El increíble periplo libertario del longko Yangkamil

Enfrentó a los soldados, fue esclavo de Roca, se fugó. Su historia incluye haber sobrevivido a una emboscada en la que fusilaron a 60 ranqueles y un escape en bote desde la isla Martín García. Murió en 1933, pero su historia aún alienta resistencias posibles.

02/09/2018
Adrián Moyano

José Gregorio Yangkamil era nieto de Paine Gner, sobrino de Mariano Rosas y también de Epumer, tres grandes longko cuyas andanzas al guiar los destinos de su pueblo oscilaron entre el drama y la grandeza. El primero vino al mundo alrededor de 1850 en la mítica Leubuco, la capital del país rankül mapuche que 20 años más tarde, describiera bajo su mirada eurocentrista, patriarcal y militar Lucio Mansilla. En 1878, sobrevivió a una matanza cuyas proporciones indignaron a los mismísimos cronistas de “La Nación”, quienes no dudaron en calificarla como crimen de lesa humanidad. Sí, el mismo diario porteño que el jueves último festejó la extradición de Facundo Jones Huala a Chile…

En noviembre de aquel año, sus páginas rezumaban indignación al dar cuenta del fusilamiento de 60 ranqueles que estaban en condición de “prisioneros desarmados” (Lenton y Sosa 2018: 144). Los tiradores del Ejército argentino cumplieron la orden de Rudecindo Roca, jefe militar de Villa Mercedes (San Luis) y hermano del -por entonces- ministro Julio. Meses antes se había celebrado un tratado entre los longko ranqueles y las autoridades nacionales, de ahí que se tratara de “indios (que) comerciaban en Villa Mercedes con los vecinos”, según el matutino de Buenos Aires.

Yangkamil y los suyos habían ido a la localidad puntana en “son de paz” 1, a tal punto que concurrieron con sus mujeres e hijos. El longko rankülche no era un weichafe o guerrero, más bien se había inclinado de manera recurrente a sostener la paz con los wingka. Incluso, había concedido casarse a la manera cristiana a instancias de un sacerdote franciscano, como gesto de buena voluntad. Pero poco importó esa trayectoria más diplomática que malonera al hermano del Roca más famoso… Al arribar al paraje Pozo del Cuadril, a una legua del destino, los rankülche fueron detenidos por las tropas allí apostadas, separados y luego fusilados, inclusive las mujeres y los niños. Quienes sobrevivieron, quedaron malheridos, entre ellos Yangkamil, quien permaneció en cautiverio. Su compañera y dos hijas fueron deportadas hacia la zafra tucumana para engrosar la mano de obra esclava que cimentó la riqueza de la industria azucarera. “Ninguno de los ranqueles enviados a Tucumán regresó”, estableció el historiador José Depetris.

¿Por qué hacia la provincia norteña? Desde la irrupción del modelo de la soja genéticamente modificada (1996), la agroindustria se caracteriza por llevarse por delante los derechos territoriales de indígenas y campesinos, pero esa costumbre no es nueva. De ninguna manera es casual que “el avance de la militarización de la frontera en aquella década”, es decir la de 1870, coincidiera “con una inédita expansión en la producción azucarera en todo el mundo” (Lenton y Sosa, 2018: 138). En la Argentina, ese boom se basó en la esclavitud y en la servidumbre.

Patria chica de los Roca

En efecto, “en sus momentos de esplendor, se caracterizó por el reclutamiento de mano de obra prisionera, distribuida directamente desde la ‘frontera con el indio’ o desde las campos de concentración de Martín García y otros, para su utilización servil”, nos dice la investigación de los antropólogos. Así se cimentaron inmensas riquezas cuyas herencias perduran hasta hoy en Tucumán… Tienen sus orígenes manchados de sangre rankül mapuche y recordemos que los Roca eran precisamente, tucumanos.

El fusilamiento masivo que sufrieron Yangkamil y los suyos quedó borrosamente en la historia como Masacre de Pozo del Cuadril y estuvo lejos de ser un hecho aislado, un error o exceso. No contento con sus logros, Rudecindo Roca apresó al mes siguiente a otros 500 ranqueles, entre quienes se encontraba el longko Melideo. Las investigaciones 2 apuntan que los prisioneros fueron conducidos desde Río Cuarto a Tucumán, con el mismo propósito. Otros que cayeron en cautiverio al enfrentar expediciones al mando de Eduardo Racedo, fueron confinados en las instalaciones navales del río Uruguay para su posterior redistribución. Al ingresar a los ingenios tucumanos, se les adjudicó identidad “pampa”, mientas que en las actas bautismales de las parroquias de San Miguel, se los consignó como “indígenas”, como “pampas” o bien, de “nacionalidad patagonia”. Más allá de las intenciones de los sacerdotes y de forma implícita, la última imposición étnica admite que la región no formaba parte de la Argentina en términos nacionales, antes de que se desencadenara la ofensiva final contra el territorio mapuche y tehuelche, hasta entonces libre.

 

Se desconoce de qué manera Yangkamil pudo recuperarse de sus heridas y fugarse de sus captores después de Pozo del Cuadril, pero cuando el andamiaje de la Campaña al Desierto se puso en marcha, le tocó orientar la resistencia de su gente ya diezmada, en el combate de Cochicó (19 de agosto de 1882), frente a tropas de la 3ra División, que comandaba Racedo. Fue el último enfrentamiento más o menos en regla que pudieron oponer los rankülche. Después, los cautivos fueron trasladados a la isla Martín García, donde funcionaba el tenebroso campo de concentración, entre ellos, el longko rankülche.

