La derecha y el diario del lunes

¡Upa! De pronto los medios y periodistas que bancaron lo peor del macrismo, cuando las papas queman, comienzan a señalar errores. Claro que despacito, suavemente, pegando en cámara lenta. Macri, a por el otro blindaje. Lo cuenta Eduardo Blaustein para Socompa.

09/05/2018
Nacional

 

Entre los variados comportamientos fulería de los medios y el periodismo hay uno particularmente miserable. Es el de callarse la boquita ante determinados temas más que relevantes para luego, cuando las cosas se hacen insostenibles, dictar cátedra –el ceño fruncido, el dedito levantado- con el diario del lunes. Eso es lo que muy, pero muy lentamente, comienza a suceder con nuestros medios conservadores en su relación con el macrismo y con algunos de sus periodistas estelares.

El único ciclo histórico en el que no se confirmó este axioma de pegar con el diario del lunes fue la salida de la dictadura. La Nación sigue reivindicando lo que llama la memoria completa y tardó añares en usar la palabra “dictadura”. Clarín fue siempre más ladino, más opaco, y muy políticamente correcto en los 90, cuando todos éramos progres, sobre el tema del Terrorismo de Estado. Pero ninguno de los diarios, nunca jamás, hizo autocrítica sobre su espantoso comportamiento en dictadura. No hicieron, para decirlo en los peores términos, lo que editorial Atlántida a principios del Proceso, con el célebre título “Gente se equivocó”.

Alguna vez escribí que el ciclo kirchnerista fue una experiencia lo suficientemente traumática para los diarios conservadores, una lección, que los llevó a endurecerse a lo bestia, a derechizarse más, a jugar en bloque. Una vez que Mauricio Macri fue elegido presidente, nada de mostrar fisuras; firmes junto al Gobierno. Eso persistía hasta hace muy poco pero comienza a resultar intolerable para los medios, comienzan los crujidos. Puede que la pifiemos en la línea que dice comienza a resultar intolerable, pero nos vamos entendiendo.

 

Con el menemismo fue distinto, podían permitirse ciertas cosas. De nuevo, éramos liberales un poco en serio, o éramos progres, o éramos políticamente correctos. La derecha mediática bancó a muerte el proyecto económico menemista en los primeros años. Claro que con la emergencia de Página/12 se comenzaron a desperezar los diarios post-dictatoriales. Comenzaron a denunciarse los casos de corrupción –cosa que no sucede con el macrismo, que es familia, nuestra sangre, nuestra clase, nuestra corporación, y no es el asco peronista- hasta que muy hacia el final del ciclo menemista, para dar ejemplos, Mariano Grondona derramaba lágrimas de cocodrilo ante las evidencias de la pobreza y en el programa de Marcelo Tinelli, mediante raps, se emocionaba audiencias solidarizándose con las luchas docentes. Vale recordar la fecha: la Carpa Blanca comenzó el 2 de abril de 1997. Duró 1003 días. A los ocho meses María Elena Walsh publicó aquella famosa columna de opinión en La Nación cuyo título fue “La carpa también debe tomarse vacaciones”.

Íbamos despacio. La Corte Suprema de la mayoría automática fue cuestionada también al final del ciclo cuando, por ejemplo, esa misma Corte ya había perdonado los pecados del contrabandistas que llegó a Presidente.

 

La autocensura no existe, mi amor

 

Decíamos: el blindaje del que gozó durante dos años largos el Gobierno comienza a agrietarse. Pero la cosa va de a poco, muy lentamente. Si se compara el comportamiento de los medios conservadores –“la crítica independiente”- con el que promedió durante el kirchnerismo, estamos hablando de caricias. El viernes pasado La Nación prácticamente desapareció de su portada digital, en las horas diurnas, la corrida del dólar. El lunes siguiente ni ese diario ni Clarín informaban en “tapa” de la bruta descalificación de Moody’s para la Argentina (“país de alto riesgo”), ni de la caída de acciones de empresas argentas en la bolsa de Nueva York, ni del desplome del Merval. Medio Gobierno se reunió el lunes a la tarde en plan cumbre de recontra emergencia. Clarín se limitó a titular con las palabras que soplaron los funcionarios o comunicadores oficiales: “Tensión cambiaria. Mauricio Macri monitoreó la reacción de los mercados y se mostró ‘satisfecho’”. En realidad el dólar había vuelto a subir pese a que los bancos habían sido presionados para soltar verdes (y Moody´s, y la caída del Merval, y las luces rojas encendidas en el mundo al que habíamos vuelto con Cambiemos).

