Las Ortiz Basualdo: fleteras del desalojo mapuche
Estuvieron presentes durante el desalojo del Lof Kinxikew y hasta sacaron por su cuenta las pertenencias de dos familias de adultos mayores que debieron abandonar sus casas. Una escena que invita a profundizar lo que las hermanas Ortiz Basualdo representan: un modelo de propiedad privada en la cordillera, construido sobre el despojo indígena tanto histórico como actual.
Fotos: Alejandra Bartoliche / Gentileza Lof Kinxikew

A las afueras del Lof Kinxikew, entre Villa La Angostura y Bariloche, el 19 de agosto de 2026, previo al ingreso de efectivos del Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) por orden del juez Bonorino, las hermanas Ortiz Basualdo, apodadas Merche y Poppy, se burlaban de los mapuche que estaban resguardando el territorio ante el inminente desalojo. Quienes resguardaban –es decir, quienes cuidaban, impedían la apertura de la tranquera, pasaban la noche a la intemperie, cocinaban y permanecían con las infancias en el lugar– eran miembros del lof.
El Lof Kinxikew integra la Confederación Mapuche de Neuquén en el Consejo Zonal Lafkence, está conformado por 94 personas y tiene presencia territorial tradicional en distintos sectores, entre ellos El Pedregoso y Paso Coihue, ambos con acceso desde la Ruta Nacional 40.
Las vecinas de la Estancia Huemul también fotografiaban de manera intimidante a la gente que se acercaba a dar apoyo a la comunidad, y les ofrecían viandas y refrigerios a los policías y abogados presentes en el lugar.

“Merche”, la segunda Ortiz Basualdo, fotografiando el resguardo mapuche. Foto de Alejandra Bartoliche.
Pero no bastó con esa participación: de manera ilegal –porque no está permitido en el procedimiento la participación de privados– entraron después de la GEOP en sus camionetas 4x4, con bolsas que ellas mismas tenían preparadas, y empezaron a cargar las pertenencias de dos familias, de tres del sector desalojado, despojadas de sus viviendas. Esas familias incluyen adultos mayores con discapacidad.
Para la logko Amancay Kinxikew, autoridad de la comunidad: “que anduvieran las Ortiz Basualdo, que son las dueñas de la Península Huemul, y las que vinieron después de la conquista”, significó una gran violencia emocional y simbólica que quedó invisibilizada, como las violencias que familias terratenientes acostumbraron perpetrar históricamente.
Las fleteras aristocráticas no están involucradas en el conflicto, que es con María Cristina Broers, quien adquirió por sucesión de su tío de origen belga la propiedad del Lote 42 en el año 1996, y que es de ocupación tradicional tanto del Lof Kinxikew como Lof Melo –o sea, compraron la tierra con gente adentro que siempre ha estado ahí, como sucede en innumerables casos de la Patagonia argentina. Su actual pareja, Roy Scott, además de expresar recientemente en una entrevista radial que “a los 70 años nos juntamos porque somos los únicos dos no araucanos probablemente en 30 kilómetros a la redonda”, también reveló que fue el primo de Broers el que le donó esa tierra porque viviendo en Bélgica “no quería saber nada con la Argentina”. Scott se mostró sensible con la pérdida de patrimonio de “Marí”, –con acento francés como llama a María Cristina nacida en Mar del Plata–, por las apenas 25 hectáreas que “le devolvieron” la semana pasada. Sin embargo, el mapa muestra que no es nada “escaso” el patrimonio de Broers –al menos el registrado en el departamento de Los Lagos.

