Ni el Día de la Mujer Indígena se detuvieron “expresiones del genocidio”

Mientras medios y redes se pueblan de frases racistas e incitadoras al odio; en la cotidianidad de la contención y el afecto, Pu Pichikeche Choike propone a sus niñes, en cambio, “vivir con alegría la cultura y la identidad“.

06/09/2020
Adrián Moyano

(Ilustración Rocío Griffin)

Era en abril. Un día, la mapuche mujer indígena tuvo que acompañar la tenaz resistencia de la comunidad Buenuleo. “Soy del espacio Pu Pichikeche Choike, organización que trabaja principalmente por la revitalización del mapuzungun con niños y niñas. Muchas veces, organizaciones o comunidades que están en el Wallmapu se ocupan de la resistencia en el territorio, de la producción de formas de subsistencia, de la recuperación de aspectos de la cultura como el telar o el tejido o la platería y también, del mapunzungun. Pero hay pocos espacios que involucren a la niñez o la contengan”, destacó Yanina Llancaqueo.

Esa opción fue la que definió la solidaridad en el conflicto. “Al vivir la mapuchidad en un contexto urbano, vamos generando actividades que promuevan nuestro trabajo en dos barrios: el Pilar II y el Frutillar. Empezamos hace más de siete años, de la mano de la comunidad Maliqueo porque Irma Maliqueo es parte de Pu Pichikeche Choike. En el comedor de su casa comenzaron estos talleres, primero con una invitación abierta y los que se acercaron fueron niñes (sic), así que por ahí fue nuestro trabajo. Luego se sumó el Pilar II y nos acercamos al lofche (comunidad) Buenuleo, también en una casa y eso no es menor, porque en las casas la cercanía es distinta. Los vínculos son otros a los que pueden darse en una escuela. Nuestros talleres son pequeños, cercanos y con estas comunidades”, ilustró la joven, mapuche mujer indígena.

Comunidad Buenuleo

“Por eso estuvimos muy cerca de la terrible violencia ejercida contra los miembros del lofche Buenuleo. Vivimos con mucha preocupación que las niñas y los niños con quienes jugamos en los talleres, les (sic) que nos hacen dibujitos para que nos llevemos a nuestras casas, con quienes hacemos la tarea, compartimos la merienda y campamentos, sufrieran violencia directa”, recordó Llancaqueo. “Además de atentar contra el derecho a la identidad y a la propia lengua, objetivos de nuestra organización, esa violencia atentaba contra la propia vida. En aquellos momentos, de suma fragilidad y preocupación, replicamos la información para que circulara por las redes y quienes estaban involucrados en las acciones violentas, se sintieran observados. Así acompañamos a la lofche Buenuleo”, resumió.

 

Origen compartido

 

Era en julio. Un día, la mapuche mujer indígena vio que sus parientes estaban aislados por una nevada. “Mi familia es de la zona de Cañadón Chileno y Aguada del Zorro, a unos 200 kilómetros de Bariloche. Yo soy de la primera generación nacida acá pero vengo de madre, tíos y tías que migraron forzosamente, teniendo que dejar el campo, el lugar donde nacieron para buscar mejores condiciones de vida. Esta historia se repite en muchas familias de Bariloche. Por suerte, la ligazón y el vínculo con el lugar que los vio nacer, nunca desapareció. De hecho, yo considero que es mi tuwün (origen). Mi tuwün es Furilofche pero también aquel lugar”, resaltó la educadora.

No hace mucho que “por un mes, tuvimos la incertidumbre y la enorme preocupación de no saber de nuestros familiares: tíos, primos, nuestra abuela… Dos de ellos estuvieron aislados un mes y sabíamos que no habían podido proveerse de forraje ni de alimentos, porque no los dejaban ir a Comallo, menos aún a Bariloche. Por abril viajé al campo a buscar a mi mamá, que estaba allá y la agarró la cuarentena. Pasé por una situación nada grata en Comallo, porque no me dejaban ir a buscarla ni pasar unas cosas que llevaba. Fue bastante difícil, sabemos que la gente del campo está realmente olvidada. Los funcionarios no piensan en la población rural, ni en su bienestar ni en que puedan seguir habitando sus tierras. Hace décadas que los caminos son intransitables y no hay medidas a que apunten a que esta población pueda seguir habitando sus tierras. Es otra expresión del genocidio y de intereses que están como buitres, esperando instalarse”, hipótesis de fácil comprobación.

