Para el pensamiento mapuche, el Covid19 es una resultante antes que un fenómeno en sí mismo

Consecuencia de “la (mala) relación entre las especies que habitamos la gran casa, nuestro planeta”, la pandemia fue anunciada por los mayores mapuche. Tal vez, “el día llegó”.

31/05/2020
Adrián Moyano

(Ilustración Rocío Griffin)

Para el pensamiento mapuche, el “kutran” o enfermedad es una entidad viva cuyos orígenes son diversos y que en determinado momento, consigue entrar en la persona en algunas de sus dimensiones: en su “püllü” (espíritu), en su “rakizuam” (pensamiento), en sus modos de relación o en su cuerpo biológico (kalül). La enfermedad puede heredarse, ser enviada por terceros o contagiarse. El último es el caso de la llamada Covid19.

Según la Organización Mundial de la Salud, “los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos”. Entre éstos, “se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)”. El que se descubrió más recientemente causa el Covid19, de carácter infeccioso. Para la entidad, tanto el virus como la enfermedad son nuevos y eran desconocidos antes que irrumpieran brutalmente en Wuhan (China), en diciembre último.

Una manera mapuche de ver las cosas encontrará que la terminología de la OMS se encripta en un código sanitarista y cientificista, pero “cada pueblo, cada sociedad, va entendiendo de una manera propia el fenómeno y va recodificando el mensaje y buscando el sentido del kutran que se expande”, según estableció José Quidel Lincoleo, en el artículo que tituló “Fey nga akuy ti antü. Entonces el día llegó. Una lectura de la pandemia desde un mapuche rakizuam”, que publicara un mes atrás. El autor es longko en una comunidad de la Araucanía pero además desarrolla una intensa vida académica, como magíster en Antropología Social y titular de cátedras universitarias.

Aclara al texto de Quidel Lincoleo que su pueblo “posee más de una forma de interpretar este fenómeno que tiene característica de pandemia. Hablamos de más de una forma, porque en la actualidad lo mapuche es variado, polifónico y diverso. Por ello, nuestra forma de interpretar es una, dentro de muchas”. Su análisis proviene de “la racionalidad tradicional, en donde se vive en función de una serie de acontecimientos y dimensiones diferenciados pero profundamente relacionados. Por ende, cuando hablamos de nuestras vidas como especie ‘che’ (persona), estamos aludiendo a que están inscritas dentro de una multitud de otras vidas. Alejada de una mirada antropocéntrica y cercana a un entendimiento de la vida como una red amplia y diversa de especies”.

 

El Covid19 como resultante

 

Para el intelectual mapuche, la pandemia del Covid19 no puede reducirse a “un fenómeno en sí mismo”, más bien se trata de la “resultante de una serie de acontecimientos de la (mala) relación entre las especies que habitamos la gran casa, nuestro planeta”. El título de su artículo -Entonces el día llegó- puede entenderse porque tanto en las conversaciones de la ancianidad mapuche como en los “küymin” (otro estado de conciencia) que alcanzan lxs machi, hace tiempo que se aguarda o anuncian trastornos como el presente. Otro tanto sucede si se atiende a los presagios que surgen de observar atentamente y con lógica mapuche a los pájaros, vientos, cambios en la vegetación o fenómenos celestes como las eclipses, tan celebradas en la superficial cultura hegemónica.

 

En uno de los subtítulos en mapuzungun de su trabajo, Quidel Lincoleo informa que “desde hace mucho tiempo se está hablando que llegarán tiempos malos, enfermedades y diferentes daños”. En efecto, en los “ngütram” o conversaciones, “se ha venido señalando por los mayores que vendrán tiempos de grandes atrocidades, destrucción, enfermedades, hambre, quiebres, soledades. Estas ideas se han venido reiterando de vez en cuando. Hoy, cuando estamos padeciendo una de ellas, la gente recuerda estas conversaciones y las actualiza explicándose estos fenómenos como algo ya sabido. Por ende, las personas recuerdan y señalan que por lo visto es tiempo de que esas palabras proféticas se cumplan”, puntualiza el análisis.

