En “Borgen” la autonomía indígena no es ficción

Los inuit de Groenlandia (Kalaallit Nunaat) padecieron un “descubrimiento” similar al de los pueblos originarios en América. Sin embargo recuperaron su autonomía en 1979. La serie danesa que seduce a conservadores y progresistas deja al descubierto otra forma posible de abordaje del planteo de los pueblos originarios.

25/10/2020
Adrián Moyano

(Ilustración Rocío Griffin)

El gobierno que encabeza Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen) afronta una crisis de proporciones cuando llegan a la prensa imágenes que prueban el tránsito de prisioneros en forma clandestina por una base en jurisdicción danesa. La acción transcurre no mucho tiempo después de la represalia occidental en Afganistán y la versión indica que es habitual que vuelos de la Fuerza Aérea Estadounidense utilicen esas instalaciones.

El escándalo amaga extenderse porque los cautivos lucen de la misma manera que los tristemente célebres presos de Guantánamo, responden al estereotipo de los musulmanes y según informes de organismos defensores de derechos humanos, fueron apresados ilegalmente por efectivos norteamericanos.

La crisis se instala en “Borgen” porque la primera ministra accedió al poder con posiciones críticas a la participación de su país en la aventura que lideró Estados Unidos.

Birgitte Nyborg y su asesor

Además, hay un detalle que no interesó sobremanera a las legiones de espectadores que siguen la serie: el suceso no tuvo lugar en Dinamarca sino en la lejana Groenlandia. ¿Por qué repercutió entonces en Copenhague? Porque a pesar de su impronta dinámica, profundamente democrática y civilizada, el país nórdico es todavía una potencia colonialista y mantiene resabios monárquicas. En efecto, su denominación oficial es Reino de Dinamarca y formalmente, se conforma por tres espacios supuestamente autónomos: además de la extensión europea propiamente dicha, las islas Feroés y, precisamente, Groenlandia.

El affaire de las fotos genera chispazos en la coalición gobernante y también, acusaciones de la oposición, además de regocijos en la prensa. En primera instancia, Nyborg recibe en su despacho al titular del Poder Ejecutivo de la inmensa isla, un hombre alto de fisonomía muy distinta a la danesa promedio. Durante la visita, se muestra cordial y hasta sumiso pero luego, cuando la primer ministra decide viajar hacia el lejano oeste para contar con información de primera mano, el tono ya no es el mismo e inclusive, el anfitrión levanta visiblemente la voz en el idioma de sus mayores, que no es el danés. Ante sus demandas, la Primera Ministra decide extender su permanencia y se presta a recorrer las calles de Nuuk, su ciudad más importante. Quienes esperaban encontrarse con iglúes y trineos tirados por perros siberianos, seguramente se llevaron alguna decepción. Conmovida, Nyborg retorna a su casa entre maravillada y apesadumbrada. Encontró que la tierra de los inuit es la más hermosa del planeta y no está segura del favor que les hizo Hans Egede al “descubrirlos” a comienzos del siglo XVIII.

 

El país que Trump no pudo comprar

 

“El Mundo Indígena 2020” es el último informe publicado por el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA) que curiosamente, tiene su sede en Copenhague. Gracias a su circulación sabemos que el nombre original de Groenlandia es Kalaallit Nunaat y que en 1979 obtuvo su autonomía dentro del Reino de Dinamarca. Los inuit representan el 88 por ciento de la población, sobre un total de 56.225 habitantes. La mayoría de los inuit groenlandeses se llaman a sí mismos kalaallit. El idioma oficial es el kalaallisut, es decir, el inuit, mientras que el danés es el segundo. Además de la caza de subsistencia, la pesca comercial y el turismo, existen intenciones de desarrollar las industrias petrolíferas y mineras. El sector público dinamarqués aporta el 50 por ciento del presupuesto groenlandés y en 2009, casi una década después del episodio de “Borgen”, entró en vigencia la Ley de Autogobierno, que otorgó a Kalaallit Nunaat más autodeterminación, aunque siempre dentro del Reino de Dinamarca. Por otro lado, la Ley de Autonomía reconoció al pueblo groenlandés sujeto de derecho internacional con derecho a la libre determinación. Mucho tuvo que ver el trabajo del Gobierno de la isla en que Dinamarca aprobara el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en 1996. Tanto en Borgen -el real- como en Nuuk trabajan para que la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas se aplique en la práctica.

