# ELECCIONES 2019

“¡Personalidad electoral muy compleja la de Bariloche!...”

Gennuso ganó las elecciones municipales y será intendente durante otros cuatro años. Un triunfo que, excepto en los énfasis de la campaña opositora, no estuvo en duda a pesar del  desgaste de la gestión. Detrás de las urnas, Bariloche espera.

02/09/2019
Bariloche
Martín Medero

Bariloche, Mitre y Villegas

Hace ya muchos años, con su estilo entre irónico y despectivo, dijo el ex gobernador Pablo Verani: “hay de todo... nazis no arrepentidos, bolches y troskos con nostalgias de revoluciones que el viento se llevó o no trajo... hippies transformados en burgueses a medio cocinar... porteños cansados de todas las cosas que se cansan los porteños... ¡pobreza, mucha pobreza!... clase media que es un rejuntado de varias clases medias... ¡Personalidad electoral muy compleja la de Bariloche!...”.

Gennuso ganó las elecciones municipales y será intendente durante otros cuatro años. La diferencia respecto del Frente de Todos -única oposición consolidada- resultó contundente, más amplia aún de lo que las encuestas pudieron prever.

Un triunfo que, excepto en los énfasis de la campaña opositora, no estuvo en duda a pesar del  desgaste de la gestión. Ese peaje ineludible para quienes van por la reelección, pero que esta vez no alcanzó a amenazar el resultado.

Se refleja en la merma del apoyo popular que obtuvo Gennuso en 2015, cuando era un dirigente nuevo, lideraba un partido vecinal y se mostraba concernido por el quehacer social. Número más o menos,  de entonces a esta parte, el intendente perdió casi 15 puntos según el escrutinio provisional el domingo, y dos bancas en el Concejo.

Nada extraordinario sin embargo: la cifra expresa la distancia constatada entre la expectativa y la realidad.

Por el contrario, sí es llamativo que habiendo desertado sin disimulo de su origen barrial para advenir a su presente empresarial, y que tras una gestión  severamente cuestionada  (aportantes truchos a su campaña política; una empresa apócrifa creada ex profeso para facturarle al municipio; contrataciones directas de brumosa legalidad; vaciamiento de programas sociales; retracción de la obra pública; el explícito desapego a la normativa municipal, y su empeño en favorecer a la empresa CAPSA mediante un acuerdo por Catedral evidentemente lesivo de los intereses de la ciudad, entre otras maravillas) Gennuso haya superado el 30% de los votos para refrendar su continuidad. Entonces…

¿Qué vota Bariloche?

Como respuesta va una hipótesis compleja: Bariloche tiene -siempre tuvo- una composición social amplia y variada no asociada. Vale decir, que no existe en el imaginario público una idea común de ciudad hacia donde andar. Como en cualquier otro lugar con sus contradicciones de clase, en Bariloche esa distancia se extrema, y esos extremos, si acaso se miran, en el mejor de los casos se toleran, y en el peor, ni siquiera se reconocen.

Lo que parece nebuloso es diáfano. En un artículo titulado “División social del espacio  residencial y migraciones.  El caso de San Carlos de Bariloche, Argentina”, la investigadora del CONICET y miembro del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas, Brenda Matossian, señala lo siguiente: “San Carlos de Bariloche (Patagonia argentina) posee una heterogénea composición étnico-cultural, fruto de diversos  flujos migratorios internos e internacionales. Profundas y complejas distancias materiales y simbólicas separan la ciudad turística (la “Suiza argentina”) asociada a una elite nutrida por migrantes internos urbanos y europeos, de la ciudad de “El Alto”, donde migrantes internos rurales y chilenos se han asentado en barrios populares. La relación clase-origen se entrelaza en una división social del espacio residencial, que se profundiza y produce segregación urbana y refuerza las tensiones”.

 

Hace casi medio siglo (solo por poner un término), Bariloche era ya una ciudad de tradición turística. No era sede más que de un puñado de grandes hoteles -por supuesto el Llao Llao-. La calle Elflein aún no estaba pavimentada. Tampoco El Camino del Faldeo. Había los restos de un muelle. Dos cines. La Universidad del Comahue funcionaba en una pequeña sede transitoria de la calle Tacuarí, a poco de su actual ubicación en los terrenos que fueran los de uno de los primeros cementerios urbanos. Había un humilde asentamiento entre el lago y el colegio Nacional, y otro retrepado a la barda del arroyo Ñireco. La ciudad terminaba virtualmente en la calle Brown, y La Cumbre era un barrio popular habitado mayoritariamente por trabajadores inmigrantes argentinos y chilenos. Para los del centro, la frontera era la avenida Ángel Gallardo, marca inicua del clivaje social.

A esa clase dominante (el establishment), que lucraba afanosamente con el turismo, le molestaban los turistas y no dejaba de tratarlos con un mal disimulado desdén. Había también un odio acendrado hacia el extranjero, en tanto este no fuera norteamericano o europeo.

