“Lo importante es que se sepa”
por Lola Sánchez
Testimonio de Paula Stoyanoff, hija de Osvaldo Stoyanoff, secuestrado en 1976 y detenido en el centro clandestino “Las Casitas” del Regimiento de Infantería 8 en Comodoro Rivadavia, Chubut.

Soy hija de Osvaldo Stoyanoff, secuestrado en 1976 y detenido en el centro clandestino “Las Casitas” del Regimiento de Infantería 8 en Comodoro Rivadavia. En diciembre del 2025 se realizó el primer juicio de lesa humanidad en esta ciudad. Se condenó a 5 exmilitares y expolicías por delitos cometidos durante la dictadura. Mi papá y mi mamá, Graciela Mura, participaron del juicio y yo también estuve ahí. Escuché cuando hizo el alegato el fiscal, cuando se leyó la sentencia.
En el marco del juicio, con mi hermano también los acompañamos en el recorrido al Regimiento. Ya habíamos estado allí en 2022 cuando se realizó la señalización del centro clandestino de detención. Fue impactante, supongo que más que nada para ellos, para él, y para las otras personas que estuvieron ahí. Uno va a recorrer unas ruinas, pero empezás a dimensionar los lugares, los espacios, lo que han vivido ahí.
Soy comodorense, hoy trabajo en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde ahí intento construir un poquito la memoria.
Durante el juicio no estuve en las declaraciones, no escuché las de mis padres ni las otras. A las anteriores directamente no quise ir. Pero sí muchos de sus relatos cuando hicimos aquella recorrida del espacio. Escucharlo de boca de ellos, de los que estuvieron ahí, es mucho.
Cuando nací, mi papá ya estaba detenido de manera que él y sus compañeros me conocieron a mi en brazos de mi mamá. A medida que fui creciendo y una vez que lo trasladaron al Penal de Rawson, íbamos cada vez que se podía. Íbamos de visita mi mamá, mi hermano, mi tío y yo en el autito de mi abuelo, un Renault verde al que se le congelaban los vidrios en invierno. Y el recuerdo es como se ve en las películas: hablando a través de un vidrio y con un micrófono. Tengo muy grabado los cuartitos donde nos hacían las requisas. Entiendo que mi hermano y mi tío entraban en uno y mi mamá y yo en otro. Con estas perspectivas de género y feministas que una tiene ahora, me doy cuenta que muchas veces eran abusivas. Tanto para mi mamá como para mí. Yo tendría en ese momento 3 años. Pero me acuerdo, me acuerdo patente. Y de las botas marrones de mi mamá, esas cosas que uno recuerda de esos momentos.
Cuando lo trasladaron a La Plata, nosotros nos mudamos de Comodoro a Mar del Plata, que es donde estaba la familia de mi mamá. Ahí recién pudimos tener una visita de contacto, pudimos tocarnos.
Él estuvo detenido desde 1976 hasta 1981. Al principio fue una libertad condicional, y con vigilancia. Sabíamos, por ejemplo, que enfrente a la casa había alguien vigilando todas las noches, todas esas cosas las veíamos.
Mi hermano en ese tiempo estaba muy enojado, llegaba y pateaba el calefactor, rompía cosas. Para mí tal vez fue de otra manera, desde que nací hasta los 5 años que coincidió cuando le dan la libertad a mi papá, estuve con problemas de salud. Evidentemente cada uno lo manifestaba a su forma. Mi mamá trató siempre de sostener el hogar y la familia. Fue así, darle para adelante.
Hasta que pudimos estar de vuelta los cuatro juntos en Mar del Plata. Yo estaba terminando el jardín, mi hermano casi empezaba la escuela, intentamos hacer esa vida normal de cualquier familia, pero no era tan normal.
Volvimos a Comodoro en 1984 ya con la democracia. Fueron esos periodos de incertidumbre. De democracia, pero de incertidumbre.
El año pasado mi hija más chiquita, que va a quinto grado, pudo solita levantarse y decirle a la maestra “en mi familia ocurrió esto”. Quiere decir que la memoria va a continuar.
Una de las materias que dicto en la Universidad es Genética, una materia muy en boga, si se quiere, en algunas cuestiones involucradas con los Derechos Humanos. Cuando les pregunto a mis estudiantes o les cuento del trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo en el contexto de la genética y lo que significa para la identidad la identificación de personas apropiadas, la mayoría no sabe de lo que hablo.
Hay que seguir trabajando, porque no está todo perdido. Es nuestra responsabilidad continuar.
Hoy estamos atravesando una situación compleja con mi papá por cuestiones de salud. Al momento de la sentencia, él estaba tranquilo, como aliviado. ¿Podría haber sido mejor? Capaz, pero al menos llegamos a esto y sintió un alivio. Yo sentí lo mismo. ¿Alcanza?, ¿no alcanza?, ¿podría haber sido antes? Sí, seguramente sí. Pero igual es un montón, la Fiscalía hizo un trabajo muy grande. Lo importante es que se sepa: hay una condena por algo que ocurrió acá.