El pueblo mapuche despide a un gran amigo: Osvaldo Bayer

Falleció el periodista, el historiador, el anarquista. “Interpeló al Estado como terrorista a partir de su avance sobre el territorio mapuche”, lo recordó el lonko de la comunidad Pillan Mawiza. Una semblanza de Bayer y su relación con el pueblo originario.

30/12/2018
Adrián Moyano

Durante seis años, Osvaldo Bayer sostuvo con paciencia anarquista un ritual esclarecedor: “nuestro grupo comenzó a reunirse junto al monumento al general Julio A. Roca, allí en la diagonal del mismo nombre, que manos anónimas rebautizaron con el nombre de Pueblos Originarios. Cada dos jueves, invitábamos a algún docente historiador para que nos hablara del tema o nosotros mismos traíamos a la discusión documentos históricos o diversas interpretaciones del tiempo en que se hizo la llamada Campaña al Desierto”.

La sucesión de encuentros y el grupo organizador adoptaron el nombre de Awka Liwen, “nombre que en mapuche significa Rebelde Amanecer. Es el nombre de una niña que conocimos en San Martín de los Andes, hija de una mujer mapuche y de un descendiente de inmigrantes europeos. Justo un símbolo”, se esperanzaba el periodista y escritor. Su fallecimiento el 24 de diciembre último ensombreció aún más los finales del oscurísimo 2018.
La campaña Awka Liwen arrancó en 2004 en Buenos Aires y supo llegar a San Carlos de Bariloche, donde en la plaza que todavía se llama Expedicionarios al Desierto, se levanta otra estatua que ensalza a quien fuera dos veces presidente de la República Argentina. “Nos llevó a hacer esto una cuestión de Ética. Cómo tener el monumento más grande dedicado a quien no sólo había realizado una campaña para eliminar a los habitantes originarios de nuestras pampas sino, además, para quedarse con esas tierras. Pero no sólo eso: a quien había sido el que implantó la feroz Ley de Residencia contra obreros extranjeros que luchaban por normas reivindicativas, y autor de las primeras leyes represivas violentas contra el movimiento trabajador” 1.

Pero la relación entre Bayer y el pueblo mapuche había comenzado a tejerse bastante antes. Como se sabe, en 1958 se instaló junto a su familia en Esquel, al celebrar un contrato con el diario del mismo nombre. Hay que imaginarse el contraste: dos años atrás, nuestro hombre había regresado de Alemania, donde había estudiado Historia en la Universidad de Hamburgo. “Allí, en esta ciudad del Chubut, recién declarada provincia, que está constituyendo sus instituciones, hay relatos sórdidos, acallados, y construidos con la imposición del poder sobre la tierra y sus hombres, de pueblos que han sido despojados de lo que por historia ha sido de ellos. Con estos grupos, mapuche y tehuelches, Bayer comienza una relación escritural que lo llevará a conocer por dentro costumbres y dramas, historias de antes de la perdición (itálica en el original) y confinamientos que no conocen de leyes ni derechos”, escribió Bruno Nápoli en 2014 2. Entre otros, el recién llegado conoció al longko Emilio Prane, que se valía de aquella expresión para referirse a las expediciones militares de fines del siglo XIX.

Viajero por territorio mapuche

Sigue Nápoli: “en este exilio interior, comienza (Bayer) el recorrido por valles y montañas, para conocer de cerca la realidad de estas comunidades. Y escribe notas no sólo para el diario Esquel, sino también para el diario El Nacional, para el cual firma como un cronista viajero”. Como parte de esos recorridos, el todavía joven periodista –contaba con 31 o 32 años- participó del kamaruko de los Nahuelpan, una de las ceremonias que con más persistencia recreó los fundamentos de la espiritualidad mapuche durante el siglo XX, contra viento y marea. Con el ánimo de ser parte de la misma instancia en el territorio de los Prane, Bayer se internó en la estancia que administraba The Tecka Land Company, “con sede central en Londres”. La obscenidad del despojo se paseó sin disimulos frente a los ojos del periodista, pero “Bayer no aparece asombrado por lo que ve, y no hace una descripción antropológica del evento (el kamarikun). Se interna en los reclamos: no hay una escuela para los indígenas, ni para los hijos de los peones, en treinta kilómetros a la redonda (…) Pero lo más importante: habla del despojo de tierras, mencionando que vivían en tierras de Nahuelpan y fueron expulsados, como en Cushamen…” Corría 1958. De manera previsible, el diario “Esquel” dio por finalizado el contrato.