En forma simultánea, “en las diferentes ceremonias, rituales de sanación que nuestros machi -principales agentes médicos- realizan periódicamente, uno de los mensajes reiterados en los diferentes espacios territoriales ha sido el que las personas, en su mayoría no indígenas, han venido transgrediendo continuamente los diferentes espacios como los cerros, las aguas, los ríos, los lagos, mares… Que se han destruido estos espacios, se han ensuciado y con ello, se han sacrificado a quienes vivían en esos espacios y quienes los sostenían. Por lo tanto, los ngen (dueños) están muy enojados, tristes y preparando una contra ofensiva para darle una lección a quienes han osado destruir, intervenir, violar estos espacios”.

 

Recordemos que “para los mapuche, cada espacio está cargado de significado, de vida, y por lo tanto, del propósito de contribuir a la vida misma. Pero con la irrupción del desarrollismo, el materialismo y el pragmatismo neoliberal, estas ideas son no consideradas y todos estos espacios son para explotar con la minería o generación de energía, con el costo de destruirlos. A pesar de la constante oposición de las poblaciones indígenas, las grandes empresas trasnacionales en plena complicidad con los Estados nacionales arrasan con ellos, dejando una estela de contaminación, destrucción y expulsión de poblaciones que luego padecen la desterritorialización y sus graves consecuencias”.

 

¿Te acordás del eclipse?

 

El día llegó porque para los mapuches, “los eclipse son una manifestación de los astros que indican el inicio de un ciclo en donde se generaran diferentes manifestaciones en contra del küme mongen (buen vivir)”. A tal punto que la expresión mapuche que designa el eclipse del Sol es “lay ta Antü”, es decir, “muere el Sol” porque la oscuridad prevalece sobra la luz y “ello marca un ciclo diferente en la vida de las especies”, subraya el texto de Quidel Lincoleo. Sin embargo, en julio de 2019, para la mayoría de argentinos y chilenos, el eclipse solar fue una especie de acontecimiento festivo.

(Obra del artista plástico René Vargas Ojeda)

En la misma línea se inscribe la mirada sobre los grandes movimientos telúricos: “los reiterados temblores en los territorios son interpretados como una señal de cómo se sueltan ciertas fuerzas que son más bien destructivas en las vidas de los seres. El último terremoto en Chile fue interpretado como el aviso de que vendrán tiempos diferentes de mayores enfermedades y problemas para la vida en los diferentes espacios”. En febrero último se cumplió una década de aquel cimbronazo, que dicho sea de paso, también conmocionó a Bariloche.

Cartón lleno, el florecimiento de la caña coligüe que se registra en la actualidad en algunos lugares al otro lado de la cordillera y que se hizo presente el año pasado al norte del Nahuel Huapi, también “es indicador de grandes tiempos de dolor, enfermedades, hambre, plagas. Obviamente para el mundo letrado, este fenómeno no tiene nada de extraño, porque cada cierto tiempo este proceso de florecer y luego secarse la caña de coligüe es normal. Pero para los mapuche, es un indicador de un cierre de ciclo y el inicio de uno más duro y con mucho desequilibrio”, advierte el pensador mapuche.

Quidel Lincoleo dio a conocer su artículo para “hacer ver que los fenómenos siempre van a tener más de una mirada en sociedades en donde conviven otras culturas, aunque los Estados nacionales y sus gobiernos hagan vista gorda de ella. Las pandemias, los quiebre sociales, económicos y espirituales no están desconectados para los mapuche, todos están estrechamente relacionados y son interdependientes. Por lo tanto el fenómeno Covid19 se inscribe dentro de una cadena de situaciones que ya se venían dando y es interpretado todo, como una respuesta a los comportamientos del ser humano en relación a las otras vidas”.

 

Entre otras conclusiones, resalta su aporte que con la naturaleza, “la forma de relación de la especie humana ha sido en su mayoría destructiva, irrespetuosa, aprovechadora, aniquiladora, extractivista, sin consideración por las diferentes vidas que coexisten, sólo se ha pensado en las ganancias y el confort de ciertos grupos, al costo de la destrucción y aniquilación de muchas otras vidas. Estamos hablando aquí no sólo de las vidas biológicas que coexisten en los diferentes ecosistemas, sino también de las vidas espirituales con que los indígenas interactúan permanentemente”. En mapuzungun, una de las formas de designar al murciélago es “pinüyke”, pero la palabra no aparece ni una sola vez en el breve pero contundente ensayo del profesor mapuche.