La música popular argentina, indiferente al genocidio indígena

Prácticamente no existen referencias al despojo territorial y los asesinatos en masa de la llamada Conquista del Desierto. El caso del folk estadounidense y las contradicciones de Di Fulvio. La verdad histórica aún espera quién le ponga música.

23/02/2020
Adrián Moyano

Peter La Farge

Su rastro está en “No direction home”, el film que Martin Scorsese rodó sobre Bob Dylan, pero no es fácil seguirlo. Cuando el Premio Nobel de Literatura 2016 todavía buscaba su sitio en los recintos neoyorquinos que cobijaban folk, Peter La Farge andaba en la misma, aunque era unos diez años mayor. Su padre era antropólogo y se dice que su fascinación por la historia y la cultura de las primeras naciones norteamericanas, hizo mella en su posterior producción musical. La Farge hijo decía de sí mismo que tenía antepasados remotos entre los narragansett, una parcialidad algonquina, aunque probablemente no fuera así.

Al divorciarse sus padres, su adolescencia pasó entre Nuevo México y Colorado, dos de los Estados cuyo territorio la potencia súper hegemónica había arrebatado a su vecino del sur, luego de la guerra de conquista de 1848. Por influencia de la nueva pareja de su madre, se aficionó a los rodeos, es decir, a las jineteadas. Sus primeros lances en la música tuvieron que ver con baladas cowboys, a las que llegó a cantar en vivo en radios, práctica consagratoria a fines de los 50. Gravemente lastimado después de una rodada, se acercó al teatro pero profundizó su camino en la música. A comienzos de los 60, estaba donde un cantante folk tenía que estar e inclusive, una noche Dylan cantó “As long as the grass shall grow”. El tema habla del desalojo que sufrió la nación séneca en Nueva York, a pesar de su reivindicación del Tratado de Canandaigua, que sus ancestros habían firmado en el siglo XVIII con el mismísimo George Washington.

Su gran éxito fue “La balada de Ira Hayes”, un personaje que resultará familiar para quienes hayan visto “La conquista del honor” (Flags of hour fathers), aquella película que dirigiera Clint Eastwood para completar su díptico en 2006 sobre la batalla de Iwo Jima (Segunda Guerra Mundial). Hayes pertenecía al pueblo pima (akimel o'odham) pero como soldado estadounidense, fue uno de los que colocó la bandera vencedora en una elevación de la isla japonesa, episodio que fue magnificado por la propaganda del Pentágono. El cartelito de “héroe” pendió sobre su cuello muy poco tiempo porque de regreso a casa, se reencontró con el racismo y la frustración, combinación que detonó su alcoholismo. La Farge convirtió en canción el drama e incluso, hay una versión de Johnny Cash. Los estudiosos del folk afirman que fue el primer éxito cuya letra remite a la historia de las primeras naciones o pueblos indígenas, colonizados por Estados Unidos.

 

Mientras la hierba crezca

 

Bajo el título de aquella primera canción que versionara Dylan, se editó un disco que lleva como subtítulo “Peter La Farge canta sobre los indios”. Quizás haga falta aclarar que en la Norteamérica anglo-sajona, los aludidos no encuentran peyorativo el vocablo “indio”, como sí sucede en la Argentina, Chile y otros países de Sudamérica. El original data de 1963 pero hay una reedición en CD de 2007.

Tecumseh, líder shawnee de la resistencia indígena

En tono crítico y en ocasiones irónico, La Farge exhortó a los nativo-americanos a reencontrarse con su cultura (“Look again to the wind”); describió el despojo que padecieron los sénecas (“As long as the grass shall grow”); se burló de los estereotipos racistas (“Damn redskins”) y rescató para el gran público la gesta de un líder shawnee de la resistencia: Tecumseh. Hasta el jefe del 7° de Caballería cayó en la volteada, en la burlona “Custer”. Son 13 canciones o, a veces, simples palabras que pusieron en el centro de la cultura popular estadounidense una versión distinta de la Conquista del Oeste, casi 60 años atrás.

En la Argentina, aún faltaba para que surgieran los primeros brotes del rock nacional, León Gieco -inicial émulo de Dylan- todavía contaba con 12 años y en la escena musical ocupaba un lugar preponderante el folklore.