Irreductible entre los irreductibles, huyó en un bote hacia la costa uruguaya junto a otro líder de leyenda, Pincén. La embarcación condujo a otros 12 peñi que como habían sido reclutados a la fuerza “en la Escuadra”, sabían navegar. Pero fueron apresados por la Policía uruguaya y rápidamente, entregados a los marinos argentinos. Los recapturados fueron “asegurados con grilletes, a excepción de los Caciques Pincén y Llancamil y del marinero Juan Márquez, a quienes se ha puesto una barra de grillos”, según consignara el jefe de la isla, Leopoldo Nelson. Pero Yangkamil no se daría por vencido.

Genocidas y corruptos

Al mismo tiempo que el longko rankülche se jugaba el cuero en el entrevero de Cochicó, Rudecindo Roca ejercía el rol de gobernador en el Territorio Nacional de Misiones. Sin preocuparse por sutilezas, en 1884 instaló un ingenio azucarero de su propiedad cerca de la localidad actual de Santa Ana. Auténtico feudo, lo concibió como un establecimiento autosuficiente donde además de la actividad específica, funcionó una panadería, una fábrica de ladrillos, herrería y otras instalaciones. El emprendimiento de Roca recibió subsidios muy directos desde el Estado, ya que corrió por cuenta de éste –bajo la presidencia de su hermano- capturar su futura mano de obra, su traslado a destino y su reducción a la esclavitud. Hacia 1885, ya eran más de 100 los “pampas o araucanos” que trabajaban en el ingenio San Juan, según observara el naturalista Eduardo Holmberg durante un viaje. Dos años después, la empresa se encontraba en pleno funcionamiento y todo el mundo sabía en Misiones que su personal era indígena y esclavo. Entre ellos, se destacaban dos longko: Yangkamil y Melideo.

La memoria local denomina “Sublevación de los pampas” a la fuga que se concretó el 23 de junio de 1888. Como sabemos, esa es la noche más larga del año para el pueblo mapuche, la que precede a la renovación del ciclo de la naturaleza al producirse el retorno del Sol o wiñoy tripantü. No podemos saber si aquel grupo de desesperados tuvo en cuenta esas enseñanzas del az mapu al urdir sus planes y además, no hace falta sumar poesía a una gesta que destila épica a torrentes. El sumario que elaboró el juez de Paz al día siguiente indica que a la hora del almuerzo, los rankülche se hicieron de unas hachas, machetes y fusiles, arsenal que sumaron a lanzas, boleadores y hondas que ya tenían en su poder. “Los relatos coinciden en que la dirección de los hechos correspondió a Yancamil, Melideo y su grupo cercano, a los que se sumaron los otros trabajadores y familias, totalizando 262 los fugados” (Lenton y Sosa 2018: 185).

Cinematográfica es poco… Con los más ancianos, las mujeres y los niños, Melideo se embarcó en dos vapores del ingenio hacia la costa paraguaya y caminaron hacia el norte; la retaguardia quedó al cuidado de Simón, hermano de Gregorio, último grupo en salir; en tanto, el sobreviviente de Pozo del Cuadril siguió por la costa argentina con algunos rehenes que tomaron y el grueso de los hombres en condiciones de pelear, estableciendo puestos de vigilancia y coordinando el posterior cruce a través de dos canoas. Uno de los prófugos perdió la vida y la “Sublevación de los pampas” sólo provocó tres heridos, pero como es usual, la prensa local habló de “vejámenes” y otras invenciones parecidas a las que podemos leer en 2018.
Inmenso, José Gregorio Yancamil pudo regresar a La Pampa desde el lejanísimo Paraguay. Se instaló en el Lote 21 junto a su esposa, Luisa Díaz. Sus últimos años transcurrieron en Emilio Mitre, donde trabajó como puestero hasta su fallecimiento en 1933. Había perdido su libertad cuando las clases dominantes de la Argentina necesitaron de mano de obra barata para insertarse en el mercado internacional y en consecuencia, militarizaron una frontera que hasta entonces, sabía más de relaciones pacíficas e intercambios que de violencia.

Aunque en conjunto con otros, el mismo sector social que se enriqueció con la Campaña al Desierto y la esclavitud de mapuches y ranqueles, acaba de disponer desde el gobierno la militarización del país para asegurarse nuevos negocios, algunos de los cuales ya están en curso a minutos de Bariloche. El modus operandi de Rudecindo Roca goza de demasiada actualidad: el Estado como mecanismo de validación de grandes negociados. El hermano del todavía prócer llegó a totalizar 265.180 hectáreas, sólo en la actual jurisdicción misionera. En el futuro próximo habrá más penurias y nuevas explotaciones para los pueblos indígenas y el pueblo trabajador, pero siempre habrá gente como Yangkamil y Melideo, dispuesta a estirar eternamente su libertad.

 

1 El texto de Lenton y Sosa cita a Depetris, José (2002). “El destino de la comunidad ranquel Primero de Octubre (itálica en la cita). Santa Rosa, La Pampa.

2 Los autores mencionan el trabajo de Graciana Pérez Zavala (2012): “El reparto de indígenas en Río Cuarto (1870 – 1890): consideraciones preliminares”. Revista Tefros, 10. Río Cuarto (Córdoba).

Bibliografía

Lenton, Diana y Sosa, Jorge: "De la mapu a los ingenios. Derrotero de los prisioneros indigenas de la frontera sur".

En Delrio, Walter; Escolar, Diego; Lenton, Diana y Malvestitti, Marisa (compiladores)

En el pais de nomeacuerdo. Archivos y memorias del genocidio del Estado argentino sobre los pueblos originarios, 1870-1950". 2018. Editorial UNRN.