El drama en Cañadón Chileno y Aguada del Zorro

Ante las consecuencias de la nevada, “nos movimos como familia para ayudar a nuestros familiares. Muchas organizaciones también se movieron, como la Coordinadora del Parlamento Mapuche o Cáritas y la Red Solidaria, pero nuevamente, fueron acciones para tapar emergencias y el gobierno nunca hizo más que pasar una máquina. Con las omisiones, literalmente se está echando a la gente de la tierra: no se garantiza el acceso a las tierras y casas, no se piensan estrategias productivas para que puedan seguir en el campo, no se aplican políticas que mejoren la vida en el campo… Mi tío y mi primo no tienen luz ni ninguna conexión”, ejemplificó la joven Llancaqueo. “Muchas veces nos quedan imágenes que simbólicamente, muestran mensajes muy claros: Nazario Cayu tirado en un desierto blanco, en un montón de nieve… Es la viva expresión de cuál es la importancia que el Estado le da a los pobladores mapuches o rurales”.

 

Siempre la misma clase

 

Es en septiembre. Un día más, la mapuche mujer indígena lee regueros de comentarios racistas y xenófobos en medios de la ciudad donde nació. “Con lo que está pasando ahora con la lof Lafken Wingkul Mapu, pienso que no son situaciones aisladas, sino expresiones nuevas y creativas del racismo y del nacionalismo que se ha creado para excusar, para argumentar los intereses de una clase que siempre ha tomado la tierra y ocupado Wallmapu de la forma más violenta. Son la expresión de un genocidio que aún continúa… Parece un cliché pero es así, es necesario darlo a conocer. Un genocidio que continúa a través de acciones más o menos directas, desde matar por la espalda a un lamgen como Rafita (Rafael Nahuel) o desde una Justicia que es totalmente parcial y toma posturas que hacen caso omiso de las leyes que amparar los derechos indígenas”, graficó Llancaqueo.

Yanina Llancaqueo

“Puedo estar influenciada por esta época tan rara, en la que no podemos juntarnos, pero mis emociones van variando de la tristeza a la impotencia y a la bronca, por vivir tan explícitamente el racismo. Digo nuevamente que no son situaciones aisladas, son parte de una misma idea que subyace”, consideró. “Pensaba en qué lugar me toca, qué lugar nos toca como organización, como pueblo, qué hacer ante cada cosa. Qué respuesta dar y cómo tienen que ser esas respuestas… Pienso que como pueblo, a veces nos falta ver claramente quién está del otro lado, ver los intereses de estas expresiones y tratar de no atentar contra nuestro propio pueblo. Son tareas pendientes fortalecer y fortalecernos, fortalecer los vínculos entre comunidades y organizaciones, entre el campo y la ciudad. Muchas cosas no han cambiado porque desde la fundación del Estado, hay un poder que sigue siendo el mismo. Ahora cuenta con la ayuda de los medios, que directamente digitan lo que los vecinos violentos tienen que decir”, señaló la mapuche mujer indígena, que nació en Bariloche.

“Al estar cerca de les niñes (sic) de las comunidades, pienso en qué visión tendrán ellos porque habitan en las casas donde están los referentes, los integrantes de comunidades o cualquier mapuche que se auto-reconozca”, enumeró. “En las casas, están estos temas y ¿cómo será su mirada? ¡Qué difícil que es ser mapuche! Tampoco podemos dar esa visión”, cuestionó. “Siempre en el conflicto y siempre en alerta, cuando en realidad la cultura y la identidad se tienen que vivir con alegría. Veo que es importante la vivencia con alegría de la identidad y la cultura. Si su identidad es negada en la escuela y en todo el ámbito urbano y a su vez, es sufrida al interior de la familia, ¿a qué pibe la va a gustar ser mapuche?”.

Pu Pichikeche Choike en plena faena

En 1983 se instituyó al 5 de septiembre como Día Internacional de la Mujer Indígena. Se eligió la fecha en memoria de Bartolina Sisa, mujer aimara que perdió la vida en 1782, mientas luchaba contra el yugo colonial español. En coincidencia con la jornada, los vecinos y vecinas de Bariloche que demandan una solución al conflicto de Villa Mascardi favorable a sus intereses, convocaron a un nuevo banderazo. “Son la expresión de un genocidio que todavía continúa”, piensa Yanina Llancaqueo, joven mapuche mujer indígena. Cuánta razón que tiene.