas mapuches. En Buenos Aires, insisten en otorgarles dimensiones dantescas a la RAM y el mundo observa con temor los comienzos de una guerra comercial entre China y Estados Unidos. Realidades lejanas que suenan a ficción para las mujeres mapuches que como Clodi Peucon, saben donde pertenecen. Valor que no cotiza en ninguna Bolsa pero es la más sólida de las riquezas.

Bibliografía

Canio Llanquinao, Margarita – Pozo Menares, Gabriel: “Historia y conocimiento oral mapuche. Sobrevivientes de la Campaña al Desierto y Ocupación de la Araucanía (1899 – 1926)”. LOM Ediciones. Santiago (Chile). 2014.

Cayuqueo, Pedro: “Historia secreta mapuche”. Catalonia. Santiago. 2017. Para los textos que atribuye a Purrán, el autor cita como fuente a Gómez, Facundo: “La letra del malón”. Editorial Del Nuevo Extremo. Buenos Aires. 2015.

Glosario de términos en mapuzungun

Choroy: una variedad de loros.
Az map: manera de mapuche de explicar la vida, la naturaleza, el ser humano y los valores éticos que de esa concepción derivan.
Pillankuze: anciana mapuche depositaria de sabiduría.
Lofche: gente que vive en comunidad.
Newen: fuerza o energía de la naturaleza.
Ngillatün: ceremonia de la espiritualidad mapuche.
Tuwün: origen.
Ñizol longko: lonco entre loncos. Lonco principal.
Fütra trawün: gran encuentro.