Los derechistas neoliberales argentinos y sus idiotas útiles no son los únicos que tienen dificultades para entender el concepto de autonomía. En 2019, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, preguntó a la nueva Primera Ministra danesa, Mette Frederiksen, si podía comprarle Groenlandia a Dinamarca. Frederiksen respondió que Dinamarca no es propietaria de Groenlandia, que Groenlandia es propietaria de Groenlandia y que además, no estaba en venta. En los hechos y en la legislación, maneja sus propios asuntos. Las autoridades locales se mostraron abiertas a recibir inversiones pero ratificaron que su país no se vende.

Mette Frederiksen, la Primera Ministra real que puso en su lugar a Trump

Claro que no todo es color de rosa: la economía depende en un 85 por ciento de la industria pesquera y las presiones para abrir el territorio a emprendimientos mineros y petroleros están a la orden del día. Además, el cambio climático se hace sentir especialmente en la zona del Ártico. Un representante groenlandés cuestionó en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2019 que el tema desapareciera de la agenda internacional y que el representante de los Pueblos Indígenas sólo contara con dos minutos para compartir su discurso.

 

Inuit y mapuche

 

Hay diferencias y similitudes entre la historia y el presente de los pueblos inuit y mapuche. Los primeros empezaron a ceder control territorial desde 1721 y perdieron su soberanía en 1814. Los segundos sostuvieron una guerra de 100 años con los españoles y se mantuvieron en libertad hasta fines del siglo XIX, cuando su territorio sufrió la invasión conjunta de los ejércitos de Chile y la Argentina. Al repartirse las nuevas conformaciones estatales sus territorios, los mapuche quedaron a uno y otro lado de los límites. Como consecuencia del mismo proceso, también hay inuit en Canadá. Éstos consideran prácticamente un insulto la denominación esquimal. La utilización del término araucano para designar a la gente mapuche también tiene contenido peyorativo en la Argentina, donde los sectores más refractarios todavía insisten con la falacia de su extranjería.

Mujeres y niño inuit con vestimenta tradicional

A diferencia del Wallmapu, Kalaallit Nunaat no sufrió procesos de inmigración masiva que convirtieran a su población originaria en minoría. Aun así, en vastas extensiones de las jurisdicciones actuales de Neuquén, Río Negro y Chubut la presencia mapuche es sustantiva e inclusive, mayoritaria. Otro tanto ocurre en la Araucanía y en el antiguo Futra Willi Mapu, es decir, el Gran Territorio del Sur (Regiones de los Lagos y los Ríos – Chile).

La composición poblacional actual de los antiguos territorios mapuches es el intríngulis más difícil de resolver ante la demanda de autonomía. Los inuit la recuperaron en 1979, el año en que la dictadura militar de la Argentina celebró con bombos y platillos el centenario de la Campaña al Desierto. Para el pueblo mapuche, todavía es una asignatura pendiente.

Consignas claras

Al parecer, la audiencia de “Borgen” crece día a día en la Argentina y desde la crítica “nacional y popular”, se apresuran a justificar el éxito en los parecidos que podrían encontrarse entre el personaje de Knudsen y Cristina Fernández de Kirchner. La permanente negociación a la que debe recurrir Nyborg para balancear sus convicciones con los requerimientos de la realpolitik parece seducir a columnistas de medios oficialistas. Aquella crisis con Estados Unidos por la utilización inapropiada de la Base de Thule, termina cuando la Primera Ministra danesa de la ficción observa por televisión al titular del gobierno inuit, en una charla de igual a igual con enviados estadounidenses. Como consecuencia, la visita del titular de la Casa Blanca a Copenhague que trabajosamente había gestionado su polémico asesor, Kasper Juul (Johan Philip Asbæk), se cae a pedazos. Iba a ser la primera visita oficial de su gobierno.

Esa es la trama. En la vida real, Dinamarca retiene la política exterior y de defensa que incumben a Kalaallit Nunaat. En la Argentina, que sus mandamases se dignen a hablar de autogobierno o autonomía con los 36 pueblos preexistentes, pareciera de ciencia ficción. La realidad todavía es colonial.

Movilización mapuche en Temuco 2019