8M: "La jaula se ha vuelto pájaro"

El hecho político más importante de la ciudad es la marcha de mujeres cada 8 de marzo. Una movilización integradora que en el andar absorbe otros andares latentes, postergados, drásticamente evidentes.

10/03/2019
Bariloche
Martín Medero

 

Columnas de la marcha por el 8M ingresando al Centro Cívico (Fotografía Delmarenkombi)

 

Los pañuelos de colores, verde, violeta, naranja, que arroban y despliegan reclamos, serán pronto arcoíris, eso se ve venir.

No por número-las movilizaciones son cada vez más multitudinarias-, sino en las calles donde las columnas femeninas no solo se alargan, además se ensanchan.

De entonces, cuando esta ola feminista reunía grupos modestos de mujeres en las esquinas de Buenos Aires, a esta parte, una conciencia nueva, probablemente hecha de lecturas, caminatas y debates, emerge con claridad.

A las consignas históricas del feminismo -que persisten- se agregan otras, pero no como letanía, sino como grito urgente por las muertas, cada vez más, del patriarcado; esa perenne publicidad de los crímenes diarios, que quizá configure una horrorosa dialéctica social. Porque el sistema no resignará jamás sus privilegios sin cobrárselos en sangre.

Por lo pronto el gobierno avisó que descontará el 8M a las mujeres que hicieron el paro.

 

 

“No hay lectura sin fecha”, escribió el pensador marxista, Ernst Fischer, y lo visto ocurrió pasada la cálida media tarde del viernes.

Parte de la columna que avanzaba desde el límite de los barrios altos, se desvió hacia la Catedral para converger luego en el Centro Cívico: una evidente identificación de los poderes opresivos, el político, el eclesiástico.

Hubo un parate largo en el hospital zonal pidiendo por el aborto libre y gratuito, Misoprostol, derecho a decidir. Pero hubo también consignas por el derecho a la tierra de los pueblos originarios, y reclamos a la CGT por un paro nacional.

La epicrisis del gobierno neoliberal las golpea tanto más que a otros sectores sociales. Eso es claro.

Hubo pedidos de justicia para las víctimas de femicidio; y con la misma fuerza las mujeres pidieron condena para el asesino de Rafael Nahuel, y libertad para Facundo Jones Huala.

El planteo político, con abucheos, cánticos y silbidos, resultó de haber identificado a su demonio con nombre y apellido, apuntaron: “Macri”, “Gennuso”, “Weretilneck”.

Nombraron uno a uno a los femicidas, a los abusadores. Río Negro es una de las primeras seis provincias con más altos índices de violencia hacia las mujeres.

Pero algo ha cambiado en muy poco tiempo. Algo que en la consideración parece ir de la opresión de género a la explotación de clase.

 

(Fotografía: José Luis Zamora)

 

Rita Segato, doctora en Antropología, autora de numerosos artículos y libros y una de las voces más lúcidas a la hora de hablar sobre feminismo, señaló que “La violencia de género en mi lectura es política, porque el patriarcado es una noción política, una forma de opresión de dominación con un conjunto de normativas y valores que son plenamente políticos. En la fase actual del capital, una fase que es de acumulación y concentración, necesita de personalidades funcionales al capitalismo. Hay una programación de la subjetividad para reducir los umbrales de la empatía. El acto violento sobre las mujeres es un mensaje de jurisdicción, de soberanía jurisdiccional, de control jurisdiccional que se hace muy eficientemente en el cuerpo de las mujeres”.

Hubo décadas de reconocimientos meritócratas a las mujeres. Bautizaron calles, puentes, plazas, leyes y salas.

No está claro cómo ni por dónde, ni es el objeto de este comentario; pero si es cierto el rumbo de la marcha femenina, y lo es -porque se trata de algo que ni la propaganda ni los dispositivos represivos del gobierno saben aún cómo neutralizar-, no será entonces un camino a salvo de represalias.

 

(Fotografía José Luis Zamora)

 

Carteles

“Consulta popular vinculante por el aborto legal ya”.

“Abajo el ajuste de Macri, el FMI y los y las gobernadores”.

“El Estado es responsable”.

“Por un Estado laico, científico y solidario”.

“El género nos une, la clase nos separa” (junto a una foto de la senadora Silvina Larraburu).

“Separación de la Iglesia del Estado”.

“Igualdad, ni menos ni más”.

“Lucho hoy por no morir mañana”.

“Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo”.

“Desnuda te incomoda ¿muerta no?”.

La trampa eficaz de las palabras consiste en su habilidad para hacernos creer en algo que parecen poder decir más que en todo lo que no están diciendo. Es posible que la revolución habite ese desencuentro.

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