A 90 años del fusilamiento de Severino Di Giovani

- ¡Viva la anarquía!- fue el último grito que dio Severino Di Giovanni frente al pelotón de fusilamiento, instantes antes de recibir ocho balazos en su cuerpo y el tiro de gracia que puso fin a su vida. Un recuerdo de Javier Torres Molina (*)

30/01/2021
Nacional

 


Era el 1º de febrero de 1931 y el edificio de la Penitenciaría de Buenos Aires se hallaba rodeado de cientos de curiosos. Autoridades con sus uniformes militares, personalidades vestidas de gala y cronistas de los diarios más importantes eran los testigos presenciales de tamaño acontecimiento.

A las 5:10 de la madrugada, el cadáver de Di Giovanni yacía en el césped, rodeado de un charco de sangre; el respaldo del banco donde se había sentado quedó astillado por el impacto de las balas.

Se trataba del fusilamiento del enemigo número uno de las fuerzas policiales. Desde hacía tres años se lo perseguía por una serie de robos y atentados que había cometido junto a su grupo, también se lo culpaba por todo aquel ilícito en el que no se encontraba a ningún responsable. Había podido burlar varias veces a la policía, que lo buscaba con desesperación. Su fotografía ocupó varias veces las tapas de la prensa, se lo tildaba como el delincuente más peligroso y sangriento de los últimos tiempos.

Severino Di Giovanni era italiano, había nacido en Chieti el 17 de marzo de 1901. Fue testigo en su adolescencia de la violencia que padeció su pueblo durante la primera guerra mundial. Pero el período más violento lo vivió luego de terminada esa guerra con el surgimiento del fascismo, que persiguió por todos los medios –incluyendo el asesinato- a sus opositores, entre ellos a los anarquistas.

Casado con su prima Teresa Masculli, padre de Laura y sin trabajo, Severino Di Giovanni arribó a la Argentina en mayo de 1923. Primero trabajó vendiendo las flores que cultivaba. Más adelante se empleó en una imprenta como tipógrafo y linotipista. Dos años de después de haber llegado nacieron sus otros hijos, Aurora e Ilvo y comenzó a participar en reuniones de grupos anarquistas y antifascistas.

 

La lucha antifascista

 

Argentina contenía a grandes contingentes de italianos que habían huido de su país por razones económicas y por ser opositores al fascismo. También el movimiento anarquista desde principios de siglo tuvo un alto desarrollo en el país y Severino Di Giovanni no tardó en adherir al ideario libertario.

 

Para propagar sus ideas comienza a escribir artículos en la revista L’Avvenire. Analiza en sus escritos la situación política y social que atraviesa el país y refleja la persecución que sufren los anarquistas en otras partes del mundo. Escribe sobre Marx, Proudohn, Mazzini, demostrando un conocimiento acabado sobre esos estudios teóricos.

Pero a Di Giovanni no le satisfacía solo estudiar y teorizar sobre las ideas transformadoras de la sociedad, sino que buscaba aplicarlas a la realidad. Para eso funda el Grupo Anárquico Individualista Renzo Novatore, homenajeando así a un militante italiano asesinado por los fascistas.

Su grupo integró la Alianza Antifascista Italiana junto con otras organizaciones anarquistas, comunistas y de trabajadores. Si bien en un principio consideraba que se debían coordinar las acciones para luchar contra el fascismo, sostenía más adelante que no se debía compartir ningún espacio con los comunistas que eran verdugos de los anarquistas en Rusia y al igual que en los estados capitalistas, suprimían la libertad del pueblo. Consideraban que tanto el capitalismo como el comunismo eran dos modelos de dictadura, lo único que variaba era la clase que dominaba.

Es detenido por primera vez cuando participa de los incidentes en el Teatro Colón el 6 de junio de 1924, cuando la colectividad italiana festejó los 25 años de la coronación de Víctor Manuel III. De la velada participaron el presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear, junto a su gabinete de ministros y el embajador italiano en Argentina. Un grupo de anarquistas entre los que se encontraba lanzó panfletos con consignas antifascistas generándose peleas con los camisas negras locales. La policía de la división Orden Social lo cataloga como “temible agitador anarquista”.

 

El movimiento anarquista en Argentina

 

Durante las primeras décadas del siglo XX, el anarquismo tuvo un fuerte arraigo en el movimiento obrero de nuestro país.

La influencia que tuvieron los anarquistas organizacionistas italianos Errico Malatesta y Pietro Gori -que se refugiaron en Argentina durante algunos años- fue determinante para que los trabajadores que comenzaron a organizarse a finales del siglo XIX adoptaran esa ideología. Malatesta fue quien redactó el estatuto y el programa del Sindicato de Obreros y Panaderos y Gori participó de la formación del Federación Obrera Argentina (FOA), la primer central obrera. Más adelante con la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) – cuyo basamento ideológico era el comunismo anárquico- los anarquistas tendrán mucho más que un instrumento para luchar por las mejoras del salario y las condiciones de trabajo. Ha señalado Osvaldo Bayer que “La central obrera anarquista había logrado algo que luego ningún movimiento político-gremial superó en nuestra historia: la formación de las ‘sociedades de oficios varios’ en casi todas los pueblos de campaña. Y lo que es más, casi todos con sus órganos propios de expresión o sus propios volantes impresos".

