“Lo primero que hay que hacer es cambiar este gobierno y empezar a construir un país diferente”

El ex ministro de Salud, Daniel Gollán, subrayó que la crisis del sistema “no es resultado de la mala praxis, sino de la voluntad política” de un gobierno que vino a “desmantelar el Estado”. “El recorte en algunas áreas de Salud llega al 80%”, describió. En su análisis, la recuperación vendrá con una nueva gestión capaz de recomponer el tejido social y el mercado interno.

01/06/2019
Martín Medero

 

Ex ministro de Salud, Daniel Gollán

 

El doctor Daniel Gollán fue el último ministro de Salud del gobierno de Cristina Kirchner. De amplia y reconocida trayectoria en Salud Pública, antes fue secretario de Salud Comunitaria -con rango de viceministro- y continuó vinculado al sector, con cargos jerárquicos, desde 2010.

Como muchos, fue perseguido por su militancia durante los ´70, sufrió la cárcel y el exilio. Dice: “La pobreza es la gran productora de enfermedades”.

Crítico de las políticas del Gobierno nacional, Gollán entiende que la recuperación del daño ocasionado al sistema de Salud vendrá de la aplicación de políticas específicas, algunas urgentes, otras de largo plazo; pero fundamentalmente a partir de la llegada de un gobierno capaz de restañar la economía interna y el tejido social.

 

En Estos Días: ¿Cómo podemos comenzar a describir el estado crítico del sistema de Salud? ¿Cuáles son los efectos de las actuales políticas de Gobierno con los que usted lo ilustraría?

Daniel Gollán: El recorte en materia de Salud llega en algunas áreas al 80 por ciento. En los últimos tres años todos los programas del ex ministerio de Salud de la Nación han ido cayendo; unos ya han caído y otros están en proceso de extinción, paulatino pero constante. Programas como el Qunita (de acompañamiento a las madres provenientes de los sectores más humildes, que aseguraba una atención plena durante el embarazo y una maternidad segura) que fue discontinuado; programas como Argentina Sonríe (destinado a combatir enfermedades bucodentales) que fue discontinuado. Tenemos otros programas como el de Salud sexual y Reproducción responsable, que no ha sido discontinuado, pero que va desfinanciándose; se entrega la cantidad mínima de los insumos que contemplaba el programa, por ejemplo preservativos, que se entregaban gratuitamente, y ahora ya no lo hacen más.

Del mismo modo se desactivaron todos los programas de salud sexual a través de la Educación, con los equipos de Salud interactuando en territorio. Las resultantes de estas políticas de desmantelamiento, son que tenemos, por ejemplo, el triple de casos de sífilis que teníamos: de 3.800 a 12.000 casos anuales. Tenemos un aumento en casos de contagio de HIV. Un aumento persistente de casos de embarazos no deseados.

En el caso de enfermedades como el dengue, chikungunya y zika, constatamos que está circulando muy fuerte el virus en el norte del país, y no hay intervención de la secretaría de Salud, porque han cortado todos los programas de apoyo para la prevención. Han desmantelado los 20 centros “Centinela”, que eran los que daban la alarma temprana y permitían actuar ante un brote o epidemia. Se ha desmantelado el Instituto Nacional de Medicina Tropical, que ha pasado a tener solo un diez por ciento de la ejecución presupuestaria que tenía en 2015. Y vemos un crecimiento anual del 5 al 6% de casos de tuberculosis.

Más todavía, empezamos a tener sarampión en el país, con una situación muy grave: 14 casos registrados en 2018 por la secretaría de Salud de la Nación, pero fueron 1.500 casos en total de diagnósticos presuntos de sarampión que no fueron debidamente confirmados, con lo cual ya no vamos a ser un país que certificaba ante la Organización Mundial de la Salud la no circulación viral, porque tenemos un número de casos que la secretaría de Salud no ha podido comprobar. Pueden ser mil o veinte o quinientos; no conocemos el número. Hemos bajado 10 puntos en la cobertura antisarampionosa; porque no hay vacunas, ni descartables, ni la Nación colabora con la cadena de frío, ni se capacita a los vacunadores. Todo eso es el retiro de la Nación y el traspaso de la problemática a las provincias. Están haciendo un desastre.

También se desarticularon los equipos nacionales de prevención del hantavirus. Por esa razón fue que tuvimos meses atrás una crisis, porque no hubo alerta temprana de casos y circulación del virus.

En Estos Días: Bueno, el hantavirus es un tema recurrente para nosotros en esta zona. Algo que afecta, por su gravedad primero a la salud, pero además a las economías regionales productivas y basadas en el Turismo. Lo que usted mencionaba, el brote de este verano en el noroeste de Chubut dejó en evidencia la situación del Malbrán y la estructura de coordinación con los demás laboratorios e institutos del país.

Daniel Gollán: Tal cual. Y en esa situación, ante la crisis, el secretario de Salud sacó un comunicado; dijo que estaba a disposición, dio unos consejos, mandó un técnico y habilitó un laboratorio -que ya existía- pero sin la cantidad de reactivos suficientes para procesar de 1.000 a 1.500 muestras por día que era lo que se necesitaba, de modo que no llegaban a examinar ni un ínfimo porcentaje de eso.

