Nadie contabilizó a los “indios” williche fusilados en la Patagonia Rebelde

A casi un siglo de los fusilamientos, aún permanecen en el olvido los nombres de los peones chilotes que murieron por las balas del ejército argentino. El componente racista de la represión en las estancias de Santa Cruz.

12/06/2020
Adrián Moyano

(Ilustración Rocío Griffin)

En junio de 1920, se produjo la primera ocupación de una estancia santacruceña como consecuencia de la agitación obrera en el campo. El movimiento fue rápidamente desarticulado, pero las huelgas se generalizarían meses después y marcarían el comienzo de los sucesos que haría sangrienta eclosión en diciembre del año siguiente, con el fusilamiento de miles de peones. Son los acontecimientos que gracias al trabajo de Osvaldo Bayer, conocemos como la Patagonia Rebelde.

En general, la idea que se tiene en la Argentina sobre el proceso, atribuye liderazgo a inmigrantes de origen europeo e ideario anarquista, mientras quedan en segundo plazo las trayectorias e identidades de la abrumadora mayoría de aquellos trabajadores rurales, quienes enfrentaron primero la prepotencia patronal y después, los fusiles de los soldados. También inmigrantes pero de Chiloé, si se repara en sus actitudes es para insinuar pasividad o inclusive, complicidad con los patrones. Pero nuevas revisiones impelen a complejizar los relatos más difundidos.

Portada del libro de Mansilla Pérez

Vecino de Castro, Luis Mancilla Pérez es autor de “Los chilotes de la Patagonia Rebelde”, un libro que profundiza los aportes que medio siglo atrás, hiciera Bayer en “Los vengadores de la Patagonia trágica”, primera versión de su monumental investigación. El pretendido silencio de los peones migrantes “no fue tal”. La suposición “es consecuencia de la imagen de los obreros chilotes, heredada de lo que escribió Osvaldo Bayer. Quiero creer que representa la imagen que tenían los estancieros y los oficiales de Varela porque Bayer no pudo contradecir tanto su discurso, en esa memorable historia que se fundió a fuego en el alma argentina”, advirtió para En estos días.

En la elaboración del prejuicio, contribuyó “el film La Patagonia Rebelde, que da la versión que los obreros chilotes se movilizaron por el interés de obtener ganancias. También está aquel mezquino egoísmo humano de la necesidad de crear héroes y en esta historia, para la Argentina sin indios, esos héroes debían ser europeos. Un ejemplo: la imagen del alemán Otto únicamente surge desde la película, su participación en la huelga es de escasa importancia. Insisto: sin el trabajo de Bayer esa historia se hubiera olvidado, pero como toda historia tiene aristas inconclusas. En este caso, la participación de los chilotes”, resaltó el investigador.

 

Sin obreros no hay huelgas

 

Mancilla Pérez aportó contexto de largo plazo. “Cuando se estudian los casi cinco siglos de historia que tiene Chiloé, aprendemos de marginación por el trato de esclavos que tuvieron los indígenas tributarios en el régimen español. También, de los chilotes mestizos, que eligieron defender la causa de los perdedores, es decir, ser el ejército realista en la Guerra de Independencia. Pero sus descendientes fueron quienes cabalgaron por las pampas promoviendo estas huelgas. No es casualidad que el primer fusilado fuera Roberto Triviño Cárcamo”. Precisamente, un peón chilote.

Para el escritor del vecino archipiélago, “en estas huelgas, el discurso y la agitación la realizan los dirigentes europeos pero la acción, quienes se movilizan y cabalgan por las pampas de la Patagonia, son los obreros llegados desde Chiloé. Es simple de entender: sin esos obreros no hubiese habido huelgas. Además nadie puede desmentir que la mayoría de los fusilados y los prisioneros son chilotes. Un extenso debate intelectual y análisis social del acontecimiento histórico han realizado Mariela Eva Rodríguez, Alberto Harambour, Rosario Güenaga y Ernesto Boholasvky, entre otros”. Ante la probable descalificación xenófoba, puntualicemos que cuatro de los nombrados son ciudadanos argentinos.

Peones detenidos en La Anita (*)

La evidencia es contundente. “Los rastros de la participación de los chilotes, que lideraron las comisiones que en estas huelgas cabalgaron por las estancias convenciendo a los obreros, se encuentran a cada paso cuando se revisan documentos y diarios de la época. Daré algunos nombres: Juan Naín, Roberto Triviño Cárcamo, Antonio ‘El Negro’ Leiva, a quien el periódico de los estancieros, The Magellan Times -que se publicaba en inglés en Punta Arenas- identificaba como uno de los principales cabecillas de los obreros movilizados en el interior de Puerto Deseado, junto a José Font”, es decir, el célebre Facón Grande. “Otros: José Descoubieres, lugarteniente de Outerelo… Bayer describe su participación en la toma de Paso Ibañez. También Oscar Manuel Mansilla y más, cuyas historias se cuentan en mi libro”.

