Matar por la espalda con un arma reglamentaria

Durante la madrugada del sábado, un joven fue asesinado por un integrante del Servicio Penitenciario Provincial rionegrino. Murió huyendo del ataque. Se produjeron enfrentamientos entre la policía y los vecinos.

03/11/2019
Viedma

 

Entre las 4 y las 4.30 de la mañana del sábado 2 de noviembre, el barrio IPPV de la capital provincial fue un hervidero. Durante una serie de hechos confusos, que aún la fiscalía trata de dilucidar, Mario Andres Huichaqueo (36) mató por la espalda a Jorge Rolando Vera (17) con un disparo de su arma reglamentaria, una pistola 9 milímetros.

Antes y después de la muerte del joven, se produjeron enfrentamientos entre la policía y varios jóvenes del barrio.

Este sábado por la noche, menos de 24 horas después de sucedido el hecho, se realizó la audiencia de formulación de cargos contra el policía al que se lo acusa, provisoriamente de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso real.

El Juez de Garantías Ignacio Gandolfi aceptó la imputación que realizó la fiscalía a cargo de Juan Pedro Puntel, y le dictó al policía la prisión preventiva por los próximos cuatro meses, ante la posibilidad de una obstrucción de la investigación. Además el magistrado decidió que sea alojado en el complejo penitenciario provincial, con resguardos particulares.

 

Según el relato de la fiscalía, alrededor de las 4 de la madrugada, Huichaqueo llegó en su auto particular a la plaza del barrio, se estacionó, descendió y efectuó al menos tres disparos contra un grupo de jóvenes que estaban sentados en un banco. Entre ellos se encontraba Jorge Rolando Vera.

Después, el uniformado se fue en dirección a la casa de su madre, ubicada a unas pocas cuadras y en la esquina, víctima y victimario volvieron a encontrarse.

“Entonces Huichaqueo comenzó a efectuar más disparos, estimados siete al menos con la misma arma, contra Vera, quien huía”, dijo la fiscal adjunta Estela Pasarelli durante la audiencia.

 

En esa huida y tras recibir el disparo por la espalda, Vera se desmayó. Murió desangrado (shock hipovolémico) camino al Hospital Artémides Zatti. “La bala entró en la  región posterolateral del tórax al nivel del noveno arco costal”, que laceró el hígado, atravesó los pulmones y llegó al corazón. Además, las piernas del joven tenían marcas de heridas de postas de goma.

En menos de media hora, se produjeron además dos enfrentamientos y una serie de robos que aún están en investigación. La policía dejó entrever que disparó postas de goma, aunque algunos testigos incidentales señalaron haber escuchado también el silbido de balas.

Pocos minutos después del hecho, el policía Huchiqueo se entregó en la subcomisaría 63 del mismo barrio, y puso a disposición su arma de fuego. 

Entre los muchos puntos que la Fiscalía intentará aclarar durante los próximos cuatro meses iniciales que demandará la investigación, está el accionar del resto de la fuerza policial.

Por ejemplo, según lo planteó el Fiscal Puntel, “en el testimonio de uno de los policías, se desprende que luego de haber aprendido a Burgos (amigo de la víctima que estuvo en los enfrentamientos) cruzan al imputado con el arma en la mano y lo dejan seguir caminando con el arma, puesto que este indicaba que se iba a hacer cargo y presentarse en la unidad policial”.

Por esa relación entre uniformados, entre otros motivos, el fiscal solicitó la prisión preventiva. 

La defensa del imputado la ejerce el abogado penalista Damián Torres, quien además es asesor del Gobernador y de la Legislatura rionegrina y ha sido defensor en varias oportunidades de otros policías.

Torres rechazó rotundamente la prisión preventiva, pidió la utilización de una tobillera electrónica y que el imputado determine domicilio en la casa de la madre, en el mismo barrio donde se dieron los hechos.

 

Dejó entrever en sus argumentos que “no existe un hecho doloso”, es decir que Huichaqueo no tuvo intención de matar.

 

Otro pibe, otro disparo, otra vez la Policía

 

Aunque la acusación de la Fiscalía habla de una frenética media hora de enfrentamientos, los vecinos del Barrio IPPV señalaron que se escucharon disparos por lo menos desde las 4 y hasta las 7 de la mañana.

Luego, cerca del medio día, ya con el barrio sitiado por efectivos del COER, una nueva trifulca se habría dado cuando uno de los pibes amigo de Vera, que estaba acompañando a la familia, quiso salir en moto a comprar cerveza y la policía habría querido detenerlo. Otra vez tiros.  

Vera tenía 17 años, trabajaba de albañil con sus tíos y tenía una hija de un año y cuatro meses. Hacía poco tiempo se había separado de su pareja. 

Al igual que muchos de los pibes del barrio, asistía cada semana al taller de promoción y prevención dependiente de la Senaf, El Galpón Amarillo, donde tomaba un curso de herrería.

“Casi le saco una foto el miércoles, pero lo vi muy concentrado y no lo quise molestar”, contó entre lágrimas una de las operadoras de la Senaf. Al igual que sus compañeros de trabajo estuvieron acompañando a la mamá y los hermanos de la víctima durante todo el sábado y la noche del velorio.

“Al Galpón van todos los pibes del barrio, los conocemos desde chiquitos. Siempre les decimos que se cuiden, que no se pasen de pillos, porque la policía los tiene vistos”, contó a En estos días.

“A Jorge le decía, dejate de joder, ellos saben cuando cumplís años y te van a venir a buscar”, explicó la misma operadora.

Vera hubiera cumplido la mayoría de edad el próximo lunes 4 de noviembre.  

Los pibes del barrio y los operadores del Taller tenían planeado ir juntos al Festival Patagonia Rebelde que tuvo lugar en la plaza Primera Junta, en el centro viedmense. También iban a ser parte del Maratón Estilo, que cada año se realiza en la capital provincial y que tendrá lugar este domingo.

A las 19 horas del sábado, cuando los amigos y la familia se disponían a velar a Jorge en una sala céntrica, a dos cuadras sonaban los acordes de las bandas locales del Festival musical y militante.

En el escenario, los viedmense volvieron a pedir justicia por Atahualpa Martínez, otro joven de 17 años que murió por un disparo que gracias a la impericia de la Policía rionegrina nunca se supo de dónde provino.