# LA VÍA DE LA TRATA

De Anzoátegui a Trappa, un siglo de explotación en el caldenar pampeano

A fines de mayo, es decir, en tiempos de aislamiento social preventivo y obligatorio, un grupo de hacheros fue trasladado a lo largo de 450 kilómetros dentro del acoplado de un camión de la empresa Vía Cargo. Los habían despachado desde la Cabaña Curacó, ubicada en Gral. Acha, La Pampa, hacia Cipolletti, Río Negro. Desde allí continuarían viaje a Buenos Aires en un micro de la empresa Vía Bariloche, con destino final la provincia de Chaco, la tierra de origen de esas personas. Vía Cargo y Vía Bariloche pertenecen a la familia Trappa, también la Cabaña Curacó. Una nota de Hernán Scandizzo para Terrapalabra.

13/06/2020
Nacional

 

Los periodistas Santiago Rey y Sebastián Premici reconstruyeron el peregrinaje del grupo de hacheros y las condiciones de trabajo a las que estuvieron expuestos en Gral. Acha. Sus notas, publicadas en los portales En estos días y Cadena del Sur, testimonian un presente, que sin temor a exagerar, tiene mucho de un pasado que nunca se fue. El acoplado del camión de Vía Cargo en un parpadeo se convierte en el vagón de carga en que el administrador del establecimiento de Fortunato Anzoátegui despachó detenido a un grupo de hacheros en huelga. La Cabaña Curacó y el Centro Genético del mismo nombre, dos ambiciosos proyectos que son parte de la evolución ganadera en Argentina, según la empresa, en un parpadeo se transforman en el emporio industrial forestal emplazado en cercanías de La Adela, en el sureste pampeano. En un parpadeo el presente y el pasado se funden.

En 2003 la familia Trappa, dueña del grupo Vía Bariloche, compró la estancia Maraco Chico ubicada a 30 km al sudoeste de la ciudad de Gral Acha. “Cabañas Curaco, surgió a partir de la necesidad del productor de la zona pampeana de poder comprar un reproductor de ‘Alta Genética’ nacido y criado en un campo, donde la oferta forrajera y condiciones del clima son poco favorables para su producción. (…) Actualmente contamos con un centro genético modelo siendo el más tecnológico de Sudamérica”, destaca el relato corporativo. “El manejo de nuestros rodeos de producción tanto puro controlado como pedigree se realiza totalmente a campo sobre la base de pastizales naturales, los cuales son pastoreados de manera estratégica para no degradar las especies forrajeras de mejor calidad”. La aplicación de tecnología de última generación y la sostenibilidad son las cartas de presentación elegidas por la empresa.

Un siglo atrás el periodista Jaime Molins escribió el libro El Alto Valle del Río Negro por encargo de la empresa británica Ferrocarril del Sud. En sus páginas relata la llegada del progreso al Alto Valle (el progreso son las obras que transforman el territorio y el tendido del ferrocarril, claro está, es la que habilita al resto). En ese recorrido también se adentra en la región del Colorado, que es atravesada por el ferrocarril, y dedica un capítulo a las hachadas de Anzoátegui. “Hace poco más de un año, corría el tren como moro sin señor por este kilómetro [786 del Ferrocarril del Sud], sin detenerse, sin anunciar, con un silbato de redención, que se aprestaba el progreso arrollador a plasmar una nueva vida en los dominios del bosque conquistado. La transformación ha sido vertiginosa y radical. Se ha detenido por fin el tren, y al plantar su estación [bautizada Anzoátegui], ha tirado, sin duda, la simiente de un gran pueblo”. Molins se aventura a afirmar que ese establecimiento transformaría el sudeste pampeano, abriendo “un nuevo horizonte industrial y económico a La Pampa, completando para el gran territorio, la cenefa que cerró magistralmente [Gral.] Pico por el Norte, y por el Este el rosario de pueblos recostado sobre el Meridiano Quinto”.