Es verdad que “algunos no tenían la educación ni la experiencia sindical de los españoles. Por esa razón no eran dirigentes de agitación, pero los que aprendieron a leer y escribir en la escuela de la FOM (Federación Obrera de Magallanes) fueron delegados en las estancias. Por ejemplo, en la única foto de Outerelo, está acompañado por un obrero chilote, presumiblemente Descoubieres. A esto agrego que en la creación de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, estuvo como representante de la FOM, Marcos Mancilla Eugenin”. Solidaridad internacionalista a los dos lados del límite.

 

Indígenas en silencio

 

Nuestro interlocutor también realzó “la admiración que Antonio Soto (el no menos célebre Gallego) mostraba por la lealtad de los chilotes en el movimiento obrero. Para más abundancia, si revisamos la lista de los obreros presos en la cárcel de Río Gallegos, la gran mayoría, casi el 90 por ciento es de Chiloé, o gente de las islas viviendo en Magallanes”. En ese establecimiento padecieron algunos de los sobrevivientes, detenidos varios meses después de los fusilamientos.

Un peón gallego y otro chilote, prisioneros en 1921

En su libro, una reactivación de la denuncia y apasionada interpelación a los silencios que se instalaron en ambos países, Mancilla Pérez sostiene que entre los fusilados de diciembre de 1921, el 80 por ciento era chilote y que entre ellos, la mitad eran de origen williche, es decir, indígenas de Chiloé. En términos de trayectorias individuales, “es de destacar a Juan Naín, el Gordo Petiso… El mismo Bayer describe su fusilamiento, él participa con cierto liderazgo en la toma de Paso Ibáñez, escapa, es otra vez apresado y se le aplica la Ley de Fuga. En Chiloé, en temporada de esquila, en los años del boom lanero, por causa de la Primera Guerra Mundial llegaban barcos de la Braun y Blanchard y de la Menéndez Behety, que venían a buscar obreros para llevar a la Patagonia. Por centenares se embarcaban los isleños para viajar encerrados en las bodegas”, contextualizó el autor. En 1908, José Menéndez y Mauricio Braun habían fusionado sus compañías para dar origen a la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, es decir, La Anónima.

Son hirientes las omisiones que hasta hoy perduran. “De los chilotes de origen williche se rescatan menos de una decena de nombres: Juan Naín, los hermanos José y Pedro Caicheo, fusilados en la estancia la Anita… En la lista de los obreros presos en la cárcel de Rio Gallegos, entre los nombres de más de 180 obreros, sólo uno de origen williche: Juan Francisco Melipichun, de 20 años. ¿Qué paso con los otros? Se les fusiló ‘porque ensuciaban una Patagonia que debía ser blanca y argentina’, así lo dice Bayer. Se les aplicó la Ley de Fuga, se escaparon... Los chilotes de origen williche eran los ‘tumberos’, vagabundos que andaban por las estancias mendigando trabajo. Así fue hasta los años 60, gente que escapaba de la pobreza de las islas y se embarcaba a buscar la vida en la Patagonia. Lo mismo hicieron los españoles escapando del hambre y ahí aparece la discriminación, al establecer la diferencia. Es el mismo hambre pero en esta historia los europeos son los héroes y los otros los olvidados. A esa diferenciación lamentablemente también contribuyó Bayer con esos comentarios xenófobos, que quiero creer, eran la representación del pensamiento que justificó la represión. No podría contradecir de ese modo sus ideales anarquistas”, polemizó Mancilla Pérez.

En primer plano, el capitán Viñas Ibarra, fusilador de trabajadores rurales (*)

Tuvieron que pasar 100 años para que el férreo olvido comenzara a resquebrajarse. “La historia de los chilotes fusilados en la Patagonia durante décadas permaneció en la memoria de los campesinos isleños pero nadie tuvo el valor de rescatarlas. Eran historia de ‘ñangos’, de ‘indios’ que a nadie importaban. El racismo sin raza que también nos ensucia en esta isla, se murieron los abuelos que vivieron estas historias y nadie les creyó tanta tragedia. Un reconocido historiador local mal rescata un párrafo del diario de Castro, que informó de modo tergiversado estas huelgas. Nunca nadie investigó las matanzas que se contaban alrededor del fogón, yo llegué a conocerlas de segunda o tercera fuente: un hijo o un nieto que escuchó a los ancianos de sus andares por la Patagonia o de aquellos que emigraron a la por los años 40 y escucharon de estas matanzas. Todos tenemos parientes en la Argentina: en Comodoro, en Puerto Deseado, en Puerto San Julián, en Río Gallegos, en Rio Grande, en Ushuaia… Primos, hijos de los hermanos de nuestros padres o los nietos de los hermanos de nuestros abuelos. No se puede, aun cuando se quiera, desconocer que la Patagonia, sin fronteras, la poblaron los chilotes”, finalizó Mancilla Pérez. Sangre mestiza y williche que todavía clama justicia desde demasiadas tumbas sin nombre, después de un siglo de impunidad empresarial y militar.

 

(*) Las imágenes son gentileza Luis Milton Ibarra Philemón, encargado del Museo de Calafate.