 

No, la filtración de críticas o crujidos es lentísima. A menudo las cuela Clarín mediante lo que llama “sondeos privados” (no se entiende el porqué del adjetivo privados), como quien terceriza la cosa y mira para otro lado. Algo parecido llegó a hacer La Opinión al comienzo de la dictadura, muy tímidamente y hasta el secuestro de Jacobo Timerman, publicando fragmentos de lo que informaba el Herald sobre los desaparecidos. Las encuestas más llamativas son las de Managment & Fit, que está asociada –por decirlo de alguna manera- tanto al Grupo Clarín como al Gobierno, y que esta vez circularon por todos lados, programa de Sylvestre incluido. La Nación un día se atrevió a publicar que el salto del dólar comenzaba a trasladarse a los precios. Pero al ir a la nota uno se encontraba con cantidad de potenciales. Lo mismo hace Clarín: amenazar con que la cuestión económica se pone oscura para luego relativizar esa misma amenaza. Chivea entonces el diario que para el Gobierno la cosa está bajo control, que en un par de meses la eventual suba de inflación cederá, dormí sin frazada. Mientras tanto ambos diarios siguen derramando titulares ligados al pasado horroroso: “Visita a las ruinas del imperio kirchnerista”, por Santa Cruz; ataques brutales contra las empresas de Cristóbal López (de paso cañazo: un modo alevoso de forzar el cierre de C5N, que compite en rating contra TN y hasta le gana); más ataques contra jueces que se animan a fallar contra los intereses oficiales o los de esos mismos medios y hasta la condena a un libro en el que se escracha a Luis Majul (Clarín: “Planeta reconoce que sacó un libro con acusaciones falsas contra Luis Majul pero no lo retira de la venta”).

 

Y sin embargo, se mueve

 

O dicho de otro modo, y sin embargo, el blindaje comienza a fallar, como el blindaje de la nave Enterprise bajo fuego klingon. Síndrome del diario del lunes. Un caso particular es el del portal La Política Online. Es un portal al que, por mera ignorancia, no termino de descular. Está bien hecho y correctamente escrito, es mucho más sólido que el empobrecidísimo Clarín, es obvia y sinceramente un espacio de la derecha, contiene buenas columnas (particularmente las de Martín Rodríguez, que la juega a contramano de la línea editorial). LPO aporta a veces información fina y también bastante operación berreta. En tiempos macristas, es algo así como un amable puesto de observación de la derecha. Y es quizá el lugar donde se inventó la ingrata expresión “peronismo racional” (por eso que Horacio Verbitsky prefiere llamar peornismo), y donde a Peña y a Bullrich se les llama “Marcos” y “Patricia”.

La Política Online podría definirse también como batería propia, invitada especial, en la batalla cultural que libra el macrismo (aún no salimos del asombro por el hecho de que Macri y Cavallo hayan apelado a esa horrible metáfora bélica surgida en pleno kirchnerismo iraní-venezolano).

La cuestión es que LPO venía más o menos bien con el proyecto económico-cultural macrista, un poco al estilo en que Mariano Grondona, cuando la dictadura y desde Carta Política, pedía una nueva Generación del 80. LPO estaba chocha con el proyecto ese. Sucede ahora que LPO, diario del lunes mediante, se enojó con el Gobierno. Todos los que estamos del otro lado sabíamos que las políticas de este Gobierno nos iban a llevar a donde estamos, que el Gobierno se iba a enterrar solito, a armar su propio quilombo. Pero LPO y otros apoyadores del proyecto parece que no, que no lo sabían. Es entonces que el fundador y director de LPO, Ignacio Fidanza, tipo inteligente (hijo de peronista) y sin embargo ciego (esto último pura opinión personal), le da forma a su enfado y lo hace por derecha: “Hay que ajustar en serio”. Escribe: “Se perdieron dos años y medio para terminar en el mismo lugar que se quiso evitar el día uno, cuando nació el gradualismo”. El estado actual de la cosa, dice Fidanza, implica también “la caída del modelo de cortinas de humo, que terminaron intoxicando a sus creadores, mientras ganaban tiempo hasta que se produjera el milagro que nunca llegó (…) Macri deberá afrontar entonces el último tramo de su mandato en el paisaje que Duran Barba le dijo que evite como la muerte: ajuste tradicional, caída de la actividad y, además, alta inflación”.

Remata así el hombre, que tiene una sonrisa de verdad agradable en las fotos: “Pudo ser distinto. Y no hace tanto. Cuando en la Jefatura de Gabinete creían que tenían todas las respuestas, forzaron un cambio de metas de inflación para provocar una baja de la tasa, que potenciara un crecimiento que ya había empezado”.

Verso inverosímil: las metas de inflación no fueron forzadas, la inflación real forzó al Gobierno a modificar las metas: primero 10%, a los tres días el 15, y ahora las consultoras proyectan, suba del dólar mediante, más del 25%.

