Indígenas y afros: firmes obstáculos para el anhelo de una argentinidad blanca

El salvador de San Martín en la batalla de San Lorenzo hablaba en guaraní y, probablemente, era negro. Unos 40 pueblos originarios, lejos de haber bajado de los barcos, ocupaban el territorio sobre el que se edificó la Nación argentina. ¿Qué ideario reproduce el Presidente para congraciarse con España?.

12/06/2021
Adrián Moyano

Versión pictórica del combate de San Lorenzo


En los últimos meses de 1811, el Primer Triunvirato aprobó el proyecto de San Martín de organizar una fuerza de caballería y otorgó al recién llegado jinetas de teniente coronel. Entusiasta, el correntino comenzó a incorporar soldados y a brindar instrucción en un campo de Retiro. En su amañada versión de la historia, Mitre anotó que recurrió a hombres con experiencia para armar la oficialidad y que “creó, al lado de ellos, un plantel de cadetes que tomó del seno de las familias espectables de Buenos Aires”. Según esa lectura, el Regimiento de Granaderos a caballo se nutrió de porteños pertenecientes a sectores acomodados. Otra historiadora, Patricia Pasquali, indicó que para reclutar efectivos “se mantuvieron las prescripciones de tono aristocrático y selectivo de las ordenanzas de 1768, exigiéndose en los aspirantes la certificación de limpieza de sangre, diez pesos de asistencia y 14 años de edad”. Con esos parámetros, “se incorporarían dieciséis cadetes extraídos casi niños del seno de las más ilustres familias porteñas, claro índice del prestigio que San Martín había logrado revestir a su regimiento, haciendo que se considerara un timbre de honor la pertenencia a éste”.

La misma historiadora había detallado tres páginas antes de sus loas a la aristocracia, que el Triunvirato había ordenado la remisión de 100 hombres por provincia a Córdoba, La Rioja y San Luis. Al traer a colación la lista de caídos en el combate de San Lorenzo, Norberto Galasso demostró la mínima incidencia porteña en la composición de los Granaderos. El fuego realista abatió a 16 soldados de San Martín: tres puntanos, dos riojanos, dos cordobeses, un francés, un santiagueño, dos correntinos, un porteño, uno de provincia de Buenos Aires, dos montevideanos y un chileno.
Además, el todavía coronel había solicitado al gobierno “se traigan de las Misiones trescientos jóvenes naturales de talla y robustez, que S.E. destinará al regimiento de granaderos a caballo”. Se trataba de una segunda incorporación masiva y por “naturales”, hay que entender guaraníes. Se conocen algunos de sus nombres: Santiago Guaichá, Lorenzo Purey, Matías Abucú, Miguel Abiyú, Andrés Guayaré, Juan Bautista Cabral, Juan de Dios Abayá, Miguel Chepoyá y Félix Bogado. La nómina se completa con Siyá, Pindó, Ybarapá, Ybayú, Mboatí, Pachoá, Periverá, Guaicurarí, Areguatí, Cumandiyú, Uré, Cuzú y Monduré. Es verdad que ni ellos, ni los provenientes de las provincias, ni San Martín, se consideraban argentinos cuando cargaron contra los infantes realistas por primera vez en San Lorenzo, pero no habían bajado de los barcos. Es célebre la despedida de Cabral: “muero contento, hemos batido al enemigo”. Según fray Herminio Gaitán, las pronunció en guaraní. Puntanos, riojanos, cordobeses, guaraníes… Así es Presidente, la historia no empezó con la inmigración.

Negacionismo racista

La de 1813 fue una contienda entre republicanos demócratas versus monárquicos. Nadie pensaba aún en términos argentinos. Conformar la Argentina tal como la conocemos, demandó seis o siete décadas, más bien trágicas. “El Estado argentino se inauguró con normativas, estructuras, lenguaje, religión, ideologías traídas de Europa. Pero ese acto fundacional, incluyó una de las tragedias más dolorosas que se ha vivido en este territorio: cientos de miles de indígenas asesinados, desplazados, esclavizados y despojados de su territorio ancestral. Y esa conformación no fue en un proceso de consenso entre pueblos indígenas y europeos nacidos acá. Por eso, decir que el Estado argentino es un país de consensos y acuerdos es acrecentar ese negacionismo impregnado de racismo y suprematismo”, disparó Mauro Millán, al día siguiente del enorme traspié de Alberto Fernández.

Millán junto a Maria Luisa Huanque de Pichiñan, en Cerro Cóndor

Millán es longko de la comunidad mapuche Pillan Mawiza (Corcovado – Chubut). Sobre el espacio territorial de su lof pende la sempiterna amenaza de una represa hidroeléctrica, fachada desarrollista del colonialismo. Respondió la afrenta presidencial a través de una columna que hizo llegar a En Estos Días. “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos en los barcos de Europa”, había soltado el miércoles último, Fernández.

