La administración Gennuso exalta la Campaña al Desierto

La gestión municipal no sólo incumple la ordenanza de interculturalidad, sino que además promociona el genocidio fundante del Estado nacional.

26/10/2019
Adrián Moyano

 

El rectángulo es azul celeste y aunque pequeño, llama la atención al contrastar con el gris de las lajas. La imagen sugiere una familia estándar en actitud de relax, ante la indiscutible belleza del paisaje barilochense, al que contemplan desde un banco. El cuadro se completa con la silueta de un pájaro, que reposa sobre ramas de poco follaje. En su ángulo superior izquierdo, el mensaje se torna confuso: ¿un vendedor de globos al aire libre en Bariloche? ¿O es otro árbol en exceso geométrico? No admite dudas el que encierra la denominación: Plaza Expedicionarios al Desierto. Tampoco la autoría del homenaje simbólico: Bariloche Municipio.

Semanas atrás, ese cartel no estaba donde está. Quiere decir que la decisión de ubicarlo en el espacio más emblemático de la ciudad se tomó recientemente, por el gobierno de Gustavo Gennuso. El intendente oriundo de Azul –localidad fronteriza antes de la campaña de Roca- se apresta a finalizar su primer mandato y encarará un segundo, luego de imponerse en las elecciones con algo más de 22 mil votos. Gobierna un municipio que en 2015 se reconoció intercultural aunque como puede apreciarse, no entiende qué significa el concepto. Pero que le saque lustre a la vieja denominación tiene más que ver con la provocación que con la ignorancia.

Para la mayoría de las y los barilochenses se trata simplemente del Centro Cívico. Los sectores militantes afines a las reivindicaciones de los derechos humanos intentan rebautizarlo como Plaza de los Pañuelos, al cobrar vigor y estirarse en el tiempo la práctica de repintar los emblemas que identifican a las Madres de Plaza de Mayo, en cercanías del 24 de marzo. En un esfuerzo por transmitir que el de 1976 no fue el primer genocidio de la historia argentina, las organizaciones mapuches activas completan: Plaza de los Pañuelos y los Cultrunes. Sin embargo, en nombre oficial es el que perdura para Bariloche Municipio y que seguramente festejan los sectores más reaccionarios de la ciudad.

 

Cuando la concejala Ana Marks presentó un inofensivo proyecto de ordenanza que de prosperar iba a considerar de interés cultural la repintada anual de los pañuelos y los cultrunes, con excusas patrimonialistas se acercaron a la bancada del oficialismo 3.500 firmas que se opusieron a la iniciativa. Los argumentos, la defensa de la consabida postal. Marks decidió retirar su iniciativa ante la insólita reacción de un sector de la ciudadanía que sospechamos, no tiene mayores inconvenientes en que el espacio emblemático de la ciudad salude con su nombre a los perpetradores de un genocidio.

 

¿Quiénes fueron los expedicionarios?

 

Rudecindo fue uno de los hermanos de Julio Roca y comandaba el fuerte de Villa Mercedes hacia 1878. En noviembre ordenó el fusilamiento de 60 rankül mapuche a quienes previamente, sus subordinados habían encerrado en un corral. Un cronista de “La Nación” cuestionó que el acto no respetaba ni “las leyes de la humanidad ni las leyes que rigen el acto de guerra”. ¡El diario “La Nación”! Pero además de protagonizar tales hazañas militares, el comandante Roca -así lo llamaban para diferenciarlo de su hermano ministro- se benefició directamente del reparto de prisioneros indígenas, quienes fueron trasladados a sus establecimientos azucareros en Tucumán y Misiones. Hacia julio de 1879, ya en plena Campaña al Desierto, el propio Ministerio de Guerra y Marina contabilizaba en mil a las familias que después de su captura o presentación, se habían conducido hacia el norte argentino para su redistribución, apropiación y posterior silenciamiento, entre los propietarios de ingenios y otros sectores de la economía.

 

La fortuna de los Roca no fue la única que se cimentó gracias a la utilización de mano de obra indígena esclava o servil. Rufino Ortega fue subordinado de Napoleón Uriburu en 1879, cuyas fuerzas ingresaron a la jurisdicción neuquina del presente desde Mendoza. Investigaciones recientes aseguran que a la provincia cuyana arribaron tantos prisioneros y prisioneras mapuches como a Buenos Aires, con un impacto demográfico relativo que entonces fue mayor. Hombre de confianza de Roca, Ortega tuvo a su cargo el traslado y el reparto de los cautivos. Según las reconstrucciones, no menos de tres mil fueron los que arribaron, si se admiten como válidos los números que aparecen en los partes oficiales, aunque los envíos continuaron hasta 1883. El futuro gobernador de Mendoza y también pionero de Malargüe, reservó para sus estancias de Rodeo del Medio un lote considerable de vencidos. En los orígenes de la industria vitivinícola, el aporte involuntario de mano de obra indígena también fue central.