Selección de propiedades privadas y propiedades comunitarias en el Lago Nahuel Huapi, Provincia de Neuquén. Elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas.
Las Ortiz Basualdo estaban ahí metidas porque son vecinas de la zona y sobre todo porque conforman el “Consenso Huemul”, dice la logko Amancay, una “sucursal” del Consenso Patagonia que se proclaman “habitantes de la Patagonia preocupados por la ausencia de respuestas del Estado frente al conflicto territorial que cuestiona el derecho de propiedad”, pero que se caracterizan por ser anti-mapuche. Por esto, han tenido llegada a Patricia Bullrich que, como ministra de seguridad, según Roy Scott movilizó que el Juez Luchino dictara la primera sentencia de desalojo del Lote 42 en el 2016. Entre otros vínculos destacados también aparece Claudio Avruj, Presidente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), que en septiembre del 2025 fue invitado al IV Foro del Consenso Patagonia en Bariloche, y que desde su gestión se ha mostrado como un negador de los derechos indígenas.
Días después del desalojo, en la Feria Internacional de Turismo de Buenos Aires, el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, eligió definir el desalojo como “un problema entre privados”. Lo redujo a una disputa entre particulares: siendo una de las partes una comunidad perteneciente al Pueblo Mapuche, con derechos territoriales reconocidos constitucionalmente, y la otra propietarios privados cuya historia se inscribe en un proceso largo de apropiación y privatización de los territorios indígenas. No son partes en igualdad de condiciones ni se trata simplemente de una disputa por un terreno. Es una disputa entre la propiedad privada y la propiedad comunitaria, cuya legislación y garantía efectiva están pendientes, pese a la obligación impuesta al Estado argentino por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el 2020 (Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat -Nuestra Tierra- vs. Argentina).
La familia Ortiz Basualdo tiene –al menos registradas– 97 propiedades en la provincia de Neuquén, tanto en la zona cordillerana como en otras zonas extractivas cercanas a Vaca Muerta, aunque la más antigua probablemente sea la Estancia Huemul. Primero fue un chalet de madera de 11 habitaciones construido por el primer dueño, Manuel Marcos Zorrilla, ministro del interior de Carlos Pellegrini, quien obtuvo aproximadamente 120 mil hectáreas en los territorios nacionales de Neuquén y Río Negro a fines del siglo XIX. Casi 15 mil hectáreas estaban en la región de los lagos, actual departamento provincial. Esto fue en el marco de la Ley 2875 de 1891, conocida como “ley de liquidación” de las concesiones de tierras para colonizar tras las campañas militares, que modificó las obligaciones de los grandes concesionarios eximiéndolos de condiciones de poblamiento y constituyó un punto de inflexión en la privatización de tierras fiscales. Curiosamente, fue el hermano de Zorrilla el promotor y firmante de la ley que dispuso precios extremadamente bajos. La historiadora Graciela Blanco, perteneciente a la Universidad Nacional del Comahue y experta en el estudio de la distribución de la tierra pública, sostiene que las evidencias dan cuenta de que obtuvieron la tierra sin pagar nada.
Las concesiones de Zorrilla incluyeron hasta la Isla Victoria. Durante la primera década del siglo XX quedó en manos de Aarón de Anchorena –tío abuelo de la madre de Poppy y Merche– que tras una expedición a la Isla Victoria apoyada por Roca, usufructuó la isla. Roy Scott en tono jocoso dijo en una radio de Bariloche que Anchorena “quería comprar la Isla Victoria y la Isla Victoria no se puede vender, entonces se compró la península”. Hacia los años 20, junto a sus sobrinos Ortiz Basualdo compraron 10 mil hectáreas y en 1927 constituyeron la sociedad anónima Estancia Península Huemul. En 1935 la sociedad se disolvió y la superficie quedó en posesión de los Ortiz Basualdo, hasta la actualidad.

Casco principal de la Estancia Huemul de la Familia Ortíz Basualdo, construido en el año 1928. Fuente: Archivos del Sur.
Toda persona que habita o que visitó el sur, o al menos las ciudades emplazadas en torno al lago Nahuel Huapi, conoce la arquitectura “típica” o la imagen que se construyó como representativa, como la del Centro Cívico de Bariloche. La estancia Huemul de los Ortiz Basualdo es referida como el embrión arquitectónico de lo que proyectó Exequiel Bustillo como primer director de Parques Nacionales. Fue en un encuentro en París en donde Luis Ortiz Basualdo y su esposa Susana Rodríguez de Alcorta –abuelos de las fleteras aristocráticas– invitaron a Bustillo a visitar su estancia. Pero, aparte de inspirar a Bustillo, los Ortiz Basualdo integraron la Comisión Pro Parque Nacional del Sud con la creación de este en 1922, a raíz de la donación de tierras que Francisco P. Moreno realizó en 1903 y que obtuvo por acompañar y colaborar como científico en la “Campaña del Desierto”.
A los Ortiz Basualdo también hay que reconocerlos por ser profanadores de cementerios indígenas, considerados sitios sagrados para el pueblo mapuche. En el año 1931, Carlos Ortiz Basualdo, tío abuelo de Poppy y Merche, halló un cementerio en la península, donó cráneos al Museo de Ciencias Naturales de La Plata y ofreció realizar una investigación en el sitio. El arqueólogo Milciades Alejo Vignati se encontró con un terreno que daba cuenta de ser un cementerio indígena con presencia de elementos cristianos por el contacto con las misiones jesuitas y por la disposición y materiales con los que fueron hallados 13 cuerpos. En su artículo de 1944 Vignati escribe que “varios de los cráneos exhumados presentan fracturas y aplastamientos óseos que demuestran inequívocamente haber sucumbido en forma violenta”.
La exhumación de estas tumbas no pertenece a un pasado ajeno a la historia de la propiedad de los Ortiz Basualdo: ocurrió en un territorio que los terratenientes incorporaron a su patrimonio y sobre cuerpos indígenas cuyos sitios de descanso fueron intervenidos, y cuyos restos terminaron en un museo cómplice del genocidio mapuche. La violencia simbólica de las hermanas, entonces, tampoco comenzó con el desalojo de Kinxikew. ¿Cómo les resultaría al “Consenso Huemul” que la comunidad Kinxikew profane el cementerio de los Newbery que está en su territorio?

