“Bronca e indignación”, a dos años del asesinato de Lucas Muñoz

La familia mostró su enojo por la falta de avances en la Justicia. Críticas a Weretilneck y “los policías corruptos”. Hoy se presenta el libro “Reflexiones sobre seguridad y policía en conmemoración a Lucas Muñoz”.

06/08/2018
Bariloche

 

A 2 años de la dolorosa aparición sin vida del Oficial de la Policía de Río Negro Lucas Muñoz, familiares y amigos expresaron su “bronca e indignación”, ya que “la investigación no ha avanzado, aún no hay detenidos y los asesinos siguen caminando por las calles, como si nada”.

A través de un comunicado, los familiares plantearon que “los funcionarios involucrados junto con el gobernador Weretilneck y los policías corruptos están en su casa cobrando un buen sueldo o han sido premiados trasladados a otros lugares para seguir delinquiendo, y el juez Campana ¿Qué esta haciendo?”, se preguntaron.

Alicia, mamá de Lucas, junto a su hijo

Para los más cercanos a Lucas Muñoz, “hoy la impunidad en Río Negro es moneda corriente. El gobierno provincial y el gobierno nacional han facilitado esta situación de desamparo a toda la población. La desaparición de Santiago Maldonado por parte de Gendarmería y la posterior aparición del cuerpo sin vida, y el asesinato a Rafael Nahuel son ejemplos de esta realidad”.
Finalmente, plantearon que “después de haber escuchado la sentencia de condena a prisión perpetua de los 7 policías que asesinaron a Daniel Solano, podemos ver una luz en el camino, volvemos a creer que existe un poquito de justicia y que también nos puede tocar y ¡se hará Justicia!”.

 

La familia encabezará en Bariloche una marcha para exigir Justicia. Será hoy, viernes 10 de agosto, desde Onelli y 25 de Mayo. En tanto, en horas de la mañana (9,30 en la sala de Prensa del Centro Cívico), se realizará la presentación del libro “Reflexiones sobre seguridad y policía en conmemoración a Lucas Muñoz”.

Se trata de una publicación que reúne reflexiones sobre los acontecimientos sucedidos hace dos años, además de una producción en torno a la temática policial y judicial.

El libro fue elaborado bajo el proyecto de investigación de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) “Policía en Río Negro: trayectorias, prácticas y articulaciones”, dirigido por la Dra. Eva Muzzopappa. El material que se presentará el viernes incluye una serie de artículos escritos por académicos y referentes de distintos espacios que tiene como objetivo visibilizar, denunciar y poner en el debate público los trasfondos del asesinato de Lucas Muñoz.

 

Presentación del libro, por Eva Muzzopappa

 

Esta publicación no es un mero acto recordatorio. Han pasado ya dos años desde la muerte de Lucas Muñoz. El primer aniversario de su asesinato fue conmemorado mientras el país se preguntaba “¿Dónde está Santiago Maldonado?” y el segundo transcurre mientras la impunidad se cierne en el caso de Rafael Nahuel.

Las sucesivas conmemoraciones han estado sostenidas por la denuncia, por las marchas, por los reclamos de respuestas para aclarar las circunstancias, los culpables y los responsables de estos asesinatos. Las reflexiones que se han volcado en estas páginas son una forma de acompañar y volver a reclamar, de exigir justicia. De poner nuevamente su asesinato en escena, para contribuir al cotidiano y silencioso esfuerzo de los familiares de Lucas, que en su proceso de denuncia, emergen como figuras de referencia que desnudan la violencia estatal.

 

Esta titánica tarea, que la antropóloga María Pita identifica en la militancia de los familiares de muertos por miembros de la policía o las fuerzas de seguridad y donde son lógicamente ubicables los reclamos de justicia por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel entre tantísimos otros, es paradójicamente aplicable al de Lucas Muñoz. Y si la paradoja remite a un hecho o una expresión contrarios a la lógica, a la contradicción e incluso al sinsentido, es en la destrucción de la unidireccionalidad, afirma Deleuze, donde reside su potencia: es la presentación de la discontinuidad con el funcionamiento ordinario que hace estallar los límites de las relaciones que impone el sentido común.

Y de las muchas paradojas, la primera es aquella que equipara el proceso por el cual los familiares de Lucas desnudan y convierten, a partir su apelación pública, la faceta habitualmente ignorada y minimizada de la violencia estatal en un problema social, pero al mismo tiempo descalabran la direccionalidad víctima-victimario. La bala policial, de acuerdo a las sempiternas sospechas, hizo su víctima en un policía. A la denuncia sobre la estructuralidad constitutiva de la violencia policial se le suma una interpelación respecto a la necesidad de ampliar la mirada sobre quiénes pueden ser / son las víctimas de esta violencia estatal.

