La Campaña al Desierto, expansión capitalista

Mientras los imperialismos del mundo se consolidaban, en Argentina el flamante Estado Nación extendía sus fronteras. Los dos movimientos tuvieron un mismo objetivo: ampliar la territorialidad de la expansión capitalista. ¿Coincidencia?

06/12/2020
Adrián Moyano

Rosa Luxemburgo

Hay ciertas coincidencias cronológicas que son espeluznantes. Cuando historió brevemente sobre el último cuarto del siglo XIX, Rosa Luxemburgo resaltó “el auge que ha experimentado el capitalismo en la Europa reconstruido después del período de guerra de los años 60 y 70”. La inagotable luchadora puntualizó “la larga depresión que siguió a la fiebre especulativa y al crack financiero de 1873”, a los que continuó un período alcista de intensidad desconocida hasta ese momento. El ciclo expansivo empujó a los Estados europeos a disputar “una carrera por la conquista de países y territorios no capitalistas en el mundo”.

En los mapas argentinos que se utilizaron hasta 1875, la frontera del capitalismo se situaba en la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y Córdoba, más centro de San Luis y Mendoza, si tomáramos como referencias las jurisdicciones provinciales de la actualidad. Cuando en Londres, París o Berlín observaban el globo terráqueo, tenían plena conciencia de que la así llamada Patagonia y también la Araucanía, estaban fuera de los mercados que demandaban materias primas y ofertaban manufacturas.

Tropas argentinas en el fortín Codihue. A caballo, Ruibal, captor de Purran

Escribió la revolucionaria: “Desde los años 80 se viene notando un nuevo impulso extraordinariamente enérgico encaminado a las conquistas coloniales. Inglaterra se apodera de Egipto y crea en Sudáfrica un vasto imperio colonial; Francia ocupa Túnez en el norte de África y Tonquín en Asia oriental; Italia pone su pie en Abisinia; Rusia termina sus  conquistas en Asia central y penetra en Manchuria; Alemania en África y en el Océano Pacífico sus primeras colonias; finalmente, los Estados Unidos también se unen al coro y adquieren con las Filipinas sus ‘intereses’ en Asia Oriental”.

En nombre de la patria, la civilización y el progreso, la guerra genocida que emprendió la Argentina contra el pueblo mapuche fue parte de ese proceso. En 1882, las tropas ingresaron por tercera vez al Waizufmapu (Territorio de la Cordillera) y al País de las Manzanas, para atacar sin miramientos los hogares de los hombres y mujeres que seguían los liderazgos de Rewkekura, Keupü, Sayweke y Ñankucheo, entre otros longko. Después de los ataques y a diferencia de las expediciones anteriores, se abocaron a construir fuertes para consolidar la ocupación de “los territorios no capitalistas”. Otro tanto ocurría al occidente de la cordillera con el Ejército chileno y la campaña de Villarrica.

Ese mismo año, la Marina Real británica bombardeó Alejandría y las tropas que desembarcaron derrotaron a los nacionalistas egipcios en la batalla de Tel El Kabir, el 13 de septiembre. Londres desplazó 20 mil soldados para ocupar el Canal de Suez y para fines de octubre, controlaba el país. Antes de que expirara 1882, Egipto se convirtió “oficialmente” en protectorado británico.

 

De Sudáfrica a Sudamérica

 

En 1877, cuando la Zanja de Alsina tomaba cuerpo en la actual provincia de Buenos Aires, Gran Bretaña anexionó Transvaal en Sudáfrica, hecho que desencadenaría la primera guerra bóer. En 1879, al mismo tiempo que las cuatro columnas al mando de Julio Roca ingresaban por primera vez al Pikunmapu (Territorio del Norte, actual Neuquén), al Mamülmapu (Territorio de los Árboles, hoy La Pampa) y llevaban la línea de fuertes a los ríos Neuquén y Negro, tropas británicas derrotaron a los zulúes. La batalla decisiva se libró en Ulundi el 4 de julio, dos semanas antes de que los soldados de la 4ta División ultimaran al longko rankülche Baigorrita cerca de Añelo, capital del fracking en nuestros días. Las insurrecciones zulúes continuaron hasta 1884, el mismo año en que el longko Keupü cayó en un entrevero cordillerano para no levantarse más.

