Crece el hambre en los barrios olvidados de la ciudad

Al número 1.000 de la calle 30, en el barrio 30 de marzo, los sábados a mediodía  funciona un comedor comunitario. Son largas mesas, acomodadas como piezas de un rompecabezas imaginario en la sala de una casa particular, las que sirven para improvisarlo. En ese mismo lugar,  cada lunes, miércoles y viernes por la tarde, 27 niños de entre 3 y 12 años reciben la merienda. Hace un mes, eran solo 20.

17/09/2018
Viedma
Carolina González

En un rincón de la misma sala hay una chimenea donde hierven dos grandes ollas. Este sábado, cinco mujeres empezaron a cocinar a las 11 de la mañana. Además de los casi 30 chicos, otras 60 personas más se acuden por la comida; llegan cerca de las 13 y se la llevan en una tartera.

El comedor es auto gestionado por la CTEP, organización de base, popular que concentra a  quienes fueron desplazados del sistema económico formal, los que viven de changas, de programas estatales, y deben autogenerarse el sustento.

El comedor funciona en la casa particular de Lorena Alan, una de las referentes de la CTEP a nivel local. Sobre el terreno que es de su propiedad, de a poco y con la ayuda de vecinos, obreros de la construcción, van alzando un pequeño edificio que algún día será un salón de reuniones. Hoy aún es todo voluntad.

“No importa si no tenés un lugar, la necesidad está antes que el edificio; el hambre es más urgente, entonces la comida la das donde sea, en tu casa o en la calle si es necesario”, dice Lorena, que primero vio la importancia de dar una copa de leche en el barrio, luego de repetirla tres veces por semana y después los mismos chicos le pidieron que les diera el almuerzo.

“Los alimentos los juntamos entre todos. Nos ayudaron mucho los compañeros de los  sindicatos. Ni la provincia ni el municipio nos dan nada”, apunta.

Semanas atrás, un audio con la voz de Lorena se viralizó en las redes sociales.  Ella contaba que ese sábado las ollas se habían vaciado con mayor rapidez que la habitual, y que cuando las últimas familias se acercaron a pedir comida tuvieron que improvisar con arroz. De ahí creció la solidaridad de muchos, que fueron aportando mercadería para abastecer al comedor.

El comedor de la CTEP es  apenas una muestra de lo que ocurre en Viedma. La crisis alimentaria, que ningún gobierno reconoce, se muestra subrepticiamente cuando por lo bajo se comenta que abrió un  nuevo merendero en el Barrio San Martín, otro en el Loteo Silva, alguno más en El Progreso, el Lavalle, entre otros de los barrios más carenciados de Viedma.

Lorena Alan

¿Reciben ayuda del Estado?: “No”, dice Lorena, “siempre dicen que no hay”.

El Secretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Viedma, Ariel Sarrecouet,  reconoció que hay un crecimiento exponencial de familias que solicitan ayuda para poder comer, pero responsabiliza al gobierno provincial por haber suspendido el programa de asistencia alimentaria Incluir, que es parte del Plan Alimentario Nacional. “En febrero o marzo fuimos notificados de la suspensión transitoria del programa alimentario para Viedma”, señaló a En Estos Días el funcionario.  

Aseguró además que son 990 familias más, las que debieron asistir  desde que el Gobierno Provincial dio de baja el programa alimentario.

Sarrecouet reconoció también que no brindan asistencia a los comedores comunitarios de la ciudad, “nosotros no trabajamos con los comedores. De las dos solicitudes que recibimos lo que hicimos fue trabajar con un listado de familias para identificar la demanda y entregar módulos alimentarios, y que no tengan que recurrir al comedor”.

Este medio intentó comunicarse sin suerte, en reiteradas oportunidades, con el Ministro de Desarrollo Social de la provincia o algún funcionario de la cartera para corroborar la información.  

La crisis se convirtió en emergencia

En tanto  desde el municipio minimizan el impacto de la crisis y desde la provincia guardan silencio, en el  Concejo Municipal, concejales del Frente Para la Victoria, buscan declarar la emergencia alimentaria en Viedma, a través de un Proyecto de Ordenanza que lleva la firma de Diego Santos.

“En el municipio se ha venido negando sistemáticamente una situación de crisis alimentaria. Sin embargo, hace unos días atrás, tuvieron que reconocer que se realizó una compra millonaria de alimentos”, señaló Santos en dura crítica al Poder Ejecutivo, y dijo además que por esta razón elevaron un pedido de informes para conocer cuáles son las medidas de contención hacia los sectores más vulnerables.

Las declaraciones de emergencia alimentaria son rehuidas por la clase política. En la  Legislatura provincial, un proyecto similar fue presentado por el legislador Marcelo Mango en 2017, aunque sin ser tratado, perdió estado parlamentario. Ahora, una iniciativa similar surge desde la CTEP y esperan poder consensuar el proyecto previamente con el oficialismo.

Por su parte, la diputada María Emilia Soria, en declaraciones al programa radial “Nada Personal”, aseguró que en la Línea Sur “hay pibes que se les desmayan a las maestras a causa del hambre”.

El discurso negador, la relativización de la crisis e incluso la exageración, no sirve para llenar los platos de los 27 chicos que acuden al comedor de Lorena. Eso lo hacen los vecinos con silencioso esfuerzo personal.