# EN LA MISMA LÍNEA QUE BULLRICH Y LA CASA ROSADA

El intendente Quiroga alimenta la postverdad antimapuche

El aspirante a Gobernador neuquino por Cambiemos intentó justificar desde la historia su intención de desalojar dos comunidades mapuche. Pero su relato no tiene fundamento y a pesar de la ayuda de los medios colaborativos, su prédica no encuentra anclaje en el pasado. Aquí, la verdadera historia.

21/07/2018
Adrián Moyano

“Vamos a los libros para comprobarlo”, ordenó el intendente de Neuquén, Horacio Quiroga, con la prepotencia de quienes están acostumbrados a que nadie los contradiga. El delfín de Mauricio Macri en la provincia vecina quiso incursionar en la historia para desacreditar las demandas de las comunidades Newen Mapu y Puel Pvju en la ciudad cuyos destinos comanda por tercera ocasión. Su diatriba xenófoba contó con generosa reproducción por parte de “Clarín” y “La Voz del Interior”, entre otros grandes medios cuyos redactores jamás seguirán su recomendación.

“Se habla de habitantes ancestrales, pero fueron los araucanos, que vivían en la novena y décima región de Chile, quienes atravesaron la cordillera entre 1830 y 1840 para venir a robar ganado y tomar como esclavas a las winkas (mujeres de piel blanca)”, según reprodujo el “gran diario argentino”. Primer pastiche histórico: entre 1830 y 1840 el pueblo mapuche aún disfrutaba de su independencia y de su libertad a los dos lados de la cordillera. Divisiones administrativas de la actualidad como 9° Región de la Araucanía o 10° Región de los Ríos no estaban en la cabeza de nadie.

Además, en la jurisdicción neuquina del presente no había ninguna población argentina. Las más cercanas eran Carmen de Patagones hacia el este y el fuerte de San Carlos hacia el norte, en Mendoza. Y la “araucana” es una identidad impuesta. En tiempos de la soberanía mapuche, nadie se llamó a sí mismo araucano. La versión más verosímil supone que al contactar con los mapuche que vivían en la zona de Arauco, los españoles del siglo XVI los rebautizaron araucanos y por extensión, a todos los demás grupos que participaban de la misma cultura. Arauco parece provenir de ragko, que significa “agua de greda” o “agua arcillosa”. Desde la lógica mapuche, aquella zona es la porción norte del Lafken Mapu (Territorio del mar).

Pero sigamos las recomendaciones del intendente que aspira a ser gobernador por Cambiemos. La primera expedición española que ingresó en la jurisdicción neuquina de hoy llegó al mando de Francisco de Villagra, hombre de confianza de Pedro de Valdivia. Corría 1553 cuando al frente de 80 soldados, se introdujo en Puelmapu (Territorio del este) por el Camino de Villarrica, es decir, el paso Mamül Malal de nuestros días. Tan poco conocían los invasores aquellas geografías que el sacerdote Diego de Rosales anotó: “a pocos días se halló en las pampas y llanuras extendidas que van a Córdoba y Buenos Aires” (Rosales 1877: 474). Sin embargo, el contingente ni siquiera pudo cruzar el río Limay. En su periplo, dio con “gente puelche, que corre por todas aquellas pampas”. El jesuita escribió su crónica 120 años después de los sucesos, de modo que debió consultar otros escritos o recoger narraciones orales. Apuntó que según Villagra, los puelche “era gente sin policía”, es decir, sin una estructura política y administrativa que se pareciera a la española. Al no poder con las aguas torrentosas, los intrusos decidieron retornar hacia Valdivia pero antes de cruzar la cordillera en sentido contrario, pelearon “con algunos serranos que se hicieron fuertes en una cueva”. Los dos muertos que les costó a los wingka su atrevimiento, fueron “heridos de flechas venenosas”, de las cuales se valían tanto los puelche como el resto de los mapuche que a la llegada de los españoles, tenían sus rucas en cercanías del Biobío.

