La otra esperanza

A lo largo de la historia la esperanza no siempre ha tenido el mismo sentido. Los antiguos no la consideraban un bien, sino todo lo contrario. Utopía, expectativa, expresión de buenos deseos, son palabras que se le asocian. Última posesión: quien la pierda, quizá pueda encontrarla en internet.

05/01/2019
Martín Medero

"Pandora triste". Thomas Benjamin Kennington

De pibe, el abuelo, un lector voraz, entusiasta, desordenado pero sin deudas académicas, y a la vez generoso propalador de cuanto leía, me habló acerca del triste destino de Pandora; efectivamente, la de “la caja”.

El hecho consta en “Los Trabajos y los días”, obra del poeta Hesíodo (700 A.C.). Pandora para los griegos, como Eva para la religión cristiana, fue la primera mujer.

Según relata Robert Graves, Prometeo, uno de los titanes derrotados en la batalla contra los dioses, robó un carbón encendido del Olimpo (una semilla de sol, dice el mito) y les llevó a los humanos el fuego. Cuenta además que Zeus, furioso ante la afrenta, juró vengarse. Que para ello condenó a Prometeo a una tortura eterna, e ideó luego aquello que hoy llamaríamos “un presente griego”.

Asegura Graves que Zeus le ordenó a Hefesto, el polímata dios del fuego, que creara en arcilla la figura de una doncella, la más hermosa hasta entonces conocida. Fue Atenea quien la vistió con hermosos ropajes blancos. Hermes, el mensajero, le otorgó el habla, Apolo la música, y Afrodita, la diosa del amor, la ungió con su invicto poder de seducción. Luego el propio Zeus hizo que los cuatro vientos le dieran el hálito de la vida.

 

Atenea y Hefesto durante la creación de Pandora

 

La llamó Pandora; dice Graves, “La que todo lo da”, y se la envió a Epimeteo, hermano de Prometeo. Este, extorsionado por la horrible suerte a la que Zeus sometía a su hermano, aceptó casarse con la joven.

Pandora llevaba consigo una caja bien cerrada, pero no por una cerradura, sino atada con una cuerda de oro. Por fuera el recipiente estaba adornado con bellos grabados de hombres, mujeres y niños. La cara más bonita de todas había sido esculpida en relieve, en el centro de la tapa.

Luego la historia es conocida: fue la curiosidad de la pareja por la caja -Pandora ignoraba su contenido- la que los llevó a destaparla.

Como una nube oscura que ocultó el sol, emergieron de ella a la vez  todos los males de este mundo.  Graves  los enumera: la vejez, el trabajo, la enfermedad, la locura, el vicio y la pasión.

Es sabido que Zeus poseía dos cajas, una que contenía todos los bienes, y la otra todos los males e iniquidades. Esta fue la que llevó Pandora. Y entre los males estaba, precisamente, la Esperanza. “La engañosa Esperanza”, traduce Graves, lo único que quedó encerrado en la caja cuando Pandora volvió a sellar la tapa. Y fue la Esperanza, señala Hesíodo,  la que “les disuadió con sus mentiras (a la raza de los mortales) de que cometieran un suicidio general”.

La Esperanza es también, en su inversa interpretación, una de las virtudes teologales (acompaña a la Fe, la Caridad) que, según fijó el Concilio de Trento (1545-1563), es conferida a los hombres mediante el bautismo.

 Hoy la Esperanza es considerada un Bien y hasta una ofrenda que episódicamente se le hace al prójimo. Un producto del cambio de sentido respecto del original griego, consagrado por el Catecismo de la Iglesia Católica, en 1997.

 

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El interés que la Esperanza suscita -y es aludida por los argentinos- puede ser medido estadísticamente a partir de cada mención que de ella se hace en las redes sociales y los buscadores de sitios en internet. Nuestras modestas cajas de Pandora.

Al perseguir su rastro digital hay que anotar, eso sí, que no siempre la Esperanza está presente por su impronta religiosa, aunque es de sospechar que nunca del todo se despoja de su eco místico. En todo caso, el desempeño de la Esperanza en el mundo virtual es por lo menos extravagante.