La batalla de Isandlawana, triunfo zulú ante las fuerzas británicas

En abril de 1881, mientras tres brigadas del Ejército Argentino acampaban por primera vez cerca del lago Nahuel Huapi, tropas francesas desembarcaron en Túnez y en una campaña que apenas se extendió por tres semanas, ocuparon el país. En mayo, cuando los expedicionarios comenzaron a retornar a sus bases en Chos Malal, Fiske Menuko (General Roca) y Choele Choel, quedó instituido el nuevo protectorado francés. Las revueltas que siguieron fueron rápidamente sofocadas. En la lejana Indochina, sus autoridades reconocieron la sujeción francesa en agosto de 1884, dos meses antes de que Inakayal, Foyel y centenares de los suyos fueran apresados en arroyo Genoa, víctimas de engaños y extorsiones. Y en la primavera austral de 1878, mientras columnas argentinas desplazaban a Namunkura de su hogar en el Lelfünmapu (Territorio de los Campos) y apresaban a íconos de la resistencia como Pincen, un enorme ejército británico se introdujo en Afganistán. La mayoría de sus efectivos eran indios. En mayo del año siguiente, la autoridad afgana concedió un tratado por el cual cedía el manejo de las relaciones exteriores a los británicos, además del control territorial de vastas zonas. En Buenos Aires, ya se trabajaba en la campaña presidencial de Roca.

El ciclo expansivo del capitalismo que lanzó a las potencias europeas hacia la profundización del colonialismo, coincidió con invasiones militares hacia los territorios indígenas que permanecían autónomos en la geografía argentina del presente. Aquí, Europa no necesitó movilizar sus ejércitos coloniales.

 

Dentro del Imperio

 

Durante el primer mandato del tucumano (1880-1886), el comercio exterior alcanzó cifras inéditas y desde el vamos, las importaciones superaron a las exportaciones, con la excusa de incorporar nuevas infraestructuras. En 1880, el país importó por más de 45 millones de pesos oro y cuando Roca finalizó su período, la cuenta había trepado a más de 95 millones. El crecimiento de las exportaciones fue significativamente menor: de 58 millones en 1880 a casi 70 millones en 1886. Quiere decir que el conquistador del Desierto tomó la administración con superávit comercial y la dejó con un déficit de 25 millones de pesos oro. El endeudamiento externo también se disparó: “La deuda consolidada que era de 57.079.000 pesos en 1880, alcanzó en 1884 a 122.603.000”, es decir, se duplicó y un poco más en apenas cuatro años. Parte de los créditos se utilizó para la adquisición de material ferroviario, la compra de armamentos y mejorar instalaciones portuarias en el Riachuelo. Entre 1882 y 1884, las arcas públicas debían canalizar cerca de 50 millones de pesos oro para atender los servicios de la deuda externa, cuando para el segundo de los períodos, la renta nacional ni alcanzó los 38 millones de pesos.

Roca, tratando de atajar la crisis que generó

Los economistas neoliberales del siglo XXI se darían una panzada con las cuentas del Presidente que su tradición política honra. ¿Con qué se cubrió el déficit fiscal? Con más endeudamiento externo. Para evitar la profundización de la crisis, se declaró inconvertible el papel moneda y como consecuencia, hubo corrida y estrepitosa fuga de capitales: el Banco Nacional giró hacia el exterior casi siete millones de libras y el Banco de la Provincia hizo otro tanto con 580 mil. La no convertibilidad se declaró para proteger a las entidades bancarias. En 1885, el papel moneda se depreció un 17 por ciento. El ferrocarril -símbolo de la hegemonía británica en la Argentina hasta su nacionalización en 1948- llevó su tendido desde 2.313 kilómetros en 1880 a 5.964 kilómetros cuando finalizó Roca su primer mandato.

En 1882, cuando todavía guerreros mapuche vendían caro su pellejo en la cordillera neuquina, se instalaron los primeros frigoríficos: The River Plate Fresh Meat Co y B. Terrasoik. El primero se convirtió en el exportador pionero de carne congelada hacia Gran Bretaña. Poseía varias carnicerías en Londres donde comercializaba directamente los cortes. En 1884 llegaron a la capital británica los primeros cerdos congelados. En 1886, abrió en Zárate Nelson and Co, siempre en el rubro frigorífico. En 1880, el mismo año en que cayó prisionero el longko pikunche Purran y mientras se hacía trizas los planes de Sayweke de convivencia pacífica con las autoridades argentinas, se fundó en Buenos Aires la compañías Pantelefónica Gower Bell. Movimientos accionarios posteriores desembocarían en The United River Plate Telephone Company, con previsible sede en Londres y capital británico. Para operar adoptó la designación de Unión Telefónica (UT) y disfrutó de posición dominante durante 43 años.

Prisioneros mapuches fotografiados en 1882 o 1883 en la zona de Aluminé

El último malón mapuche tuvo lugar en 1888 en la jurisdicción de Mendoza. 45 años después, cuando festejara el acuerdo por la exportación de carnes al que había llegado con el representante británico, Walter Runciman, Julio Roca (hijo) levantó la copa y dijo: “Por la Argentina, la joya más brillante de la corona británica”. Para su padre, la patria había sido el capitalismo. El imperialismo del siglo XIX, su última fase.