En Bariloche, la “casa de Dios” homenajea a un genocida

Varios de los vitrales que adornan la Catedral de la ciudad escenifican la crueldad del tratamiento de la “campaña civilizatoria” contra los mapuche, que españoles primero y luego el Estado argentino y la Iglesia protagonizaron. La memoria no sólo corresponde a la palabra de los oprimidos: la propia institución dejó registro de la barbarie.

21/04/2019
Bariloche
Adrián Moyano

Roca, homenajeado en la Catedral

Aunque al menos un sector de la Iglesia todavía prefiera ensalzar la faceta espiritual de la conquista con hechos como la Peregrinación Náutica, algunos de sus antecesores del siglo XIX cuestionaron con todas las letras las prácticas genocidas que se desarrollaron ante sus ojos, en el marco de la Campaña al Desierto. Para promover el diálogo intercultural que propone el Papa Francisco, quizá fuera más efectivo que la institución hiciera circular entre sus feligreses los archivos que testimonian la barbarie de la civilización, en lugar de continuar con el cuentito del misionero abnegado y solitario del siglo XVII.

El mismísimo general Villegas fue objeto de críticas sacerdotales por el proceder criminal de sus subordinados. El registro de hechos deleznables que no sólo se grabaron de manera indeleble en los relatos mapuches que sobreviven hasta hoy, también quedó en varios papeles. Es el caso del cuaderno de notas que legó el sacerdote Antonio Ricardi, quien fuera secretario del obispo Juan Carlos Cagliero, vicario apostólico de la Patagonia. Si bien Ricardi hizo su arribo a la región recién en 1885, existen referencias a varios de los hechos que recogió en el Boletín Salesiano y además, pudo recibir testimonios directos de los protagonistas o testigos de los acontecimientos. En su breve relato trae a colación que “Don Fagnano en la primera expedición al lago Nahuel Huapi contempló uno de los actos más execrandos que (se) suelen cometer debajo del sol, perpetrado por un teniente. ‘Padre, le dijo el inhumano ¿quiere ver Ud. una linda escena? Pues mire’ y dando de espuela a su corcel y allegándose a un pobre indio que seguía su camino, ‘párese’, le clama en tono amenazador. Párase el infeliz temblando y el feroz soldado también se apea, baja del caballo, desenvaina la espada y le degüella. Alaridos y ayes lastimeros lanzó el indígena en aquel momento y gimiendo en seguida y agitándose en un lago de sangre desfallece y muere” (Nicoletti y Fresia 2014).

 

No fue un hecho aislado o un mero exceso. “En otra circunstancia los indios sometidos que caminaban donde quería el tirano vencedor fueron bárbaramente maltratados, apedreados, degollados y afusilados (sic) tan sólo por el gusto brutal de ver una horrible matanza”, añadía el salesiano. Pero el calvario no finalizaba al llegar a destino aquellas verdaderas “marchas de la muerte”.

 

Apropiación de niños y niñas

 

Como se sabe, la Iglesia solicitaba a los niños y niñas mapuche para a través de su tarea evangelizadora, completar la conquista argentina desde la faceta espiritual y cultural. Cuando ya ejercía la gobernación de la Patagonia Lorenzo Vintter y después de un período de entendimiento con las autoridades eclesiásticas, “habiéndose enemigado (sic) por los asuntos de Don Milanesio envía a un capitán para extraer a los cinco niños del colegio los cuales salieron llenos de dolor y fueron distribuidos en el mismo día a varios empleados que les hacían llevar una vida de verdadera esclavitud”. Triste destino para los hijos e hijas de quienes habían tenido a la libertad como valor supremo… Las líneas de Ricardi tienen sobre todo la intención de desnudar la prepotencia del general Villegas, claro que desde la perspectiva de los intereses de la orden que integraba. En su escrito califica de “manera tan soez” con la que fueron tratados los recientes prisioneros y describe que al retornar de una de las expediciones –no precisa cuál- hacia Carmen de Patagones “traía consigo un regimiento e soldados con banda militar y unos trescientos indios de ambos sexos y todas las edades medio desnudos”. Corría junio o julio, según el recuerdo del salesiano, es decir, el crudo invierno de la región. ¿Cuántas muertes por congelamiento se produjeron entre los cautivos durante las noches?

 

Después de enumerar los desentendimientos y desplantes que se sucedieron en el conflicto entre militares y sacerdotes, el salesiano invitaba a ver “ahora la inaudita crueldad con que trató a los indios reducidos”, siempre en la localidad adonde tantas veces habían cabalgado Sayweke, Inakayal, Foyel, sus ancestros y descendientes para comerciar o para simplemente encontrarse con sus amigos y parientes.