Lejos de amilanarse, Bayer fundó “La chispa”, periódico que desde hoy denominaríamos crítico o alternativo, que se propuso informar “contra el latifundio, contra el hambre, contra la injusticia”, “al pueblo que lo merece”. Quizá haga falta recordar que por entonces, hacía poco que los militares habían abandonado el poder para dejar paso a la efímera presidencia de Arturo Frondizi. Cojones es poco… Las autoridades de Chubut expulsaron a Bayer de la geografía provincial pero quedaron brasas de su relación con el pueblo mapuche. Las llamas se reavivaron gracias a nuevas chispas en los 90.

Interpelar al Estado

En la actualidad, Mauro Millán es longko en la comunidad Pillan Mawiza, cercana a la localidad chubutense de Corcovado. Cuando Bayer comenzaba a lanzar dardos contra Francisco Moreno y Julio Roca, era vocero de la Organización de Comunidades Mapuche Tehuelches “11 de Octubre”, cuya zona de influencia fueron precisamente Esquel y alrededores. “De lo que dejó Osvaldo Bayer como legado, destaco haber puesto en escena algo que quienes levantan las banderas de los derechos humanos no hacen: interpelar al Estado como terrorista a partir de su avance sobre el territorio mapuche y la institucionalidad del pueblo mapuche”, resaltó.

Según Millán, “si bien no profundizó en aspectos que tienen que ver con el derecho vinculado al estatus del pueblo mapuche, lo que logró Bayer es que el colectivo de la gente de los sectores progresistas, viera que la lucha de los pueblos originarios tiene que ver fundamentalmente con el estado de terror que hasta el día de hoy, existe en la Argentina. Fue una de las pocas figuras que logró generar una interpelación al Estado argentino moderno”.

(Imagen: Chelo Candia)

Fue en el contexto de esa prédica que “Osvaldo logró instalar la idea de quitar el monumento a Roca, denunció lo que pasaba con los Nahuelpan y los Nahuelquir aunque fue incomprendido por algunos de los sectores de los derechos humanos. Inclusive, en más de una oportunidad hizo mea culpa de no conocer más en profundidad lo que significa la lucha de los pueblos originarios y fundamentalmente, la lucha mapuche. Eso lo inquietó mucho, por las características de mi pueblo, que fuimos soberanos hasta hace poco tiempo”, realzó Millán.

También puso de relieve aspectos más visibles: “se mantuvo consecuente durante toda la vida a sus principios anarquistas, no se dejó seducir por ninguna tendencia partidaria. Siempre se mantuvo en esa línea, consecuente con el pensamiento libertario, desde que era joven hasta su ancianidad. Anarquista y afuerista (sic) siempre de las articulaciones estatales y partidarias. Claro ejemplo de una persona que tiene un pensamiento ideológico y una conducta que lo va a hacer más grande a medida que pase el tiempo”, aventuró el longko.

Un debate memorable

Jorge Nahuel era werken de la Confederación Mapuche de Neuquén (CMN) cuando el autor de “Los vengadores de la Patagonia trágica” volvió los ojos hacia la región. Hoy continúa con el desempeño de esa función pero además, ejerce otras responsabilidades. Diez días atrás, el jefe de los fiscales de la vecina provincia prendió una medalla en su pecho, al imputarlo por “usurpación reiterada en calidad de instigadores” junto con Gabriel Cherqui y Gilberto Huillipán. No es la primera vez que sabe de la persecución judicial al participar de procesos de recuperación territorial.

(Imagen: Chelo Candia)

“Para el pueblo mapuche, la figura de Osvaldo Bayer es trascendente porque a través de la palabra escrita, logró descubrir enormes verdades que estaban ocultas en las obras de la historia oficial y fueron una contribución importantísima para la lucha mapuche”, saludó Nahuel. “Lo conocimos después de su gran militancia anarquista, de sus investigaciones sobre la lucha de ese sector político e ideológico tan importante que marcó a la Patagonia. A partir de involucrarse con la historia del pueblo mapuche y de los pueblos originarios en general, sentimos la enorme fuerza de su rol y por eso, siempre nos sentimos hermanados”.

Fue a instancias de la organización mapuche neuquina que Bayer tuvo la oportunidad de marcar la cancha. “Siempre recordamos el gran debate que organizamos en San Martín de los Andes en los 90, con Rodolfo Casamiquela, su antítesis, aquel que logró instalar en el mundo académico y de los investigadores una absurda mentira, por la cual el pueblo mapuche no sería originario de esta región y que habría destruido al pueblo tehuelche, una serie de mentiras que son funcionales a la historia que fue construyendo el poder… Osvaldo Bayer en un debate memorable, logró mantener a raya a este personaje siniestro. En ese lugar tenemos a Osvaldo, siempre va a estar presente en cada una de las luchas”, resaltó.