Resistencia añeja

 

La crónica de Góngora Marmolejo aporta algunas precisiones más pero en este caso, su autor fue contemporáneo a los sucesos que protagonizaron Villagra y los suyos. “Siguiendo su viaje (el contingente español), llegó a un río grande que hacía unos despeñaderos grandes e iba hondo, de tal condición que, siguiendo sus riberas muchas jornadas y no hallando dónde poderlo pasar, topó con un fuerte donde estaban recogidos hasta 20 poelches” (Góngora Marmolejo 2015: 168). El soldado – cronista escribió poelches en lugar de puelches y consignó que como desdeñaron las invitaciones de paz de Villagra, el futuro gobernador de Chile ordenó el ataque. No les fue del todo bien a los agresores: “Pues yendo hacia él (el fuerte puelche) doce soldados disparando algunos arcabuces, los indios se defendieron de tal suerte que, peleando con ellos y con los demás que les fueron de socorro, mataron cuatro soldados; aunque después lo ganaron (al baluarte) y se castigaron algunos”. Se trata del primer registro de un enfrentamiento entre españoles provenientes del oeste y puelches en el Puelmapu. Sí, a tan larga data se remonta la resistencia mapuche donde “Pechi” aspira a gobernar…

Los libros que dice Quiroga que leyó, suelen afirmar que con la palabra mapuche puelche, los españoles designaron a pueblos distintos al mapuche que residían al este de la cordillera, portadores de otras culturas y lenguas. En algunos casos, efectivamente así fue. Pero en la mayoría, no… El propio Rosales tuvo la oportunidad de estar en la jurisdicción neuquina del presente, al disponer el entonces gobernador de Chile que llevara adelante una misión pacificadora, ya que casi un siglo después de la expedición de Villagra, los puelche estaban en guerra con los españoles e “indios amigos”, aunque no por decisión propia. La embajada arribó a la zona del lago Huechulafquen y el primer encuentro diplomático que mantuvo fue con “el cacique Antulien” (Rosales 1877: 435). Un puelche según el jesuita, de nombre en mapuzungun decimos nosotros, más allá de la anotación a la española... Después de aquel primer parlamento, la pequeña comitiva del sacerdote siguió hacia “las tierras de Piutullanca”, otro longko que se denominaba a sí mismo en mapuzungun. Allí se reunió “gran número de puelches embijados, pintadas las caras y el cuerpo de diferentes colores, cubiertos de pellones de guanacos, y las mujeres también pintadas con el mismo traje, y a la novedad de ver volver las piezas cautivas, y a un sacerdote, que en su vida habían visto ninguno, y decían que venían a ver a un Perimunto, a un Guecubu, que significa entre ellos una cosa rara y nunca vista”, anotó el cronista.

El az mapu, ¡presente!

El párrafo precedente no tiene desperdicio, porque la cultura mapuche no puede reducirse a “robar ganado y tomar como esclavas a las winkas”, como pretende intendente de tan vasta formación histórica. Que los puelche compararan aquellos hechos con un perimontun y el arribo del sacerdote con la presencia del Wekufe, confirma su participación en el az mapu, es decir, la manera mapuche de explicar el mundo, la vida, la naturaleza y al ser humano.

Pero el perimontun está muy lejos de ser “una cosa rara” o “nunca vista”. Es un hecho que se asocia a las funciones de los machis, inclusive la condición de machi se define a partir de experimentar un perimontun: “visión que la persona tiene del ngen que le hace el llamado a asumir el rol”. El machi Víctor Caniullan confió en 1998 que “mi visión se manifestó a través de un toro, en medio de un follaje del canelo, en el mallín se me apareció un hermoso toro, fue la forma en que el gran poder se apoderó de mí” (Becerra Parra y Llanquinao Llanquinao 2017: 34). Aquella energía puede manifestarse también de forma invisible. Cuando es visible, adquiere en general la forma de un animal y se puede percibir por los sentidos, precisamente como visión o aparición, con la persona despierta o a través de un pewma (sueño). El perimontun también puede estar en lugares específicos del paisaje cotidiano mapuche y hay que seguir un protocolo determinado al producirse porque la falta de su observancia puede implicar consecuencias negativas para las personas. Precisamente, el machi Víctor y Fresia Mellico precisan que un perimontun se da “cuando un che tiene una experiencia de revelación en su interacción con el mundo natural, marcado por un espacio y un momento específico” (Becerra Parra y Llanquinao Llanquinao 2017: 50 y 51). No todos los días puede experimentarse un perimontun pero en la sociedad mapuche, tampoco es “una cosa rara y nunca vista”. En tanto, sobre el concepto de Wekufe remitimos a la lectora y al lector a la columna “Volver al territorio con una sonrisa”.

