El perseguidor

Hace 25 días que se inició la ocupación del Vicerrectorado sede Alto Valle de la Universidad de Río Negro en reclamo por los salarios y los recortes presupuestarios del Gobierno Nacional. Docentes y alumnos denunciaron persecución y criminalización de la protesta. El estilo Juan Carlos Del Bello.

06/10/2018
General Roca

Rector de la Universidad Nacional de Río Negro, Juan Carlos Del Bello

Hoy, a casi un mes, cerca de un centenar de estudiantes continúa con la toma pacífica de la sede universitaria y sostiene sus reclamos.

En la fachada de la antigua casona de la calle Isidro Lobo 516 en General Roca prevalecen las pancartas que dan noticia de la resistencia de los jóvenes ante aquello que entienden significa “el vaciamiento de la universidad pública”. Grupos de muchachos se detienen en la puerta mientras otros entran y salen del edificio, y efectivos de la Policía Federal gastan tiempo en fotografiarlos.

La negativa al diálogo del Rectorado ha sido una constante desde el 12 de septiembre, cuando se resolvió la medida de protesta. Hubo compromisos que las autoridades luego desconocieron. Los ocupantes habían planteado que el conflicto era intra universitario, y que debía resolverse en el marco de la autonomía que la Ley les confiere a esas casas de estudio.

 

Por el contrario, la respuesta fue la inmediata judialización del conflicto. A pocas horas de la ocupación del edificio, el vicerrector, Carlos Arzone, radicó una denuncia Penal por usurpación, en la que no se menciona a los estudiantes, “que se negaron a identificarse”, dice, pero sí a trabajadores y docentes, puntualmente a Victoria y Virginia Naffa, a quienes Arzone tilda de “cabecillas”.

Antes aún del debate judicial, la elección del término, como toda palabra, no es inocente, y anuncia ideología.

La denuncia radicada por los representantes de la administración de Juan Carlos Del Bello incluye coacción agravada (delito no excarcelable), intimidación pública e instigación a cometer delitos.

Secretario de Políticas Universitarias y menemista fanático durante aquel gobierno, hombre de Remo Costanzo y ahora de Miguel Ángel Pichetto (quien lo designó al frente de la Universidad de Río Negro) Del Bello es un defensor de los preceptos neoliberales aplicados a la Educación. Creador de la Ley de Educación Superior, el rector de la UNRN, abona el criterio de “rentabilidad” universitaria, el arancelamiento de posgrados y de carreras de grado más solicitadas, así como el ingreso restricto en las carreras en las que más estudiantes significan mayores “costos”.

 

Al frente de la joven universidad rionegrina, la administración de Del Bello ya ha recibido denuncias por malversación de fondos, “nepotismo”, por violentar el convenio colectivo de trabajo de los empleados no docentes de la UNRN, y por propulsar una reforma del estatuto para garantizarse la reelección indefinida como rector.

El modelo de gestión universitaria aplicado por Del Bello apunta al financiamiento selectivo y condicionado a las vías alternativas (privadas): las carreras que cuentan con más presupuesto son las vinculadas con el negocio de la explotación de hidrocarburos (como Geología), y en general las carreras acreditables por CONEAU (Ingenierías, Odontología, Veterinaria) cuentan con más presupuesto que aquellas que no, las cuales no sólo son vaciadas presupuestariamente sino que algunas se dictan en edificios prestados o alquilados.

 

Aquí, allá y en todas partes

 

“Las medidas de protesta están vinculadas al recorte presupuestario que se aplica a las universidades nacionales”, explicó Victoria Naffa, una de las docentes procesadas, “todas las medidas se evaluaron en las asambleas inter claustro (docentes, alumnos, no docentes, graduados) en Cipolletti; una de ellas fue la ocupación del vicerrectorado en Roca. El tema fue que apenas dos horas después de iniciada la medida, (el vicerrector) Arzone ya había presentado la denuncia”.

En forma inmediata, el mismo día, el fiscal imputó a Victoria y a Virginia Naffa y ordenó “tareas de inteligencia”, entiéndase por esto fotografiar a los alumnos para luego individualizarlos y a su vez imputarlos.

En su denuncia Carlos Arzone relató que un grupo de personas “ingresaron a la cocina (de la sede) y estaban preparando verduras, lo cual nos hace pensar que cenarán allí”.

Y detalló que “el grupo exige mayor presupuesto universitario, un edificio para la localización Cipolletti, ser convocados personalmente a los Consejos de Universidad y sede, un informe por escrito de la situación presupuestaria de la Universidad Nacional de Río Negro y de la distribución de las localizaciones”.

Es importante recordar que el Claustro es el máximo órgano representativo de la comunidad universitaria, al que corresponde supervisar la gestión de la Universidad y definir las líneas generales de actuación en los distintos ámbitos de la vida universitaria; en resumen una instancia democrática.

 

Arzone no explica por qué “el grupo” (evidente representación de la asamblea interclaustro) no puede acceder a la información presupuestaria de la UNRN, pero sí adelanta en su denuncia que “tenemos fotos para aportar, las cuales las acercaremos el día de mañana”.

