# JUICIO POR EL FEMICIDIO DE SILVIA VÁZQUEZ COLQUE

Prejuicio que anunció una desaparición

La vida de Silvia Vázquez Colque estaba cargada de hostigamento. La violencia física a la que la sometía su marido, se extendía en forma de violencia psicológica por parte de la familia y de las instituciones que debieron cuidarla.

04/10/2019
Viedma

 

En la tercera audiencia del debate oral y público que juzga a Marcos Thola por el homicidio agravado por el vínculo mediando violencia de género (femicidio) de Silvia Vázquez Colque, volvieron a evidenciarse los prejuicios que llevaron a que la mujer no fuera buscada hasta más de un mes después de desaparecer.

También se transparentó la participación de la familia del marido en algunos actos sistemáticos de hostigamiento previo.

Martina Thola y Freddy Sacaca -hermana y cuñado del acusado- declararon en relación a las últimas horas en las que se ubica a Silvia con vida. Según coincidieron marido y mujer, la noche del 4 de junio de 2017, Marcos Thola y Silvia llegaron “tomados” a la chacra donde viven. Estuvieron unas dos o tres horas en el lugar y luego se marcharon.

Curiosamente, ambos testigos aseguraron que siguieron en su propio vehículo a la pareja -con unos minutos de diferencia- “para asegurarse que no se fueran a otro lugar a seguir tomando”. Dijeron que vieron estacionado el auto en el frente de la vivienda del barrio 30 de Marzo y entonces se fueron. Sin embargo, como si acompañamiento no fuera poco, luego le realizaron varias llamadas al teléfono de Silvia, pero no contestó. Entonces pensaron “que estaban descansando”.

En el transcurso de esa visita, Silvia habló telefónicamente con Mario, un hombre que vive en Buenos Aires. Un vínculo sobre el que explorarán las partes en la audiencia del viernes.

 

El 5 de junio, Thola les dijo que Silvia se había marchado y que no volvía. Decidieron acompañarlo a la comisaría para que hiciera la denuncia, y según acreditan, le pidieron a la policía que los orientara sobre qué tipo de exposición hacer. En la comisaría del Barrio Lavalle le habrían recomendado hacer una denuncia por “abandono de hogar” y los oficiales que los atendieron hicieron una “humorada”: “Se debe haber ido con otro, ya va a volver”, dijeron según testificó la pareja familiar de Thola. Nadie se preocupó por la desaparición .

Contrariamente a las versiones que brindaron otros testigos de la causa, que la ubican como una madre protectora y cuidadosa, Martina Thola, describió a Silvia como una mujer que “estaba mal”, “le gustaba mucho tomar”, y “no atendía a sus hijos”.

En la audiencia del jueves declararon también vecinas de la víctima, a quienes el marido le dio diferentes versiones sobre la ausencia de su esposa. “Está de viaje”, “salió a comprar”, “se fue con su mamá a Bolivia”, “se fue con un macho”, les dijo.

También fueron testigos, docentes de las escuela a la que asisten los hijos de la pareja. Relataron secuencias de violencia en la pareja, que afectaban seriamente a los menores. 

Susana Gimenez, directora del establecimiento, relató un pasaje aterrador de la vida de la familia. Un día del año 2011, Silvia llegó a la escuela a buscar a sus hijos llorando angustiada, porque su suegra se había llevado a su hijo mayor de viaje, supuestamente primero a Buenos Aires y luego con rumbo a Bolivia. Durante tres semanas no pudo comunicarse con el niño. Cuando los docentes la orientaron para hacer la denuncia por desaparición de persona y se contactaron con un hermano de Marcos Thola, les pidióque desistan de la exposición policial. El niño estaba en un departamento del Barrio Lavalle, nunca había salido de Viedma, pero se lo habían ocultado a la madre.

Otra de las docentes, Vanina Speciale, relató que citaron en reiteradas oportunidades a los padres porque al niño más pequeño lo veían disperso, lloraba mucho y tenía bajo peso. Según dijo siempre asistía la madre a las citas y en más de una oportunidad le comentó que “quería irse de Viedma” y que “sufría violencia”, pero que “no era fácil para ella”.

También declaró David Baffoni, responsable de Políticas Informáticas de la Procuración General, quien peritó la línea telefónica de Silvia, así como los teléfonos de la familia.

Confirmó que el teléfono de la mujer no se accionó desde el 4 de junio de 2017. Recibió cientos de llamadas y mensajes telefónicos de diferentes números, pero no hay registro de que contestara ninguno de ellos.

El único teléfono del que no se emitieron ni llamadas ni mensajes en los casi tres años que la mujer lleva desaparecida es el que utiliza la familia y estaba en posesión de Marcos Thola.

El próximo lunes tendrán lugar los alegatos finales. Tres días después, el tribunal deberá dictar sentencia.