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Tres viejas borrachitas patagónicas se van de gira por México

El “Tendal de voces en torno al suceso de tres viejas borrachitas detenidas en el barrio Del Progreso” es una obra teatral, bien patagónica, que sale de gira con 15 funciones por ciudades y pueblos de México. Las voces del dramaturgo y el director de la obra. Una nota de Carlos Espinosa.

11/08/2019
Viedma

(foto Lucho Cutrera)

El extenso itinerario por tierras aztecas comprenderá presentaciones en Celaya, Guanajuato, León , Amealco, Querétaro, México D.F., Puebla, Cholula, Tecali, Culiacán, Los Mochis, Mazatlán y Sinaloa.

En Ciudad de México harán dos funciones, una en el Foro La Nabe, y otra en el Faro de Zaragoza, con auspicio del municipio de la capital mexicana

En Querétaro y alrededores participarán del Festival del Encuentro Internacional de Teatro de Alternativa e Investigación EITAI, edición 2019, con elencos de Francia, España, Colombia, México y Argentina. También actuarán en el Festival Internacional de Teatro de Mazatlán, estado de Sinaloa, donde se presentarán en el emblemático e histórico teatro Ángela Peralta.

El episodio que desata la historia ocurrió hace un tiempo en el suburbio de una ciudad patagónica, cuando tres mujeres que deambulan por el barrio se emborrachan, se cuentan sus historias de dolor y abandono, roban gallinas para hacerse un puchero y se divierten gritando algunas cosas que resultan ofensivas para “la moral y las buenas costumbres”, lo que da lugar a la violenta intervención policial y su detención. Una de las viejas muere en la calle.

El texto original fue escrito por el poeta-narrador-periodista Jorge Spíndola, chubutense, radicado en Comodoro Rivadavia donde ejerce la docencia en Letras. La adaptación teatral y puesta en escena fue realizada por el director-músico Hugo Aristimuño, rionegrino, habitante de Viedma. Los actores también son viedmenses: Gabriel Abayú y Carlos Irazusta, que recrean a las tres viejas y otros personajes. La operación de luz y sonido está a cargo de Ramón Espinosa; la asistencia escénica y de producción es de Alejandra Lehner y Vanesa Griglio, todes ellos residentes en la capital rionegrina.

Así que es, en suma, “El tendal de voces…” es un espectáculo totalmente patagónico y, en ese mismo carácter, asumirá nuestra representación ante el público de México. El elenco se reconoce como “Teatro del Viento”, naturalmente.

(foto Lucho Cutrera)

Spíndola recordó que “escribí ese texto en los inicios del 2000, en un contexto social muy semejante a este que vivimos hoy. Más y más gente viviendo en las calles, con sus realidades al desnudo, si paredes ni techos que cubrieran el frío, el hambre, las vergüenzas”.

“Por entonces, trabajaba en el diario y mi escritura estaba muy impregnada del estilo periodístico, en particular de las crónicas. Sin embargo, lo que más me atraía de ese tipo de discursos eran las voces de los otros y otras, las voces en primera persona arrastrando a los periodistas y reporteros gráficos hacia realidades muchas veces insoportables. Voces y cuerpos exponiéndose ante el grabador y la cámara, registros que luego en la redacción parecían tan extraños, tan ajenos frente a la computadora; y más ajenos aún cuando el jefe de redacción decía que esa nota no iba. La línea editorial de los medios protegía la realidad de esas otras realidades. Los medios hegemónicos construyen realidad para sus lectores y les hacen más vivible su soledad o indiferencia “ añadió el autor, en diálogo con el cronista.

Por su parte Aristimuño dijo que “la relación con Spíndola comenzó hace mucho, cuando yo fui convocado como jurado del genero dramaturgia en un encuentro literario de Puerto Madryn, y él me obsequió el manuscrito de ‘Matame si no te sirvo’, que fue su primer libro. Después en algún momento me hizo llegar ‘Jerez volcado’ y allí encontré este relato del que me enamoré inmediatamente, y le pregunté detalles de dónde y cómo ocurrió y empecé a imaginarme la puesta”.

