La buena tierra

Eran técnicos de más de 20 años de antigüedad en la Secretaría de Agricultura Familiar. Los despidos en Bariloche son parte del plan de vaciamiento del ministerio de Agroindustria -instituto que garantiza la presencia del Estado en uno de los principales sectores productivos del país- implementado por Miguel Etchevehere. En total fueron 600 los empleados despedidos, que se suman a otros 350 de abril pasado.

16/09/2018
Río Negro
Martín Medero

 

 

 

I

“Escuchamos por Radio Nacional que había reventado el Puyehue, pero no sabíamos si iba a llegar tan lejos”.  Recuerdan los crianceros.

“Cuando vimos venir unas nubes negras, pensamos que eran nubes de agua, pero eran nubes de arena”.

Fue el 4 de junio de 2011.

Las autoridades estimaron más de cien millones de toneladas de ceniza y piedra pómez arrojadas por la erupción. Una capa de 30 a 40 centímetros de sedimentos cubrió campos, mallines y ojos de agua.

Los arreos hubo que hacerlos de madrugada, antes de que el viento otra vez alzara todo aquello, con barbijo y antiparras. Los animales desorientados se dispersaban. Iban de camino comiendo pasto con ceniza, y horas después se morían con la entraña apelmazada, “se les hacía como una bola de cemento adentro, se hinchaban y se morían”.

Las primeras en morirse fueron las crías. Ovejas, cabras, chivas, conejos y choiques. También se perdieron las colmenas. No había agua.

Los productores perdieron el 70% de la hacienda, y fue la intervención directa del Estado la que impidió que se extinguieran esas pequeñas economías.

 

(Foto Alejandra Bartoliche)

 

La Secretaría de Agricultura Familiar es un organismo nacional creado en 2014.

El Decreto 1030, que le dio origen, dice que el área debía  “entender en la coordinación de las tareas de diseño, programación y ejecución de las actividades vinculadas a la registración de la agricultura familiar”.

Que también tendría por cometido “planificar y supervisar la ejecución de las operaciones registrales, organizando la capacitación a los operadores del sistema”, y “coordinar las tareas de recepción, carga de datos al sistema informático y procesamiento de la información”. Con la firma al pie del ex Jefe de Gabinete de ministros del gobierno de Cristina Kirchner, Jorge Capitanich.

A fines de agosto, el gobierno de Mauricio Macri decidió disolver el área. En Bariloche hubo 13 despidos, y 20 en total en Río Negro, donde quedarán sin atención ni asesoramiento técnico unos 12 mil productores y solo 5 empleados para atender los 20 millones de hectáreas de suelo provincial.

Pablo Losardo es un referente dentro de la secretaría. Su programa, vinculado a la recuperación de los crianceros afectados por la erupción del volcán Puyehue, que devastó la Línea Sur, fue premiado en Washington.

Pablo es uno de los despedidos.

 

II

Cuenta Pablo Losardo, que es veterinario, que el universo campesino lo llevó, a veces, lejos de la profesión a atender otras urgencias. Hay un esfuerzo ahí que se vincula al trabajo social, a la antropología,  a la economía, a la psicología. Un oído atento, sentido común y una evidente valoración del otro que se traduce en la práctica.

“Nuestro trabajo es con agricultores familiares, pequeños productores, comunidades indígenas, asociaciones, organizaciones y grupos de productores,  con los cuales nos contactamos, nos piden asesoramiento o nos plantean una problemática y nosotros tratamos de acercar una solución. Las temáticas son diversas. Todo lo que tenga que ver con el mundo campesino nos cae a nosotros. Desde cuestiones de producción; cuestiones de vivienda rural; cuestiones de género; aspectos que tienen que ver con la comercialización o marcos normativos. Acá hay compañeros que son agrónomos, licenciados en ciencias políticas, veterinarios, comunicadores.

En lo concreto esto funciona como oferta y también como demanda; sea porque nos llaman y nos plantean un problema que nosotros tratamos de resolver en el campo.

Tenemos una trayectoria de 22 años de trabajo en la provincia de Río Negro. Empezamos en el ´95 con el Programa Social Agropecuario, que después fue deviniendo en sub secretaría, secretaría, etcétera, a lo largo del tiempo, pero básicamente es lo mismo: la evolución de ese Programa Social Agropecuario  fue el que dio origen a la SAF”.

 

III

“La mortandad de animales que provocó el volcán fue impresionante”, relata Pablo Losardo, “la capa de ceniza dejó al 75% de los productores con menos de 150 animales. Ese número para nosotros es clave porque define la soberanía alimentaria. Si tenés 150 animales podés comer lo que habitualmente comés en un año, y además aumentar el número. Pero si son menos de 150 ya no hay tiempo para la reproducción y el recurso se agota.

Bajo esas condiciones armamos desde la Secretaría de Agricultura Familiar, junto a otras organizaciones, el programa de repoblamiento con chivas del norte neuquino”.

