Bariloche, siglo XIX

Del otro lado del relato oficial, está la realidad. Mientras el Intendente aseguró estar “conforme” por lo que denominó “operativo” durante el temporal de nieve del fin de semana, aún hay calles y barrios enteros por los que “no pasaron las máquinas” para despejar la nieve, y hay miles de vecinos sin luz, sin agua potable, ni gas. En Estos Días recogió algunas de esas voces.

22/07/2019
Bariloche

 

No fue el fin del mundo, pero para muchos, pareció. El peso de la nieve acumulada, algo más de medio metro, provocó severos daños en cientos de viviendas. Decenas de calles -en pleno centro, pero especialmente en los barrios- permanecen cortadas. Por muchas de esas calles y en barrios enteros, aún las máquinas no pasaron despejando la nieve. Colectivos que en plena nevada salieron sin cadenas en los neumáticos. Árboles caídos por falta de poda preventiva. Los servicios de emergencia colapsaron; eso, para quienes tenían un teléfono que funcionara.

Quien más, quien menos sufrió cortes de energía eléctrica de hasta 36 horas. Otros todavía están sin luz.

Todos los esfuerzos se concentraron el fin de semana en habilitar el Aeropuerto, puerta de entrada del turismo, del dinero.

 

Una nevada que -más allá de la conveniente exageración del jefe comunal-, lejos estuvo de ser “extraordinaria” o “histórica” pero llevó a Bariloche en cuestión de horas, de regreso en el tiempo, a finales del siglo XIX.

“El barrio es grande, pero nos conocemos mucho entre nosotros; por suerte, porque cuando pasan estas cosas, la solidaridad es lo que más te salva”, es lo primero -y el testimonio coincide con muchos otros- que dice Blanca, vecina del Barrio 2 de Abril.

Temprano desde el sábado, cuando se cortó la energía eléctrica en el barrio -y en buena parte de la ciudad-, los vecinos comenzaron a compartir velas, víveres, a organizarse para hacer alguna compra. Salir del 2 de Abril se convirtió en un viaje imposible.

“¿Para dónde, además?; si los colectivos no pasaban, la ruta (RN40) estaba cortada, si alguien necesitaba ir al centro a trabajar, o al médico, no había manera”, cuenta Blanca.

Recién el sábado a la tarde pasó la motoniveladora despejando nieve, unas pocas cuadras desde la rotonda, por el bulevar, y eso fue todo, “las calles internas del barrio las dejaron así nomás. No se podía andar ni caminando”, señala.

En la zona oeste y sudoeste de la ciudad la acumulación de nieve superó el medio metro. El operativo implementado por la Municipalidad fue tardío e insuficiente. Hubo familias aisladas durante más de un día. Sin luz, incomunicados, ya que con el corte de energía eléctrica también se derrumbó parte de la red de telefonía celular; luego además, se agotaron las baterías y no hubo dónde cargarlas.

ARSA, la empresa provincial de aguas, pidió restringir el consumo, porque sus estaciones de bombeo también fueron afectadas por la falta de electricidad. Lo mismo sucedió con las juntas vecinales que prestan el servicio con sus propios equipos.

“Se notó mucho la falta de presión de gas”, dice Blanca, “se veía en los calefactores la llama chiquita, parece que estuvieran en mínimo, y la casa helada. Pero eso no es nada; yo por lo menos tengo gas, pero todavía hay muchos vecinos que tienen que calefaccionar a leña”.

El Plan Calor distribuye 2 metros cúbicos por familia para pasar el invierno. Apenas un paliativo “que se consume en nada” cuando persisten las temperaturas bajo cero.

Durante los días previos al temporal de nieve del fin de semana, las lluvias fueron intensas; luego la cellisca azotó acompañada por potentes ráfagas de viento que voltearon árboles y provocaron voladuras de techos y serios daños a las viviendas humildes de los suburbios. Y entonces la nevada.

 

“Algo que tendría que ser natural en el invierno”, piensa Blanca, “se transforma en un desastre. Te da angustia quedar como aislado. Hay gente mayor que sufre mucho más que una todo esto; hay chicos y enfermos, que no pueden estar así sin luz, sin poder calefaccionarse ni poder salir a comprar un remedio”.

En Nahuel Hue el panorama se repite.

“Todavía hoy, lunes, hay unos 70 centímetros de nieve en la puerta de mi casa”, cuenta Ana, “mi hija vive enfrente y para poder cruzar tuve que hacer una canaleta a pala atravesando la calle”.