Conrado Villegas no alcanzó a disfrutar de esas discutibles prerrogativas porque dejó de existir en la lejana París en 1884, cuando todavía Sayweke, Foyel e Inakayal insistían en gambetear a las columnas que los perseguían. Antes de delegar el mando de la 2da División del Ejército, había ordenado a sus subordinados el exterminio del último de los loncos, hacia quien profesaba una particular inquina. Fuentes de la Iglesia dejaron constancia de su proceder en Carmen de Patagones, adonde había conducido alrededor de 200 prisioneros y prisioneras semidesnudos en pleno invierno. Después de languidecer durante meses a la intemperie en los cimientos de la futura Catedral y por órdenes suyas, niños y niñas fueron separados de sus madres para su apropiación por parte de oficiales y de algunos vecinos destacados de la localidad bonaerense.

 

 

¿A dónde van los desaparecidos?

 

Además, quizá fuera el militar de origen uruguayo el primero en utilizar la palabra “desaparecidos” en la Argentina, al elevar a la superioridad el balance de la segunda expedición al Nahuel Huapi: “puede decirse sin exageración que esta Brigada ha hecho desaparecer del territorio que ha batido, setecientas personas”. Se refería a la Primera, que desde el norte neuquino de hoy se había dirigido hacia el lago. Como consecuencia de sus batidas de 1882 y 1883 quedaron “ciento veinte indios muertos, veintisiete de lanza y sesenta y uno de chusma prisioneros, cinco cautivos rescatados y doscientos caballos tomados”. Entre las bajas mapuches consignadas oficialmente y los desaparecidos de Villegas hay una diferencia de 44 personas. 44 vidas que ni siquiera valieron para su inclusión en los partes. La cifra se multiplica en el balance, al considerar las operaciones de las otras dos brigadas.

La enumeración sobre los méritos de los Expedicionarios al Desierto podría continuar, pero nos vamos a limitar a la reflexión que 30 años después de los hechos, confiara un personaje muy caro a la idiosincrasia del estatus quo barilochense. “Es verdad que muchas de las poblaciones y estancias fronterizas fueron asoladas por el salvaje, pero en cambio, ¡cuántos de estos fueron los ancianos, las mujeres y los niños que cayeron en las sorpresas de las tolderías realizadas por las tropas en los degüellos, fusilamientos o atroces estaqueadas, víctimas de la soldadesca que obedecía e interpretaba bien o mal, la orden o el gesto de su superior”. Por una vez, Francisco Moreno fue sincero: “Diré que mucho me felicito que sean pocos los que con buena pluma han referido lo que fue nuestra guerra fronteriza, durante medio siglo. Esa pobreza de cronistas deja en el olvido hechos meritorios, pero felizmente pasa por alto no pocos contrarios a la civilización cristiana”. Allá el perito en Límites con su vocación por el silencio…

 

Se puede interpretar de muchas maneras, pero en los fundamentos de la Ordenanza 2641 CM 15 la precisión es considerable: “Se entiende al concepto de interculturalidad, como herramienta de descolonización y transformación de un Estado monocultural y homogeneizante, hacia un Estado pluricultural, apuntando al ejercicio de los Derechos Humanos, Derechos Colectivos y de la Ñuke Mapu, involucrando a la sociedad entera”. La norma en cuestión tiene valor de ley en la jurisdicción municipal de Bariloche. Según esta definición, la administración Gennuso no impulsó política pública intercultural alguna en sus primeros cuatro años, pero no contenta con la omisión ahora insulta al pueblo mapuche en su conjunto con la exaltación de un puñado de genocidas, cuando precisamente se cumplen 140 años de la Campaña al Desierto. La inacción se transformó en agresión a la memoria, la verdad y la justicia.

 

Bibliografía

Escolar, Diego y Saldi, Leticia: “Castas invisibles de la nueva nación. Los prisioneros indígenas de la Campaña al Desierto en el registro parroquial de Mendoza”. En Delrio, Walter; Escolar, Diego; Lenton, Diana y Malvestitti, Marisa (compiladores): “En el país de nomeacuerdo. Archivos y memorias del genocidio del Estado argentino sobre los pueblos originarios, 1870-1950”. Editorial UNRN. 2018.

 

Lenton, Diana y Sosa, Jorge: “De la mapu a los ingenios. Derroteros de los prisioneros indígenas de la frontera sur”. En Delrio y otros...

 

Moreno, Eduardo: “Reminiscencias del Francisco P. Moreno”. EUDEBA. Lucha de fronteras con el indio. Buenos Aires. 1979.

 

Moyano, Adrián: “A ruego de mi superior cacique Antonio Modesto Inakayal”. Fondo Editorial Rionegrino (FER). Viedma. 2017.