 

 

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“Los peones hacheros contratados por la famiglia Trappa, del grupo Vía Bariloche y dueña de la estancia “Cabaña Curaco” ubicada en La Pampa, vivían en condiciones de extrema precariedad distribuidos en al menos tres campamentos. Así fue constatado por la División de Seguridad Rural de General Acha y por el fiscal Juan Bautista Méndez”, sostienen Premici y Rey el 27 de mayo en Cadena del Sur. “En ‘un cuadro con monte muy cerrado, comenzamos a recorrer una picada, la cual se nota que se utiliza con regularidad ya que se pueden denotar varias huellas de vehículo; en esa altura podemos ver una casilla, con varias máquinas agrícolas al lado de la misma, al bajarnos constatamos que se trataría de un asentamiento o campamento en abandono de trabajadores rurales, el mismo está compuesto por un colectivo de color blanco, desarmado y en desuso y una casilla, como así también hay una habitación precaria compuesta de chapa al medio de dichos vehículos. (…) Los inspectores encontraron al menos tres campamentos de estas características, en los cuales el baño consistía en cuatro palos y una lona -¿para simular privacidad?-, y un balde”.

Días después, también en Cadena del Sur, publican el testimonio de algunos de los hacheros. “En el monte pampeano trabajaban hachando durante nueve horas por día, de lunes a lunes, dormían en casillas de chapa, algunas con piso de tierra, y soportaban sin frazadas el frío de las noches en el campo. (…) Las condiciones de trabajo en ‘Cabaña Curacó’ eran extremadamente precarias: la comida no siempre alcanzaba, a los peones no les dieron ropa adecuada para cortar la madera, se bañaban a la intemperie con agua fría y les pagaron en negro”.

 

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Parpadeo, cambio de página. El sociólogo Jorge Etchenique escribe: “Haciendo un breve raconto de escenarios conocidos, hay registros de años previos y posteriores a 1920 que muestran la dura vida de los hacheros en las explotaciones forestales de los inmensos montes pampeanos de caldén. Ejemplo de ello fueron los toldos/taperas como viviendas, báscula ‘preparadas’ en el pesaje de la leña y descuentos por uso de herramientas. Por toldos debe entenderse un enrejado construido con varillas de caldén, sobre el que se asentaba un compuesto de barro y pasto puna y sobre él más pasto puna seco, material que también era usado para las “camas”, todo ello sobre un pozo de 50 cm”. En párrafo aparte continúa: “Como en los obrajes no circulaba dinero en efectivo, el emitido por las empresas podía ser canjeado por ‘plata de verdad’ en el Banco Nación más cercano, pero los hacheros eran disuadidos con la advertencia de que serían despedidos si así lo hacían. Entonces, la mayoría cambiaba esos vales en la proveeduría por mercadería y es de suponer los precios y equidad del canje. Esta situación provocó que los obreros de Gamay denunciaran que eran doblemente explotados, ‘como productores y como consumidores’”.

 

Entre 1917 y 1921 en varias oportunidades los hacheros se declararon en huelga en La Pampa: 1917, en Guatraché y Conhelo; 1918, en Rucanelo; 1919, en Anzoátegui y Gamay; y 1921, en Cereales. Etchenique prosigue: “En Anzoátegui, al menos en una oportunidad, los dirigentes de la huelga fueron convocados a ‘dialogar’ y una vez en la oficina, la policía los condujo a uno de los vagones del tren propio que tenía el dueño de esa doble explotación forestal y salinera, para ser trasladados a Santa Rosa -distante 300 km- para su juzgamiento directo, sin escalas ferroviarias ni jurídicas”.

El trato que en el establecimiento de Anzoátegui recibían quienes reclamaban derechos no amedrentó a los trabajadores que en 1922 impulsaron la agrupación anarquista Hacia la Emancipación. En el comunicado publicado en el diario La Protesta el 12 de abril planteaban que su objetivo era “conseguir una férrea organización de trabajadores que se sepa imponer ante toda la intransigencia de nuestro juez y verdugo: el Capital”. La meta era clara, pero la agrupación tuvo corta vida.

En 1923 en ese ‘faro de progreso’ circuló un manifiesto titulado Imbéciles por el mendrugo en el que militantes anarquistas denunciaban a la patronal y también cuestionaban la pasividad de los trabajadores. “Parece mentira los atropellos llevados a cabo en este dominio feudal, en la persona de honrados y nobles trabajadores; aquí donde se ha asesinado en la forma más inhumana entre los montes; aquí donde se ha atado a una soga a los caldenes, se les ha sacado la ropa y se los ha azotado hasta hacerles brotar la sangre; aquí donde se los ha tenido en la barra tres o cuatro días, amasijándolos con vergas de toro y, finalmente hecho desaparecer, sin haber sabido jamás sus paraderos, logre aun tener incautos, logre aun tener imbéciles por el maldito mendrugo, logre aun tener rufianes sostenedores de la injusticia y logre tener aun mansos corderos e insensibles sin corazón, e instrumentos de la calumnia”. (1)