Vista parcial de enterratorio en Península Huemul, en M. A. Vignati “Antigüedades en la región de Los Lagos Nahuel Huapi y Traful”, 1944.
Y si la historia de la Estancia Huemul permite reconstruir las formas en que tierra y poder quedaron entrelazados, también hay episodios, ahora sí de actualidad, que ocurrieron dentro de sus límites. En octubre de 2022 desapareció un trabajador rural de 66 años en la Estancia Huemul. Según su familia, el hombre nunca salió de allí. La desaparición dio lugar a una investigación de la Fiscalía de Villa La Angostura y a rastrillajes terrestres y lacustres de Prefectura sobre el Nahuel Huapi, a la altura de la estancia, como indica el expediente “Mirta Esther Uribe Soto s/denuncia desaparición de persona”. Hasta el momento no se encuentran referencias públicas de que el trabajador haya sido localizado o que se hayan esclarecido las circunstancias de su desaparición.
Pero volvamos de nuevo hacia atrás. En su faceta ganadera, los Ortiz Basualdo emplearon como baqueanos a los mapuche, entre ellos a los Kinxikew, e incluso asistían a sus fiestas de marcación de animales, porque “¿quiénes eran los que podían laburar con un metro de nieve en el invierno? Los mapuche”, dice Gerardo Ghioldi, impulsor de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer de Villa La Angostura. Una relación que también aparece en la historia de los Newbery. Norteamericanos emigrados a Argentina tras la participación de Ralph Newbery en la Guerra de Secesión, otro genocidio indígena, a través de su contacto con Roca al ser su odontólogo y por premios militares por su colaboración con las campañas en la frontera sur, adquirieron tierras en la Patagonia. Su objetivo fue “poblar las tierras del Nahuel Huapi, entre el río Limay y el lago Traful”, escriben familiares en su biografía y dejó a George, su hermano y a su cuñada Fanny Taylor a cargo de la estancia en “Paso Coihue”. Esta estancia fue visitada por Francisco P. Moreno entre otros, y fue donde se gestó la idea de la creación del Parque. Y también fue recuperada por el Lof Kinxikew en el 2003 por ser su territorio de ocupación tradicional cuando los Newbery lo usurparon. Por eso ganaron el juicio en el 2015.
A la par del vuelo naturalista y conservacionista que proyectaron en la casa principal de Paso Coihue, que se mantiene hasta la actualidad dentro del territorio comunitario, los estancieros también gestaron cómo apropiarse de la tierra mapuche, y cómo someter a la gente. Emplearon en condiciones precarias como peones y jornaleros a los propios despojados, en una relación de necesidad y coerción producto de ese despojo territorial y consecuente empobrecimiento. Los mapuche les plantaron sus árboles, les hicieron los caminos, les criaron a sus animales. Y es común que ancianos mapuche, o ya fallecidos, refieran en sus memorias a la ayuda o colaboración de estos terratenientes, lo cual merece respeto por parte de las generaciones nuevas, por lo que ellos tuvieron que aguantar para sobrevivir.

