Historias desobedientes

“Yo no renuncio a mi apellido, yo lo resignifico” dijo Bibiana Reibaldi ante un auditorio conmovido. Hija de Julio Reibaldi, un ex  oficial de Inteligencia del Ejército Argentino, fallecido en 2002 sin ser juzgado por sus crímenes durante la última dictadura, Bibiana refleja la vergüenza y el dolor de ser hija de un genocida.

12/05/2018
Viedma
Carolina González

Bibiana Reinaldi

 

Para Bibiana Reibaldi fueron 40 años de una historia familiar atravesada por un relato de temor, incertidumbre y muerte. Avergonzada de su padre, hoy cuenta su historia, y junto a otras víctimas de la dictadura relata con propia voz otro lado –menos conocido- el de los hijos de quienes ejercieron el Terrorismo de Estado.  

En Viedma, junto a María Laura Delgadillo (hija de Jorge Delgadillo, cómplice de Miguel Etchecolaz) y la fiscal federal Gabriela Sosti, -a cargo de la acusación de represores en juicios como el del batallón 601- contaron su historia.

Estas mujeres, junto a otro medio centenar de hijas e hijos de represores, conformaron el colectivo Historias Desobedientes, hijas e hijos y familiares de Genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Ahora pueden contar sus historias, también cargadas de dolor.

 

Bibiana Reibaldi contó a En Estos Días lo difícil que fue vivir  siendo hija de un represor. “El repudio a lo que hizo mi padre fue creciendo a medida que iba tomando conciencia, de que iba enterándome de su accionar”, comenzó.

Reconoce dos momentos específicos, dos “mojones” en su vida:  el día que él le dijo “yo me dedico a cazar subversivos”, y luego, cuando al preguntarle por el marido de una compañera de trabajo que había desaparecido, su padre le respondió que ya no lo buscara más, “que estaba muerto, que había una guerra y que moría gente inocente”.

 “Ahí me rompí en millones de pedacitos que luego con el psicoanálisis tuve que empezar a juntar y aún no terminé”, contó Reibaldi.

La vida de los hijos de los represores también estaba cargada de maltrato y sometimiento. Y más aún, en una época durante la cual no se desafiaban las estructuras patriarcales, era la vergüenza la que se apropiaba de los sentimientos de los hijos que comenzaban a reconocer en su padre a un asesino.

Bibiana Reibaldi

 

“Yo siempre lo quise mucho a mi papá, él fue para mí una persona importante afectivamente; sin embargo, él también supo de mi propia boca que yo repudiaba absolutamente lo que hacía”, recordó.

Para Bibiana Reibaldi, el proceso de apertura y visibilización no implicó solo afrontar las contradicciones y mandatos familiares, también debió lidiar con lo que representaba ser la hija de un represor en un país que comenzaba a reconstruir su historia. “Viví con una carga de vergüenza inconmensurable que me inhibió durante mi vida. Yo decía siempre que mi papá era militar retirado y mi media hermana decía que era un jubilado, ni siquiera podía decir que era militar”. 

En Estos Días: ¿Cómo fue el encuentro con hijos de desaparecidos, las víctimas de tu padre?

Bibiana Reibaldi: Nos vamos reencontrando informalmente con muchos hijos de desaparecidos. Quizás para muchos sea difícil de aceptar, pero ese rechazo nosotros lo consideramos algo natural, y creemos que tienen todo el derecho de sentirse así.

“En la calle, en las manifestaciones nos verán caminar juntos”, aseguró, “porque la búsqueda de la Verdad y la Justicia es la misma”.

El colectivo Historias Desobedientes, Hijas e Hijos y familiares de genocidas, presentó el año pasado un proyecto de Ley al Congreso de la Nación para modificar el Código Penal, y que se les permita declarar contra sus padres en causas judiciales por delitos de Lesa Humanidad.