Cinco ideas básicas para estimular la crianza de varones igualitarios

Cada año se suman más voces a la tarea de señalar a la violencia machista como un problema estructural en tanto construcción cultural que reproducimos socialmente. Una nota de Sebastián Fonseca (*)

23/01/2021

 

En 2020 a través de diferentes medios y formatos se ofrecieron herramientas conceptuales y prácticas para todos los géneros. Una de las líneas de acción más sugeridas en las diversas actividades ha sido la de poner especial atención a la crianza.

Se trata de pensar qué modelos de masculinidad estamos mostrando a las infancias actuales, cómo podemos ejemplificar con nuestra actitud cotidiana generando modelos culturales de masculinidad que rompan los límites obtusos del patriarcado. Tomemos algunos ejemplos que pueden orientar nuestras miradas, discursos y prácticas en torno a la amorosa tarea de la crianza.

 

1 - Aprendemos a ser varones

La identidad de género es un proceso que comienza en la infancia. La matriz institucional tradicional (familia, escuela, medios de comunicación, etc.) señala sólo dos opciones: masculino o femenino y, al mismo tiempo, cuáles son las maneras en las que puede expresarse cada opción. Si esto es un proceso de socialización, significa que se trata de un aprendizaje, de una construcción, por lo que pueden pensarse y ponerse en práctica nuevas pedagogías acerca de lo importante de estimular la sensibilidad para con la música, la poesía o el baile, sin importar el género, ya que las actividades humanas no tienen por qué estar generizadas.

 

2 - Juegos y juguetes

En cuanto a juegos y juguetes, existe una gran diversidad entre les peques a quienes el mundo adulto-céntrico patriarcal se empecina en concebir de manera binaria. Así, lo más común al entrar en una juguetería es que nos pregunten si el regalo será para un nene o una nena, ya que así tienen catalogados los productos y la distribución espacial de los mismos. Podemos responder que eso no importa y preguntar qué juguetes tienen que sean para todos los géneros. Si quien nos está atendiendo no sabe qué decir, podemos hacer nuestra propia búsqueda pensando en la pequeña persona a quien queremos hacerle un regalo y elegir sin hacer caso a las etiquetas. Difícil, ¿no? Por eso mismo hay que ponerlo en práctica cuanto antes.

 

3 - Admirar a otros géneros

La masculinidad, en tanto modelo cultural tradicional que nos impone el patriarcado, se ubica en la máxima jerarquía en la estructura de relaciones de género. Esto tiene, entre otros resultados, la generación de lo que se conoce como homo-afectividad, que implica que los varones cis heterosexuales solamente admiran a otros varones cis heterosexuales. Así, sus experiencias vitales se inspiran en personas que cantan, escriben, se dedican a la política o al deporte, pero que también son varones cis heterosexuales. Es importante buscar y compartir modelos no hegemónicos que puedan resultar en fuente de inspiración, en referencias que cuyas cualidades centrales no sean la competencia, la dominación o el poder.

 

4 - Incorporarlos a las tareas domésticas

En un taller, al hablar acerca de la implicación de los varones en las tareas del hogar, una participante compartió su reflexión acerca de su propia experiencia: “Estoy criando a un inútil”, dijo. ¿Cuántas veces impedimos que el varoncito de la casa nos ayude a cocinar o a limpiar porque “es cosa de niñas”? En tal sentido, enseñamos a los varones a no implicarse en estos quehaceres, por esto es frecuente que siendo adultos digan “te ayudo”, en lugar de “me ocupo”.

 

5 - No les permitamos pelear, pero sí expresar la tristeza

El modelo de masculinidad tradicional, como todo ideal cultural, es inalcanzable y esto genera mucha angustia por la discrepancia entre lo exigido socialmente y la conciencia de las propias limitaciones. En los talleres hacemos actividades para evidenciar hasta qué punto dejamos la administración de nuestras emociones al sentido común dominado por la lógica machista. En esta actividad casi siempre aparece la tristeza como la emoción que los varones experimentan con mayor frecuencia. Este dato resulta significativo, ya que la tristeza suele ser también la emoción que los varones señalan como aquella que más les cuesta expresar.

Entonces, podemos decir que los varones en general la mayoría de las veces sentimos tristeza y que, al mismo tiempo, es la emoción que más nos cuesta expresar. ¿Será que nos cuesta expresarla porque no aprendimos cómo hacerlo?, ¿o será que aprendimos a no expresarla porque socialmente se considera un signo de debilidad?

Otro dato importante que surge de este experimento es que la mayoría de los varones señala que una de las emociones que menos les cuesta expresar es el enojo. Es decir que parece que sí sabemos muy bien cómo expresarlo. Desde muy peques, a los varones no sólo se nos desaconseja mostrarnos sensibles y cariñosos, sino que además se nos estimula a ser violentos en nuestra manera de relacionarnos con el entorno, ya que se nos educa para buscar el poder y ejercerlo. La violencia debe entenderse como una manera aprendida de expresar el enojo, la violencia debe dejar de ser una forma de comunicación.

bell hooks

Dice bell hooks que las culturas de la dominación se caracterizan por atacar la autoestima y sustituirla por la idea de que obtenemos nuestro sentido de ser a partir del dominio de otros y otras. Quizá si cada cual tuviera esto en mente y se propusiera desarmarlo, la crianza tomaría otros caminos donde se prefigure una visión igualitaria, más cercana a la generación de relaciones realmente democráticas.

 

 

(*) Sociólogo, docente y escritor. Integrante del Centro de Estudios de Masculinidades de la Universidad Nacional del Comahue.