Vivienda de una de las familias de adultos mayores desalojadas del sector “El Pedregoso”, del Lof Kinxikew. Foto: gentileza del lof.
Newbery, Ortiz Basualdo, Jones, son apenas algunos de los “especuladores tempranos” como los llama Ghioldi –un especulador reciente sería el ex-basquetbolista Ginóbili, usurpador de tierras de Paicil Antriao–, que impusieron sus alambrados y robaron además de tierra y animales, la posibilidad de una subsistencia indígena digna.
En una carta de 1967 que envió el entonces logko –autoridad máxima– José Mercedes Kinxikew, bisabuelo de Amancay, al presidente de Parques Nacionales, escribió: “me quieren sacar de donde estoy, ¿Por qué? ¿No soy Argentino? ¿No nací en este lugar? O acaso porque no me llamo JONES, ORTIZ BASUALDO, ÑUVERY, PREFAURE, tal vez no tengo estudio pero sé de los sacrificios de esta cordillera más que todos ellos” (mayúsculas en el original; SEAG-SPN, Expediente Nº 1706, 1936. Fojas 203 y 204).
El relato del Lof Kinxikew del corrimiento forzado hacia la parte alta de Paso Coihue, y el impedimento de acceso al lago por parte de los Jones data desde principios del siglo XIX. Sobre estos cowboys texanos, el bisabuelo de la logko decía que “primero la gente los ve como bandoleros (...) y la caballada la ponen ellos, le ayudan a los militares para ellos también quedarse con tierra acá (...) los Jones se apoderan de este lugar.” Se refiere a Tequel Malal, asentamiento histórico y de invernada del logko Inakayal. En el mapa también se aprecia la dimensión de “su” tierra.
Para agregar más dato macabro a la historia, estos colonos especuladores, para apropiarse de los campos y de los bienes de los mapuche, instrumentaron una policía territorial que Ghioldi, referente de la Biblioteca Osvaldo Bayer que se encuentra realizando una investigación al respecto, halla similar a la del “ku klux klan” por su metodología: desalojar familias, quemar casas y violentar a varones, mujeres y niños sin distinción. A eso le llaman propiedad privada.
Las estancias fueron, así, el patio trasero de lo que luego se consagrará como el primer parque nacional en Argentina, el Nahuel Huapi, ideado e impulsado por los mismos estancieros extranjeros, oligarcas y especuladores pioneros, de los cuales descienden las fleteras Poppy y Merche. Ellos necesitaban recuperar la tierra que ya habían reventado con la ganadería de pretensión intensiva y viraron hacia otros extractivismos, como el turístico, donde Bustillo fue el mejor aliado para concretar tal proyecto.
El extractivismo turístico continúa hoy transformando y degradando la región. Fue tan solo con la creación del Comanejo entre la Administración de Parques Nacionales y el Pueblo Mapuche en el año 2000, que se incorporó a las comunidades mapuche en la gestión y conservación de sus territorios. Sin embargo, ese horizonte de participación y reconocimiento se encuentra hoy subordinado a un gobierno racista y anti-mapuche como el de Javier Milei, y a una conducción de Parques Nacionales que, durante la gestión de su anterior presidente, Cristian Larsen, sostuvo una política de confrontación directa con las comunidades mapuche, como la que tuvo originalmente la institución: “Si me habré peleado con Parques, me quería sacar de acá, yo soy nacido y criado en esta zona, ustedes vinieron de intrusos, antes no había Parques y la gente vivía tranquila”, supo contar el abuelo Kinxikew.
El parque se hizo sobre un territorio usurpado, alambrado y repartido por la misma élite propietaria racista que perdura hasta la actualidad, pero con nuevas expresiones como la de Roy Scott, quien se autopercibe “pionero” y dice con aires de humildad tener “un lotecito” –de casi 3 hectáreas– sobre el Nahuel Huapi. Él, Broers y las fleteras Ortiz Basualdo pueden ser propietarias registrales de la tierra o “pioneras”. Lo son, en todo caso, de una propiedad privada impuesta sobre territorios indígenas a costa del genocidio. Pero nosotros y nosotras, “araucanos, indios, maputruchos, mapu-kukas”, como nos nombran en sus comentarios rancios en redes, junto a otros agravios con los que intentan deslegitimar nuestra identidad, nuestra vestimenta, nuestros cuerpos y nuestras prácticas culturales, somos ¡MAPUCHE! Y pertenecemos a este territorio. Contra eso no pueden ni podrán. Nunca más.
A una semana de concretar el desalojo del Lof Kinxikew en el Pedregoso, tras una caravana masiva con cientos de personas que llegaron al lugar para manifestar su apoyo a las comunidades afectadas, y por la resistencia de las familias en su territorio, quedó suspendido el desalojo del Lof Melo. El procedimiento se detuvo por resolución del Juez Bonorino por no estar dadas las condiciones para continuarlo, pero la orden sigue vigente y el resguardo mapuche continúa.

“Poppy”, la vecina de la Estancia Huemul, cargando las pertenencias de las familias mapuche desalojadas. Foto gentileza del Lof Kinxikew.
¿Qué hacían, entonces, las hermanas Ortiz Basualdo en el operativo de desalojo del 19 de agosto? Estaban allí como parte de una trama más profunda en la Bahía Huemul: de despojos, violencias, favores, apoyos mutuos y una compleja cercanía entre terratenientes y mapuche. Una trama de relaciones que también guarda rumores, silencios, secretos a voces e intereses, que tienen un origen y que llegan hasta el presente.
Pero, por ahora, las fleteras aristocráticas tendrán que dejar sus camionetas paradas.
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Esta nota se apoyó en los trabajos de investigación, fuentes brindadas y/o conversaciones con Graciela Blanco, Gerardo Ghioldi, Alejandra Pérez, Florencia Trentini, Sabrina Aguirre y Sebastián Valverde.