# NI A SER ORIGINAL ASPIRA LA MINISTRA BULLRICH

Pulmarí, el “Estado mapuche” que nunca fue

La denuncia del intento mapuche por construir un Estado propio y lograr la secesión, todo financiado por grupos extremistas extranjeros, no es nuevo. En los 90 se agitó la misma teoría para justificar políticas represivas y negar el derecho al territorio. Pero siempre habrá viejitas con “bastones 4x4” capaces de poner a resguardo la dignidad.

21/04/2018
Adrián Moyano

La ministra Bullrich no fue original cuando al intentar una justificación para la violenta represión que concretaron fuerzas bajo su mando, agitó el fantasma de un “Estado mapuche”. Desde agosto de 2017, la funcionaria nacional recurrió en varias ocasiones a esa posibilidad, que hizo fácil mella en la opinión pública nacional. Consumidores de la televisión por cable, oyentes de las radios capitalinas y lectores de Clarín se dejaron aterrar por la chance de una secesión territorial y reaccionaron con emotividad nacionalista. Aunque poco después votaran por un gobierno que el FMI festeja…

Aunque a escala regional, 23 años atrás sucedió otro tanto: hartas de promesas incumplidas que se habían estirado por una década, cinco comunidades mapuches ocuparon la sede de la Corporación Interestadual Pulmarí, en la habitualmente tranquila Aluminé. La acción sacudió al establishment neuquino, que respondió con prontitud y celebró un acuerdo con los ocupantes. Pero pasó el invierno -particularmente crudo- y quedó claro que el Ministerio de Gobierno sólo buscaba ganar tiempo. Alerta, la movilización mapuche concretó la recuperación territorial de tres campos: Lolén, Piedra Gaucha y Chichería, con la participación directa de las comunidades Salazar, Aigo, otros mapuches de Ruca Choroy y el respaldo de la Confederación Mapuche de Neuquén. Cada “cuadro” redondeaba 1.200 hectáreas, aproximadamente. No mucho después, la comunidad Ñorquinco hizo otro tanto con los campos Coyahue y La Engorda, en un área de belleza cordillerana que despertaba fuertes apetencias empresariales. La celeridad y profundidad de las acciones sacudió al eterno Movimiento Popular Neuquino, tanto en la capital provincial como en Aluminé. También inquietó a cámaras empresarias y a operadores turísticos.

Casi un cuarto de siglo atrás, nada se sabía en la Argentina del fundamentalismo islámico, entonces se vinculó la actividad mapuche con la acción del EZLN, que había irrumpido en escena en México el año anterior. Los más audaces quisieron ver en la reacción de las comunidades la acción de una célula de las FARC colombianas y no faltó quien afirmara que detrás del accionar mapuche, se escondía una trasnacional europea del agua, ya que la cuenca del río Aluminé es pródiga en recursos hídricos. En ese contexto novedoso y con la prensa regional como aliada, los funcionarios neuquinos alertaron: ¡quieren levantar un Estado mapuche en Pulmarí! Y apurar una secesión, claro…

Desde FM Mascaró

A todas estas alternativas, el que firma las siguió de cerca desde FM Mascaró, mítica emisora barilochense que entre 1995 y comienzos de 1998 desplegó una intensa actividad periodística. En diciembre de aquel año, quisimos superar los límites del formato radial, es decir, entrevistas telefónicas a la distancia y en consecuencia, partimos rumbo a Aluminé Carlos Bonilla, Alfredo “Chino” Leiva y el autor de esta columnas. La intención: hacer un video documental, lograr registros fotográficos y enriquecer las crónicas escritas. El documental se hizo con el aporte del realizador Néstor Ruggeri y alcanzó a proyectarse en la televisión por cable local, en un programa que conducía Sergio “Turquito” Suez. Con las fotos, el “Chino” alguna vez hizo una exposición aunque no alcanzo a recordar su marco. Los textos me valieron obtener una Mención en un concurso que organizara la revista “Acción” y finalmente, confluyeron en el capítulo “Los tres combates de Pulmarí” de mi primer libro, más de una década después.

Eran tiempos del VHS… Hice un intento de dar con el video tres años atrás, cuando se cumplieron 20 del conflicto, pero fue infructuoso. Al saber que la salud del longko Antonio Salazar flaqueaba, también quise recuperar las fotos pero tampoco hubo suerte. Por entonces, negativo, revelado y copia. Nada de formatos digitales… Pero dos semanas atrás, hubo profundas tareas de limpieza y orden en la Ruka Mapuche Furiloche, aquella sede de la calle Cabo Campos que desde 2010, está al cuidado del Espacio de Articulación Mapuche. Una joven lamngen preguntó en voz alta a qué corresponderían cuatro fotos enmarcadas de manera austera, polvorientas pero en buen estado de conservación. No pude mantener a raya la emoción, la misma que me hace pausar la escritura ahora para deshumedecer los ojos: ahí estaban el longko Salazar, la papay Rosa Catrileu, el grupo que nos hizo de anfitrión en 1995 mientras caminaba por la Pampa de Aniceto, y los alambrados caídos en la primera de las recuperaciones. Existen más fotos, pero deben estar en el archivo inabarcable de su gran autor.