El libro completoReflexiones sobre seguridad y policía en conmemoración de Lucas Muñoz

Una confabulación, una bala, un uniforme policial, un muerto cuya muerte se desvanece en las intrigas de sus propios camaradas de armas. Y, retomando nuevamente  la indagación antropológica sobre la muerte y los muertos, atender a las formas de pensar los muertos, al tratamiento que se da a los muertos y a lo que se dice sobre la muerte de esos muertos; todo eso, habla de lo que hacen los vivos con ellos, pero también y fundamentalmente habla respecto de las relaciones entre los vivos. ¿Qué han hecho sus familiares, sus camaradas de armas, el gobierno, la justicia, la academia, lxs vecinxs, con la muerte de Lucas? ¿Qué nos puede decir su muerte sobre las relaciones entre la justicia y la policía, entre la policía y el gobierno, entre lxs vecinxs y lxs familiares…? Y así, siguiendo la direccionalidad que deberían tener ciertas cadenas de eventos, cuando nos preguntamos qué es lo que los vivos hacen con los muertos, encontramos paradojas en la actitud de la Policía Provincial, que niega su nombre; del gobernador, que acusa a los familiares y a su abogada; del sentido de la política de control democrático, que pone a los guardianes a custodiarse a sí mismos; y así tantos otros sinsentidos.

La muerte de Lucas, su asesinato, nos interpeló a nosotrxs como equipo de investigación vinculado a las fuerzas de seguridad y las diferentes formas de construcción de la “seguridad” como política de estado. Como grupo humano, la incertidumbre, la angustia, el pendular entre escepticismo y esperanza, la sorpresa, la indignación, la solidaridad, el compromiso, fueron sensaciones experimentadas en el transcurso del primer año desde la aparición del cuerpo de Lucas. Nuestra forma de dar apoyo a la familia se tradujo en la realización de una Jornada de reflexión en la ciudad de Viedma primero, luego otra en Bariloche.

El proyecto de investigación que conformamos desde 2014 en la Universidad Nacional de Río Negro se propuso indagar la estatalidad, es decir, aquellas formaciones burocráticas estatales  concebidas en torno al orden, la seguridad y el bien común que se materializaron, a lo largo del tiempo, en distintas agencias como policías, cuerpos especiales, ejército y sistemas de información e inteligencia. Dentro de este marco, las indagaciones en torno a la conformación histórica de los distintos cuerpos fue un eje, como lo fue también la investigación en torno a la policía en la actualidad, particularmente la rionegrina. En este contexto de reflexión y propuesta, los momentos inmediatos a la desaparición de Lucas Muñoz despertaron entre nosotrxs  preguntas, dudas y alarma por la cercanía a otras experiencias de disciplinamiento y terror en nuestra provincia y nuestro país.

Lucas Muñoz fue, además de Oficial de Policía, un graduado como Técnico Universitario en Seguridad Ciudadana en la Universidad Nacional de Río Negro que continuaba sus estudios aspirando a una Licenciatura en Seguridad en otra casa de estudios. Era un joven proveniente de la Línea sur rionegrina como tantos otros, que se hizo un camino, y algunos de los integrantes de este equipo de trabajo lo conocieron siendo funcionarios o docentes, en el marco de una política de seguridad que pretendió democratizar la formación policial. Nos referimos específicamente a la Tecnicatura en Seguridad Ciudadana que fue implementada en 2012 en la Sede Atlántica de la Universidad Nacional de Río Negro y luego discontinuada unilateralmente por el poder ejecutivo provincial en febrero de 2016, que decidió no empezar el ciclo con una nueva cohorte e impidió que los alumnos que venían cursando del año anterior finalizaran el segundo año.

Consideramos que el rol de la universidad pública no puede sustraerse de la comunidad en la que se inserta y de la que se nutre. Esta conmemoración es entonces, en este sentido, un deber. Un intento, un aporte para continuar poniendo en la agenda pública y en la reflexión académica un caso que, sin respuestas ni avances de la investigación criminal, amenaza con desdibujarse en la agenda comunicacional, política y judicial.

El caso de Lucas Muñoz es un caso que debe ser resuelto por la Justicia, sin ninguna duda. Pero al mismo tiempo, y porque desafía los lugares comunes –construye paradojas- indagar en torno a su asesinato permite entrever una serie de grietas, desajustes, inequidades, lógicas estructurales, que permitieron, posibilitaron o crearon las condiciones de posibilidad de su secuestro y su muerte.

En este sentido recogimos reflexiones acudiendo a actores provenientes de diferentes ámbitos, involucrados de maneras diversas con Lucas Muñoz y su muerte. Esta diversidad se recoge en esta publicación, a partir de dos momentos. El primero de ellos remite a la Jornada conmemorativa que el equipo de investigación realizó en Bariloche en apoyo de la familia de Lucas Muñoz a lo largo del día 10 de agosto de 2017, y que se reproduce a partir de la Relatoría que sistematizaron estudiantes de la Universidad Nacional de Río Negro, coordinados por la Dra. Pilar Pérez: María José Morteyrú, Michelle Nicassio, Dario Quintrilef, Daniela Reyes Ruiz, y Rebeca Spera. El desarrollo de esa Jornada no hubiera sido posible, a su vez, sin su detallado trabajo y apoyo en las diferentes etapas de la preparación y realización del evento.