Quien quisiera puede hurgar en la sección “Tendencias de Google”, y el nieto bobo del Big Brother orwelliano responderá, torpe en el mejor de los casos; sesgado en su sospechosa verosimilitud, siempre.

La gráfica que presenta el buscador cuando se le consulta por la Esperanza, ilustra de 0 a 100 el grado de “popularidad” (índice de intensidad con el que fue evocada por el público) que ha tenido esa palabra día a día en Argentina, y aun en cada provincia del país.

En Río Negro el resultado es una línea que no es constante sino quebrada. Pero tampoco es que oscile levemente; las menciones son abruptas, con picos máximos, y caídas pronunciadas, casi verticales, al mínimo, en cuestión de semanas.

Registro de búsquedas de "esperanza" en Río Negro, durante 2018.

Ya es hora de decir que todo esto carece de rigor sociológico. Debemos tener en cuenta que Google registra sin distinguir un sustantivo común de uno propio: “Esperanza”, en este caso, es también un nombre. Y claramente además, el universo observado se restringe a quienes tienen la oportunidad -y la intención- de acceder al servicio de internet. Todo lo cual nos deja en las manos un ejercicio que no va mucho más allá del dato curioso.

La Esperanza entonces, entre otras muchas palabras que con razón habrán tenido mayor protagonismo en esta Argentina maltratada durante tres años por la ocupación cambiemita, tiene su interés porque comienza enero, y abrumadoramente habita las frases hechas y al uso de los últimos, digamos, 15 días.

La idea es simple y consiste en cruzar, sin mayores ambiciones, los picos de “popularidad” de la Esperanza y sus agudas caídas con los títulos de portada de los medios periodísticos a los que se les presume mayor influencia social. Las mediciones de Google son por períodos semanales, durante los cuales ocurren los máximos y los mínimos de las consultas por un término. Por nuestra parte tomamos un solo día a los efectos del juego.

Veamos: según Google, el máximo de consultas conteniendo “Esperanza” en Río Negro durante 2018, ocurrió el 16 de septiembre; fue domingo. Ese día el índice de popularidad de la palabra llegó a 100.

El diario homónimo publicaba entre sus títulos que al día siguiente los gremios provinciales retomarían las negociaciones salariales. Había muerto el ex gobernador de Córdoba, De La Sota, y Cristina Kirchner hacía público un video sobre los allanamientos a su casa de El Calafate. En Bariloche avanzaba la ordenanza de “contribución por mejoras”, para que los vecinos se hicieran cargo de la obra pública. La temperatura máxima era de 10 grados. El clima estaba inestable, llovía y prometía más lluvias.

El título de tapa de Página 12 era “El default interior”; aludía a la presión de Macri para que las provincias tomaran deuda en dólares. Había otro título con un textual del presidente, que dijo: “Si me vuelvo loco, puedo hacer mucho daño”.

Clarín se ocupaba de los “cuadernos de las coimas”, decía que “Néstor Kirchner y Hugo Chávez se quedaron con 50 millones de dólares”. Dujovne presentaba en el congreso el Presupuesto 2019. El Gobierno intentaba frenar una sesión por el Fondo Sojero, y Bolsonaro –que acaba de asumir como presidente- permanecía internado luego de haber sido apuñalado.

Ese fue el día (de un registro semanal) en el que los rionegrinos buscaron con más asiduidad la palabra “Esperanza” en Google el año pasado.

El que menos, fue el 1 de diciembre, sábado. Clarín se ocupó profusamente del G20 y de la final Boca-River que se jugaría en Madrid. También Página 12 encontró su título de tapa en la cumbre de mandatarios. Otro título lo dedicó al decreto de la ministra Patricia Bullrich autorizando a las fuerzas de Seguridad a emplear armas de fuego para la represión de los conflictos sociales.