De 1969 data un disco de Carlos Di Fulvio que tiene un título poco sutil: “La Conquista del Desierto. Gran epopeya argentina”. De origen cordobés y en el mismo año que el Cordobazo, el autor -gran referente de la guitarra criolla- plasmó una obra conceptual con marcados rasgos estéticos de la época: recitados, acompañamiento coral y percusiones graves, además de su canto. En el “Prólogo” que pretende solemnidad, arrancó con una adhesión a la falaz Araucanización de Pampa y Patagonia: “El sur de Chile/ cardinal pantano/ la greda estampa el dígito de Arauco. El mismo que un día aplastó a Valdivia con sus huestes en Tucapel de barro. / El primer cataclismo de araucanos inundando de lanzas las comarcas/ hasta cruzar las piedras de los Andes/ por pisar las nieves de Las Manzanas, / por volverse pampero en estas sábanas verdes/ que mojan las aguas del Plata”.

En verdad, fueron otros los cataclismos históricos en estas latitudes sureñas: el primero, precisamente la llegada de los españoles y el segundo, el proceso Ocupación de la Araucanía – Campaña al Desierto. En los tiempos de Valdivia, la población mapuche pasó de dos millones de personas sólo del lado occidental de la cordillera a 400 mil, en dos décadas. En los tiempos de Urrutia y Roca, Chile y la Argentina completaron la tarea colonialista inconclusa, terminaron con la libertad mapuche y arrebataron sus territorios.

 

Era de ellos la tierra

 

A pesar de su intención explícita, el folklorista -próximo a cumplir 81 años- deslizó en su lírica alentadoras contradicciones. Luego de describir la distribución territorial de puelche, pikunche, williche y pewenche, concedió, todavía en el “Prólogo”: “después, / la gran ambición de los hombres / fue poblando de celos y de angustia / hasta entonces el territorio de los indios. / Tal vez por eso, cayeron malones como rayos / en todos los fortines”. El coro remataba: “la tierra era de ellos”. Sin embargo, en “Carne de cañón”, alabó a esas mismas fortificaciones como semillas de argentinidad aunque el resto del tema, lamenta la ausencia de “morenos” en los contingentes fronterizos, quienes serán reemplazados por gauchos muy parecidos al estereotipo que consagró el “Martín Fierro”.

El LP de Di Fulvio

El trabajo de Di Fulvio no se detiene en el período 1879-1885, es decir, la Campaña al Desierto propiamente dicha. Pasa por alto las diferencias políticas entre ambos proyectos y en “Rumbo al Colorado”, también homenajea la ofensiva que ideara Juan Manuel de Rosas, no sólo en la persona del brigadier general sino también a través de sus subordinados. De paso, también adhiere a las mentiras que desparramó sobre Kalfükura Estanislao Zeballos, magnifica -al igual que la historia oficial- el Combate de San Carlos y alaba al genocida Villegas, al relatar el episodio que desembocó en la captura del lonco Pincén. Y en línea con el “roquismo” más duro, se burla de la Zanja de Alsina. No obstante, la “Gran epopeya argentina” cierra con una gran verdad: “Viejo soldado de frontera: si tu vida /martirio eterno / fue útil para devolvernos lo que no nos pertenecía / 20.000 leguas apenas conocida por nombre: Desierto / que nunca fue tal / por supuesto / el aborigen ya vivía. / ¿Cómo? Eso no es lo que importa. Lo importante es / que vivía. Decía, soldado / tu vida eternamente sobre ascuas […]”.

El lonco Pincés y su familia, en cautiverio

Hay que conceder que llamar a las cosas por su nombre en plena dictadura de Onganía debió requerir de considerable valentía. Y que más allá de su rumbo errático, Di Fulvio parece ser el único músico popular argentino que se ocupó del inmenso despojo sobre el cual se cimienta la Argentina. Fuera de su intento, el silencio fue ensordecedor hasta fechas muy recientes y en términos masivos, más bien continúa, porque en “Cinco siglos igual”, Gieco puso la pelota en la cancha de España, sin reparar que en 1992, apenas se había superado el centenario de la Campaña al Desierto por parte de la Argentina.

Roxanne Dunbar Ortiz es autora de una obra inmensa: “La historia indígena de Estados Unidos”. En uno de sus últimos párrafos, formula una exhortación que también es válida para argentinos y argentinas, chilenos y chilenas. “El difunto historiador indígena Jack Forbes siempre recalcó que, si bien los vivos no son responsables de lo que hicieron sus ancestros, son responsables de la sociedad en que viven, que es resultado de ese pasado. Asumir esta responsabilidad es un medio de supervivencia y liberación”. No demore más y haga su parte la música popular, que la hierba todavía insiste en crecer.