Nos dijo que los ratones eran de Chubut, como si los ratones supieran algo de fronteras. Resulta que como los ratones son chubutenses, que se arregle Chubut. No puede ser así. La Salud es responsabilidad de todos; es responsabilidad de la Nación. Bueno ese es el concepto: que se arreglen las provincias como puedan.

En Estos Días: No sé cómo lo ve usted, pero esto no parece mala praxis, sino intencionalidad política.

Daniel Gollán: Totalmente. Si este Gobierno, este secretario de Salud, continúa otros cuatro años, va a ir dejando a la secretaría cada vez con menos misiones y funciones. Se las va a ir trasladando a las provincias. Con el argumento, por ejemplo, de que como las vacunas nunca llegan en tiempo y forma, bueno, que se hagan cargo las provincias. Primero naturalizan una situación, y luego dicen “que la provincia se ocupe” o que “la gente le compre al privado”. En suma, un sistema de Salud que fue modelo a nivel internacional, va a quedar menguado; pero además, vamos a pagar las vacunas mucho más caras, porque los precios que paga el Estado son muy inferiores a los de los privados. Entonces preguntemos: ¿a quién beneficia que paguemos las vacunas más caras?

 

 

En Estos Días: Lo saco un poco de tema para ir a otro de agenda de estos días. El martes pasado volvió a ingresar al Congreso el proyecto para la interrupción voluntaria del embarazo. ¿Qué piensa sobre este tema y qué perspectivas le ve?

Daniel Gollán: Es un nuevo ciclo, pero quienes van a votar el proyecto son los mismos senadores que lo rechazaron; de modo  que tengo dudas de que esta vez aquellos siete senadores de diferencia que tuvimos  hayan cambiado de opinión en estos meses. Pero no hay que dejar de insistir. Hay que dar el debate, y es posible que tengamos la suerte de poder cambiar una situación, que es la siguiente: como dijimos en la intervención anterior, después del rechazo, al día de hoy, las mujeres siguen haciendo la misma cantidad de abortos que antes, y siguen muriendo aquellas que no tienen los recursos para pagar un aborto seguro; eso es lo que podrían cambiar los legisladores en términos de mejorar este estado de cosas. Lo que pueden hacer los legisladores concretamente, es evitar que las mujeres pobres que acuden a hacerse un aborto inseguro se sigan muriendo.

El legislador debe asumir la ética de la responsabilidad, que está siempre por encima de sus convicciones personales. Todo lo demás ya se los hemos demostrado científicamente con profusión de datos a nivel mundial, que enseñan que una mujer que decide hacerse un aborto, lo hace, sea legal o ilegal.

Y esto es algo que no tiene que ver con la religión. Una gran mayoría de las mujeres que deciden abortar son creyentes, mayoritariamente de religión católica. La cosa no pasa por ahí y yo espero que esta vez nuestros legisladores lo entiendan.

Si no fuera en esta, será en la próxima; pero vamos a tener la ley de derecho al aborto seguro, legal y gratuito en la Argentina. Ya lo es para algunos casos, pero lo que necesitamos es ampliar el marco de legalidad.

 

 

En Estos Días: Volviendo a lo anterior, el panorama que usted describe para el sistema de Salud argentino resulta desalentador, en tanto uno observa que el daño sufrido no se reduce solamente a un faltante ocasional de vacunas o a que no se entregan preservativos, sino que es más profundo, estructural. ¿Por dónde comienza la reconstrucción? ¿Cuáles son las primeras acciones, las urgentes, que debería tomar el próximo Gobierno?

Daniel Gollán: Tenemos que pensar en una estrategia de corto plazo, inmediata, que es salir a resolver los desastres que tienen que ver con la falta de acceso al sistema, a los medicamentos, a los tratamientos. Hay que elaborar una estrategia de intervención inmediata, y al mismo tiempo también acciones de mediano y largo plazo que nos permitan ir cambiando estructuras, que necesariamente deben modificarse, y que nos garanticen que el derecho a la Salud sea de acceso libre y equitativo para todo el mundo.

En concreto, yo digo: con solo poner en marcha la economía interna, con solo aumentar el consumo interno, que comiencen a abrir nuevos comercios, que reabran las empresas, que las fábricas vuelvan a utilizar su capacidad ociosa y se generen puestos de trabajo; que aumenten salarios, jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo…bueno, pondríamos en marcha un círculo virtuoso, primero actuando sobre el “buen vivir”, que tiene un tremendo impacto positivo sobre la salud, las mejores condiciones de vida. Y segundo, mejoraríamos el financiamiento del sistema, porque se recaudan más impuestos que podrán destinarse a los hospitales públicos, para los centros de atención primaria, para las obras sociales, y porque la gente tendrá dinero en los bolsillos para afrontar sus problemas de salud. Yo le diría: lo primero que hay que hacer en la Argentina es cambiar este gobierno y empezar a construir un país diferente.