Frente a la vastedad de la cultura mapuche y su intrincada lógica a ojos occidentales, es un insulto que Quiroga dijera: “las machis siempre encuentran territorios sagrados en zonas de alto valor inmobiliario en la cordillera o en los campos productivos de gas y petróleo. Jamás van a decir que hay un territorio de ellos allá en el desierto, lejos, donde no hay nada... Se ve que son autoridades sagradas pero que conocen mucho de negocios de turismo y energía”. Quizá no esté de más recordar que el capitalismo y sus dudosas bondades arribaron al territorio mapuche después de la Campaña al Desierto. Nociones como “valor inmobiliario” o “negocios de turismo y energía” son ajenas al sistema de valores de los y las machis. Son los hombres y mujeres de Cambiemos los que piensan en esos términos.

Preexistencia

 

Volvamos a Rosales y a su misión diplomática de 1651. Al referir al perimontun, ¿no habrán querido decirle sus lenguaraces que entre sus interlocutores puelche habían anticipado la visita en una visión? Quienes habían viajado de lejos, ¿no habrán solicitado autorización al Wekufe al introducirse en un territorio ajeno, en vez de confundir al cura con aquel ngen? Dudas razonables que pierden importancia ante una certeza: aquellos puelche interlocutores del enviado español, eran portadores y partícipes de la inmensa cultura mapuche. Casi 200 años antes del malón “araucano” que soñara Quiroga…

Después del parlamento, la comitiva trasandina siguió unos 300 kilómetros hacia el norte y estableció tratativas con grupos pewenche que tenían como líderes a Millacuga, Guiliguru, Pocon y Legipilun, según anotó el religioso cronista. De nuevo, “caciques” que se denominaban a sí mismos en mapuzungun, siempre en la jurisdicción neuquina del presente y cuando la Argentina no estaba en los planes. Ancestralidad, sí… Y preexistencia también. Se podrá molestar el intendente neuquino, pero además de los libros que se escribieron para justificar del despojo genocida, podría leer literatura a todas luces subversiva como la Constitución de la Nación Argentina o la Ley 24.071 (Convenio 169 de la OIT). Entenderá que el pueblo mapuche tiene derechos que no pueden supeditarse a los requerimientos del mercado inmobiliario o a las apetencias de las petroleras. Verá asimismo que la ciudad que gobierna, también está en territorio mapuche.

Bibliografía

De Rosales, Diego: “Historia general del Reyno de Chile. Flandes Indiano”, Valparaíso. Imprenta del Mercurio. 1877. Con introducción de Benjamín Vicuña Mackenna.

Caniullan Coliñir, Víctor y Mellico Avendaño, Fresia: “Mapuche lawentuwün. Formas de medicina mapuche”. En Becerra Parra, Rodrigo y Llanquinao Llanquinao, Gabriel: “Mapun kimün. Relaciones mapunche entre persona, tiempo y espacio”. Ocholibros, Santiago. 2017.

Góngora Marmolejo, Alonso de: “Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile y de los que lo han gobernado. Estudio, edición y notas de Miguel Donoso Rodríguez”. Editorial Universitaria. Letras del Reino de Chile. Santiago. 2015.

Teillier Coronado, Fernando; Llanquinao Llanquinao, Gabriel y Salamanca Gutiérrez, Gastón: “Autodeterminación cognitiva y mapun kimün”. En Becerra Parra, Rodrigo y Llanquinao Llanquinao…