Ensayo para la muerte

Postergaron el juicio contra el Jefe de la Infantería de la Policía de Chubut, Javier Alberto Solorza, único imputado por la represión en la pu lof en Resistencia Cushamen el 11 de enero de 2017. Está acusado por “lesiones graves”. Durante el operativo se escuchó a los policías gritar “matamos uno y nos vamos”. En el mismo lugar, el 1 de agosto de ese año desapareció Santiago Maldonado.

09/09/2019
Chubut

 

La Justicia sigue postergando la realización del juicio contra el Jefe de la Infantería de la Policía de Chubut, Javier Alberto Solorza, imputado por las lesiones graves producidas a integrantes de la pu lof en Resistencia Cushamen. Sin fecha aún precisa, el juicio comenzará “entre octubre y noviembre”, según se informó a las partes desde el Poder Judicial de Esquel.

El argumento de la postergación es la crisis financiera-social que atraviesa la Provincia de Chubut.

Para los demandantes, se trata de una dilación que busca perpetuar la impunidad en relación a un hecho que, en la práctica, fue el ensayo represivo que anticipó la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.

 

Recuperación y denuncia

 

El 13 de marzo de 2015 se inició el de proceso de recuperación territorial por parte de la Comunidad en Resistencia Cushamen. Poco tiempo después, el titular de la Corporación para el Fomento del Chubut (CORFO) denunció penalmente que la comunidad no dejaría pasar el tren conocido como La Trochita.

Se conformó una mesa de diálogo que, al poco tiempo, el Gobierno provincial rompió unilateralmente luego del rechazo de la comunidad a que el tren pase por la pu lof cargada de gendarmes.

Ese hecho ocurrió en noviembre de 2016. Pocos días después el Juez Guido Otranto firmó una orden de allanamiento, con el objetivo de “liberar las vías” de supuestos elementos que impedían el paso de La Trochita.

La orden se cumplió el día 10 de enero de 2017, e incluyó una violenta represión, producto de la cual diez personas fueron detenidas, bajo la comisión de supuestos delitos como “abigeato; atentado contra la autoridad; y obstrucción de la vía pública”. Hasta se fraguó un acta para demostrar la tenencia de bombas molotov, algo que quedó probado que no existía.

Fausto Jones Huala detalló a En estos días que los integrantes de las fuerzas de seguridad -Gendarmería y Policía provincial de Chubut- “llegaron el 10 (de enero) a las 7 de la mañana aproximadamente. A las 6 ya habían cortado el camino, y a las 6,30 pasó unimog de Gendarmería. A las 7 subimos a ver y había entre 25 y 26 vehículos, colectivos, camiones, camionetas, carros hidrantes, helicópteros, y aproximadamente 300 efectivos, entre ellos la Policía Montada”.

La orden de allanamiento mostrada sólo refería al despeje de las vías supuestamente obstaculizadas.

La comunidad rechazó la injerencia e informó que las vías estaban liberadas. “'Vamos a entrar a igual', nos dijeron, y empezaron a bajar de los colectivos, se pusieron escudos y entraron a disparar. Eran tres bloques de gendarmes con escudos de 40 personas cada formación. Rompieron el alambre y se metieron”, narró Jones Huala.

Los integrantes de la comunidad se defendieron con piedras, y al verse superados y en medio de una balacera, comenzaron a correr. Algunos lo hicieron hacia el río Chubut y lo cruzaron a nado. Otros, fundamentalmente las mujeres y los niños, se refugiaron en una casa.

“Ahí cayeron detenidos dos peñis y un compañero que no era mapuche. Los que llegamos alcanzamos a cruzar nadando el río. Las mujeres y niños se metieron adentro de la casa. Los gendarmes querían entrar, pero las mujeres les decían que tenían orden de despejar las vías que vayan y hagan su trabajo, que no tenían ninguna orden para identificar gente o allanar las casas”.

Los uniformados rompieron ventanas y el techo y vaciaron el contenido de matafuegos adentro de la casa, “rociaron a la gente. Había nenes de dos hasta doce años. A la nena de doce años la sacaron esposada”, explicó Jones Huala.

Tres personas fueron detenidas y trasladadas a Esquel.