Esa es una descripción prevalente.

Aunque con el tiempo, bajo gestión de los pocos gobiernos de convicción popular que desde el regreso a la democracia ampliaron la infraestructura urbana hacia los barrios, la frontera se ha desplazado, todo ello ha vuelto a retroceder durante los últimos cuatro años. Y sin embargo.

Afirma José Daniel Benclowicz, integrante del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos del Cambio, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro, que la población con necesidades básicas insatisfechas en Bariloche es estructural, y añade que “la inexistencia de infraestructura urbana y la ausencia de asistencia estatal, sumadas al carácter estacional de la actividad turística y a la falta de aplicación de regulaciones laborales (empleo en negro), fueron modelando el crecimiento de una población sometida a severas condiciones de existencia”.

 

Bariloche no posee estadísticas oficiales actualizadas. Distintos estudios señalan no obstante que más de un tercio de su población vive bajo la línea de pobreza. Y de acuerdo a los datos publicados en 2018 por Tomás Guevara, docente investigador del Instituto Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio, Economía y Sociedad (CIETES) de la Universidad Nacional de Río Negro, cerca del 20% de los niños de la ciudad tiene necesidades básicas insatisfechas.

“San Carlos de Bariloche es una ciudad fragmentada; su crecimiento acelerado y sin control, con fuerte diferenciación social, ha devenido en mosaicos urbanos donde la división del espacio residencial muestra distintos grados de exclusión”, dice Matossian.

Y añade Benclowicz: “Considerando que la ciudad de San Carlos de Bariloche cuenta con una población mayoritariamente migratoria y perteneciente a los sectores populares, resulta llamativo lo incipiente del conocimiento sobre el tema. La mayor parte de los discursos sobre la historia de la ciudad  tienen un fuerte sesgo en torno a la consideración del papel de los llamados “pioneros”, inmigrantes de origen principalmente europeo que arribaron a la región entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX (véase, entre otros, Biedma, 1987; Cornaglia, 1991; Vallmitjana, 1989). Esta versión es la que se adopta a nivel oficial (Dirección General de Protocolo, 2009) y la que reproducen la mayor parte de los medios de comunicación locales. A su vez, algunas publicaciones académicas tienden a reproducir ese esquema (véase por ejemplo Schlüter, 1994), que contribuye a la invisibilización histórica de la mayor parte de la población de la ciudad”.

 

Así es que aún con decisiones nimias -aunque de fuerza política y simbólica- la ciudad sufre y disputa ferozmente en esa constante tensión: Bariloche debió convocar a un referendo en 2009 para habilitar la instalación de un supermercado en el Alto de la ciudad que, se suponía, traería precios populares contra la cartelización de los comercios del centro. O la fatua reyerta por el nombre de la plaza Expedicionarios al Desierto o Plaza de Los Pañuelos, y la expulsión de la estatua del infame general.

Pulso de “una ciudad fragmentada”, como dice Matossian, que cíclicamente se refleja en sus quehaceres democráticos.

Todavía más: hasta tanto no se presente quien comprenda esta realidad fundante de Bariloche y se dé a saldar la deuda, no habrá un gobierno genuino y representativo en la ciudad. Hay ejemplos en el pasado que enseñan el camino.

 

***

No deja de ser interesante poner el proceso electoral del domingo ante ese telón de fondo.

El intendente -a cuenta del aparato puesto a disposición por el gobierno provincial- triunfó en las elecciones duplicando al candidato del Frente de Todos. El tercer lugar fue para el voto en blanco. Siguieron, lejos en cantidad de sufragios, Pablo Chamatrópulos, ex Jefe de Gabinete del propio Gennuso, y Santiago Palmeyro, animador macrista local. Detrás Miguel Carrasco (PUL), candidato del gremialista Walter Cortés, en un virtual empate con Rodolfo Sánchez, por el Frente de Izquierda.

Por último otras cuatro fuerzas que lograron mínima representatividad, completaron la oferta de 10 candidatos.

 

Habrá 5 bloques en el Deliberante, 3 de ellos unipersonales. En el caso del Frente de Todos, el tramo de concejales obtuvo más votos que el tramo para intendente.

Votó poco más del 67% de los empadronados.

Concebir un proyecto político común e integrador de desarrollo para Bariloche -más allá de los siempre inestables acuerdos interbloque que imponen mayoría- será cuestión de un milagro en el babélico estado del nuevo Concejo.

Sin embargo el problema, puesto en su contexto histórico-social, adquiere otra hondura.

Y es que lo que parece un desbocado entusiasmo por la participación cívica (sin procurar aquí las razones), no deja de ser una diáspora de ideas (o de la falta de ellas, o de la abundancia de mezquindades) que ilustran todo lo antedicho. Más aún, alguien que supiera hacer el ejercicio matemático de simplificar políticamente las fracciones, bien podría encontrarse con que los vestigios pertenecen solo a dos grandes continentes olvidados, cuya frontera trazara, aún, la avenida Ángel Gallardo.