Llegamos a Aluminé un viernes por la noche, tarde. En la casa de Laura Catrileo, werken de la comunidad Ñorquinco, nos recibieron Jorge Nahuel y Verónica Huillipan, quienes con el tiempo se convertirían en referentes ineludibles de la re-emergencia mapuche. A la mañana siguiente, nos dirigimos hacia el norte y durante la primera parada, el “Chino” logró la imagen de los postes caídos. Eran llamativos el silencio y la prolijidad de la operación. Transcurrían los 90, no hacía mucho que el hombre de Anillaco había logrado su reelección y las grandes mayorías populares parecían adormiladas por la combinación de dólar barato y promesas de Primer Mundo. Pero en Pulmarí, se gestaba un cambio cuyas consecuencias políticas e inclusive institucionales, perduran hasta hoy.

A pasos del alambrado caído, se levantaba un precario puesto campero donde ondeaba la Wenu Foye. En la actualidad, que flamee la bandera mapuche en centenares de puestos similares, en algunas sedes urbanas o en las movilizaciones, es más o menos corriente pero por entonces, era una novedad y para algunos sectores, una afrenta a la “integridad nacional”. Plácido Caitruz estaba en plena faena en aquella mañana todavía gris y al prosperar la recuperación, guió la siembra de alfalfa para sacar a los campos de la sobreexplotación pasada.

Doble tracción

Desde Aluminé viajaba con nosotros Rosa Catrileu, una anciana diminuta de palabra clara y gesto digno. Contaba por entonces con más de 80 años pero vivía la vuelta al territorio con entusiasmo de adolescente. Tenía sus razones: recordaba de manera muy vívida el arribo de Parques Nacionales a los espacios territoriales de sus mayores. Rosa no tuvo que leer ningún libro porque estaba ahí, era una niña cuando los guardaparques destruyeron la casa de su familia “a tiro de caballo”, a unos pocos pasos de Coyahue. A raíz de ese desalojo violento que afectó también a los Aigo y además se practicó en invierno, tuvieron que mudarse a Campo Patria, un paraje cercano, para más tarde sufrir otro despojo, en este caso, a manos del Ejército Argentino.

Cuando arribamos a la Pampa de Aniceto, la viejita subía las cuestas con energía desbordante, a tal punto que bromeábamos: “ese bastón debe ser 4x4”. La pequeña planicie cobijaba un Che Mamül, similar a los que pueden apreciarse en la costanera barilochense, pero de más larga data. La toponimia no dejaba lugar a dudas: Aniceto remitía a Catrileo, el padre de Rosa y abuelo de Laura. No recuerdo si antes o después, estuvimos en el puesto donde moraban Juan Bautista Calfinahuel y sus hijos, partícipes de la recuperación en la zona lacustre. En Coyahue, unos de los espacios recuperados, descansan los restos de sus mayores en un pequeño cementerio. A pesar de evidencia tan contundente, la Justicia Federal calificó a los mapuche de usurpadores. Todavía no se usaba de manera corriente el vocablo “criminalización” pero esa fue la respuesta que dio el poder político neuquino en connivencia con el Poder Judicial: alrededor de 200 mapuches fueron procesados como consecuencia del Conflicto de Pulmarí e inclusive, algunos de ellos conocieron los calabozos de Zapala, aunque transitoriamente.

La serie de movilizaciones fue profundamente colectiva, pero fue una la voz que se alzó una y mil veces. No sólo en los medios de comunicación o en los trawün de su gente, cuando había que convencer a los indecisos… También frente a la sordera de los funcionarios, ante la incomprensión de los jueces e incluso, ante la prepotencia de las fuerzas de seguridad. Al día siguiente del periplo por los lagos Ñorquinco y Pulmarí fuimos hasta la casa del longko Salazar, donde celebraba una reunión con su par, el longko Elías Maripan y otro longko cuyo nombre no quedó en mis anotaciones.

Cuando puse en común con don Antonio las inquietudes de las fuerzas vivas de Aluminé y las especulaciones de la prensa, en rudo castellano respondió: “Acá el conflicto es con Corporación. Nosotros tenemos un fax que nos mandó el gobierno, donde dice que nos iba a dar las tierras. Entonces, recuperamos lo que nos pertenece. Está firme nuestra decisión”.

Zigzag versus coherencia

En 1995, Patricia Bullrich era diputada nacional por la Capital Federal. Había resultado electa dos años antes al integrar la lista que encabezaron Erman González y Miguel Ángel Toma. Más tarde, ocupó un cargo bonaerense en la administración de Eduardo Duhalde y más cerca en el tiempo, recaló en la Alianza, en cuyo período ocupó el Ministerio de Trabajo, entre otros cargos. Sus primeras militancias fueron en la Juventud Peronista y en Montoneros... Los integrantes de la clase política argentina no se caracterizan por sus trayectorias coherentes pero aún así, los vaivenes de Bullrich son difíciles de equiparar.

En 1996, una pequeña movilización recorrió las calles de Zapala para exigir la libertad de cinco mapuches, encarcelados como consecuencia del Conflicto de Pulmarí. De Bariloche partió un colectivo para respaldar el reclamo. La pequeña columna arrancó en una plaza, se dirigió a la sede de los tribunales federales y finalizó en el exterior de la cárcel. La consigna: “¡Tierra, justicia, cultura y libertad!” Dos décadas y monedas después, el reclamo mapuche es el mismo, aunque los cánticos puedan conformarse con estrofas distintas. La respuesta estatal también, aunque ningún Estado mapuche se edificara sobre Pulmarí. Nadie se irá a emocionar al encontrar fotos de la ministra de Seguridad dentro de 25 años.