“Yo sé que en ka mapu nos encontraremos y le daré ese abrazo de agradecimiento”

A casi dos años de la desaparición de Santiago Maldonado, miradas mapuches y anarquistas que se amalgaman para señalar la responsabilidad gubernamental. “El Estado no perdona las desobediencias”.

27/07/2019
Adrián Moyano

 

Aquel primero de agosto había comenzado de mala manera. Un despliegue inusitado de fuerzas federales reprimió a los manifestantes que se habían congregado en las afueras del Juzgado Federal de Bariloche, para exigir la libertad del longko Facundo Jones Huala, quien por entonces cumplía un mes de la más arbitraria de las detenciones. Michelle Bachelet y Mauricio Macri en persona habían pactado en Santiago una nueva arremetida contra el pueblo mapuche, a pesar de la negativa inicial ante el primer pedido chileno de extradición.

Aquel primero de agosto había arrancado mal y terminó peor. Al anochecer, después de que Gendarmería desalojara el piquete que se había sumado a las protestas sobre la Ruta 40 en Chubut, comenzaron a circular los avisos por WhatsApp: había un desaparecido.

“Son dos años de dolor, de angustia y de seguir viendo que cada vez van peor las cosas”, balanceó María Isabel Huala, activista mapuche, madre de Facundo y protagonista involuntaria de historias dramáticas. “Ya veníamos viendo desde las primeras represiones a Pu Lof en Resistencia de Cushamen el miedo a que mataran a alguien, a que desaparecieran a alguien. Cada vez eran más las fuerzas armadas que llegaban a Pu Lof a reprimir. Pero también, cada vez era más la gente que llegaba a ayudar, a defender y a proteger, más allá de todo”. Entre ellos, un joven cuyo nombre se tornaría angustiosamente familiar en las semanas y meses siguientes: Santiago Maldonado.

El próximo jueves se cumplirán “dos años de dolor, de ponerme en el lugar de la madre de Santiago, de ponerme en el lugar de la familia y de agradecerle a Santiago”, compartió Huala, quien resaltó “su lucha anarquista, su forma de pensar, su humildad y su forma de vida. Sé que era una persona sana, pura dentro de todo de su pensamiento. Tengo que agradecerle que haya estado en Pu Lof, que haya participado de los cortes de ruta pidiendo la libertad de Facundo Jones Huala, mi hijo, que hoy está detenido en Temuco”, recordó.

María Isabel Huala (foto José Luis Zamora)

La trama que motivó aquellas movilizaciones y sus virulentas represiones continúa su curso porque Jones Huala “fue extraditado y sigue detenido, la persecución política sigue. La persecución a los pueblos originarios y al pueblo oprimido sigue existiendo, han seguido matando gente y hasta niños por pensar diferente, ser diferentes o pobres. Santiago hizo ver eso, hizo visibilizar a esa parte de la humanidad que tiene tanta maldad”, valoró.

 

Es el capitalismo que viene

 

La ofensiva tiene sus orígenes en funcionamientos sistémicos. “También son más de dos años de Facundo detenido por la persecución política de los dos Estados, tanto de Chile como de la Argentina. Por el capitalismo que viene arrasando con todos los lugares, con todos los países y las riquezas de la mapu”, enmarcó la activista mapuche. El avance cuenta con el respaldo de “la desidia de los gobernantes de turno, sin fijarse que hay gente y que las futuras generaciones se empiezan a perder porque a la mapu la van matando con el poder del dinero, del consumismo, de todo aquello que viene a destruir y de la maldad que existe en este mundo”, insistió.

Facundo Jones Huala

A pesar de esa desolación o precisamente por eso, “le agradezco a Santiago. Yo sé que en ka mapu (otro territorio) un día nos encontraremos y le daré ese abrazo de agradecimiento. Ahora compartimos este dolor, compartimos esta angustia, como compartimos tantas veces en las redes sociales que apareciera con vida, esperando siempre que apareciera con vida aunque sabíamos que este poder político iba a llegar a estas consecuencias”, recordó María Isabel Huala. “Es lo que hay, lo que tenemos que combatir, lo que tenemos que seguir aguantando y seguir resistiendo. Seguir recuperando las tierras para defenderlas, seguir defendiendo las tierras para que sigan produciendo y siga habiendo vida en los lugares. Esa sería mi palabra, mi pensamiento. A seguir luchando y a seguir resistiendo”, proclamó.

