El pueblo mapuche llevó su voz al Senado de la Nación

Distintas comunidades relataron la serie de atropellos que, como política de Estado, sufren cotidianamente. Una situación que se repite a lo largo de la región y no conoce de fronteras... como el reclamo del pueblo mapuche.

01/12/2018
Adrián Moyano

“Cuando la sociedad argentina lloró sus muertos producto del Terrorismo de Estado, nosotros no sospechamos ‘algo habrán hecho’ y dijimos Nunca más con ustedes. Hoy decimos Nunca más por Rafael Nahuel, Nunca más por Santiago Maldonado, Nunca más por Camilo Catrillanca, Nunca más un muerto por defender la vida y la libertad”. Así de vibrante finaliza la Proclama Mapuche del Puelmapu que se presentó el lunes último en el Senado de la Nación, el mismo día en que efectivos federales renovaron su costumbre de apalear y detener mapuches en Bariloche.

De la actividad capitalina participaron el Canal Wallkintun TV de esta ciudad, más los lofche Paichil Antreao (Neuquén), Vuelta del Río, Cerro Cóndor, Canío, Pillan Mawiza y Sacamata Liempichun (Chubut). “Dirigimos esta proclama colectiva a la sociedad civil sosteniendo este camino de diálogo, ya que quienes gobiernan, quienes aplican sentencias y quienes dictan las órdenes responden con violencia y muerte. Creemos que son ustedes quienes nos pueden corresponder”. La crítica al Poder Judicial renovó su vergonzante actualidad el último jueves, cuando el juez federal de Rawson, Gustavo Lleral, dio a conocer que “nadie fue penalmente responsable” por la desaparición seguida de muerte de Madonado.

En cuanto a la realidad de Wallkintun TV, la Proclama ventiló la preocupación de sus integrantes “ante el incumplimiento de los derechos que nos corresponden por la Ley de Medios y que garantizan nuestra autonomía. Se otorgaron 62 licencias para medios de comunicación indígena en todo el país, uno solo de ellos fue para un canal de televisión: el nuestro. Todos tenemos dificultades para seguir adelante con nuestros proyectos; muchos han dejado de transmitir. Esta situación pone en riesgo la pluralidad de voces, la posibilidad de llevar a cabo una reparación histórica y de expresarnos en primera persona. Los medios indígenas somos un puente para que la sociedad nos conozca, sin estigmas ni prejuicios. Nadie respeta lo que no conoce, y si no hay respeto, la sociedad se deshumaniza”.

 

Del otro lado del Nahuel Huapi, la comunidad mapuche Paichil Antreao recordó que en junio último, “un grupo de parapoliciales pretendió desalojarnos, pero hubo una respuesta inmediata de la comunidad. Demandamos que dejen de habilitar proyectos inmobiliarios y hoteleros en lo que nos queda de nuestro territorio, y que el Estado deje de estigmatizarnos como violentos y usurpadores ante la sociedad general, porque nuestra comunidad es una comunidad de puertas abiertas. Cuidamos la biodiversidad y lo poco que queda de bosque nativo, que está siendo amenazado. También denunciamos la persecución judicial. Son siete los integrantes de la comunidad que están imputados por defender nuestro territorio.

Rechazamos, además, la construcción de la ruta de circunvalación que pasa frente a nuestras rucas, antesala del desmonte y del loteo del cerro. Esta ruta, al hacerse sin consulta, puso de manifiesto una vez más que el Estado nos sigue negando”. Villa La Angostura se erigió sobre el antiguo territorio de la comunidad y en repetidas oportunidades, el presidente Macri confesó que la coqueta localidad neuquina es “su lugar en el mundo”.

”Vivir tranquilos”

La comunidad mapuche tehuelche Vuelta del Río también sufrió violencia concreta en tiempos recientes, aunque está familiarizada con esas prácticas porque “ha enfrentado históricamente distintos atropellos y amenazas de desalojo. El 15 de marzo de 2003, una familia vivió un violento intento de desalojo que terminó con la demolición de su vivienda. En 2017, tras la búsqueda de Santiago Maldonado, se hicieron distintos allanamientos con maltrato y violencia. En esa ocasión, nos vimos obligados a hacer pública esta situación y decidimos ocupar, de forma pacífica, el Juzgado Federal de Esquel. A nuestro regreso nos avisan que estarían incendiando una vivienda; hecho que constatamos: sólo quedaban cenizas. Unos días después, nos enteramos que varias personas de la comunidad habían sido judicializadas. Sólo queremos que nos dejen vivir tranquilos donde nuestras familias han vivido por generaciones”. El territorio de la comunidad queda al noroeste de Chubut, cerca de la localidad de El Maitén.