 

 

 

La erupción del Puyehue literalmente sepultó la producción de los crianceros de la Línea Sur. Los animales murieron de inanición, cegados, intoxicados; caían y la ceniza los cubría con una parsimonia lunar.

Con esto, miles de productores perdieron el último recurso económico: la carne y la lana para alimentarse y comerciar.

El proyecto  se llamó “Seguridad alimentaria en productores familiares de la Patagonia argentina: uso de recursos genéticos locales y adaptación al cambio climático”, y consistió en introducir en la Línea Sur de Río Negro, cabras criollas traídas de Neuquén. Animales recios, menospreciados incluso, pero reconocidos por la población rural por su carne para el consumo, por su capacidad para adaptarse a condiciones extremas y su alta tasa reproductiva. 

Pablo Losardo y los compañeros de la SAF imaginaron ese proyecto.

“Hablo del proyecto de chivas porque entre otros me tocó laburarlo a mí. Lo que hicimos después de las cenizas fue llevarles a los crianceros  30 chivas y 1 macho. Eso fue en el 2014. Esos 31 animales hoy son entre 80 y 100 hembras. Calculá que una familia se come 40 al año; es decir que con poquito más se podrían bancar la comida para todos durante ese tiempo. Además comercializaron a un promedio de 1.000 dólares, entre 10 y 15 chivos por año. Digo que se alimentaron, comercializaron, y además devuelven animales, porque esa era la condición del proyecto: que debían devolver unas 10 hembras durante 3 años, a partir del segundo año de iniciado el repoblamiento”.

 

 

 

Resumiendo, el Estado puso 30 chivas y 1 macho. La gente se alimentó, comercializó, devolvió los animales que les habían dado, y multiplicó por tres el capital productivo que tenía. Luego de las cenizas los campos en la Línea habían quedado casi vacíos. El escaso dinero disponible provenía de pensiones o jubilaciones, pero ya no de la producción. El proyecto de chivas los devolvió a la vida.

 

IV

En Estos Días: Hablamos de una economía pre capitalista; es decir, que el campesino produce para consumir y no para cubrir una demanda de mercado. ¿Qué buscan estos programas, integrarlos al mercado o protegerlos en su universo?

Pablo Losardo: Efectivamente, los campesinos son una formación pre capitalista. La economía campesina no tiene que ver con el mercado ni con la categoría salario. Sino que es una economía casi dentro de otra economía. Mientras salga el sol y llueva, el campesino produce. Tiene mano de obra familiar, tierra pasto…y transforma eso en valores: lana, leche, carne o artesanías. Y se contacta con el mercado para venderlo, pero no produce para el mercado.

Fijáte: ponemos un aviso en la radio avisando a la familia o al paraje que vamos, y  generalmente hay alguien que lo escucha y nos manda algo para el campo. Y es muy curioso ver las cosas que se mandan de un lado y de otro, según el momento económico. Cuando la cosa va bien, cuando la economía va bien, en general se mandan cosas de la ciudad al campo. Cuando la cosa va mal, en general es el del campo el que manda. Porque el campesino ya tiene la compra hecha; ya compró la harina para todo el año…entonces la cosa es al revés.

 

 

 

Quiero decir con esto que efectivamente, mientras salga el sol y llueva, el campesino morfa. Puede no haber plata, pero está resuelta la economía familiar. El riesgo del campesino son la ceniza y la sequía, porque cuando te quedás sin animales, ahí sí que tocás fondo.

A nosotros nos pasa al revés. Nosotros estamos leyendo los diarios a ver qué pasa con el dólar y con el ministro de economía. Bueno, eso al campesino no le sucede. Mientras tenga su tierra, salga el sol y llueva, y tenga sus animales para transformar el pasto en algún valor, esa economía funciona.

¿Qué hacer con eso? Bueno, hay miradas distintas. A mí me parece que la fortaleza del campesino está en ser campesino, y sus posibilidades de diversidad productiva.

Hemos tenido modas que empujaban a transformar todo en producción para el mercado; por ejemplo, la lana.

¿Qué ocurre entonces?, que si vos te fijás, hace 80 años había chacras que producían alfalfa, lana, gallinas, carne…pero cuando especializamos al campesino en la lana, lo dejamos atado al mercado de la lana. Cuando el mercado va bien, al campesino le va bien, y cuando a la lana le va mal, le va mal. En el medio perdió todos los mecanismos de defensa que tenía para enfrentar la crisis.

Por eso el éxito de traer las chivas para superar el drama de las cenizas consiste en emplear una solución campesina para un  problema campesino. Esos eran animales despreciados por los técnicos, y desde la técnica no había otra solución que ofrecer.

 

 

 

Esa raza despreciada, que no producía ni lana ni fibra para el mercado sobrevivió debajo de las cenizas, con una mortandad de solo el 7%. Diez veces menos que las otras.

Por eso creo que la fortaleza del sector campesino son sus saberes, sus historias, y su planteo de diversidad. Ante la adversidad el campesino hace cosas distintas. Tiene la posibilidad de maniobrar, y siempre algo le permite sobrevivir.