Pero Severino Di Giovanni era el máximo exponente del llamado anarquismo individualista y expropiador. Sostenía que era válido financiar las actividades políticas con dinero obtenido mediante el asalto a la “propiedad burguesa”. También consideraba que la acción insurreccional era la vía más apropiada para llevar a cabo los ideales anarquistas, justificaba el empleo de bombas para realizar atentados y estaba de acuerdo con el asesinato como forma de acción política.

Enfrentados a estas concepciones, el anarquismo ‘oficial’ representado por la FORA y el diario La Protesta, pensaban que la predica a través de la educación y de la propaganda se podía difundir el anarquismo. Catalogaban como delincuentes o bandidos a aquellos que utilizaban la violencia y sostenían que así se desprestigiaba la lucha libertaria.

Para reflejar la concepción del anarquismo individualista, Di Giovanni elabora la revista Culmine, que más adelante se transforma en periódico. De cuidadosa presentación, con poesías e ilustraciones, la revista no sólo se limitó a ese ideario, sino también a temáticas como el amor y el respeto de los derechos de la mujer. También creó la librería del mismo nombre, en la que publicó obras de Malatesta, Proudhon, Bakunin, Darwin, Nietzsche, entre otros autores, cuya recaudación en parte se destinaba a ayudar a los familiares de los presos sociales de Argentina y Europa.

La campaña de agitación para la liberación de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti que se hallaban detenidos en Estados Unidos movilizó al movimiento anarquista en todo el mundo y por supuesto en el periódico se reflejaron esas acciones. Una vez que éstos fueron ejecutados, por ese medio se llamó a vengar sus muertes.

También fue importante la campaña que se implementó para pedir la liberación de Simón Radowitky, el anarquista que se encontraba en Ushuaia -la Siberia Argentina para Di Giovanni- preso por el ajusticiamiento al represor de las movilizaciones obreras y anarquistas Ramón Falcón.

Esas acciones también consistieron en la colocación de artefactos explosivos en lugares que representaban los intereses de Estados Unidos como los realizados a la estatua de Washington o a la agencia de la Ford Motor Company.

El atentado realizado por Di Giovanni al consulado italiano, en el que murieron siete fascistas, agudizó la polémica entre los sectores anarquistas. La Protesta lo acusa de ser un agente fascista o un instrumento de la policía; también lo llegaron a calificar de loco. Sintiéndose agredido, Di Giovanni asesinó a López Arango, uno de los directores de esa publicación. Se desató una polémica en la que intervinieron referentes anarquistas de otros países, que a pedido de Di Giovanni realizaron un jury para juzgar su conducta, que finalmente fue avalada.

Con el transcurso de los años esas polémicas fueron cesando, junto con la fuerza que el movimiento anarquista tuvo desde principios de siglo pasado.

 

Su final

 

Severino Di Giovanni vivía en la clandestinidad. Había sido perseguido por la policía de Alvear, que colaboraba activamente con los agentes fascistas para identificar a los anarquistas italianos. Cuando se produce la vuelta al poder de Yrigoyen esa situación no cambia, Di Giovanni nunca había tenido esperanzas en ese presidente al que calificó de demagógico y no se olvidaba de las masacres a trabajadores que realizó en su primera presidencia.

Di Giovanni y América Scarfó

Cuando se produce el golpe militar, desoye los consejos que le indicaban que abandone el país, sostenía que a ese régimen había que enfrentarlo desde adentro. La dictadura encabezada por José Félix Uriburu tenia a la policía bajo la dirección de Leopoldo Lugones (h) y ya había inventado una novedosa forma de obtener la confesión de los presos: la picana eléctrica, aplicada principalmente a los obreros que profesaban las ideas anarquistas o comunistas. La prensa se refería a Di Giovanni como el Al Capone argentino. Lo trataban como un simple delincuente y nunca se hacía referencia a sus ideales políticos.

Además el romance que mantuvo con la joven América Scarfó luego de haberse separado de su mujer escandalizó a un sector de la opinión pública, incluso la policía habrá catalogado las numerosas cartas de amor que le escribió como subversivas, ya que permanecieron en su poder hasta 1999, cuando el por entonces Ministro del Interior Carlos Corach se dignó a devolverlas.

La policía lo detuvo cuando se retiraba de una imprenta. Estaba editando las obras completas del anarquista pacifista y ecologista Eliseo Reclus.

Fue juzgado por militares que lo condenaron a muerte. Era un triunfo de la dictadura que no podía permitir que siga vivo alguien que profesara esas ideas, que practique la violencia y que encima tuviera una amante mucho menor que él.

Lo último que hizo Severino Di Giovanni con vida fue despedirse de sus hijos y de América Scarfo, y se negó a que el sacerdote le brindara los oficios religiosos.

Lo llevaron engrillado hasta el patio de la penitenciaría y rechazó las vendas que le ofrecieron así podía mirar a cada uno de los soldados que le iban a disparar.

Sólo le quedó tiempo para expresar el mismo grito que sus compañeros en todo el mundo daban frente al pelotón de fusilamiento - ¡Viva la Anarquía!.

 

Fuentes: Osvaldo Bayer. “Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia”; Osvaldo Bayer. “Los anarquistas expropiadores”.

 

(*) Licenciado en Comunicación Social (UNLP) / Magíster y Especialista en Ciencias Sociales y Humanidades (UNQ) / Profesor Adjunto Derecho de la Comunicación (Lic. Comunicación Social) y Derecho de los Medios de Comunicación (Abogacía) / Jefe de Trabajos Prácticos Teoría del Estado (Abogacía). Universidad Nacional de Rìo Negro.