Más al sur, saben muy bien a qué obedece la renovada ofensiva estatal y empresaria contra el pueblo mapuche. “Hace 20 años que los integrantes de la comunidad mapuche Pillan Mawiza, actual provincia de Chubut, vivimos de manera ininterrumpida en el territorio. Hoy volvemos a manifestar nuestra firme y perpetua decisión de no permitir la represión del río Carreleufu (Corcovado). La construcción de la represa denominada La Helena condenaría a este ngen, a esta fuerza de la naturaleza. Ayer eran capitales extranjeros, hoy son capitales argentinos los que amenazan la vida. Denunciamos a las instituciones que violentan la paz de la comunidad y no respetan nuestra autonomía. Algunos miembros de la comunidad continúan siendo perseguidos judicialmente simplemente por ser luchadores y luchadoras que molestan al poder”, recordaron sus voceros.

 

Lejos de los intereses mediáticos de Buenos Aires, la comunidad mapuche tehuelche Sacamata Liempichun ingresó involuntariamente meses atrás al mapa de la conflictividad, siempre a instancias del Estado. Su territorio queda en el paraje Payagniyeo, cerca de la localidad de Río Senguer: “queremos comunicar el inminente desalojo; lanzamiento que fue emanado por la justicia provincial en octubre de 2018. Más de 15 integrantes fueron notificados con esta medida. Estamos resistiendo en el lugar, a pesar de la constante presencia policial. Necesitamos la inmediata solidaridad para con nosotros, que hemos decidido no abandonar nuestro territorio. Esta medida dictada por un juez beneficia claramente a los usurpadores”. Una vez más…

Política de Estado

No es muy distinta la situación en otro paraje de importancia histórica. “Los integrantes de la comunidad mapuche tehuelche Cerro Cóndor, ubicada en las cercanías de Paso de Indios (Chubut), estamos cansados de la discriminación, ya que a pesar de estar viviendo en la tierra de nuestros ancestros, nunca tuvimos tranquilidad en nuestro lugar. El Estado quiere sacarnos y alejarnos de nuestro territorio para que quede en manos de terceros. En el 2011 exigimos el reconocimiento de nuestras tierras, que hasta entonces el Estado había mensurado para el usufructo de los terratenientes. Este reconocimiento fue sólo sobre una parte. Exigimos que se reconozca el territorio completo de la comunidad de los Pichiñan, que siempre ha sido de nuestros ancestros. Los terratenientes que hoy siguen usurpando tierras se valieron de la complicidad de la Policía y del Instituto Autárquico de Colonización, que operaban sólo para ellos. Nuestros antepasados, los Pichiñan, venían de lo que hoy es provincia de Buenos Aires y llegaron a fines del siglo XIX a este territorio buscando vida, salvando a todas las familias que venían con ellos. Hasta el día de hoy sobrevivimos en nuestra tierra y peleamos por ella”, advierte la Proclama.

En la zona de Buenos Aires Chico, “los integrantes de la comunidad autónoma mapuche Cañío venimos resistiendo ancestralmente a este Estado que nos mantuvo invisibilizados durante cientos de años. Recién en 2010 nos reconocen como mapuche y lo hacen estigmatizándonos. Esto ocurre cuando sale a la luz que queríamos impedir que los Estado nacional y provincial lleven a cabo un megaproyecto turístico en el territorio en el que hemos vivido ancestralmente; un proyecto que inició talando bosque nativo y construyendo un hotel, sin tenernos en cuenta ni consultarnos. Esto prueba que para el Estado no existimos. Desde ese momento empieza la estigmatización y la persecución. La justicia, junto con la Policía, inventó una causa para adjudicarle la responsabilidad de la quema de un puesto de la compañía Benetton a un miembro de la comunidad que es muy activo en la defensa y la solidaridad de su pueblo. Este montaje, pergeñado fundamentalmente por el grupo empresarial Benetton, respondió sólo a la pura especulación y al uso político de la criminalización. Denunciamos la violencia que sufrimos en las instituciones de El Maitén; en la escuela y en el hospital público, que se niega a atender a nuestros niños”.

 

Los vívidos testimonios que escuchó el público de Buenos Aires trazaron un cuadro de situación muy fidedigno sobre la realidad que atraviesa el pueblo mapuche en su conjunto: no hay comunidad que no esté en resistencia. La convocatoria también fue clara. “Coexistimos en este territorio por miles de años, algo tenemos para decirles: la lucha mapuche no es una lucha egoísta; la defensa del territorio nos sirve a todos porque es una lucha por la vida, para las próximas generaciones. De nosotros y de ustedes depende que los asesinatos de jóvenes, mapuches y no mapuches, no queden impunes y no vuelvan a ocurrir”.

Una buena entre tanta negrura: el último viernes, la comunidad Sacamata Liempichun dio a conocer que la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia suspendió el desalojo, al entender los jueces que está en plena vigencia la Ley 26.160 que precisamente, suspende los procesos de desalojo que afecten a comunidades indígenas en todo el país. Queda en evidencia la importancia de su prórroga, que se lograra un año atrás después de considerables movilizaciones.