Hugo Aristimuño

El director viedmense también reflexionó acerca de cómo mostrar “El tendal de voces…” ante el público de un circuito popular de teatro en México. Sostuvo que “en los lugares en donde estaremos son muy apreciadas estas historias con gran contenido humanístico, porque allá se está haciendo la revisión de ideas sobre derechos e inclusión. Vamos a algunas comunidades donde no se habla la lengua castellana, porque mantienen su lengua ancestral, donde me interesa mucho el acercamiento desde lo trágico como forma de expresión teatral, mostrando a estas ancianas desde la riqueza de sus vidas interiores”.

Sobre el territorio en donde transcurre la dura existencia de las tres viejas Spíndola explicó que “el barrio Las Banderitas era un barrio pegado al Barrio Progreso; era una toma de tierras desde donde se levantaban unas banderas que poco a poco se fueron marchitando o cayendo por el viento. Sólo los tendales de ropas humildes se agitaban en el frío, como resistiendo o hablando de esa presencia. Polleras floreadas, sábanas, pulóveres chillones, chalecos de lana cruda, pedazos de cuero de chivo estirados en los cercos, hablaban de la persistente memoria de los sin techo. Pensé en esas voces como tendales, como escenas de voces que podrían decir un mundo; aún deshilachadas, inconexas, podrían agitar, murmurar o gritar su presencia. Después vinieron los desalojos; la dispersión violenta de esos intentos de hogar dejó a la gente y a sus pocas cosas boyando en los baldíos. Palanganas, fuentones, montoncitos de ropas, eran parte de ese lenguaje y esos mundos deshilachados que ahora giraban dispersos y sin orden por el barrio”.

“Fue una sorpresa y un honor sólo imaginar a las viejitas transformadas o corporizadas en escena. Hugo pudo conjugar esas voces dispersas, hacer del tendal de voces una poética. Justo yo había escrito otro trabajo sobre los mensajes al poblador rural, ese segmento de las radios patagónicas en que uno puede escuchar (otra vez) en primera persona historias, crónicas, noticias de un mundo más allá y más acá del silencio. Todos esos registros y poemas fueron a dar a la obra. Como un juntavoces, Hugo fue hilvanando el tendal hasta darle ese giro que nos pone cara a cara con las viejitas recortadas sobre historias y mundos silenciados que se agitan. Me emociona ver a los actores asumiendo esos cuerpos, trayendo esas voces que ahora se quedan girando en escena y dentro de nosotros”, concluyó el autor chubutense.

Aristimuño agregó que “para las funciones ante ese público bastante alejado de nuestros modismos del habla ( porque tienen otros, claro) vamos a prever los cambios de algunas palabras, pero también repartiremos una pequeña guía con las equivalencias de algunas expresiones nuestras contenidas en el relato con las formas del decir de ellos ”.

Este activo y experimentado teatrista rionegrino hace más de 25 años que viaja regularmente a México llevando sus puestas en escenas desde aquí y dictando talleres allá, por lo que está muy seguro “de la repercusión y el interés que despertará la obra, tanto en escenarios populares a la luz de antorchas en poblaciones sin energía eléctrica, como en salas tradicionales de imponentes escenarios de grandes ciudades”.

“De lo que aquí se trata es que estas comadres son ancianas que están locas y solas, date cuenta: viejas, locas y solas. Sus mentes tropiezan en el cielo, el pensamiento cae sobre sus lenguas, como un golpe de vidrios explotados. ¿De qué van a hablar, si el viento de la locura ahora sopla por sus boca? ¿No ves sus lenguas azotadas como trapos” dice uno de los personajes, interpelando al espectador, poniéndolo incómodo, porque de eso se trata, precisamente.

Las tres viejas borrachitas patagónicas se van con sus locuras para México. Seguramente no estarán solas.