Cuando nosotros los especializamos, como en el caso de la lana, lo atamos al mercado; y cuando el mercado anda mal, al tipo lo arruinamos, lo exponemos a algo para lo cual no tiene respuesta porque la respuesta ya no depende de él.

 

V

En Estos Días: Se produce en épocas de crisis una emigración campesina, del campo a la ciudad. Hay un movimiento hacia los suburbios urbanos; suburbios empobrecidos por esa misma crisis. Si uno observa correlativamente el resultado de los censos, puede ver como decrece la población de los parajes en tiempos de recesión, y como aumenta con la expansión económica. Miremos por ejemplo Mamuel Choique. En 1991 había en el lugar 194 habitantes. Al término de la década neoliberal, en 2001, quedaban 126; vale decir, que en 10 años la población no solo no creció, sino que además disminuyó. Sin embargo, durante la década siguiente, la población se recompuso y aumentó, y llegó a 243 habitantes en 2010. Parece evidente que hay un efecto directo de las políticas de Estado. Uno puede prever entonces que ahora la tasa poblacional volverá a decaer.

Pablo Losardo: Tenemos un trabajo hecho en Comallo, después de las cenizas. Porque una de las hipótesis era, justamente, qué iba a pasar. Resulta que del padrón histórico de Comallo, que son 762 personas, el 92% mantiene su tierra. Nosotros tomamos como universo de análsis, desde la nevada de 1984 hasta la ceniza en 2011. Estudiamos 30 casos siguiendo los padrones.

La primera conclusión es esa: que en el 92% de los casos las tierras continúan manos de las familias. No hubo abandono ni venta masiva de tierras. Lo que sí ha pasado con esas 30 familias que estudiamos, es que en 1984 tenían 5 integrantes por familia en cada casa rural, viviendo en el campo, y en 2011 no llegan a 2, promedio.

 

 

 

Lo que nosotros decimos es que los campesinos han desperdigado a su familia. Que tienen a un hijo trabajando en Roca, a otro en Bariloche, pero no se deshacen de la tierra. Lo cual no deja de ser un dato interesante, sobre todo si uno quisiera hacer políticas públicas para fortalecer al sector. Porque en la mirada que ellos tienen está seguir siendo campesinos, no se deshacen de la tierra. E incluso hacen un esfuerzo importante, también desde lo afectivo por esto de tener toda la familia desparramada, para no vender, para poder sostener el campo.

Siempre alguien se queda y trabaja la tierra. Después, si en ese sector del campo, con esa estrategia productiva, va bien, entonces familiarmente se disputa ese espacio dentro de la familia. Si va mal y no hay nada que hacer, entonces queda una persona mayor, jubilada, como haciendo guardia. Como si dijeran: no podemos vivir de esto, pero no vendemos.

 

 

 

Por eso a mí me parece que desde el punto de vista productivo hay mucha tela para cortar ahí. Y si encontramos estrategias productivas como lo fue la de repoblar y vender chivos o corderos; o pensar en el turismo rural, en la fabricación de artesanías; es decir, si podemos armar una canasta familiar en la economía campesina que tenga que ver con la tierra y con lo productivo, entonces la familia vuelve, alguien vuelve. No son nichos que quedan vacíos.

Por supuesto está lo que decís: hay un rol fundamental del Estado, asfaltando caminos, arreglando los puentes, poniendo luz eléctrica e internet, porque nadie quiere vivir en el siglo XV.

Tenemos campesinos con 2.000 hectáreas. Son pequeños productores, miembros de comunidades indígenas que en épocas favorables pueden comer carne todos los días. Eso es un privilegio, es muy raro en el mundo. Hay mucho para hacer; hay que ofrecerle a la gente cada vez mejores estrategias, porque no queremos héroes, queremos que el que llegue a su casa después de un día de campo pueda encender la luz, y no un chonchón de grasa”.

 

(Foto Alejandra Bartoliche)

 

Final

Pero la SAF va en camino a desaparecer. Para los sectores concentrados de la economía agropecuaria –a quienes Etchevehere representa- la presencia de un Estado que regule y distribuya, resulta molesta. Las instituciones y las herramientas de las que el gobierno dispone para asegurar las condiciones de la soberanía productiva y alimentaria están siendo disueltas.

Disueltos los programas, los fondos, los técnicos y los campesinos, a quienes además se los privará de seguridad social y previsional al quitarles el monotributo social agropecuario, y la posibilidad de comercializar lo que producen.

Pablo Losardo anuncia que a pesar de los despidos y las condiciones brutales que impone el gobierno, reunirán dinero para continuar atendiendo a los pequeños productores con algunos programas en curso. ¿Amor propio? ¿Vergüenza ajena? No está nada mal en todo caso sentir vergüenza. Después de todo, ya se ha dicho, la vergüenza es un sentimiento revolucionario.

 

(Imágenes gentileza Línea Sur Noticias)

Ver además: Serían 13 los despidos en la secretaría de Agricultura Familiar en Bariloche