“Lo que subyace en esa frase no es un simple tema de discriminación, tampoco es una mera discusión mediática. Porque el problema no es que a nuestro territorio haya llegado gente europea, con distinto color de piel y con distintas identidades, lo terrible es que muchos trajeron una ideología de odio que aquí cultivaron; una ideología basada en la explotación, la invasión, la apropiación y el privilegio”.

Concentración mapuche en Viedma. Abril de 2017

Para Millán no hay atenuantes: “el Presidente está expresando claramente su postura de sostener ese proyecto anhelado de argentinidad blanca; un proyecto inviable sin la violencia permanente hacia los pueblos indígenas que sobrevivimos y nos volvimos a levantar en nuestro territorio, como es la historia del Pueblo Mapuche. Los dichos del presidente sinceran las intenciones de las políticas persecutorias hacia nosotrxs y aclaran por qué no estamos en las agendas de la diplomacia política y sí en la agenda del sistema judicial o de seguridad. Y acá las tendencias no cuentan. Quienes expresan su postura hacia la derecha, centro o centro izquierda tienen la misma visión, la misma ideología negacionista”.

Propio de cipayos

La Coordinadora del Pueblo del Parlamento Mapuche de Río Negro también reaccionó con vehemencia: “rendirle pleitesía al representante de España, país que ha robado durante 500 años todas las riquezas de Latinoamérica, responsable del mayor genocidio que recuerde la humanidad y además, ofrecerle nuevamente continuar haciéndolo a través de la megaminería, el petróleo y otras actividades extractivas nocivas para el territorio, es sin duda, propio de los cipayos que tristemente han gobernado la Argentina. Entre las declaraciones de Alberto Fernández de ayer (por el miércoles) y las declaraciones de Mauricio Macri en Tucumán o Prat Gay en Madrid no hay ninguna diferencia. Hubiésemos preferido una cita de Eduardo Galeano extraído de Las venas abiertas de América Latina, que le recomendamos lea atentamente”. Fernández pronunció sus problemáticas declaraciones en presencia de Pedro Sánchez, presidente de Gobierno español. Expresiones similares había vertido durante su primera visita a España, en febrero de 2020.

 

“A la luz de sus declaraciones entendemos por qué continúa vigente el decreto de Macri 820/16 que habilita la extranjerización de la tierra; por qué hay un organismo como el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) totalmente desfinanciado, que no puede llevar adelante ninguna política pública digna para las comunidades y mucho menos los relevamientos territoriales de la Ley 26160; por qué tiene un ministro de Educación como (Nicolás) Trotta, que permite que sigan circulando manuales de estudios en las escuelas que invisibilizan a los pueblos originarios; por qué hay un ministro de Ambiente, hijo de desaparecidos, como (Juan) Cabandié, que no reconoce el derecho a la identidad de las comunidades y quiere continuar creando Parques Nacionales en territorios comunitarios”, enumeró el pronunciamiento de la Coordinadora.
La organización mapuche de Río Negro opinó que Fernández se paró en la versión colonialista de la historia. “Así como hubo y continúa dándose un debate social y político propio de los diferentes contextos de época -el derecho al Matrimonio Igualitario, la Identidad de Género, la Despenalización del Aborto o la Violencia de Género- entendemos que debe darse un debate social sobre la historia oficial de la construcción del Estado Nación Argentina. Continuar reproduciendo esa historia colonial es profundizar un Estado y una sociedad racista, excluyente, discriminadora y violenta. Es continuar reproduciendo una identidad nacional que excluye las diversas identidades que habitamos. Es continuar la Campaña del Desierto y perpetuar el genocidio”, expresó la enérgica reacción.
La economía española es la quinta más grande de la Unión Europea y la 14° en términos mundiales. El país que gobierna el PSOE es el segundo inversor externo de la Argentina y además, la Argentina es el tercero latinoamericano por sus inversiones en la “madre patria”. Algunas de las trasnacionales con sede en España que operan en la Argentina son Telefónica, Santander, BBVA, Gas Natural, Mapfre y Prosegur, aunque en su conjunto, se trata de alrededor de 300 firmas. El stock de inversión acumulado por empresas españolas en el país supera los 5.800 millones de euros, algo más de 7 mil millones de dólares. En ese marco, el gesto de pleitesía del Presidente, ¿hacía falta?.
El “soldado heroico” que cayó el 3 de febrero de 1813, sería hijo “natural” de José Jacinto Cabral y Soto, con la afro Carmen Robledo como madre. La mujer se casó luego con el esclavo Francisco, que también llevaba el apellido de su dueño. Juan Bautista vino al mundo antes de la Ley de Libertad de Vientres, así que nació esclavo. Contaba con alrededor de 20 años cuando se incorporó al Regimiento de Granaderos a caballo. Su medio cultural fueron las misiones, de ahí que se expresara en guaraní pero muy probablemente, fuera negro. Sus mayores habían llegado en barco, aunque no desde Europa. No sólo a los pueblos indígenas ofende el mito de la Argentina blanca.