Las máquinas municipales despejaron la calle Lukman. Se advirtió que las tareas se concentrarían en las arterias principales para abrir paso al transporte público. De todos modos los colectivos no circularon durante casi todo el fin de semana.

También sin luz, desde el sábado temprano en Nahuel Hue: “Pasamos casi dos días sin electricidad, totalmente incomunicados”, dice Ana.

En esa zona de Bariloche no hay red de gas. Algunos vecinos se calefaccionan con artefactos eléctricos -los que pueden asumir las facturas exorbitantes-, mientras que otros solo lo hacen con leña que se acopia durante el verano, y el aporte escaso del Plan Calor. Comprarla también se ha vuelto, para la mayoría, prohibitivo.

“Esto es mucho más grave acá, porque las viviendas son muy vulnerables. Pero en Melipal, en el kilómetro 5, también se quedaron sin luz ni agua”.

“Es como si te dijeran 'morite'”, resume Ana, “se pasan el año esperando la nieve, lucran con la nieve, pero de eso a los barrios no llega nada. No hay obra pública ni máquinas para limpiar las calles”.

 

La falta de inversión y de planificación resultó palpable el fin de semana bajo las condiciones climáticas extremas. No solo de la Municipalidad, también de la Cooperativa de Electricidad Bariloche. La empresa reconoció que hubo “26 mil usuarios afectados” por los cortes de luz. La impresión popular es que esa cifra es corta. En todo caso, sobre el total de 50 mil usuarios, más de la mitad quedó a oscuras. Todavía este lunes más de dos mil continuaban sin servicio. La CEB aclaró que quienes sufrieron los cortes no recibirán descuentos en sus facturas, ni compensación alguna.

En los barrios del oeste, por la avenida Bustillo, a la altura del kilómetro 19, este lunes todavía no hay gas de red, no hay luz, ni tampoco agua corriente.

“Cayeron varios árboles, enormes, sobre la red de media tensión. Nos dijeron que van a demorar por lo menos una semana en repararlos; y como no hay electricidad tampoco funcionan las bombas de agua de la junta vecinal. Por el tema del gas, no nos dieron ninguna explicación”, relata Nani, que vive en la zona.

Sobre el punto, es llamativo el silencio de la distribuidora Camuzzi. Los barrios entre los kilómetros 19 al 23 no tienen gas de red. Quienes tomaron alguna previsión, se calefaccionan a leña, otros debieron emigrar a casas de familiares o amigos.

“La Municipalidad brilló por su ausencia”, dice Nani, “ayudaron todo lo que pudieron los Bomberos Voluntarios de Campanario, pero la Municipalidad no estuvo para emergencias ni nada. Si hubiese habido una emergencia, las ambulancias no hubieran podido ingresar al barrio, porque las calles estaban intransitables. Nunca, en ningún momento pasó la máquina”.

Las motoniveladoras y cuadrillas estuvieron mayormente afectadas al despeje de la pista y el acceso al aeropuerto, evidentemente considerados prioritarios para el municipio.

“Movilizarse desde los kilómetros fue imposible”, dice Nani. Se reportaron al menos tres colectivos de Mi Bus atravesados en la ruta. Los vehículos no tenían cadenas.

“Lo peor”, señala, “es que muchos árboles de esos que cayeron, ya habían sido denunciados, tanto al municipio como a la Cooperativa, porque ya se sabía que se podían caer. Nadie hizo nada, ni poda preventiva ni nada, y ahora hay que ver cuánto tiempo y cuánta plata cuesta arreglar los destrozos”.

Todos los entrevistados recuerdan nevadas mucho más intensas -en 1984, en 1995, en 2001, por mencionar algunas-; esta fue importante, pero no “extraordinaria” ni “histórica”.

Esos fueron los adjetivos que empleó el intendente, Gustavo Gennuso, a través de medios de prensa nacionales, palabras que no bastan para velar la falta de previsión, ni la incapacidad de la estructura municipal -solo sostenida por el esfuerzo de los empleados- para responder a la emergencia.

Aun con riesgo de vida, en algunos casos, el sistema de alerta de la Subsecretaría General de Protección Civil colapsó.

Sí, durante el temporal, llegaron los mensajes telefónicos automatizados al celular -a un costo millonario para los vecinos- a través de los cuales el Intendente se auto felicitó por el éxito del operativo. Relatos de campaña. Lo único del siglo XXI que funcionó.