Los vínculos entre el vigía de El Tugurio y la CMN estuvieron vigentes hasta hace muy poco. “Unos días antes del regreso al newen que le dio origen, pudimos compartir unas palabras con él, al cambiarle el nombre a una escuela que se llamaba Julio Argentino Roca, pero vamos a lamentar mucho que no esté presente en una etapa que vamos a inaugurar, con la restitución de los restos de Kalfükura. Osvaldo no podrá ser parte pero siempre lo vamos a tener presente, porque fue uno de los que colaboró para que llegar este momento tan especial que estamos por vivir. Esa va a ser nuestra respuesta al legado que Osvaldo Bayer instaló en la región mapuche”.

Herencia gigantesca

El tesón de Osvaldo Bayer y la fuerza de su solidaridad trascendieron las fronteras de los Estados que se repartieron el territorio mapuche. Pedro Cayuqueo es periodista y escritor. En la actualidad reside en Valparaíso pero cuando dirigía el periódico mapuche Azkintuwe, era vecino de Temuco. En sus páginas también se replicaron las denuncias que vociferaba Bayer desde Página/12 u otras tribunas: “Siento una tremenda tristeza por su partida, ha sido un maestro para generaciones de periodistas y escritores que intentamos seguir el legado de comprometernos con causas sociales y luchas que no se relacionan con el poder, sino más bien con cuestionarlo. Su mirada librepensadora, crítica y también subversiva hasta cierto punto, nos acompañó mucho tiempo y nos va a seguir acompañando, porque su legado es gigantesco”.

Cayuqueo y la decena de escribas que formamos parte de aquella experiencia, tenemos derecho al orgullo. “Como periodista mapuche del lado de Chile, tengo un recuerdo bastante emotivo. Nuestro libro La voz de los lonkos (Reportajes del periódico Azkintuwe) recibió un regalo maravilloso, un prólogo que él escribió. Le hicimos llegar a Buenos Aires el libro, que da cuenta de las luchas indígenas tanto en Chile como en la Argentina. Lo leyó y nos envió de vuelta un prólogo maravilloso que está en la primera edición. Fue un gesto de una generosidad tremenda y de una gran humildad, porque eran textos periodísticos de jóvenes que recién estábamos partiendo con nuestra labor”.

En efecto, “recibir su atención y que se diera el tiempo de escribir un prólogo, nos llenó de orgullo y reafirmó convicciones que los periodistas y comunicadores populares tenemos gracias a la trayectoria y labor que personajes como Osvaldo, han desarrollado durante décadas. Destacaría como comunicador indígena y mapuche, que su muerte implica la partida de un gran amigo de los pueblos indígenas. Fue muy cercano a la lucha mapuche, a las comunidades de la Patagonia argentina y a las que están en el lado oeste, que hoy se llama Chile. Hemos perdido un gran amigo, un gran compañero, un gran maestro y profesor”.

Bayer tituló “Semilla de dignidad” a su texto para “La voz de los lonkos”. Entre otras aseveraciones, escribió: “Después de estas páginas nadie podrá decir que ‘yo no sabía’, ‘lo ignoraba’, ‘nunca me lo dijeron’. Desde la colonización occidental cristiana y europea hasta la ‘Campaña al Desierto’ y la ‘Pacificación de la Araucanía’, y desde allí a la negación de los derechos a los auténticos habitantes de la tierra por los gobiernos que se sucedieron a ambos lados de la cordillera. Es decir que ‘la Conquista del Desierto’ continúa hoy, bajo otro ropaje del sistema económico depredador, que todo lo corrompe”.

Pero en la última línea se equivocó don Osvaldo. Es cierto que ya nadie puede decir con honestidad “yo no sabía” o “nunca me lo dijeron. Tampoco caben dudas sobre la continuidad de la Conquista del Desierto y las prácticas genocidas. A fines de 2018, está a la vista la inabarcable capacidad depredadora y corruptora del sistema económico. Pero no todo se corrompe. Con usted no pudieron, maestro… Usted fue incorruptible. Inagotables serán los fulgores de su palabra ácrata.
 

1 Bayer, Osvaldo (coordinador) (2010): “Historia de la crueldad argentina. Julio A. Roca y el genocidio de los Pueblos Originarios”. Ediciones El Tugurio. Buenos Aires.

2 “Sísifo, o el origen de la Patagonia”. En Bayer, Osvaldo (2014): “¿Qué debemos hacer los anarquistas? Y otros textos”. Editorial Quadrata & Ediciones Biblioteca Nacional. Buenos Aires. En el texto de Nápoli, dice “araucanos” en lugar de mapuche. Conocí al autor en septiembre último en Villa La Angostura y estoy seguro de que aceptaría la modificación, de saber que el vocablo “araucano” es considerado casi una ofensa en la actualidad por los integrantes del pueblo mapuche.