# SIETE AÑOS DESPUÉS

Géneros autopercibidos en una sociedad binaria: la vida más allá de la Ley

Dos historias de vida que dejan en claro que, más allá de lo que dicta una norma, los Estados y la sociedad avanzan muy lentamente hacia el pleno reconocimiento de derechos.

12/05/2019
Viedma

 

El 9 de mayo de 2012 el Congreso de la Nación aprobó la Ley de Identidad de Género (26743), que llegaba para llenar los vacíos culturales y simbólicos sobre género e identidad y sobre todo a intentar garantizar el derecho a la salud y el respeto para miles de personas hasta ese momento estigmatizadas, vulneradas y criminalizadas.

Siete años después, faltan políticas públicas de inclusión de personas transgéneros y eso conlleva la invisibilización social de las problemáticas que deben enfrentar.

 

Ornella y Mariano, dos rionegrines, que en diferentes etapas transitan los cambios sociales que fundó esa ley, cuentan como es vivir en una sociedad que se aferra al binarismo de género.

 

Derribar el machismo y las estructuras binarias

 

Ley 26743. ARTICULO 1º — Derecho a la identidad de género. Toda persona tiene derecho a) Al reconocimiento de su identidad de género; b) Al libre desarrollo de su persona conforme a su identidad de género; c) A ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada.

 

Ornella Infante fue una de las primeras personas que, en 2012, se subió al escenario en Casa Rosada a recibir de manos de la entonces Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, su nuevo DNI que la identificaba, institucionalmente, como ella se percibió siempre.

 

Más de un lustro después, tuvo la posibilidad de ser candidata a ocupar una banca en la Legislatura rionegrina por el Frente para la Victoria.

Siete años después explica que creía en la posibilidad de que alguna integrante de la comunidad LGBTyQ llegara hasta esa instancia, pero asegura que no pensó que sería ella. “Esto fue posible no sólo por las compañeras y compañeros que integran el espacio donde milito (Movimiento Evita)”, dice, “sino también con las mujeres del campo nacional y popular que levantan nuestras banderas, que nos ayudan a derribar el machismo que prevalece y las estructuras binarias”.

Pero las conquistas tienen también sabor amargo cuando no existen muchas de las políticas públicas sobre las que se debía avanzar para garantizar los derechos que se establecen en la Ley.

“En la provincia de Río Negro veo falta de voluntad política para trabajar en materia de género, particularmente en las identidades trans. Nos hemos reunido con el gobernador Alberto Weretilneck y en diversas oportunidades le hemos explicado hasta el cansancio de porqué es necesario acceder a políticas públicas”, explica Infante. Y plantea que “no hay viviendas para las compañeras trans; ni posibilidades de acceder a un trabajo registrado; tampoco acompañamiento para formar cooperativas. Hay muchas barreras culturales que derribar y para ello necesitamos el acompañamiento del Estado”.

Pero esas ausencias institucionales no son exclusivas de Río Negro. “A nivel país -detalla Ornella- tenemos los retrocesos más grandes que nos imaginemos. Desde que asumieron (Mauricio) Macri y (Patricia) Bullrich la persecución hacia las identidades trans por parte de la Policía, volvió a la época donde regían los códigos contravencionales. Quizás no en nuestra provincia pero en Mendoza, Salta, Ciudad de Buenos Aires, la violencia institucional se ha intensificado hacia las personas trans y las trabajadoras sexuales”.

 

Nuevas formas de discriminación y expulsión

 

Ley 26743. ARTICULO 11. — Derecho al libre desarrollo personal. Todas las personas mayores de dieciocho (18) años de edad podrán, conforme al artículo 1° de la presente ley y a fin de garantizar el goce de su salud integral, acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa.

 

Mariano Ezequiel López  está en plena transición para el cambio de género, encaminado en los trámites para obtener el nuevo DNI y para lograr la transformación física. “Estoy contento porque antes de fin de año me van a hacer la mastectomía, en breve me puedo empezar a hormonizar y quiero por fuera parecerme a como me siento por dentro, que no es un macho sino otro tipo de masculinidad”, aclara.

 

En el recorrido para ejercer su derecho a identificarse genéricamente según su modo de autopercibirse, Mariano se choca con una barrera social importante: “Todavía me leen en femenino -dice- y la gente no te pregunta cómo te llamás, sino que te hablan como ellos te perciben, no te respetan la autopercepción”.

Y ejemplifica: “Los profesionales de la salud creo que ponen lo mejor de sí, aunque falta revisar cosas, como la forma en que te llaman. Particularmente en el Hospital (Artémides) Zatti de Viedma están respondiendo rápido, les faltan detalles, que para quienes lo padecemos es doloroso, pero en general hay buena respuesta”.

Mariano tiene garantizado la recepción de los nuevos documentos que le garanticen su elección, y en el acceso a la salud el sistema está respondiendo. La mayor dificultad para el ejercicio pleno de sus derechos es el acceso a un trabajo formal.

“Me quedé sin trabajo en el 2017 por discriminación lésbica. No puedo trabajar más manejando taxis porque ahora soy ‘la que hace juicio’”, cuenta. “Estoy anotada en el cupo laboral trans que por ordenanza rige en el Municipio de Viedma, que se aprobó en el 2016 y aún no está reglamentado, a pesar que en el 2017 el intendente (José Luis) Foulkes se comprometió a reglamentar”.

Esa falta de oportunidades laborales provoca uno de los mayores actos de discriminación hacia una persona trans.

 

Mariano ve como única salida irse de la ciudad donde se crió, empezar su nueva vida como hombre, donde nadie lo conozca.

“Una cosa es la discriminación a quienes se corren de la heteronorma (heterosexual). Ahora que estoy de este lado he descubierto nuevas formas de discriminación y maltrato. Verme obligado a irme es un modo de discriminación, de expulsión de tu zona de cercanía afectiva”, cierra.

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