Desinformación: el virus que sufrió el Fin del Mundo

por Lorena Uribe

En los últimos 20 años en Ushuaia no se registraron casos autóctonos de hantavirus. Pero ante el brote letal que se desencadenó en el crucero MV Hondius, medios internacionales y nacionales instalaron la idea de que la crisis sanitaria se había originado en la ciudad del Fin del Mundo.

Julio 2026

Ushuaia es una promesa de belleza en los confines de la Tierra. Cada año, según el área del Turismo del municipio, cerca de 200 mil viajeros llegan anualmente a la ciudad del "Fin del Mundo" buscando la postal perfecta. Representan el doble de la población estable. Los viajeros quieren ver las montañas nevadas recostadas sobre el Canal Beagle, llegar a la Laguna Esmeralda, internarse en la naturaleza virgen del Parque Nacional, pisar la base del Glaciar Martial. Los que arriban en avión, desde el primer instante quedan hipnotizados. Sin embargo, quienes ingresan por la Ruta Nacional 3 lo primero que ven en el acceso norte es el vertedero municipal, y cómo sobre la basura sobrevuelan en círculos caranchos, chimangos y gaviotas cocineras. Un contraste que, de la noche a la mañana, se convirtió en el falso escenario de una crisis sanitaria internacional.

El 1 de abril de 2026, el crucero MV Hondius zarpó desde el puerto de Ushuaia rumbo a la Antártida con 147 personas a bordo. Entre ellas una pareja de neerlandeses que antes de abordar había viajado por Uruguay, Chile y Argentina. Los días previos a iniciar la aventura hacia el Atlántico Sur, apasionados por la observación de aves, quisieron capturar con sus lentes a los carroñeros de la zona y se acercaron a las inmediaciones del vertedero. Esta “experiencia” atrae turistas, pero se realiza sin autorización de entes oficiales. Y en verdad nadie accede al basural, los avistajes de aves se realizan desde los alrededores.

Un mes después se notificó oficialmente a la Organización Mundial de la Salud que en el crucero se habían detectado casos de enfermedad respiratoria aguda grave: hantavirus. Para esa fecha la pareja de neerlandeses, que fue la primera en presentar síntomas, ya había fallecido. Bastó vincularlos con el vertedero para que el mundo encendiera las alarmas. Los medios internacionales y nacionales apuntaron con el dedo a la ciudad, señalándola como el "punto cero" de un brote letal. Radio y Televisión Española habló de “un crucero de lujo convertido en escenario de una crisis sanitaria", el diario El País publicó “Bitácora del ‘MV Hondius’: de Ushuaia a Canarias, diario de a bordo de un brote de hantavirus”. En Buenos Aires, el Gobierno Nacional optó por la inmovilidad y el silencio, dando la espalda a una de las provincias que más divisas genera por el turismo y restándole peso al impacto de la alarma global. Ante el desamparo central, el Ministerio de Salud de Tierra del Fuego se cargó la crisis al hombro.

El lunes 18 de mayo, un equipo de especialistas del Instituto Malbrán aterrizó en la isla junto a una oleada de corresponsales extranjeros enviados a cubrir lo que suponían era una catástrofe sanitaria. Mientras tanto, en la ciudad, cronistas de la zona realizaban esfuerzos para que la noticia alcanzara a medios nacionales y mundiales, tal como se vivía en el Fin del Mundo. El periodista Gabriel Ramonet evaluó en diálogo con EED que “fue una campaña internacional infundada para poner a Ushuaia como eje de un problema que nunca fue, porque por los tiempos de estadía de los neerlandeses no se podrían haber contagiado en Ushuaia”.

Los especialistas llegados del Instituto Malbrán, encargados de la vigilancia epidemiológica, se internaron entre lengas y ñires bajo un clima gélido y hostil que imponía una carrera contrarreloj contra la propia geografía. En los días más cortos del año, las pocas horas de luz solar se volvieron el recurso más valioso. El equipo científico debía aprovechar cada minuto de sol, desde el amanecer tardío hasta el temprano atardecer ushuaiense, para revisar las trampas antes de que la oscuridad copara el terreno. Durante tres jornadas extenuantes, la recolección de muestras biológicas convivió con el viento y la humedad, atípica para la época, pero señal de un cambio climático innegable. El objetivo: encontrar al presunto culpable, el ratón colilargo, transmisor del hantavirus.