Dos títulos de Río Negro; “Caso Rafael Nahuel: Gendarmería hará pericia balística clave”; “Weretilneck impulsa la minería y la energía en las tierras fiscales”. En otro anunciaba la eliminación de las PASO en la provincia. De todo 2018 ese fue el día en el que los rionegrinos menos hurgaron internet en busca de “Esperanza”.

Claro está, la elección de algunos títulos, entre muchos, no puede ser más que parcial.

Registro de búsquedas de "esperanza" en Argentina, durante 2018.

La gráfica que ilustra las menciones  de “Esperanza” a nivel nacional no es tan abrupta o cambiante como en la provincia. Durante todo 2018, se estira por su cuenta en una media de 75 en el índice de “popularidad” del buscador, y alcanza el máximo entre los días 11 a 17 de noviembre.

Fue cuando se produjo el hallazgo del ARA San Juan. Clarín mencionaba los ataques anarquistas en el cementerio de La Recoleta. También decía que “Las palabras de Nicolás Dujovne dejan al descubierto la desconfianza de los mercados en la Argentina”, y que Mickey Mouse cumplía 90 años. La tapa de Página 12 destacaba el acuerdo del PJ en Diputados para ocupar dos lugares en el Consejo de la Magistratura. En Río Negro Weretilneck insistía con que lo habían elegido “una sola vez”. El diputado nacional, Sergio Wisky: “La reelección indefinida no es una necesidad real de la gente”.

Poco se buscó “Esperanza” en la Patagonia. Río Negro es una de las provincias en las que menos. Al Norte, Santa Fe, por lejos en la que más.

Cada quien podrá profundizar o emprender su propia indagación. Aquí nos volcamos por “Esperanza”, solo por cuestiones de agenda de fin de año, y a merced del abuso de las frases de ocasión.

No dejan de ser curiosos los contextos en los que insiste una palabra. A la hora de escribir esta nota, Google no ha completado la gráfica que se toca con la semana de las fiestas, aunque es previsible que las menciones a la “Esperanza” asciendan.

Para proseguir con el ejercicio, sería por demás ilustrativo incorporar las estadísticas de Twitter y Facebook, cuestión que no haremos en homenaje a la paciencia del lector.

Después, quizá alguien tomará nota de que fue llegando a fines del año pasado, en el universo de apócrifa libertad que promete la internet, que los argentinos escribieron una y otra vez, muchas más veces, “esperanza”.

 

***

Al cabo, esa palabra no tiene ya el mismo sentido; por lo menos no aquél que tenía para los antiguos: Esperanza. Que de algún modo su ser “engañoso” y ambiguo  -bien encerrado junto a otros males, en el fondo de la caja que destapó Pandora- se ha vuelto positivo pero también vacío. La humanidad desea en estas fechas su renovación, algo que hubiera espantado al poeta Hesíodo.

Alegoría de la esperanza. Giotto.

Hace notar el filólogo catalán, Joan Corominas, que el sentido de la Esperanza radica en la espera; en la espera de la prosperidad. Pero no se trata aquí de la espera por la espera misma, que al cabo nada ofrece, sino de una espera activa. Y esto no es otra cosa que el trabajo. Debe haber una acción humana para que algún resultado se produzca. Esto es así desde el inicio de los tiempos. Aunque esta acción consistiese, cuanto más no sea, en adquirir un billete de lotería.

Es que la Esperanza por sí sola, para aquellos sabios no inquietaba, sino que aquietaba; detenía en el presente la acción contra los demás “males del mundo”. Porque la Esperanza no es, sino en un futuro incierto, una promesa que se reitera sin fin, abrumando el quehacer, única posibilidad de transformación, de creación y de cambio. Lo opuesto a la esperanza, muy probablemente no fuera para los griegos la desesperanza, sino el acto.

Tal vez la razón de ser de la Esperanza sea la de no concretarse jamás. Tal como razonaba Wimpi -filósofo oriental- acerca de toda ilusión: la Esperanza existe porque no es un Pagaré; si acaso se fijara una fecha para hacerse efectiva, sin duda dejaría de existir.