El segundo momento involucra una instancia reflexiva, en la cual quienes solidariamente asistieron como panelistas en aquella Jornada, presentaron un trabajo ya transcurridos dos años de la muerte de Lucas. Se trata de reflexiones que, continuando con la indagación sobre las relaciones entre los vivos, indagan a partir de diferentes tópicos y líneas temporales, para tratar de encontrar un sentido a los acontecimientos y, a partir de allí, dar cuenta de las condiciones que deben ser trastocadas para revertir aquello que se vislumbra como las condiciones que hicieron posible esta muerte-asesinato.

El primer trabajo, de Walter Puebla Morón, nos introduce en el contexto de las políticas de seguridad a nivel nacional y provincial, tejiendo en su desarrollo la vida de Lucas como policía y estudiante de la Tecnicatura, dando cuenta de los cambios, debates, idas y vueltas relativas al rol político respecto de la definición de la seguridad y el lugar de la policía, para preguntarse también por la sospecha y la impunidad. El trabajo finaliza dejando abierta la pregunta sobre la necesidad de cumplir con el mandato constitucional de conformar, dentro del Poder Judicial, la policía de Investigaciones.

Este interés ha sido central para Martín Lozada, tanto en su rol de juez como de fiscal de cámara. En esta oportunidad, la pregunta que guía su trabajo es la de la conformación democrática de las agencias policiales en nuestro país. Ejes problemáticos tales como el autogobierno, la autonomía y el financiamiento extra-institucional son retomados para reflexionar sobre los procesos de reforma policial en un contexto democrático y el lugar decisivo de la ciudadanía.

El tercer trabajo, de la comunicadora Susana Yappert, transita por dos líneas fundamentales. Tras presentar un detallado panorama sobre la perspectiva en materia de políticas de seguridad que el gobernador Weretilneck ha llevado adelante desde su asunción, trae a debate el rol de las fuerzas de seguridad en el presente, su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la democracia y el rol de los medios de comunicación, para incluir la pregunta por la responsabilidad en la construcción del discurso de la seguridad ciudadana y de la producción social del miedo.

Los siguientes trabajos comienzan a indagar en las profundidades de la cotidianeidad. Así, el trabajo de Melisa Fernández Marrón reconstruye históricamente los modos de generar lazos de pertenencia entre los policías, aquello que se ha dado en llamar la “familia policial”. Tras dar cuenta de los hitos que marcaron su conformación en la Argentina y particularmente en Río Negro, acerca su pregunta al lugar que el mártir tiene para esta “familia” y el desconocimiento que la institución policial ha hecho de Lucas Muñoz.

Esta misma pregunta se le presenta a Santiago Rey, quien desnuda las vicisitudes de una hipótesis que intenta construir a la víctima como victimario. Siguiendo las declaraciones del gobernador Weretilneck, y con un estricto seguimiento de las publicaciones de los principales medios de comunicación nacionales y provinciales, da cuenta de la manipulación, el ninguneo y la sospecha que desde esos lugares se esparce, en contrapunto con las preguntas que familiares y amigos siguen haciendo al demandar respuestas. Su visita a la familia en Ramos Mexía y las conversaciones con los parientes de Lucas le permite al autor dar cuenta de las condiciones de las cuales surgen y en las que se insertan buena parte de los integrantes de la policía rionegrina.

El trabajo de Juan José Guidi retoma la cuestión de la educación policial para dejar planteadas una serie de preguntas que hacen tanto a la formación de los propios efectivos policiales como a la manera en la cual se plantean las relaciones hacia el interior del “cuerpo policial” y hacia la comunidad. Las relaciones de jerarquía y poder al interior de la institución, plantea el autor, se evidencian en comportamientos hacia el exterior, habitualmente en términos de violencia.

Este punto es retomado también por el trabajo de Carlos Roquer, quien como ex integrante de la Policía Provincial y vocero de organismos que promueven la defensa de derechos de integrantes de las fuerzas de seguridad, advierte sobre las nefastas consecuencias de la perpetuación de un sistema que agobia a los policías y deja, en definitiva, sin respuestas posibles a una sociedad que requiere de su actuación en momentos sensibles y precisos.

Finalmente, reproducimos la mencionada Relatoría de las Jornadas de 2017, acompañada de las fotografías que hizo María José Morteyrú, y que en su inmensa capacidad expresiva dan cuenta de las diferentes emociones que fuimos todxs lxs presentes transitando en el evento, y que culminaron con la marcha hacia el Centro Cívico de la ciudad de Bariloche.

No queda entonces sino agradecer a quienes con su presencia y trabajo se comprometieron en este homenaje y en este reclamo, que a través de sus palabras permiten volver a pedir Justicia y a evitar que el asesinato de Lucas Muñoz y todas las grietas que su muerte desnuda, se desvanezcan en la impunidad.