Todo ocurrió en tiempo récord. Las imputaciones contra las docentes “se hicieron con la sola denuncia del vicerrector”, señaló Victoria Naffa, “sin recabar ninguna prueba; las indagatorias se tomaron el miércoles pasado y dos días después se dictó el procesamiento, una velocidad atípica para la justicia Federal”.

Los estudiantes explican que la decisión de ocupar una sede administrativa tiene que ver con “no obstaculizar las cursadas”, y que si bien apuntan contra las políticas de ajuste del Gobierno Nacional, “también las autoridades de la universidad son responsables”, puesto que son las que administran y distribuyen el presupuesto.

El 17 de septiembre hubo una mesa de diálogo en la cual se acordaron ciertos puntos del reclamo. Los estudiantes pedían además, que se difundieran los detalles de la denuncia efectuada por Arzone, cuestión que se cumplió recién esta semana.

Este viernes se esperaba que las partes finalmente firmaran el compromiso que pusiera fin a la ocupación, pero Arzone, y Paola Cerutti (secretaria de Programación) no concurrieron a la reunión. En cambio sí las docentes recibieron las notificaciones de los procesamientos en curso.

 

“Entiendo que las causas fueron iniciadas con la intención de disciplinarnos”, analizó Victoria Naffa, “pero también disciplinarnos hacia adentro de la universidad, porque implicaría el inicio de sumarios y probablemente nuestros despidos”.

En ese sentido, tras la criminalización de la protesta, el juez Federal Hugo Greca, sugirió al rector Juan Carlos Del Bello que ya podía iniciar las “actuaciones administrativas” (sumarios), individualizando a las docentes. Algo que implica entonces otro avance sobre la autonomía de la UNRN, en tanto se entiende que tales actuaciones administrativas son de exclusiva potestad de las autoridades universitarias.

Tanto Victoria como Virginia Naffa son además de docentes, militantes sociales contra la represión policial de la Coordinadora 13 de Enero, en General Roca. La organización es conocida en ámbitos judiciales por haber denunciado casos de “gatillo fácil” en la ciudad.

“Nosotras pensamos que no es casual que ocurra esta estigmatización. No se puede demostrar, pero es llamativo que se apunte hacia nosotras cuando la asamblea que resolvió la medida de ocupar el edificio fue amplia, con participación de otros claustros”, señaló Victoria.

Salvando las distancias, la persecución judicial de la protesta universitaria tiene las mismas características que la desatada contra la comunidad Mapuche en Villa Mascardi.

 

“El estilo es el hombre mismo”

 

Carlos Del Bello ha sido siempre un enfático promotor del arancelamiento universitario. A fines de los '90, cuando ocupaba el cargo de secretario de Ciencia y Técnica de la Nación, opinó en el marco de un seminario internacional que el 53% de los estudiantes proviene de los sectores con mayores ingresos, y que solo el 1,3% de los más pobres acude a la universidad. Del Bello postulaba entonces la necesidad de arancelar las universidades “en un 30%” con el objeto de crear becas. Según su razonamiento los pobres no llegan a la universidad, y si lo hacen, la abandonan por necesidades laborales (diario La Nación, 27 de agosto de 1999). Una idea que hoy avalaría la gobernadora María Eugenia Vidal.

Siempre a favor del arancelamiento, Del Bello señaló que la universidad paga impondría “responsabilidad” a los alumnos, con estas palabras: “El sistema de gratuidad excesiva genera un consumo excesivo. Es como si alguien no tuviera que pagar la luz y la dejara encendida toda la noche”. Un adelanto intelectual que retrotrae a las políticas universitarias anteriores a la Reforma de las primeras décadas del siglo pasado, nuevamente en boga sin embargo en estos días.

“El estilo es el hombre mismo”, escribió Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, en 1707.

Durante los más de 20 días de conflicto Juan Carlos Del Bello no se manifestó públicamente. Resuelto a profundizar la criminalización de la protesta instruyó a su segundo, Carlos Arzone, para no acordar ninguna de las peticiones de los estudiantes.

 

“Nosotros propusimos varios puntos en un petitorio con la intención de trabajarlos a futuro. Entre esos puntos, el más importante tenía que ver con la democratización de las decisiones que se toman en los Consejos, que en la UNRN no se hacen públicas, en especial las que tienen que ver con el presupuesto”, explicó Victoria Naffa, “Pero nunca condicionamos el levantamiento de la toma a eso. Si estamos acá todavía es porque necesitamos proteger nuestra integridad jurídica y nuestra integridad como personas. Pero todos queremos levantar la toma; solo estamos pidiendo un compromiso mínimo: que terminen con las persecuciones”, aclaró.

Hoy en el país hay 14 facultades que permanecen ocupadas por alumnos y docentes.

El juez de la causa, Hugo Greca, supeditó este viernes el desalojo por la fuerza del vicerrectorado a que los procesamientos de las docentes y el resto del personal denunciado -que serán apelados este lunes-, queden firmes.

Ese afán persecutorio, tan propio de estos tiempos, que no puede nunca prometer un buen final.