# ELECCIONES 2019

El peronismo en su laberinto

Una vez más el peronismo rionegrino se encuentra de frente con sus virtudes y sus maleficios. La derrota del domingo no fue definitiva - sería absurdo pensarla en estos términos- pero sí apabullante. En cambio resultará dramático que sus dirigentes puedan reorganizar a tiempo la tropa para lo que resta del año electoral.

08/04/2019
Río Negro
Martín Medero

 

En números redondos el recuento definitivo cerró en 52 a 35 por ciento, a favor de Juntos Somos Río Negro. La enorme distancia (la fuerza de Gobierno consiguió la adhesión de más de la mitad del padrón) autoriza el uso de cuanto adjetivo se desee: “Impactante”, “contundente”, “rotunda”. No se altere la tropa progresista: tan clara es la victoria oficialista en casi toda la provincia, que no hay manera de exagerarla. Tampoco aplican los análisis simplistas. Efectivamente la izquierda fue fiel al rol que parece haberle asignado la Historia, y ofreció testimonio. Un testimonio que no suma ni resta. Porque si se suman los votos de todos los fragmentos de la izquierda más el PUL y los Nulos y Blancos a los obtenidos por el FpV, aún restaría una indescontable diferencia de casi 10 puntos; e incluso, si le sumaran al FpV los votos de su archi rival Cambiemos, habría perdido la elección.

¿De dónde colectó entonces los votos el oficialismo? Si JSRN se construye sobre chasis Radical, entonces la gigantesca diferencia obtenida se explica por los votos de sectores disidentes del peronismo rionegrino y, en menor medida, por el “voto útil” (no se sabe bien para qué) con el que el diputado nacional, Sergio Wisky convocó a votar a su propia fuerza, Cambiemos.

Nada nuevo hasta ahí. Río Negro repite el escenario nacional en el agrupamiento de fuerzas, en la dispersión y en la convocatoria de sus votantes. Las razones por las cuales el peronismo rionegrino prioriza el posicionamiento interno por encima del resultado electoral, es otra cosa.

Otra cosa en una provincia en la que el triunfo de Carlos Soria en 2011 fue una alteración de la constante histórica. Una excepción. Lo habitual, lo estigmático para el peronismo vernáculo, es lo que ocurrió ayer. Y no hay garantías de que eso hubiera podido solucionarse con una elección interna en el partido para alinearlo. Quien ganase en la compulsa las credenciales de candidato tampoco podría estar seguro del acompañamiento íntegro de la fuerza. El Partido Unión y Libertad que anima el mercantil y peronista, Walter Cortés, es una de las puntas -muy modesta si se quiere- de ese ovillo.

La senadora Silvina García Larraburu, primera en salir presurosa a castigar al candidato Martín Soria, antes aún de que el recuento de votos hubiera terminado, es ejemplo de revancha de rencores contenidos, desde hace años y es, sin duda, también punta de ese mismo ovillo.

Hay, en el resultado del domingo, en otras palabras, una “traición” política que proviene de dirigentes peronistas a la propia fuerza que los contiene. El escenario se multiplicó en toda la provincia y en muchos casos, fue también una “traición” anunciada.

Off the record esos mismos dirigentes acusan a Martín Soria de abuso de personalismo. Desde hace dos años, de derecha a izquierda del partido, le vienen reclamando elecciones internas bajo amenaza de aliarse a su enemigo político. Cumplieron.

Soria es joven, pero conoce de sobra los pasillos de este edificio siempre en obra que es el peronismo rionegrino. Su estrategia política de construir un gran frente electoral por fuera de ese edificio no parecía en el principio una idea trasnochada, aunque ahora sí -con el diario del lunes- resultó ineficaz. Es difícil estimar cuál era el caudal de votos que podía aportarle la constelación de pequeñas fuerzas -algunas poco más que un sello- que le ofrecieron su apoyo. No alcanzó, y fueron devueltas prestamente a su lugar en el estante.

Casos particulares son otros sectores peronistas en Río Negro. A uno y otro extremo ideológico del partido, los seguidores de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, reunidos en La Cámpora, y los irredentos acólitos del senador Miguel Ángel Pichetto, fueron apartados de la entente electoral por Soria, curiosamente y no obstante las tangibles diferencias ideológicas, por las mismas razones.

