Traducir la identidad

por EED

Una historia de nuestro territorio, narrada por una periodista del sur, es traducida al inglés. Más que lingüístico, el desafío es artístico y cultural.

Noviembre 2025

Las manos en el barro, de la neuquina Cecilia Rayén Guerrero Dewey, ganó el primer premio del Concurso de Crónica Patagónica en 2024. La pieza periodística es un perfil de Luis María Ricciuto. A Luis, en Aluminé, de pequeño lo llamaron Titi. Titi fue considerado por la comunidad mapuche como uno de los suyos y comenzaron a decirle peñi. El peñi Titi en un momento de su vida se fue de su ciudad y regresó siendo Drag Queen bajo el nombre de Oxiura Mallman. Oxiura adquirió nuevas formas y participó de comparsas como el dios africano Xangó. Xangó también visitó ropa formal y cuando ocupó cargos públicos como funcionario del gobierno de la provincia de Neuquén volvió a ser nombrado Ricciuto. 

Desde la Cátedra de Traducción Literaria de la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional del Comahue se desafiaron a llevar esa crónica al inglés.

Marta Reblón, que tradujo la obra de la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, dice en el prólogo del libro Perder el Nobel de Laura Wolfson: “Para unos, el traductor es un mal necesario, un cuerpo extraño que se interpone entre un autor extranjero y el lector –y, ya se sabe, tres son multitud-; para otros, es un traficante de palabras capaz de dotar a un texto de una nueva resonancia para que llegue a un número mayor de lectores, más allá de un espacio nacional”.

Sin dudas, con Las manos en el barro avanzaron por esa segunda ruta las estudiantes Luna Alegría, Emilia Alvarez, Camila Cisneros, Valentina Del Prete, Agustina Kaiser, Agustina Lowenberg, Lucila Paez, Luz Peralta, Gabriela Picavía, Celeste Properzi, Lucía Trovato y Valeria Tvrde, coordinadas por las docentes Leticia Pisani y Estefanía Fernández Rabanetti. Por eso, porque entienden que la traducción literaria no es reemplazar palabras de un idioma a otro, el proceso las enfrentó a preguntas que excedían lo lingüístico porque tenían que ver con la identidad.

Las decisiones que tomaron, dicen las estudiantes en conversación con EED, estuvieron marcadas por cuestiones que iban más allá de la gramática porque requerían un posicionamiento ético.

Eso las llevó a debates internos, a escribirle a la autora de la crónica para hacerle consultas puntuales y comprender mejor qué quiso decir en determinado momento y a partir de eso evaluar el mejor modo de transmitirlo en inglés. Le preguntaron hasta por el sentido de ubicar una coma en tal momento de una oración, o el peso político de escribir "poner el cuerpo".

¿Cómo se conserva la esencia de un texto patagónico al pasarlo al inglés? ¿Cómo cuidar su ritmo, su paisaje, su pluriculturalidad?

A veces optaron por sostener palabras que son muy propias del castellano y que no tienen su correlato exacto: "siesta", por ejemplo, o "barda neuquina". Una escena del relato acontece en el living de Susana Giménez y el “ay, mi amor”, expresión propia de la diva, también se sostuvo. Sucedió lo mismo con “peñi”, que en mapudungun significa hermano, pero perdía muchísima potencia en inglés y desdibujaba las implicancias de esta palabra en la cultura mapuche. El riesgo de que el lector no comprenda el término, dijeron, lo podría compensar con sus propias búsquedas para dar valor a las lenguas de los pueblos originarios.

En el marco de una charla en FILBA, el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, la escritora y traductora argentina Inés Garland dijo que "una lengua invita a su casa a un texto en otra lengua. El traductor es escritor en la medida en que logra la confabulación entre las palabras para que el texto original esté cómodo en la casa de la lengua extranjera".

Las estudiantes dicen que, por esa misma razón, la traducción literaria las ubica en otro lugar: necesitan no solo tener un conocimiento muy vasto de las lenguas sino de las culturas. El desafío pasa por poder manipular los modos de decir, de tal manera que el significado se transmita sin que se pierda la fidelidad del texto, del arte, que contiene el original. Y por tanto de todas las traducciones posibles, es la más compleja.

En honor a esa concepción se pusieron a estudiar sobre el camp talk, una forma de hablar asociada a la cultura drag. En un momento la nota de Cecilia Rayén Guerrero Dewey habla de Ricciuto como "una drag queen absoluta", y las alumnas tradujeron: "fierce drag queen". Cuentan que las profesoras en principio lo marcaron como error, pero ellas argumentaron con solidez: en el camp talk, "fierce" no es hostil ni agresivo, es un adjetivo más asociado al poder, la hermosura, la intensidad.

Después de meses de trabajo, la versión final está terminada. Una obra colectiva de la que participaron doce alumnas del último año de la carrera, editada por las profesoras. Es la primera vez que un texto del Concurso de Crónica Patagónica puede leerse en inglés. Hands in the mud es una historia de nuestro territorio, narrada por una periodista del sur, traducida en la región, lista para saltar coordenadas y llegar a otros lectores.

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