 

Años más tarde, el 9 de junio de 1926, el diario La Protesta publicó un extenso informe sobre la vida en el establecimiento modelo. “Existen otras maneras de explotar al pobre trabajador que por desgracia cae en esta colonia de propiedad del señor Anzoátegui, siendo una de las principales causas de explotación la moneda con que se le paga al trabajador, pues como no tiene valor en otra parte, al que la recibe no le queda otro remedio que gastarla en los negocios de explotación del mismo establecimiento, consumiéndose la mayor parte en un ‘boliche’ que lleva el nombre de hotel, en donde los trabajadores consumen esa plata – sin valor en otra parte – en vino, caña y cerveza, todo lo cual se cobra a precios exorbitantes”, relataba el autor, que firmaba J.U.

“Esto, a pesar de que el señor Anzoátegui tiene en un gran tablero al frente de la estación, un epitafio a las víctimas, que dice: En esta colonia se da trabajo al que lo solicite. Se inculca el ahorro. Se prohíbe el juego y la bebida. No hay policía ni se necesita, porque la solidaridad humana está afianzada en el respeto recíproco de los hombres trabajadores. Ningún amigo más generoso y más leal que la tierra sometida por la voluntad y la inteligencia del hombre. Aquí está su felicidad. Aquí está su fortuna. Podemos afirmarlo. Fortunato Anzoátegui”, detallaba J.U. “Realmente no se lleva a cabo nada de lo que dice dicho tablero, pues aquí se juega, se toma bebida hasta el extremo de la embriaguez, y también hay policía, a pesar de que dice que no se necesita”, continuaba.

Etchenique apunta que entre mayo y junio de 1943 el periodista José Escol Prado publicó cinco notas en el diario Noticias Gráficas sobre la vida en los obrajes pampeanos en las que se refiere a la existencia de toldos míseros y la ausencia de médicos y escuelas. También Etchenique cita una nota de Pablo Fernández, “Cuando en Hucal talaban la Patria”, publicada en 1984 en un Boletín de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, en la que describe condiciones similares de vida y advierte la proliferación del trabajo infantil.

 

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Parpadeo, hacheros libres trasladados 450 kilómetros dentro del acoplado de un camión. Parpadeo, hacheros presos traslados 300 kilómetros en un vagón de carga. Parpadeo, dos ambiciosos proyectos que hoy son parte de la evolución ganadera en Argentina. Parpadeo, se abre un nuevo horizonte industrial y económico a La Pampa. Parpadeo, personas sometidas a condiciones miserables de vida y de trabajo. Parpadeo, el presente y el pasado se funden, la respetabilidad de los apellidos ilustres se desvanece.

 

Artículo originalDe Anzoátegui a Trappa, un siglo de explotación en el caldenar pampeano

* Hernán Scandizzo es periodista y editor del sitio Terrapalabra.

NdA: No es fácil encontrar libros o artículos, que al menos tangencialmente, indaguen sobre la vida, las condiciones de trabajo y las luchas los hacheros de La Pampa, es como si no tuvieran historia. Sin embargo existen y algunos se pueden descargar de manera libre, como el artículo “Relación laboral y conflictos en los obrajes pampeanos”, de Etchenique, publicado en Conflictos sociales en La Pampa (1910-1921); el libro de Gonzalo Folco La tierra quema… trabajadores rurales en el territorio nacional de La Pampa; o el artículo de Folco y Leonardo Ledesma “Trabajo, condiciones materiales y resistencias en el mundo obrero rural del Territorio Nacional de La Pampa”, publicado en Historia de La Pampa I. Sociedad, Política, Economía. También se puede ver el documental de Jorge Prelorán Los Hijos de Zerda, que comenzó a rodar en 1974 y estrenó en 1978 en Estados Unidos, donde se exilió.

 

* Fotos tomadas de Fototeca Bernardo Graff, Album Anzoategui (Guatraché – 1918)

 

(1) Expediente Nº 172 /1923, Juzgado letrado de Río Negro, Ruggerone, Casiano; Hernando, Esteban; Álvarez, Juan; Gómez, Andrés s/robo. Archivo Histórico de Río Negro.