Eran estos, según dijimos, unos trescientos que medio desnudos, maniatados y custodiados por los soldados en armas fueron del muelle conducidos al fuerte y colocados entre los cimientos de la nueva iglesia. Allí estuvieron más de un mes no teniendo por techo más que la bóveda del cielo sufriendo todas las intemperies de los vientos, lluvias, frío, hambre y cuantas miserias de que fueron susceptibles y que no hacían más que aumentar el peso de la esclavitud. Al cabo del tiempo viendo Don Fagnano la conveniencia de bautizar a las criaturas y de cubrir la persona de estos indígenas tan necesitados con un gran número de trajes diversos traídos de Buenos Aires pide el permiso al general para llenar las dos necesidades que se lo concede vestidos así los indios y hechos los preparativos para la función, se administró el bautismo a unas treinta criaturas indias en la mañana de un domingo. Llegada la tarde de aquel día, llegó también la hora fatal para aquellos infelices, en que debía tener lugar una trágica escena que bien hace recordar la escena del degüello de los inocentes y que aun recordar no se puede sin gemir y deplorar la detestable crueldad del deshonrante militarismo. Los soldados por orden del general Villegas entran en los cimientos de la iglesia, se arremeten contra las cautivas indígenas y les arrancan los hijos con violencia, los separan y distribuyen a los particulares que los piden y a los oficiales para que los esclavicen. Fue entonces que hubo una madre que ya no pudiendo resistir el dolor arrojó de sí a una criatura de pecho diciendo llena de rabia: “tomad también esta, asesinos y saciaos de la sangre a vuestro placer”. Don Fagnano y todos los que estaban contemplando los actos de fuerza brutal gemían suspiraban, reconvenían y no sé qué hubieran hecho si hubiesen tenido el poder en sus manos contra tanta crueldad.

 

Asesinatos de prisioneros inermes, la tortura como práctica corriente, destrucción de familias a través de la separación de niños y madres, reducción a la servidumbre o trabajo esclavo... Inclusive en forma contemporánea a los hechos, para los hombres de la Iglesia no había dudas: el proyecto político de la elite argentina consistía en exterminar a los moradores ancestrales de las regiones que procuraba anexar. Un genocidio con todas las letras, aunque el concepto jurídico se acuñara poco más de medio siglo después.


Del otro lado

En junio de 1859, la “Revista Católica” que se publicaba en Santiago, expresaba ideas que vistas desde hoy, costaría adjudicar a la Iglesia.

En pleno siglo diecinueve, cuando la palabra conquista se hallaba borrada del diccionario de la civilización, bajo el cielo de la república y la democracia, hemos visto con sorpresa que la prensa, abjurando su noble misión, aboga a cara descubierta y sin rubor porque los soldados marchen al territorio araucano a consumar la obra nefasta de la conquista a mano armada, dando de este modo cima a la guerra iniciada por España y maldecida y execrada tantas veces por la civilización del siglo de las luces (…) Sin son ricas y bellas las campiñas araucanas, dejemos que las disfruten quienes tienen indisputables títulos de posesión y dominio, ¿por ventura el bárbaro carece de derecho de propiedad o el hombre civilizado tiene derecho de apropiarse lo que hombres bárbaros y rudos han poseído como dueños? Si aplicamos a los bárbaros los principios que la civilización condena, ¿qué gloria será la nuestra al aparecer ante el mundo como usurpadora de ajeno derecho, con qué título llevaríamos el estandarte de la civilización si la ultrajáramos (Cayuqueo 2017: 229)?

La publicación tenía carácter quincenal y por entonces, estaba embarcada en una polémica con “El Mercurio” y otros medios, que trabajaban sobre la opinión pública para justificar la arremetida final contra la independencia mapuche. El que firma ignora si en Buenos Aires, hubo prensa católica que se expresara en sintonía pero supone que en 2019, difundir la “Breve relación” de Ricardi antes o después de las misas, contribuiría a llamar las cosas por su nombre, aunque es verdad que pondría en aprietos al Obispado de Bariloche: ¿por qué mantener el vitral que homenajea a un genocida en la casa de Dios?

 

Bibliografía

 

Cayuqueo, Pedro (2017): “Historia secreta mapuche”. Catalonia. Santiago. Para las publicaciones de la “Revista católica”, el autor cita como fuente a Andreucci, Rodrigo (1998): “La incorporación de las tierras de Arauco al Estado de Chile y la posición iusnaturalista de la Revista Católica”.

 

Nicoletti, María Andrea y Fresia, Iván Ariel. “Breve relación de las misiones de la Patagonia hecho el 29 de septiembre de 1887. El militarismo patagónico. El general Villegas por el salesiano Antonio Ricardi”. Corpus (en línea). Volumen 4. Nro. 1. Publicado el 30 de junio de 2014, consultado el 1ro de julio de 2014. URL: http://corpusarchivos.revues.org/688