Otro columnista inteligente, y jodido, Carlos Pagni, en La Nación, hablando de la corrida cambiaria y alrededores: “El problema no está superado y entonces surgen preguntas: ¿qué se quiso hacer? ¿tuvo sentido? Y, lo que se hizo, ¿sirvió para superar el problema o el problema sigue ahí?”.

¿Y si mi hago el boludo?

Otro columnista más tontito, Eduardo Van der Kooy, emblema ya mohoso de Clarín, el domingo pasado también hizo como Pagni: expresó críticas tibias en forma de preguntas: “¿Por qué motivo no hubo ninguna previsión en el equipo económico? ¿Por qué Federico Sturzenegger, el titular del Central, debió salir a vender abruptamente reservas y subir las tasas de interés? ¿Le servirá el torniquete para coagular definitivamente la sangría?”.

Luego de las preguntas, un leve sinceramiento: “Ese puñado de interrogantes remite a otro problema. Refiere a la idea del equipo económico parcelado que diseñó Macri. Donde cada cual atiende su área pero ninguno alcanza a tener noción sobre el conjunto”. Curiosamente, esa es una de las críticas de Domingo Cavallo, El Resucitáu). Más adelante en su columna y como al pasar, Van der Kooy habla de vagos “reclamos sobre la transparencia” de funcionarios macristas, sin decir de qué reclamos se trata.

El conjunto de la escudería del Grupo tampoco informa demasiado sobre tales vagos reclamos de transparencia a los funcionarios del mejor equipo de los last fifty. El lunes a las 21, en TN, Nicolás Wiñazki y Luciana Geuna encuentran el rebusque, el modo de apenas filtrar los tiempos malos que le tocan al macrismo, con un confuso informe sobre las internas del gabinete surgidas por el recorte de 30 mil millones de pesos en obra pública. Inmediatamente después vuelven a la rutina de siempre (infiernos K): pegarle a Verónica Magario, hablar de los nuevos abogados de Amado Boudou, su ruta.

Domingo anterior, en papel. Julio Blank, acaso el columnista más astuto de Clarín y de los más perversitos del oficio, anota: “El de Cambiemos es un gobierno de minoría parlamentaria, obligado a negociar cada proyecto en el Congreso porque descree de eventuales acuerdos abarcadores y sostenibles. Negociar es hacer política, no importa si vieja o nueva. Pero los negociadores políticos de Cambiemos tienen mala prensa en la Casa Rosada y están en penitencia”.

 

La Banda del Diario del Lunes bancó desde el principio el autoritarismo feroz y vertical del macrismo, todos y cada uno de los decretos de Necesidad y Urgencia, cierres de medios y silenciamiento, represiones y asesinatos, pero ahora le piden al Gobierno “hacer política”. Lo mismo hizo, prudentísimo, Joaquín Morales Solá: “El Gobierno pudo haber tenido (bastardillas nuestras) errores en su manejo político; cuando hizo concesiones con sus aliados, debió integrar al peronismo racional, a muchos gobernadores”.

Pero resulta que también esto es verso inverosímil. No es como lo dice Morales Solá. Porque el Gobierno sí que hizo política. Jodida, pero la hizo. Es cierto que el macrismo pide, exige, exprime y no da casi nada a cambio (particularmente al radicalismo, su aliado catatónico). Pero desde el primer momento el Gobierno sí que hizo política: con el “peronismo racional”, con las huestes de Sergio Massa, extorsionando gobernadores, o mediante las destrezas del ahora renunciante a futuro, Emilio Monzó.

A la hora de comenzar a finiquitar esta nota (martes, 11.30 AM), el dólar ya cotiza a 22,98. Pero La Nación informa que dijo Macri: “Jamás volvamos a engañarnos, a creer en soluciones mágicas, que aquello que te regalan puede ser permanente”. Eso dijo el Presidente, informa el diario, “en lo que pareció ser una referencia a lo baratas que estaban las tarifas de servicios públicos durante el gobierno anterior”. Cuando estábamos para el reverendo orto, como muy bien saben todos ustedes.

Ah, Clarín titula igualito que La Nación.

12.08. Volví. El dólar está a 23.41.

13 y algo. Volví a volver. Me escribe Daniel Cecchini, socompero de ley, para decirme que guarda con esta nota porque va a hablar MM.

13.40: lo veo en los diarios, digo, lo que dijo MM. S.O.S al FMI. ¡¡Viva!! Esto sigue recordando a De la Rúa y sus póstumos anuncios magníficos, aunque los bancos están mejor que entonces, menos cargados de dólares de sus clientes, y el Central aún tiene espaldas. Claro que esas espaldas, o reservas, se acumularon a costa de un endeudamiento que en el mejor de los casos va a pasar de feroz a ferocísimo. Escucho en vivo a Dujovne: se lo ve más que nervioso.

Falta saber qué va a pedir el FMI. Si dunda dunga o dunga dunda.