Un par de horas más tarde, un vecino avisó a la comunidad que la Policía estaba llevándose animales. En dos vehículos los integrantes de la pu lof fueron hasta el lugar. Fueron nuevamente reprimidos. Esta vez con balas de plomo que impactaron contra una camioneta. Otras siete personas fueron detenidas y llevadas a El Maitén.

 

Represión

 

Periodistas, militantes de derechos humanos, y amigos de la comunidad llegaron hasta el lugar esa tarde del 10 de enero de 2017. Crecía la preocupación por la suerte de los diez detenidos y el temor de una nueva represión.

En solidaridad, esa tarde llegó Emiliano Jones. Hizo guardia toda la noche y atendió a quienes iban y venían con información sobre la situación de los detenidos.

Al mediodía del 11 de enero, después del almuerzo, la mayoría de quienes habían llegado hasta la comunidad empezaron a retirarse. Emiliano se quedó.

“Como a las 19 o 19,30 primero pasó una camioneta como yendo para El Maitén, con un altavoz, a la hora volvieron y empezaron a tirar”, relató a este medio.

Emiliano Jones fue herido durante la represión

“Éramos tres arriba, en la guardia. Se estaban metiendo para adentro, no los dejamos entrar con piedras”. Eran efectivos de la Infantería de la Policía de Chubut, comandados por Javier Alberto Solorza, el único de los uniformados que no llevaba la cara tapada.

Los policías comenzaron a disparar con postas de goma, a muy corta distancia de los comuneros. "Matamos a uno y nos vamos", gritaron, según los testimonios obrantes en el expediente judicial.

A unos 400 metros, Fausto Jones Huala escuchó los disparos. “Estaban los nenes jugando afuera”, dijo, “se escuchó el disparo y entraron los nenes corriendo a la casa. Agarré mi capucha y salí para arriba. Cuando llego no voy directo para la guardia, voy en diagonal por un camino paralelo y cuando llego ya había dos (policías) que estaban de este lado del alambre, los otros no habían pasado”.

La balacera fue impactante. “Hay un video de unos tres minutos en el que se escuchan los balazos todo el tiempo”.

A menos de diez metros, Emiliano Jones recibió un impacto en la mandíbula. El perdigón le hizo un agujero y se incrustó en el maxilar. “Cuando a mí me pegan”, explicó, “giro la cabeza y los veo a los chicos que se vienen acercando. Me sangraba mucho. Me llevaron a la casa de abajo, me miro en un espejo y vi el agujero. Si no me paraban la sangre, me moría. No vi al que me disparó”, contó.

Un periodista lo llevó hasta el Hospital de Lago Puelo, donde le realizaron las primeras curaciones. Luego sería trasladado al Hospital de El Bolsón y más tarde al de Bariloche.

Fausto no vio como Emiliano caía herido. Unos instantes después se agachó a buscar unas piedras y sintió un fuerte goilpe en la cabeza. “Me caigo, tenía la capucha. Un chico me ayuda a levantarme. Veía todo nublado, tiré dos o tres piedras más, y veo que la camioneta se va y me caigo. Tengo pedacitos nomás que me acuerdo: me ayudaron a moverme hasta la guardia”.

El golpe del perdigón de goma le provocó fractura de cráneo y la pérdida de la audición de su oído izquierdo. “A mí me sangraba el oído de adentro, mi herida fue interna, me quebró la cabeza y provocó una hemorragia interna”.

Fausto “quería hablar y no me salían las palabras. Me quedé sin habla casi. Me desmayé, y me desperté en Bariloche. Primero me atendieron en El Bolsón, y a las cuatro de la mañana me derivaron a Bariloche porque estaba muy complicado. Mi señora me acompañó, pero antes de salir le dijeron que llame a mi familia porque no sabían si iba a llegar vivo”.

Ambos sobrevivieron y junto a Malvina Encina, también herida durante la represión, presentaron la denuncia por “homicidio en grado de tentativa”, que luego derivó en la causa por “lesiones graves” que tiene al Jefe de la Infantería de la Policía de Chubut como imputado.

La abogada Sonia Ivanoff lleva adelante la representación de los tres jóvenes.

Durante el juicio, aún sin fecha confirmada, se develará la responsabilidad de la Policía de Chubut en los hechos que configuran la antesala represiva de lo ocurrido el 1 de agosto de 2018, cuando la persecución desatada por Gendarmería provocó la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.