El eco del brote mortal resonaba en los monitores de todo el planeta, pero en Ushuaia la realidad corría por un carril diferente. Inmunes al pánico exterior, fueguinos y fueguinas continuaron con su rutina habitual, sin sobresaltos. La vida siguió su curso con absoluta normalidad. No hubo quejas ni escenas de histeria colectiva.

Solo un puñado de medios locales abordó con severidad la gravedad del tema y sus profundas implicancias. El resto de la comunidad compartía una certeza inquebrantable basada en la memoria colectiva: sabían que jamás, en los últimos 20 años, se había registrado un caso autóctono. En la isla, el hantavirus siempre fue una sombra ajena; los escasísimos antecedentes históricos correspondieron estrictamente a personas que se habían contagiado en otras provincias del país y que luego habían retornado a Tierra del Fuego.

Finalmente, las pruebas de laboratorio derribaron la infodemia. Una noticia desalentadora, pero que aclaraba el caso del crucero internacional: el análisis de 144 roedores capturados permitió detectar por primera vez la circulación de hantavirus en roedores de Ushuaia, pero ninguno de ellos era portador de la cepa que desató el contagio en el barco de lujo.

La información oficial del Ministerio de Salud de la Nación señala que “la investigación epidemiológica del brote de hantavirus asociado al crucero MV Hondius, y los análisis serológicos realizados por especialistas del Servicio de Biología Molecular de la ANLIS Malbrán permitieron detectar por primera vez la circulación de hantavirus en roedores de Ushuaia, Tierra del Fuego. Los resultados obtenidos mostraron que cinco ejemplares pertenecientes al género Abrothrix presentaron anticuerpos específicos contra hantavirus”. Sin embargo, se detalló que “la variante viral hallada en los roedores de Tierra del Fuego es diferente de la observada en los casos humanos asociados al brote investigado. De esta manera, la investigación permitió descartar que los roedores analizados hayan sido la fuente de infección vinculada a ese evento”.

Así, hoy es posible saber que en el Fin del Mundo existe hantavirus, pero una cepa nueva, que seguirá siendo analizada en los próximos meses.

Desatada la crisis internacional empujada por medios de comunicación españoles, la reacción corporativa del sector turístico llegó casi veinte días después, un letargo costoso en tiempos de hiperconectividad. “Somos la puerta de entrada a la Antártida; es fundamental llevar tranquilidad”, señaló Juan Pavlov, del Infuetur. Patricio Cornejo, presidente de la Cámara de Turismo, reforzó la defensa colectiva: “Es seguro venir a Tierra del Fuego y es seguro vivir acá”.

“La posibilidad de que ese contagio se haya producido acá era prácticamente nula”, había sostenido oportunamente el director de Epidemiología provincial, Juan Petrina.

La investigación médica no se detuvo. Tras descartar el contagio del crucero en territorio local, el itinerario de los investigadores del Malbrán se extendió hacia los otros puntos geográficos que los pasajeros habían pisado en su trayecto previo antes de embarcar. El rastreo epidemiológico sigue abierto en el mapa para dar con el origen definitivo de la enfermedad: ahora el ojo está sobre Mendoza y Neuquén.

El ex ministro de Salud provincial, doctor Rubén Rafael, fue tajante: “La primera conclusión es que el brote que se produjo en el crucero no tuvo nada que ver con la ciudad de Ushuaia, porque no aparecieron ratones colilargos, que son los que transmiten la cepa Andes. O sea que todo lo que se dijo de que esta pareja de neerlandeses se había contagiado en Ushuaia, en el basural, no es cierto y quedó descartado con el estudio del Malbrán, esa es la conclusión más fuerte”. Agregó que “la próxima temporada veraniega van a volver a recapturar nuevos roedores, para dar seguimiento epidemiológico”.

Mientras tanto, los profesionales de la salud deberán continuar alertas ante cualquier neumonía u otra enfermedad respiratoria poco común, para aplicar sus conocimientos, y en caso de ser necesario, utilizar los kits que dejaron desde el mismo Malbrán, para la detección del virus hanta.

Al pasado 2 de julio no se registraron nuevos contagios en Tenerife, España, donde fueron desembarcados los pasajeros del crucero MV Hondius, y finalmente, la Organización Mundial de la Salud declaró cerrado el brote de hantavirus. Mal que les pese a algunos medios nacionales y extranjeros, el brote de hantavirus que desató una crisis sanitaria internacional no nació en Ushuaia.