No hubo acuerdo con Pichetto, eso está en el origen del organigrama del Frente Para la Victoria en Río Negro. El senador atiende solo a sus propias preocupaciones y su construcción -siempre alejada de la clásica militancia- es personal y refractaria a otros sectores del peronismo progresista.

El caso de La Cámpora es el opuesto. Una vez más, con el diario del lunes, puede decirse con toda claridad que afirmar “yo no soy kirchnerista”, fue un grave error estratégico de Soria. Pudo haber motivaciones válidas a juicio del roquense, pero esas motivaciones permanecieron -y permanecen- invisibles e incomprensibles para el electorado.

Nótese el absoluto silencio de Cristina Fernández durante la campaña electoral en Río Negro. Semanas antes, aunque  no participó personalmente de ningún acto en Neuquén, sí grabó un mensaje en explícito apoyo al candidato del Frente, Ramón Rioseco.

Y negar el arrastre de votos de la ex presidenta es, como mínimo ridículo. Para las elecciones nacionales de medio término en 2017 el peso político de CFK llevó al Frente Para la Victoria a arañar el 50% de los votos para diputados en la provincia. Fue además el peor resultado electoral obtenido por Juntos Somos Río Negro en su breve historia; tanto así que debió retirar sus candidatos.

Si prima la honestidad intelectual, el FpV deberá buscar en esa decisión buena parte del resultado del domingo.

Para el observador imparcial son evidentes también algunos errores de campaña del Frente conducido por Soria. Lejos de hacer leña fácil del árbol hoy ya en el piso, no hubo discursos que apelaran a la mística de la resistencia al modelo nacional neoliberal que echó gruesas raíces en el gobierno provincial de Alberto Weretilneck. Y no caló -indicios demuestran que el electorado no es indiferente a la cuestión- el constante mensaje del FpV que asociaba al gobernador con Mauricio Macri. Ni siquiera la profusa colección de imágenes que ilustra el vínculo, a disposición de quien estuviera interesado.

Escuetamente se advirtió sobre la trascendencia de las elecciones en Río Negro a nivel Nacional; otro mensaje que tampoco se emitió con fuerza y claridad desde el búnker sorista. No es inexperto ni casual que Weretilneck haya insistido en provincializar las elecciones. Acá, gana él.

Absurdo es creer que -entre otras cosas como el hambre y los bolsillos doloridos- en el clímax de las telecomunicaciones, redes sociales y demás adminículos, pueda alguien afirmar seriamente que lo que sucede en las provincias nada tiene que ver con lo nacional. En efecto sí, el gobernador lo dijo. Pero una cosa es decirlo y otra que sea algo más que una estrategia de campaña.

Esa es otra respuesta posible: quizá la propuesta peronista debió inscribirse en el debate nacional. Es así, de hecho, pero el FpV no logró -o no quiso, prescindiendo como se dijo del valor electoral de CFK- saltar el cerco que estratégicamente construyó Weretilneck.

Las consecuencias de la derrota superarán el pequeño peso electoral que Río Negro tiene en elecciones nacionales. No es una anécdota, es grave. Eso es seguro.

Entrampado en su mezquino reducto no encontrará un camino fácil para la reorganización el peronismo provincial, a menos que se decida a involucrarse en un caudal que trascienda sus fronteras. Las cualidades ordenadoras de las PASO -ya a la vuelta de la esquina- pueden ser una salida, precisamente por plantear el debate en un escenario nacional. Pero el tiempo es ahora escaso para contener y ordenar el zafarrancho.

Corre el minutero. Preso en su laberinto el FpV rionegrino deberá, rodela en mano, asumir el trance y sobreponerse a un despiadado análisis interno si quiere perdurar, y al mismo tiempo tendrá que encontrar el camino para hacer su aporte al caudal de votos necesarios para que el país salga airoso de la madre de todas las batallas que se librará en octubre. Todos o ninguno, podría dejar de ser solo una consigna.

Hoy no está claro si sus dirigentes serán capaces de expandir la mirada.

Aun así, no está todo perdido para el PJ: por arriba, como escribió alguna vez Leopoldo Marechal, es la única forma de salir del laberinto.