# ELECCIONES 2019

No

Una interpretación posible del triunfo de Juntos Somos Río Negro y la derrota del FpV.

08/04/2019
Río Negro
Santiago Rey

 

Promediando la película “No” (Pedro Larraín, Chile, 2012) el publicista René Saavedra (Gael García Bernal) se reúne/enfrenta con la cúpula de los partidos de la coalición antipinochetista que participan del plebiscito de 1988. Los políticos le muestran el primer spot televisivo de la campaña por el No a Pinochet, para el referéndum de ese año: Los Carabineros reprimiendo manifestaciones, la búsqueda de desaparecidos, el hambre de los sectores marginados, se van pegando en un collage musicalizado por la voz de los cantores populares que resistieron a la dictadura.

 

Algunos viejos dirigentes de izquierda, perseguidos, miran la tele en blanco y negro y lagrimean. Pero Saavedra les dice que el No a Pinochet perdería el plebiscito si la estética de la campaña se centra en las negatividades -y atrocidades- del gobierno de facto.

El diálogo es lapidario:

Mujer de un partido de izquierda: Este plebiscito está perdido desde el momento en que la derecha fascista lo convocó.

René Saavedra: ¿Entonces para qué esta campaña?

Mujer de un partido de izquierda: Para crear conciencia.

 

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Crear conciencia es una cosa y ganar elecciones otra. Ese precepto se incrusta en una de las explicaciones posibles sobre porqué, en Río Negro, el oficialismo logró un triunfo aplastante, y el Frente para la Victoria no pudo superar el promedio histórico del Peronismo para el caso de las elecciones a Gobernador (con excepción de 2011).

El candidato Martín Soria articuló una campaña sobre la base de la denuncia de supuestos casos de corrupción y el empardamiento de las figuras de Mauricio Macri y Alberto Weretilneck. ¿Mintió? Posiblemente no. Casos como la construcción cuatro veces de la calle Mitre de Bariloche o la utilización de recursos estatales para la campaña, bien pueden asimilarse a hechos de corrupción (más allá de su tipificación judicial). Y es claro que el Gobernador jugó fuerte acompañando al Presidente Macri, sobre todo durante los primeros dos años.

 

Pero política y comunicacionalmente, la denuncia y el intento de nacionalización de la campaña no alcanzaron al FpV para ganar la elección. Hacía falta algo más, un elemento “enamorarizador”, faltó futuro.

 

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No es la única explicación, pero el qué comunicar y cómo hacerlo influyeron fuerte en el resultado. Previo a esa afirmación está el debate de la política más pura; el de la unidad o la exclusión en el PJ (el tema está largamente tratado en la nota de opinión El peronismo en su laberinto); el de las alianzas que, a la vista de los resultados, no sumaron al PJ un solo punto porcentual; el del pragmatismo o la ideología; y finalmente -tal vez clave en este proceso- la dicotomía entre nacionalización y provincialización de la elección rionegrina.

El resultado demostró que primó la idea de lo cercano, de lo conocido, de lo poco pero seguro. Y en esa definición de los votantes, Juntos Somos Río Negro cosechó el temor a un cambio sin proyectos claramente explicitados.

Por caso: Río Negro tiene algo más de 58 mil empleados públicos (Poder Ejecutivo, incluyendo docentes), sobre una población que ronda los 700 mil habitantes. El único mensaje del FpV hacia ese amplísimo sector -que desde hace casi siete años viene cobrando en término sus sueldos y hace poco menos de un mes vio como se aprobó la Ley para incorporar 3 mil trabajadores a la planta permanente- fue apenas un “no perderán nada de lo que ya tienen”. Poco para una elección crucial.

 

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Pero además, el Frente para la Victoria rionegrino nacionalizó desde lo discursivo la elección, y no eligió referencia nacional clara. Cristina Fernández mantiene una intención de voto cercana al 60 por ciento en la Provincia, y sin embargo Martín Soria deskirchnerizó la campaña. ¿Convicción o estrategia? Difícil saberlo.

 

El Intendente de General Roca -como su padre, Carlos- nunca fue kirchnerista, y se siente más cómodo en la vereda -cada vez más angosta- por la que camina Sergio Massa. En las elecciones nacionales de 2015, en Río Negro Daniel Scioli obtuvo casi el 50 por ciento, contra algo más del 24 de Massa.

Ni ideología ni pragmatismo dominaron la campaña del Frente para la Victoria.

 

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También en términos estrictamente políticos: La dirigencia del Frente para la Victoria, hasta bien entrado el mes de diciembre, estaba convencida que las elecciones serían en octubre, junto a las nacionales. Se dejó sorprender por el anuncio de la fecha del 7 de abril.

La misma dirigencia no creyó que el Gobernador intentaría encabezar la fórmula, más allá de la contundencia del texto del artículo 175 de la Constitución Provincial.

Weretilneck, por su parte, puso la fecha de las elecciones; se erigió candidato a pesar de la imposibilidad constitucional; encabezó la campaña hasta el minuto anterior a que comience la votación; empatizó con el votante gracias a la idea de la “proscripción” y la “victimización”; profesionalizó los equipos de comunicación proselitista; y erigió candidata a una dirigente que le responde ciegamente. ¿Qué podía salir mal?

 

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La película “No” -al igual que la más reciente “Brexit” (2019, dirigida por Toby Haynes), en la que el genial Benedict Cumberbatch interpreta al jefe de campaña del grupo que impulsó la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea- exacerba el rol de la comunicación política, del márketing y la publicidad como articuladores de un triunfo electoral.

 

Es decir, “percibir” lo que la gente quiere, para ofrecerlo compactado en discursos, spots y eslóganes. Traducir esa percepción en sensación de mejora, confianza, seguridad en que el candidato es el mejor exponente para garantizar ese futuro añorado. Y cristalizarlo en votos.

“Chile, la alegría ya viene”, fue, finalmente, el slogan que englobó la campaña por el No a Pinochet. A esa altura del año 1988 se sabía que el régimen militar chileno había violado sistemáticamente los derechos humanos, y había sometido su política económica al experimento neoliberal -que se cristalizó un año después, 1989, en el Consenso de Washington-. Pero en las decisiones políticas y comunicacionales del grupo por el No a Pinochet primó el futuro como horizonte. El No ganó con el 55,99 por ciento de los votos, y Chile comenzó a salir de la dictadura.

En Río Negro, más allá del más crudo y previo debate político, el Frente para la Victoria no logró enamorar. Entre otras cosas, porque no encontró su “Río Negro, la alegría ya viene”.

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