Derivación insospechada del accionar del Ministerio de Seguridad y Gendarmería, la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado volvió a poner en escena pensamientos y acciones políticas que eran marginales en la Argentina desde la década del ‘30. El componente ético en el anarquismo es tan decisivo que “es muy difícil para mí opinar sobre el tema porque es profundamente complicado y doloroso. Yo no me considero un anarquista, sino un hombre que investiga historia cercano a las ideas ácratas, pero anarquista en serio y de verdad era Santiago”, resaltó Bruno Nápoli, ensayista a quien el autor de esta nota conoció el año pasado en Villa La Angostura, durante un panel que organizara la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer.

 

La patria es una mala costumbre

 

Ante el inminente aniversario, “pienso en las palabras de Borges cuando le preguntaron qué es la patria. Él respondió: es una mala costumbre”, aunque “a veces necesaria”, según rescató el historiador y también editor. Entonces, “pensaba en todo el aparato burocrático que todos construimos y sostenemos para mantener en pie esa mala costumbre, que es la patria. Ese aparato burocrático que todos construimos y sostenemos, por momentos puede ser muy violento contra nosotros mismos, cuando queremos poner en cuestión es mala costumbre que es la patria. El acto de desobediencia que comete Santiago Maldonado es castigado duramente, es desaparecido luego de una represión ilegal y luego aparece muerto. El Estado no perdona las desobediencias, mucho menos con ideas que cuestionan su esencia”, apuntó.

Aportó Nápoli que “en la Argentina estamos muy acostumbrados a las críticas estatistas por izquierda y más acostumbrados a las críticas anti-estatistas por derecha: las liberales. Santiago no era ni de izquierda ni de derecha, era un anarquista con ideas que sostenían la no existencia del Estado ni de su aparato burocrático y eso, es duramente castigado en la historia argentina. Todas esas ideas siempre fueron muy castigadas”, recordó.

Bruno Nápoli

En forma simultánea, “lo impresionante de la desaparición seguida de muerte de Santiago fue que desató todos los demonios de un país conocido en el mundo por la desaparición de sus propios ciudadanos por diferencias políticas. No por un conflicto bélico, no por un desastre de guerra civil ni por ningún otro motivo: al Estado argentino se lo conoce en el mundo por hacer desaparecer a sus ciudadanos por pensar distinto al Estado. El caso de Santiago desató todos los demonios, todos los recuerdos de esa historia muy reciente de la Argentina. De esto que llamamos Argentina y de lo que llamamos patria”, cuestionó.

Junto a sus correlatos mediáticos, la represión en el territorio de la comunidad Kura Mapu “desató también los lugares comunes: la izquierda criticando algo que defiende, sin importarle demasiado Santiago, porque participa del Estado. Y las críticas de una derecha a todo lo que sea desobediencia, sin importarle demasiado Santiago y sin importarle demasiado la patria. Desató lugares comunes y los peores demonios, como la xenofobia, la desaparición, el asesinato, la represión ilegal, la muerte, el castigo a la desobediencia… La patria es una mala costumbre, decía Borges y tenía razón. A veces necesaria, pero no deja de ser una mala costumbre”, finalizó Nápoli.

Pareciera una paradoja, pero repasar historia argentina demostrará que no es tan así: quienes acostumbran a despotricar contra la intervención del Estado en la economía y ocupan sus lugares de decisión para reducirlo a su mínima expresión, son los mismos que se valen de toda su potencia represiva para acallar toda disidencia. La derecha liberal, en las palabras de Nápoli.

Además, desde fines de 2015, decide en nombre del Estado el mismo sector social que se benefició de la Campaña al Desierto. Antes de la pérdida de su libertad y a pesar de la existencia de fuertes liderazgos, la sociedad mapuche desconocía el ordenamiento jerárquico y el ejercicio vertical del poder que caracteriza a la organización estatal. Que el militante anarquista Santiago Maldonado encontrara la muerte al término de una movilización mapuche es bastante más que una metáfora. Hay abrazos que son profundamente inquietantes para la persistencia de la mala costumbre.